23 de febrero de 2009

LA CABALLERIA ESPIRITUAL Y LA VIDA FILOSOFICA


Es esta la ocasión de presentar una imagen de hondísimo significado… Ha llegado el momento de discernir entre todos los símbolos de la tradición aquellos que son más a propósito para señalar un “modo” de vida que sea propicio a la Contemplación.

No se trata de insistir con ninguna institución existente y, menos aún, de fundar alguna nueva. Por el contrario, es hora de descubrir en el mismo interior del alma el eco de esas maravillosas estampas de la tradición, que viven, que están vivas, y que pueden muy bien ser recuperadas en una nueva y fecunda dimensión.

La Literatura nos ha ofrecido, a través del tiempo, notables modelos y ejemplos, desde luego rescatados de la vida cotidiana. Es quizá allí donde hallaremos un gran tesoro para diseñar lo que nos proponemos. Cuando evocamos a Don Quijote, por ejemplo, aludimos además a un ideal y también a un estímulo para emprender nuestro camino que siempre es senda abierta al Cielo.

Esta vez, sobre los pasos del eremita, nos encontramos con el caballero y con el hidalgo. Sin duda una “creación” cristiana que invita a la virtud y, desde luego, a la santidad. Porque es en esta “clave” que nosotros lo trataremos aquí.

Pero estos “ideales” no advienen desde fuera, por decirlo así... Se gestan dentro, en el corazón, en el camino mismo de la vida, en el sufrimiento, en la lucha, en el deseo.

Simplemente el hombre rescata de la Historia y de la vida, de los testimonios vivos de quienes lo precedieron, una dimensión en la cual se reconoce, un ámbito, un hogar, un estado –diré- que está más allá de instituciones y compromisos perecederos y se imprime en su alma para acompañarlo en la Eternidad.

Estos “ideales” constituyen un fundamento que no puede ser despreciado o ignorado. Requieren, para su plena formación, un desarrollo de la “atención”, de esa cualidad y virtud que tanto encomiaron los Padres y que es necesaria en la vida espiritual.

Pero, desde luego, hay más. Disertar acerca de un “modelo” de vida, con raíces hondas en la tradición, parecerá no tener fin. Sin embargo hemos de seguir adelante, sobrepasando las dificultades.

Hay más –como digo- mucho más. Es fundamental plantear ahora mismo que el peregrino no descubre su vocación profunda sino cuando la adversidad lo lleva de la mano. Es así. Nos quedaríamos conformes y satisfechos con todo lo aparente, con todo lo perecedero, sin saltar más allá o procurar horizontes mayores, si lo más banal y superfluo nos sonriera y se nos brindaran en bandeja de plata las mil posibilidades que ofrece el mundo.

La contradicción, en cambio, abre un camino, inicialmente muy penoso, que ha de ser recorrido sin temor y aún sin pena. Se trata de una escuela, de una escuela admirable, en todo dispuesta a enseñar esos pasos inalcanzables que nos llevan más directamente a destino.

El caballero no se avergonzará ni se detendrá ante la lucha y mucho menos ante la “lucha sutil”. Este campo requiere toda la atención, pues el discernimiento comporta un empeño notable y la paz interior...

Si el caballero clásico hacía profesión de servir con las armas, hoy, el caballero espiritual ha de empeñarse en otro combate, en cierto sentido más duro y riesgoso, que es lo que llamo “lucha sutil” o “guerra invisible” con las armas de la virtud y de la constancia. Y todo ello con sus raíces en el “abandono”, la “confianza” y el “desinterés”.

Acerca de esto último es necesario subrayar con mayor fuerza lo que constituye más profundamente la condición de un “caballero espiritual”. Se trata, en primer lugar, de la “generosidad” que debe distinguirlo, pero que quedará en él elevada a ese amor puro y desinteresado que no tiene otra compensación que el amor mismo.

El “desasimiento” hace al amor. En efecto, quien ama deja hasta el “abandono”, y está dispuesto a “perder”, de algún modo, el objeto amado, en el empeño de esta lucha. Dicho de otra manera, está llamado a poseer de un modo mucho más alto.

Se ha olvidado, no se considera ya, que la posesión verdadera es el desprendimiento. Que, sin duda, la posesión verdadera no se realiza en el plano de los sentidos exteriores... Este es el lenguaje del corazón.

Pero todo no está en el ámbito de lo contradictorio o adverso. La “prueba” es siempre “para otra cosa”... Quiero decir que el peregrino puede siempre reposar en el misterio y que el misterio (que posee el honor del “vacío”) es, si se entiende bien lo que digo, lo “positivo” por excelencia. Sin duda se fijará nuestra atención en calificar como “apofático” este lenguaje y estas consideraciones que se valen, precisamente, de la negación... Pero ha llegado la hora de ir más allá de toda distinción, más allá de los contrarios, más allá de lo apofático o catafático, o de lo que sea.

No, el peregrino no da con un vacío imaginario. No se trata de eso.

El camino “más allá” es la misma oración escondida. El alma se libera en el silencio y late y aspira donde no sabe. Tiene, sí, una inmediata experiencia de vida. Pero no se hace la mínima idea de qué cosa se trata.

No se da cuenta..., pero SABE. ¿Qué sabe? Lo que no sabe ni puede saber de otra manera. No sabe dónde está, pero ESTÁ.

La vivencia del Misterio es, en verdad, iluminante. Pero no ha de decirse, sencillamente porque no es posible decir nada.

La vivencia del Misterio hace callar al peregrino. Y cuando éste ve que todo está allí, ya no sufre dolor alguno por su silencio.

El camino del corazón es de una densidad inimaginable...

El camino del corazón nos invita, más y más, a la Belleza, a la más alta, que es Dios mismo y, ¡tantas veces, como no podemos imaginar! se revela en la infinita ternura de su Amor y de su Misericordia.

Fray Alberto E. Justo

http://caminohacialaaurora.com.ar/

20 de febrero de 2009

VERDADERO SIGNIFICADO DE HOLOCAUSTO

Se usa hoy harto impropiamente este vocablo, puesto que en el término se prevé el sacrificio total de la víctima: carnalmente, significa que la víctima debe consumirse por combustión, vísceras incluidas; espiritualmente, que en la víctima debe extinguirse todo, hasta la voluntad más visceral y recóndita. Esto es, la víctima debe realizar la más total y anonadadora oblación de sí. En este holocausto de oblación se incluye el perdón de los enemigos, el poner la otra mejilla, la remisión a Dios de toda venganza o revancha.

No basta, pues, la matanza material ni aun de la mitad de un pueblo para hablar de holocausto. No sólo porque la aniquilación material no es total, sino porque el espíritu del sujeto se rebela contra su padecer, no perdona a su perseguidor, no ofrece a Dios su martirio. Cosas todas éstas que Cristo cumplió a la perfección, y que nadie más cumple sino uniéndose místicamente a Su oblación. Holocausto no es un concepto humano, sino sobrehumano (como todos los conceptos bíblicos, por lo demás). Holocausto es una de las muchas propiedades referidas a Cristo en exclusiva. Apropiársela es acto peligroso, erróneo de fijo aun si acaso no intencionadamente falseador.

17 de febrero de 2009

ESTADO ORGANICO Y EL CONFUSIONISMO SEMANTICO

Ofrecemos al lector dos articulos uno aparecido en la web patriotica ecuatoriana El Otro Ecuador. y el segundo aparecido en una pagina panameña llamada Nodo 50. Este último es un modelo de lo que se llama confusión e ignorancia con referencia a la tematica de la organicidad y las corporaciones. Metodo muy comun utilizado tanto por los marxistas como por los liberales, tendiente al descredito de lo que nosotros llamamos República Organica. En el primer articulo se da la interpretación y explicacion correcta de lo que es un Estado de esta naturaleza, en el segundo caso se interpreta disparatadamente que el Estado Corporativo es el Estado Neoliberal privatista. En base a esta verdadera guerra semantica se siembra el descredito de esta noble forma de gobierno, que justamente es lo que pretende el Sistema de Dominación


ESTADO ORGANICO

Dr. José V. Ortuño A. (El Otro Ecuador)

En el Curso Intensivo se ha planteado la siguiente cuestión, ¿En qué capítulos de la Ciencia Política Constitucional ha de ubicarse el “Estado Orgánico” que propugnamos?

Contestamos en primer término que el “Estado Orgánico” es la denominación de uno de los “tipos de estructura del Estado”.

Estos “Tipos de Estructura” se refieren en último término a una clasificación metodológica que supone, por cierto, orientaciones típicas tendientes a alcanzar adecuación y coyuntura en la Filosofía del Derecho, en la Sociología en la Historia y en la Geografía.

Se ha optado por la denominación de “tipos”, mejor que por el de formas, ya que aparte de uno de ellos, no podemos encontrarlos plenamente realizados en la práctica. El tipo, en este caso, constituye más bien una tendencia: un Estado organizado a base de tales o cuales características sería calificado de Orgánico, Individualista, o Colectivista, a causa del predominio del tipo en sus contornos. Estas denominaciones son, pues, el resultado de un pensamiento subjetivo con fines metódicos, pero sobre la base objetiva de la realidad política divisible.

Hay que advertir que al hablar de los tipos de estructura del Estado, no nos remitimos a las concepciones que sobre tipo o sobre estructura figuran circunstancialmente en la nomenclatura antigua, ni a aquellos “tipos ideales” de los idealistas: mucho menos, pretendemos “forjar” tipos a manera de utopía. Tampoco está en nuestro afán desechar la clasificación en formas de Estado, reemplazando la terminología tradicionalista por otra. Tratamos de otras categorías, como lo vamos a enunciar ligerísimamente:

Se involucraría dentro del TIPO INDIVIDUALISTA, todo sistema político que, considerando al Estado como una aglomeración de individuos, haga de tales entes contables, a través de su expresión numérica, la fuente del orden jurídico político, es decir de la representación, de la autoridad, de la Democracia, etc.

Al TIPO COLECTIVISTA corresponderían todos los que consideran al Estado como una totalidad mecánica colectiva, sobre la cual haya de gobernarse sin tomar en cuenta personalidades individuales o colectivas inferiores al ser supremo Estado.

Y en el TIPO ORGÁNICO se agruparían los sistemas orgánicos, integrados por la trabazón de personalidades individuales y colectivas con valor propio, con autonomía y autodisciplina y cuya organización natural legitima la autoridad, produce la representación que vivifica la República.

Admitidas tales calificaciones como categorías en las que caben otras formas que coinciden en las orientaciones fundamentales, el tipo orgánico abarca todas las tendencias de estructuración de la vida del Estado a base de los organismos de la Nación, constituyendo el tipo superador del individualismo inorgánico y anárquico, y así colectivismo tiránico y absorbente.

La casi totalidad de autores que a esta tendencia se han referido, han hablado de “Estado Corporativo” “Forma Corporativa”, o “Corporatista “Corporativismo”, etc. Se dice también `Estado pluralista” o “plural”, “Gremialismo” o “socialismo gremial”, etc.

Algunos estados como el italiano de Mussolini y el portugués de Oliveira Salazar, acogen como propio el nombre de “Estado Corporativo”. Pero no se puede negar que tanto pertenecen ellos al tipo orgánico de estructura del Estado, como pertenecerían los proyectos de los sociólogos vieneses o argentinos, o los Estados de la Edad Media; como el alemán de Hitler o el español de Franco; o como el Ecuatoriano que estableceremos tras la Revolución Nacional Integralista Ecuatoriana; en cuanto todos ellos tienden a constituir la estructura político-administrativa a base de todas las personas individuales y colectivas que dan vida a la Nación, por manera que todas ellas participan en el funcionamiento del poder de manera total (u obligatoria) agrupando a todos los seres conscientes e idóneos, sean personales o sociales, sin necesidad de tener precisamente el nombre o la calidad de “corporaciones”.

Desde luego, el Estado Orgánico Ecuatoriano, constituye una estructura a base principalmente de una determinada filosofía que no se compadece con las orientaciones de otros Estados los cuales, si bien en el aspecto metodológico político, ingresan dentro del tipo, quedan fuera de él por sus concepciones totalitarias, opuestas a nuestra filosofía integralista.

Con respecto al nombre “corporativo”, en un sentido de amplitud y para tales fines, es preferible el de “orgánico”, siempre que las entidades colectivas no hayan de ser preeminentemente las “corporaciones”.

Corporativo es lo que tiende a formar cuerpo, lo capaz de formarlo; y en esta misma índole de generalidad, orgánico sería todo lo que se refiere a esta tesis de organización en general, tómese o no al Estado como cuerpo; a su constitución a base de organismos; a la reglamentación de ellos; y en concreto, a los órganos, sociedades, entidades, etc., sujetos y objetos de la política.

Lo orgánico vendría a ser el género y sus especies, el corporativismo, el gremialismo, el sindicalismo, etc.


EL ESTADO CORPORATIVO

JOAQUIN PERURENA (Nodo 50)

El Estado corporativo es aquel que olvida su esencia de servicio a los más desvalidos y traslada sus esfuerzos al enfoque de las corporaciones generadoras de lucro. Las corporaciones se crean para construir riqueza. El Estado se crea para proporcionar bienestar. Cuando el Estado, creado para proporcionar bienestar, trabaja solamente para el capital, estamos ante el Estado como corporación o corporativo. Su finalidad es el lucro y la plusvalía que no se reparte.

No estamos en contra del libre mercado; pero, cuando el Estado corporativo trabaja para la creación de riqueza, no lo hace para la sociedad entera sino para aquellos que, durante la campaña política, ayudaron al Gobierno a llegar a los puestos de poder. Así las cosas, el capital reclama de los apoyados su cuota, perpetuándose el clientelismo y distanciando la gestión de gobierno de la población más necesitada.

El Estado corporativo requiere de un presidente corporativo. El candidato ideal es alguien con abolengo político. Un apellido famoso viene bien. Ojalá sea educado en los principios del neoliberalismo. Debe tener cierto carisma para que, cuando enfrente al pueblo, lo haga como populista, despreciando las instituciones que juró fortalecer al alegar que no le son de utilidad, ya que él “habla directamente con su pueblo”.

El Estado corporativo requiere que, por lo menos, una buena parte de la prensa (radial, escrita y televisada) esté comprometida con el capital que la posee y la desliga de la verdad que no es conveniente divulgar, no sea que al pueblo le dé por pensar.

Así, el principal objetivo del poder político es entregar al poder económico todo lo que le produzca más riqueza. Por eso, privatizará todo aquello que, “administrado en forma correcta” (paradigma esgrimido contra lo administrado públicamente), “funcionará mejor”. El último de los nichos de riqueza es la salud del pueblo panameño. Cimentada en la solidaridad, como lo está hoy, es fuente de bienestar, no de lucro. Pero si se logra privatizar para que unos pocos la administren, es fuente de riqueza inimaginable.

Este es el último intento de secuestro del Estado corporativo. Atenta contra un derecho fundamental de los miembros de la sociedad y un mandato constitucional esencial: la obligación de proporcionar salud a su pueblo. Entregar este mandato a otros es un error de consecuencias negativas incalculables.

Foto: Benito Mussolini creador del Fascismo una de las tantas variantes del Estado Organico o Corporativo