25 de agosto de 2010
P. CASTELLANI SIEMPRE ACTUAL
4 de agosto de 2010
RERUM NOVARUM

IV. LAS ASOCIACIONES
38. Finalmente, son los mismos capitalistas y los obreros quienes pueden hacer no poco -contribuyendo a la solución de la cuestión obrera-, mediante instituciones encaminadas a prestar los necesarios auxilios a los indigentes, y que traten de unir a las dos clases entre sí. Tales son las sociedades de socorros mutuos, los múltiples sistemas privados para hacer efectivo el seguro -en beneficio del mismo obrero, o de la orfandad de su mujer e hijos- cuando suceda lo inesperado, cuando la debilidad fuere extrema, o cuando ocurriere algún accidente; finalmente, los patronatos fundados para niños, niñas, jóvenes y aun ancianos que necesitan defensa. Mas ocupan el primer lugar las asociaciones de obreros, que abarcan casi todas aquellas cosas ya dichas. De máximo provecho fueron, entre nuestros antepasados, los gremios de artesanos; los cuales, no sólo lograban ventajas excelentes para los artesanos, sino aun para las mismas artes, según lo demuestran numerosos documentos. Los progresos de la civilización, las nuevas costumbres y las siempre crecientes exigencias de la vida reclaman que estas corporaciones se adapten a las condiciones presentes. Por ello vemos con sumo placer cómo doquier se fundan dichas asociaciones, ya sólo de obreros, ya mixtas de obreros y patronos; y es de desear que crezcan tanto en número como en actividad. Varias veces hemos hablado ya de ellas; pero Nos complace en esta ocasión mostrar su oportunidad, su legitimidad, su organización y su actividad.
39. La conciencia de la propia debilidad impulsa al hombre y le anima a buscar la cooperación ajena. Dicen las Sagradas Escrituras: Mejor es que estén dos juntos que uno solo; porque tienen la ventaja de la compañía. Si cayere el uno, le sostendrá el otro. ¡Ay de quien está solo, pues no tendrá, si cae, quien lo levante!. Y en otro lugar: El hermano, ayudado por el hermano, es como una ciudadela fuerte.
Y así como el instinto natural mueve al hombre a juntarse con otros para formar la sociedad civil, así también le inclina a formar otras sociedades particulares, pequeñas e imperfectas, pero verdaderas sociedades. Naturalmente que entre éstas y aquélla hay una gran diferencia, a causa de sus diferentes fines próximos. El fin de la sociedad civil es universal, pues se refiere al bien común, al cual todos y cada uno de los ciudadanos tienen derechos en la debida proporción. Por eso se llama pública, puesto que por ella se juntan mutuamente los hombres a fin de formar un Estado. Por lo contrario, las demás sociedades que surgen en el seno de aquélla llámanse privadas; y en verdad que lo son, porque su fin próximo es tan sólo el particular de los socios. Sociedad privada es la que se forma para ocuparse de negocios privados, como cuando dos o tres forman una sociedad a fin de comerciar juntos.
El Estado
40. Ahora bien; estas sociedades privadas, aunque existan dentro del Estado y sean como otras tantas partes suyas, sin embargo, en general y absolutamente hablando, no las puede prohibir el Estado en cuanto a su formación. Porque el hombre tiene derecho natural a formar tales sociedades, mientras que el Estado ha sido constituido para la defensa y no para el aniquilamiento del derecho natural; luego, si tratara de prohibir las asociaciones de los ciudadanos, obraría en contradicción consigo mismo, pues tanto él como las asociaciones privadas nacen de un mismo principio, esto es, la natural sociabilidad del hombre. Cuando ocurra que algunas sociedades tengan un fin contrario a la honradez, a la justicia, o a la seguridad de la sociedad civil, el Estado tiene derecho de oponerse a ellas, ora prohibiendo que se formen, ora disolviendo las ya formadas; pero aun entonces necesario es proceder siempre con suma cautela para no perturbar los derechos de los ciudadanos y para no realizar el mal so pretexto del bien público. Porque las leyes no obligan sino en cuanto están conformes con la recta razón, y, por ello, con la ley eterna de Dios.
Asociaciones religiosas
41. Pensamos ahora en las sociedades, asociaciones y órdenes religiosas de toda clase, a las que ha dado vida la autoridad de la Iglesia y la piedad de los fieles, con tantas ventajas para el bienestar mismo de la humanidad cuantas muestra la historia. Dichas sociedades, aun consideradas a la luz sola de la razón, al tener un fin honesto, por derecho natural son evidentemente legítimas. Si de algún modo se refieren a la religión, únicamente están sometidas a la autoridad de la Iglesia. No puede, pues, el Estado atribuirse sobre ellas derecho alguno, ni arrogarse su administración; antes bien, tiene el deber de respetarlas, conservarlas y, si fuere necesario, defenderlas.
Pero, ¡cuán de otra manera ha sucedido, sobre todo en estos nuestros tiempos! En muchos lugares y por las maneras más diversas, el Estado ha lesionado los derechos de tales comunidades, contra toda justicia: las enredó en la trama de las leyes civiles, las privó de toda personalidad jurídica, las despojó de sus bienes: bienes, sobre los que tenía su derecho la Iglesia, el suyo cada uno de los individuos de aquellas comunidades, y el suyo también aquellas personas que los habían dedicado a cierto fin determinado, así como aquellos a cuya utilidad y consuelo estaban dedicados.
Nos, pues, no podemos menos de lamentarnos de semejantes despojos tan injustos como perniciosos; y ello, tanto más cuanto que vemos cómo se prohiben sociedades católicas, tranquilas y verdaderamente útiles, al mismo tiempo que solemnemente se proclama pro las leyes el derecho de asociación; y en verdad que tal facultad está concedida con la máxima amplitud a hombres que maquinan por igual contra la Iglesia y contra el Estado.
Asociaciones obreras
42. Cierto que hoy son mucho más numerosas y diversas las asociaciones, principalmente de obreros, que en otro tiempo. No corresponde aquí tratar del origen, finalidad y métodos de muchas de ellas. Pero opinión común, confirmada por muchos indicios, es que las más de las veces dichas sociedades están dirigidas por ocultos jefes que les dan una organización contraria totalmente al espíritu cristiano y al bienestar de los pueblos; y que, adueñándose del monopolio de las industrias, obligan a pagar con el hambre la pena a los que no quieren asociarse a ellas. -En tal estado de cosas, los obreros cristianos no tienen sino dos recursos: O inscribirse en sociedades peligrosas para la religión, o formar otras propias, uniéndose a ellas, a fin de liberarse valientemente de opresión tan injusta como intolerable. ¿Quién dudará en escoger la segunda solución, a no ser que quiera poner en sumo peligro el último fin del hombre?
43. Muy dignos, pues, de alabar son muchos católicos que, conociendo las exigencias de estos tiempos, ensayan e intentan el método que permita mejorar a los obreros por medios honrados. Y una vez quehan tomado su causa, se afanan por mejorar su prosperidad, tanto la individual como la familiar, así como también por mejorar las relaciones mutuas entre patronos y obreros, formando y confirmando en unos y en otros el recuerdo de sus deberes y la observancia de los preceptos evangélicos: preceptos que, al prohibir al hombre toda intemperancia, le hacen ser moderado; a la vez que, en medio de tantas y tan distintas personas y circunstancias, logran que, dentro de la sociedad, se mantenga la armonía. Para ese fin vemos cómo se reúnen con frecuencia, en Congresos, varones los más ilustres que se comunican mutuamente sus consejos, unen sus fuerzas, se consultan sobre los mejores procedimientos. Otros se consagran a reunir a los obreros, según sus diversas clases, en oportunas sociedades: las ayudan con sus consejos y sus medios, les procuran honrado y fructuoso trabajo. Les animan y patrocinan los Obispos, y bajo su dependencia muchos miembros de uno y otro clero atienden con singular celo al bien espiritual de los asociados. Ni siquiera faltan católicos ricos que, como haciendo causa común con los trabajadores, no perdonan gastos para fundar y difundir ampliamente asociaciones que le ayuden al obrero, no sólo a proveerse con su trabajo para las necesidades presentes, sino también a asegurarse un decoroso y tranquilo descanso en lo por venir. Los grandes beneficios que tantos y tan denodados esfuerzos han logrado para el bien común, son tan conocidos que sería inútil querer hablar ahora de ellos. Pero nos dan ocasión de esperar todo lo mejor para lo futuro, si estas sociedades crecieren sin cesar y se organizaren con prudencia y moderación. Proteja el Estado semejantes asociaciones jurídicamente legítimas, pero no se entrometa en lo íntimo de su organización y disciplina; porque el movimiento vital nace de un principio interior y fácilmente lo sofocan los impulsos exteriores.
44. Esta sabia organización y disciplina es absolutamente necesaria para que haya unidad de acción y de voluntades. Por lo tanto, si los ciudadanos tienen -como lo han hecho- perfecto derecho a unirse en sociedad, también han de tener un derecho igualmente libre a escoger para sus socios la reglamentación que consideren más a propósito para sus fines. -No creemos que se pueda definir con reglas ciertas y precisas cuál deba ser dicha reglamentación: ello depende más bien de la índole de cada pueblo, de la experiencia y de la práctica, de la cualidad y de la productividad de los trabajos, del desarrollo comercial, así como de otras muchas circunstancias, que la prudencia debe tener muy en cuenta. En resumen; puede establecerse la regla general y constante de que las asociaciones de los obreros deben ordenarse y gobernarse de tal suerte que suministren los medios más oportunos y convenientes para la consecución de su fin, el cual consiste en que cada uno de los asociados reciba de aquéllas el mayor beneficio posible tanto físico como económico y moral.
Es evidente que ha de tenerse muy en cuenta, como fin principal, la perfección religiosa y mora; y que a tal perfección debe enderezarse toda la disciplina social. Pues de otra suerte dichas sociedades degenerarían y se deformarían, y no tendrían mucha ventaja sobre aquellas otras asociaciones que no quieren preocuparse para nada de la religión. Por lo demás ¿de qué serviría al obrero haber podido encontrar en la sociedad una gran abundancia de bienes materiales, si su alma se pusiera en peligro de perderse por no recibir su propio alimento? ¿De qué sirve al hombre ganar todo el mundo, si pierde su alma?. Consigna es de Cristo Jesús, que señala el carácter que distingue al cristiano del pagano: Todas esas cosas las van buscando los gentiles..., buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas os serán añadidas. Partiendo, pues, de Dios como principio, gran importancia se dará a la instrucción religiosa, de suerte que cada uno conozca sus deberes para con Dios, qué debe creer, qué debe esperar y qué debe hacer para su eterna salvación; que todo esto lo lleguen a saber muy bien y que se tenga buen cuidado de fortalecerles y prevenirles contra los errores corrientes y contra los varios peligros de corrupción. Que el obrero se anime al culto de Dios y al amor de la piedad, y señaladamente a la observancia de los días festivos. Aprenda a reverenciar y amar a la Iglesia, madre común de todos; y asimismo a obedecer sus mandatos y frecuentar los sacramentos, medios establecidos por Dios para lavar las manchas del alma y para adquirir la santidad.
45. Si el fundamento de los estatutos sociales se coloca en la religión, llano está el camino para regular las relaciones mutuas de los socios mediante la plena tranquilidad en su convivencia y el mejor bienestar económico. Distribúyanse los cargos, atendiendo tan sólo a los intereses comunes; y ello con tal armonía, que la diversidad no perjudique a la unidad. Conviene, asimismo, muy bien distribuir y determinar claramente las cargas, y ello de tal suerte que a nadie se lastime en su derecho. Que los bienes comunes de la sociedad se administren con rectitud, de tal suerte que los socorros sean distribuidos en razón de la necesidad de cada uno; y que los derechos y deberes de los patronos se armonicen bien con los derechos y deberes de los obreros. Si unos u otros se creyeren dañados en algo, de desear es que se busquen en el seno de la misma corporación hombres prudentes e íntegros, que como árbitros terminen el pleito con arreglo a los mismos estatutos sociales. Con suma diligencia habrá de proveerse para que en ningún tiempo falte trabajo al obrero, y para que haya fondos disponibles con que acudir a las necesidades de cada uno; y ello, no sólo en las crisis repentinas y casuales de la industria, sino también cuando la enfermedad, la vejez o los infortunios pesaren sobre cualquiera de ellos.
46. Si tales estatutos son aceptados voluntariamente, se habrá provisto lo bastante al bienestar material y moral de las clases inferiores; y las sociedades católicas ejercitarán una influencia no pequeña en el próspero progreso de la misma sociedad civil. Lo pasado nos autoriza no sin razón a prever lo futuro. Pasan los tiempos, pero las páginas de la historia son muy semejantes, porque están regidas por la providencia de Dios, la cual gobierna y endereza todos los acontecimientos y sus consecuencias hacia aquel fin que ella se prefijó al crear el linaje humano. -Sabemos que en los primeros tiempos de la Iglesia se censuraba a los cristianos, porque la mayor parte de ellos vivían de limosna o del trabajo. Y aun así, pobres y débiles, lograron conciliarse la simpatía de los ricos y el patrocinio de los poderosos. Se les podía contemplar activos, laboriosos, pacíficos, ejemplares en la justicia y, sobre todo, en la caridad. Y, ante tal espectáculo de vida y costumbres, se desvaneció todo prejuicio, enmudeció la maledicencia de los malvados; y, poco a poco, las mentiras de la inveterada superstición cedieron su lugar a la verdad cristiana.
47. Mucho se habla ahora de la cuestión obrera, cuya buena o mala solución interesa grandemente al Estado. Bien la solucionarán los obreros cristianos, si, unidos en asociaciones y dirigidos con prudencia, siguieren el mismo camino que con tanto beneficio para sí y la sociedad recorrieron nuestros padres y antepasados. Porque gran verdad es que, por mucha que sea entre los hombres la fuerza de los prejuicios y de las pasiones, sin embargo, si la malicia en el querer no apagare en ellos el sentido de la honestidad, deberá ser mucho mayor la benevolencia de los ciudadanos hacia aquellos obreros, cuando les vieren activos y moderados, sobreponiendo la justicia a las ganancias y anteponiendo la conciencia de su deber a todas las demás cosas. Y de ello se seguirá otra ventaja, esto es, el ofrecer esperanza y facilidad no pequeña de conversión aun a aquellos obreros, a quienes falta la fe o una vida según la fe. Estos, no pocas veces, comprenden que han sido engañados por falsas apariencias, por vanas ilusiones. Y sienten también cómo amos codiciosos les tratan inhumanamente, y cómo casi no les estiman sino en poco más de lo que producen con su trabajo; y cómo en las sociedades, donde se encuentran metidos, en vez de caridad y amor no hay sino internas discordias compañeras inseparables de la pobreza orgullosa e incrédula. Desanimados en su espíritu y extenuados en su cuerpo, muchos querrían liberarse de esclavitud tan abyecta; pero no se atreven, o porque lo impide el respeto humano o porque tiemblan ante la segura miseria. En modo admirable aprovecharían a todos éstos para su salvación las asociaciones católicas, si, allanándoles el camino, les invitaren haciéndoles salir de las dudas; y si, ya arrepentidos, los acogieren en su patrocinio y su socorro.
18 de junio de 2010
CAPITALISMO Y COMUNISMO

por Plínio Salgado
La identificación del Capitalismo con Comunismo es una consecuencia lógica del examen que hagamos:
1º) De la identidad de sus orígenes filosóficos;
2º) De la identidad de sus orígenes económicos;
3º) De la identidad de dirección en el proceso de desarrollo;
4º) De la unidad de objetivo final. Examinemos, uno a uno, estos puntos y llegaremos a conclusión de que no es posible combatir el capitalismo sin combatir el comunismo, de igual manera que no es posible combatir el comunismo sin combatir el capitalismo. Pues tanto uno como el otro no pasan de una sólo cabeza, con dos caras, cabeza conectada al mismo cuerpo, que es el materialismo, la subordinación del Espirito Humano a la brutalidad de las fuerzas ciegas de
IDENTIDAD DE ORÍGENES FILOSÓFICAS
El capitalismo es una consecuencia del Liberalismo. El Liberalismo es el imperio del Individualismo. El Individualismo es la rotura con todas las disciplinas morales capaces de componer equilibrio en la sociedad, de acuerdo con los intereses superiores del Espíritu.
Por consecuencia, el Individualismo es el Materialismo. Y la prueba de que el Individualismo es el Materialismo es el hecho de esa concepción de vida haber tenido como fuente los postulados epicuristas, estoicistas o naturalistas que hubieron construido toda la trama del pensamiento de los fines del siglo XVIII, de
El "hombre natural" de Rousseau es el índice de todo el Individualismo que generó el Liberalismo. Si el Hombre debía ser "natural", era lógico que
Fue según esos principios materialistas que
Lanzada la lucha libre en el mundo, cerradas las corporaciones obreras, prohibido el Estado de intervenir en los fenómenos de la producción, de la circulación, de la distribución y del consumo de las mercancías, comenzó a verificarse lo que sería inevitable: los fuertes oprimen los débiles.
La libertad contractual, dando derechos y poderes a cada individuo para proponer y aceptar salarios, colocó el obrero, aislado y débil, delante del patrono inmensamente fuerte. Coagido por la competencia con otros obreros, el ofertante de "trabajo" se veía en la dura contingencia de subordinarse a la oscilación de los precios. El "trabajo" fue transformado en mercancía sujeta a la ley de la oferta y de la demanda.
La libre competencia, en el campo comercial, conforme observa Marx, que es un sistematizador burgués, llevaba los detentores de los medios de producción a cortar salarios y aumenten las horas de trabajo. Esa doble lucha de cada productor, de un lado con su adversario y del otro con sus asalariados, determinaba la derrota de los que presentaban más pequeñas posibilidades de resistencia y adaptabilidad.
Siendo injusta, inmoral, semejante situación, el Capitalismo necesitó de arreglar una justificación. Esta encontró sus fundamentos en el materialismo. El estudio de la evolución natural abrió nuevo horizontes a la brutalidad del Capitalismo. Mientras Haeckel explicaba el origen de la vida en el misterio de las "moneras", mientras Darwin desarrolla la teoría del "struggle sea life", que justifica el triunfo del fuerte, del más apto sobre el débil, Spencer, con extraordinario poder constructivo, sistematiza las grandes líneas del evolucionismo, estableciendo sus "principios" y acompañando las manifestaciones de la "materia" y de la "energía", desde la nebulosa a la sedimentaciones geológicas, y desde las primeros fenómenos vitales hasta
Spencer es el filósofo de
Nada más natural para una concepción materialista de la vida. Nada más lógico, para una época en que el naturalismo llevó al experimentalismo y esta a la consideración unilateral de los fenómenos.
La palavea cabalística del siglo XIX, día Harías Brito, fue: "evolución". Creo que podremos añadir a esa palabra, esta otra: "lucha".
Sólo el Espíritu une. La materia divide. Por eso Individualismo y Liberalismo, hijos del Materialismo, lanzaron las más tremendas luchas sobre la tierra. En el campo de la política, la lucha de los partidos; en el geográfico, la lucha de las regiones; en el étnico la lucha de las razas; en el de la producción, la lucha de clases; en el comercial, la lucha de la competencia; en el económico-financiero, la lucha de la moneda con la mercancía; en el internacional, la guerra imperialista.
Ni se diga, simplemente, que esas luchas siempre existieron, porque eso sería confesar a suspensión de pagos de un siglo, de todo el orgullo de su ciencia y de su filosofía. Porque el hecho es que las viejas luchas de que en los deberíamos liberar, en un estadio superior de civilización, fueron agravadas y a ellas el Materialismo añadió otras más crueles.
Era lógico, por lo tanto, que Karl Marx, el fundador del comunismo, siendo un burgués e hijo del siglo XIX, imprimió a la sistematización de su obra el mismísimo timbre de la filosofía burguesa, que es la filosofía de la lucha estúpida e invidente del materialismo justificador de los triunfos de los fuertes sobre los débiles.
Esa identidad de pensamientos, de concepción de vida, que se sorprende en el Marxismo y en el Capitalismo Liberal, ambos subordinados a la leyes inherentes a un aspecto aislado de
En el tocante
Hoy, que la ley de la gravitación de Newton, en cuya expresión expositiva se encuentra el carácter de la época dialéctica, cede lugar a una nueva concepción de los movimientos; hoy, que las viejas concepciones del espacio y del tiempo, ceden lugar a una comprensión nueva de ritmos universales, desde Henri Poincaré; hoy, que vamos a encontrar en el receso de los átomos, no sólo la negación de la materia, pero la unidad de las leyes universales y la unidad de la energía, nosotros, hombres del siglo XX(XXI), nos sentimos muy más próximos de Aristóteles (la unidad diferenciada del equilibrio universal), del que de los filósofos materialistas de los cuales procede, como una flor de la burguesía crepuscular, el Marxismo.
Lo que no se puede negar es la identidad absoluta del Marxismo con la filosofía burguesa, creada para oprimir los humildes y justificar la explotación del hombre por el hombre. Lo que es fuera de duda, es que el Capitalismo y el Comunismo no pasan de palabras diferentes para designar la misma cosa; la brutalidad de la violencia, el materialismo grosero.
IDENTIDAD DE ORÍGENES ECONOMICAS
Acaso el Marxismo se revela contra
Pero acaso, una Economía nueva es anunciada por el comunismo? Pero entonces él reniega las "ley naturales"? Si niega, dejó de ser materialista y pasó para el campo de la ética espiritualista. Si no niega, entonces no es revolucionario, como se pregona, pues se somete a una concepción de vida que pertenece, en primera mano, al Capitalismo y a
El Comunismo pretende dar fundamento moral a
El Comunismo objetiva una "justicia social"? Y pretende realizarla bajo el imperio de las "leyes naturales"? Preguntamos: cuál es la moral de las "leyes naturales"? Cual el interés de justicia social de las "leyes naturales", desde que se abstraía las ideas de Dios y del Espíritu? Cual el interés de justicia social de las "leyes naturales"? Si cogiéramos en una corriente eléctrica de muchos volts, las leyes naturales obedecerán a un principio de justicia? O sólo será fulminado aquel que lo merece? El Comunismo cree que puede haber interferencia del Hombre, según su interés en las "leyes naturales" de
La verdad es que el Marxismo no pasa de un capitulo añadido a
Marx descubre algunas leyes nuevas, siendo la fundamental de su sistema a de la "más valía". ES un continuador de los burgueses evolucionistas y materialistas. Lo preocupa la precipitación del proceso evolutivo del Capital. Pide, entonces, prestado a otro burgués, Hegel, su proceso dialéctico. Su "filosofía de acción" es una beberagem donde se mezclan todas las tisanas filosóficas del siglo XIX. Su Economía es la subordinación a los mismos principios de
Pensando bien, la obra de Marx es la apología del Capital. ES absoluta la identidad de propósitos del Comunismo y del Capitalismo. El Comunismo es sólo más apresurado. El Capitalismo, a través de sus teorizadores, calla sus intenciones secretas. El Comunismo revela las intenciones secretas del Capitalismo y se propone a ejecutarlas.
El Capitalismo que el triunfo de los más fuertes, en la ley de la competencia. Uno a uno, serán absorbidos los luchadores. Llegará la ocasión en que dos o tres financistas tendrán proletarizado todo el género humano. Marx sabe que ese es el fin del Capitalismo y que, no contrariarlo, pero apresurarlo lo más posible.
El Capitalismo pretende que un día los técnicos de
El Capitalismo es internacional. El Comunismo es internacional. El Capitalismo quiere esclavizar todos los pueblos; el Comunismo también. El Capitalismo, a través de la usura, del juego de la bolsa, de las oscilaciones del cambio, atenta diariamente contra el principio de la propiedad; el Comunismo predica abiertamente contra ese principio.
Foto: Plinio Salgado (de pie) durante una alocución. Fue el fundador del Movimiento Integralista Brasileño
Fuente:http://cruzadasur.blogspot.com/
