15 de octubre de 2010

TACUARA, EN LA DECADA DE LOS 60

Un Programa Nacionalista

Programa básico revolucionario del Movimiento Nacionalista Tacuara

Argentina
  1. Nuestra Patria no es un mero hecho geográfico, ni un conglomerado de individuos. Comunidad de raza, religión, cultura e historia, que nos señala un futuro común, Argentina es una UNIDAD DE DESTINO, y tiene, como heredera del Imperio Español, una misión que cumplir en lo Universal.
  2. Para que Argentina pueda cumplir su misión histórica, debemos romper con las viejas estructuras económicas, sociales y políticas del liberalismo burgués. Esto sólo podrá realizarse mediante un total proceso revolucionario, que devuelva a nuestra Nación su fe en sí misma y en su futuro.

Estructuras políticas
  1. Ante el fracaso histórico del régimen liberal-burgués, la Revolución lo reemplazará por el Estado Nacional-Sindicalista. Éste será el instrumento mediante el cual encauzaremos el país por su glorioso destino.
  2. El ineficaz Parlamento será reemplazado por las Cámaras Sindicales, en las que los intereses del trabajo y la producción estarán representados junto con las demás fuerzas integrantes de la realidad nacional.
  3. Las Cámaras Sindicales designarán al Poder Ejecutivo, el que podrá ser removido por las mismas en caso de apartarse de los objetivos que le fije la Constitución dictada por la Revolución Nacional, asegurando así al Estado como servidor permanente del interés supremo de la Nación y la realización de su misión histórica, que no pueden estar sujetos a contingencias propias de la demagogia electoralista.
  4. Se suprimirán los partidos políticos, por ser estructuras artificiales que atentan contra la Unidad Nacional.
  5. Todas las jerarquías de la Nueva Sociedad se basarán sobre la plena responsabilidad de sus integrantes.

Política Social
  1. Sin Justicia Social no puede haber paz ni orden en el país. TACUARA se rebela contra la injusticia social y reconoce el mismo derecho a todos aquellos que la sufran.
  2. La lucha de clases, que atenta contra la Unidad Nacional, es producto de la actual estructuración injusta de la sociedad, que conforma la existencia de opresores y oprimidos. El Nuevo Estado tenderá a la progresiva eliminación de las barreras económicas, sociales y culturales que las separan.
  3. La familia, unidad social fundamental, merecerá la máxima consideración y protección por parte del Estado. Asegurada su unidad mediante el matrimonio indisoluble, tendrá representatividad dentro de las instituciones sindicales, municipales y de educación.
  4. La inmigración será estrictamente seleccionada y controlada. No se admitirá el ingreso de grupos étnicos y culturales inasimilables.
  5. La ciudadanía argentina será concedida como excepción, en base a servicios prestados y a la total identificación con la comunidad nacional.

Estructuras económicas
  1. Las actuales estructuras capitalitas serán destruidas, porque:
     a)     están basadas en la explotación social y, por lo tanto, son gérmenes de discordia y resentimiento;
     b)     sucarácter antinacional atenta contra la soberanía.
  1. Todas aquellas empresas que sean consideradas como servicios públicos o vitales para la defensa nacional serán controladas por el Estado.
  2. Dado el carácter parasitario e inconducente del capitalismo, corresponde promover un ordenamiento económico en que los productores, desde el jefe de empresa hasta el último aprendiz, en un todo jerarquizado y orientado a las necesidades nacionales, sean los dueños exclusivos de la empresa.
  3. Con relación a las pequeñas y medianas empresas atendidas directamente por sus dueños con el auxilio de mano de obra ajena, la acción del Estado Nacional-Sindicalista se limitará a articular una adecuada participación en las ganancias, habida cuenta de la importancia de la intervención patronal.
  4. La Revolución en el campo terminará con los latifundios, sean éstos nacionales o extranjeros. Igualmente las tierras no explotadas y las tierras fiscales o pertenecientes a Sociedades Anónimas serán divididas en unidades económicas adecuadas a las características regionales y entregadas a perpetuidad a jefes de familia.
  5. La Revolución, mediante el desarrollo de una industria pesada nacional y una justa política de créditos, pondrá en manos del hombre de campo toda la maquinaria agrícola necesaria para aumentar al máximo la producción.
  6. La propiedad de la vivienda familiar, sea ésta rural o urbana, no podrá ser bien de renta ni de especulación.
  7. Para asegurar el servicio de la Nación los resortes fundamentales de la economía y para hacer efectiva la liquidación de las estructuras injustas del capitalismo, nuestro Estado procederá a la inmediata nacionalización de las instituciones bancarias y crediticias, así como del comercio exterior.
  8. La disposición del capital privado para préstamos a interés, usurario o no, será considerada delito y castigado como tal.

Espíritu y educación
  1. Frente al materialismo liberal-marxista, el Nacionalismo afirma la primacía de los valores espirituales del hombre y la sociedad, conforme a la Verdad Católica que, por otra parte, está enraizada en forma irrevocable en nuestro destino histórico y en nuestro ser nacional.
  2. Esta concepción deberá informar la enseñanza en todos sus ciclos, que impartida por el Estado y la Iglesia, absolutamente gratuita, debe abandonar totalmente los moldes del enciclopedismo para dirigirse a la formación del hombre.
  3. Concebimos a la Universidad como una corporación jerárquica de profesores y alumnos, aquéllos en función de enseñar y éstos en función de aprender. Colocaremos a la inteligencia y la ciencia al servicio de la Verdad y de la Patria
  4. La Iglesia participará en el Estado Nacional- Sindicalista en todo cuanto ataña a sus funciones específicas.
  5. Todos los ciudadanos de otras religiones podrán practicar libremente su culto, pero sus actividades no podrán extenderse a la propaganda ni a la enseñanza.
  6. Las relaciones entre la Iglesia y el Estado serán fijadas por un concordato. Aparte, fijamos nuestro anhelo de ver en los hombres y las jerarquías de la Iglesia un autentico espíritu católico, que no haga de ésta privilegio de castas ni minorías.

Fuerzas Armadas
  1. El régimen liberal-burgués ha convertido a las Fuerzas Armadas en instrumento de la represión al servicio de una clase y en contra de la Nación. El Estado Nacional- Sindicalista devolverá a éstas su función específica de custodia de lo permanente.
  2. Los países militarmente débiles no son libres. Por lo tanto, para alcanzar la libertad nacional, la Revolución reestructurará las Fuerzas Armadas, adecuándolas a las necesidades de la guerra moderna y creando en ellas una auténtica mística nacional.
  3. Las Fuerzas Armadas en el Estado Nacional-Sindicalista deberán cumplir con su misión educadora, formada a la juventud en el espíritu de servicio de la Patria.
  4. Afirmamos un sentido militar de la existencia, basado en la jerarquía, la disciplina y el servicio. Encuadraremos militarmente a los voluntarios de todas las clases sociales, para la defensa de la Patria y la Revolución.

Política internacional
  1. La actual división del mundo en bloques antagónicos (marxismo y capitalismo) es artificial, pues ambos se basan en el más crudo materialismo y encubren, en el fondo, la misma explotación del hombre y la negación de los valores nacionales. La actual política argentina, basada en la servidumbre a uno de estos bloques, es propia de la mentalidad mediocre y antinacional del régimen burgués.
  2. Sólo mediante una política de absoluta independencia  y un espíritu nacional agresivo podremos liberarnos del actual estado de sumisión. Ante el choque de los dos imperialismos en pugna (Rusia y Estados Unidos), mantendremos una política de neutralidad positiva, que no significa indiferencia, sino la defensa de nuestros ideales extendida al plano internacional.
  3. La Revolución asume la responsabilidad histórica de liberar a Hispanoamérica de la opresión imperialista. Una Hispanoamérica libre y unificada desde el Río Bravo hasta la Antártida es la única garantía de paz y progreso para los pueblos explotados del continente.
  4. El resurgimiento nacionalista de Europa. El despertar de Asia y África y la liberación integral de Hispanoamérica dará empuje a un nuevo bloque de Estados Nacionales que enfrentarán las ambiciones de los imperialismos. Nuestra Patria adoptará una política rectora tendiente a agrupar y conducir a los pueblos de Hispanoamérica.
  5. El Estado Nacional- Sindicalista promoverá la afirmación concreta y efectiva de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y el Territorio Nacional Antártico.

5 de octubre de 2010

CARTA

En el exilio, 20 de mayo de 1979

A su Santidad el Papa Juan Pablo II

Ciudad del Vaticano

Muy Santo Padre :

Yo soy Leon Degrelle, el Jefe del Rexismo belga, antes de la segunda Guerra Mundial y durante ésta, el Comandante de los Voluntarios belgas del Frente del Este, luchando en la 28. división de la Waffen SS "Wallonie". Ciertamente esto no es una recomendación a los ojos de la gente. Pero yo soy católico como usted y me creo, por este hecho, autorizado a escribiros, como a un hermano en la fe.

He aquí de qué se trata: la prensa anuncia que con motivo de vuestro próximo viaje a Polonia entre el 2 y el 12 de Junio de 1979, S.S va a concelebrar la misa con todos los obispos polacos en el antiguo campo de concentración de Auschwitz. Yo encuentro, os lo digo de antemano, muy edificante que se rece por los muertos, sean cuales sean y donde sea, incluso delante de unos hornos crematorios flamantes, de ladrillos refractarios inmaculados.

Pero me asaltan ciertas aprensiones, a pesar de todo. Su Santidad, es polaco. Esta condición aparece sin cesar y es humano, en vuestro comportamiento pontifical. Si os impresionan fuertemente viejos resentimientos de patriota que participó de lleno en su juventud en un duro conflicto bélico, podríais estar tentado de tomar partido, una vez hecho Papa, en disputas temporales, que la historia no ha esclarecido aún suficientemente. ¿Cuáles fueron las responsabilidades exactas de los diversos beligerantes en el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial?

¿Cuál fue el papel de ciertos provocadores?. Vuestro presidente del Consejo de Ministros, el Coronel Beck, que todo el mundo sabe que era un personaje bastante sospechoso, ¿se comportó acaso en 1939 con toda la ponderación deseada?. ¿No rechazó con demasiada soberbia ciertas posibilidades de entendimiento? ¿Y después? ¿La guerra fue verdaderamente tal como se ha dicho?. ¿Cuáles fueron las faltas, e incluso los crímenes de unos y de otros? ¿Se han sopesado siempre con objetividad las intenciones? ¿No se ha desvirtuado a la ligera o con mala fe, porque la propaganda lo reclamaba, la doctrina del adversario atribuyéndole unos proyectos y endosándole unos actos cuya realidad puede estar sujeta a numerosas dudas?

A pesar de que la Iglesia siempre está mucho mejor informada que nadie, a través de dos mil años de circunspección ha evitado siempre las posturas precipitadas y ha preferido juzgar siempre sobre hechos probados, con calma, después de que el tiempo ha separado el grano de la cizaña, los furores y las pasiones. Especialmente, la Iglesia siempre se distinguió por una moderación extrema, a lo largo de la II Guerra Mundial. Siempre se guardó cuidadosamente de propagar locas elucubraciones que corrían entonces.

Muy Santo Padre, sobre vuestro suelo patrio -en Auschwitz particularmente-, afectado, quizás, por ciertas visiones incompletas y partidarias del pasado ¿va usted simplemente a rezar?... Temo sobre todo, que vuestros rezos, e incluso vuestra simple presencia en esos lugares, sean inmediatamente desvirtuados de su sentido profundo y sean utilizados por propagandistas sin escrúpulos, que los harán servir, escudándose en vos, para las campañas de odio, a base de falsedades, que emponzoñan todo el asunto de Auschwitz desde hace más de un cuarto de siglo. Sí, falsedades.

Después de 1945 -abusando de la psicosis colectiva que, a base de habladurías incontroladas, había transtomado a numerosos deportados de la Segunda Guerra Mundial- la leyenda de las exterminaciones masivas de Auschwitz ha alcanzado al mundo entero. Se han repetido en millares de libros incontables mentiras, con una rabia cada vez más obstinada. Se las ha reeditado en colores, en películas apocalípticas que flagelan furiosamente, no sólo la verdad y la verosimilitud, sino incluso el buen sentido, la aritmética más elemental, y hasta los mismos hechos.

Usted, Muy Santo Padre, fue, según se dice, un resistente a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, con los riesgos físicos que comporta un combate contrario a las leyes internacionales. Ciertas personas añaden que usted estuvo internado en Auschwitz como tantos otros, usted ha salido de allí, ya que usted es actualmente Papa, un Papa que, con toda evidencia, no huele demasiado al famoso gas Zyklon B. Su Santidad, que ha vivido en estos lugares, debe saber, mejor que cualquier otro, que esos gaseamientos masivos de millones de personas nunca fueron realidad. S.S, como testigo de excepción, ¿ha visto personalmente efectuar una sola de estas grandes masacres colectivas, tan repetidas una y otra vez por propagandistas sectarios?...

Ciertamente, se sufrió en Auschwitz. En otras partes también, Todas las guerras son crueles. Los centenares de miles de mujeres y niños atrozmente corbonizados por orden directa de los Jefes de Estado aliados, por ejemplo en la masacre de Dresde, de Hamburgo, de Hiroshima y de Nagasaki, tuvieron unos padecimientos mucho más horribles que los sufridos por los deportados políticos o los resistentes (entre ambos, el 25 por ciento de la población total de los campos), objetores de conciencia, anormales sexuales o criminales de derecho común (75 por ciento de la población concentracionaria) que padecían, y a veces morían, en los campos de concentración del III Reich.

El agotamiento les devoraba. El hundimiento moral eliminaba las fuerzas de resistencia de las almas menos templadas. Las crueldades de ciertos guardianes desnaturalizados, alemanes, y mas a menudo no alemanes, de los "kapos" y otros deportados convertidos en verdugos de sus compañeros, se sumaban a la amargura de una promiscuidad multitudinaria. Cabe pensar que en algún campo hubiese algún chiflado que procediera con experiencias de muerte inéditas o fantasías monstruosas en torturas o asesinatos.

Sin embargo, el calvario de la mayor parte de los exiliados, habría terminado felizmente el día tan esperado del inicio de la paz, sino se hubiera abatido sobre ellos, a lo largo de las últimas semanas, la catástrofe de epidemias exterminadoras, ampliadas aún más por los fabulosos bombardeos que destrozaban las líneas de ferrocarril y las carreteras, enviaban a pique los barcos cargados de presos, como ocurrió en Lübeck. Estas operaciones aéreas masivas destruían las redes eléctricas, los conductos y depósitos de agua, cortaban todo abastecimiento, imponían por doquier el hambre, hacían imposible todo transporte de evacuados. Las dos terceras partes de deportados muertos a lo largo de la II Guerra Mundial, perecieron entonces, víctimas del tifus, de la disentería, de hambre, de las esperas interminables sobre las trituradas vías de comunicación. Las cifras oficiales lo establecen.

En Dachau, por ejemplo, según las mismas estadísticas del Comité lntemacional, murieron en enero de 1944, 54 deportados; en febrero de 1944, 101; pero en el mes de Enero de 1945 murieron 2.888, y, en febrero de 1945 murieron 3.977. Sobre el total de 35.613 deportados muertos en este campo de 1940 a 1945, 19.296 fallecieron durante los últimos 7 meses de hostilidades; y queda demostrado que el terrorismo aéreo aliado no tenía ya ninguna utilidad militar, pues la victoria de los aliados, al principio de 1945, ya estaba totalmente asegurada. Y por tanto, ya no era necesario de ningún modo, dicho terrorismo aéreo aliado. Sin esta loca y brutal trituración a ciegas, millares de internados hubiesen sobrevivido, en lugar de convertirse -entre abril y mayo de 1945- en macabros objetos de exposición, alrededor de los cuales bullían manadas de necrófilos de la prensa y del cine, ávidos de fotos y películas con ángulos y vistas sensacionales, y de un rendimiento comercial asegurado. Unos documentos visuales, cuidadosa y previamente retocados, sobrecargados, deformados, y generadores de crecientes odios.

Estos correveidiles de la información hubiesen podido, también, tomar kilómetros de fotografías similares de cadáveres de mujeres y niños alemanes, cien veces más numerosos, muertos exactamente de la misma manera, de hambre, de frío o ametrallados sobre los mismos helados vagones al descubierto, y sobre los mismos caminos ensangrentados. ¡Pero esas fotos, igual que las de la inmensa exterminación de las ciudades alemanes, que nos decubrirían seiscientos mil cadáveres, ya se guardarían bien de darlas a conocer! Hubiesen podido turbar los ánimos y sobre todo, templar los odios. Y la verdad es que el tifus, la disentería, el hambre, los contínuos ametrallamientos aéreos, golpeaban indistintamente, en 1945, tanto a los deportados extranjeros como a la población civil del Reich, todos atrapados por unas abominaciones propias del fin del mundo.

Por lo demás, Muy Santo Padre, en lo que se refiere a una voluntad formal de genocidio, ningún documento ha podido aportar la menor prueba oficial de ello, desde hace más de 30 años. Mas especialmente, en lo que concierne a la pretendida cremación, en Auschwitz, de millones de judíos en fantasmales cámaras con gas Zyklon B, las afirmaciones lanzadas y constantemente repetidas desde hace tantos años, en una fabulosa campaña, no resisten un examen científico serio.

Es descabellado imaginar, y sobre todo pretender, que se hubieran podido gasear en Auschwitz 24.000 personas por día, en grupos de 3.000, en una sala de 400 metros cúbicos, y menos aún, a 700 u 800 en unos locales de 25 metros cuadrados, de 1.90 metros de altura, como se ha pretendido a propósito del campo de Belzec; 25 metros cuadrados o lo que es lo mismo, la superficie de un dormitorio. Usted, Santo Padre, ¿lograría meter 700 u 800 personas en vuestro dormitorio?

Y 700 a 800 personas en 25 metros cuadrados, esto hace 30 personas por cada metro cuadrado. Un metro cuadrado, con 1,90 metros de altura ¡es una cabina telefónica! ¿Su Santidad sería capaz de apilar a 30 personas en una cabina telefónica de la Plaza San Pedro o del Gran Seminario de Varsovia, o en una simple ducha?. Pero si el milagro de los 30 cuerpos plantados como spárragos en una cabina telefónica o el de las 800 personas apiñadas alrededor de vuestra cama se hublese realizado, un segundo milagro tenía que haberse producido inmediatamente, pues las 3.000 personas ¡el equivalente de dos regimientos! hacinadas tan fantásticamente en la habitación de Auschwitz, o las 700 u 800 personas apretujadas en Belzec a razón de 30 ocupantes por metro cuadrado, ¡hubiesen perecido casi al instante, asfixiadas, por carencia de oxígeno! ¡No hubieran hecho falta las cámaras de gas! Todos habrían dejado de respirar, incluso antes de que se hubiese terminado de hacinar los últimos, que se cerrasen las puertas y se esparciera el gas por la sala. ¿Y cómo se hacía esto último? ¿Por unas hendiduras ? ¿Por unos agujeros? ¿Por una chimenea? ¿Bajo forma de aire caliente? ¿Con vapor? ¿Vertiéndolo sobre el suelo? ¡Cada uno cuenta lo contrario del otro! ¡EI gas Zyklon B no alcanzándo más que a cadáveres, no hubiese representado la menor utilidad! De todas maneras, el Zyklon B es, como toda persona interesada en la ciencia puede saber, un gas de empleo peligroso, inflamable y adherente. También veintiuna horas de espera hubiesen sido necesarias, e incluso indispensables, antes de que se hubiese podido retirar el primer cuerpo de la fantástica sala.

Sólo después se hubieran podido extraer, como se han complacido en contárnoslo, con miles de detalles escabrosos todos los dientes de oro, todas las fundas de plomo en las que escondían, se dice, diamantes, de cada lote de seis mil mandíbulas rígidas -- ¡tres mil personas! -- , contraídas tras la muerte, o de 48.000 mandíbulas diarias si se creen las cifras oficiales de 24.000 gaseados cotidianos solamente en Auschwitz.

Muy Santo Padre, por muy santo que sea Su Santidad, ¡Usted soportará al dentista alguna vez, con más o menos resignación! ¿Os han extraído un diente? ¿Dos dientes? ¿Se os han instalado en una silla de dentista con potentes reflectores, enfocados sobre las mandíbulas con útiles perfeccionados y con un paciente que se presta a sus prescripciones?. Pues bien, la extracción, en unas óptimas condiciones, tarda su tiempo. ¿Un cuarto de hora?, ¿Media hora?. En Auschwitz, según las leyendas, a los cadáveres que yacían en el suelo, era necesario abrirles, con muchas dificultades, las mandíbulas endurecidas, descontraerlas, y tratarlas mediante instrumental necesariamente primitivo. Con ocho operadores en total: es la cifra oficial. Y después tenían que examinarlos sin luz apropiada, a ras del cemento, y no solamente un punto enfermo de la dentadura, ¡sino las dos mandíbulas enteras!, ¡Arrancar, vaciar. limpiar! ¿Puede hacerse esto en menos tiempo que en casa del especialista, perfectamente equipado?, Dígnese Su Santidad tomar un lápiz. A razón de un cuarto de hora por dentadura y con cuatro individuos a pleno rendimiento en la operación se podría llegar a 16 cadáveres tratados por hora, es decir, 160 en una jornada de 10 horas sin un minuto de reposo. Piense Su Santidad incluso en un estajanovista de las dentaduras, y doble el ritmo de las extracciones, lo que es además materialmente imposible: esto supondría 320. Entonces, Muy Santo Padre, ¿cómo imaginar cremaciones de 3.000 judíos de una sola vez?, ¿Y las jornadas de 24.000 gaseados con gas Zyklon B, que representarían 48.000 dentaduras para vaciar o sea más de 760.000 dientes a examinar diariamente?. Simplemente ateniéndose a los seis millones de judíos muertos -- algunos han doblado y triplicado la cifra, que la propaganda machaca contínuamente en nuestros oídos --, estos extractores de mandíbulas hubiesen seguido, unos años después de la guerra, en plena actividad.

Estas extracciones, solamente estas extracciones, en diez horas de labor ininterrumpida, ¡hubiesen absorbido un trabajo de 1.875 jornadas de todo el equipo de 8 individuos!

Pero además, estas extracciones sólo eran una formalidad preliminar. Hacía falta también rapar millones de cabelleras. Después, antes de pasar los cadáveres al horno. se procedía -- según lo que todos los "historiadores" de Auschwitz afirman ex cátedra -- al examen de todos los anos y todas las matrices, de cuyo fondo se trataba de recuperar los diamantes y las "joyas" que hubieran podido ser escondidas. ¿Se imagina usted esto Muy Santo Padre?. ¡Seis millones de anos, tres o cuatro millones de matrices limpiados a fondo, cuando se nos ha explicado que, después de los gaseamientos masivos, los cuerpos chorreaban de excrementos, de sangre femenina y de otras inmundicias! En estos órganos sucios, los dedos, las manos de los operadores, debían revolver todo, descubrir los supuestos diamantes escondidos, extraerlos pegajosos, lavarlos, lavarse ellos, 24.000 veces por día (los anos), 15 ó 20.000 veces por días (las matrices). ¡Es una locura!. ¡Todo esto es de locos! Y no hablemos de las actividades complementrias: fábricas de abonos y fábricas de jabones, de las cuales el delirante profesor Poliakov habla sin pestañear.

Estas operaciones de gaseamiento, de corte de pelo, de extración de dientes, de limpieza de órganos, realizados sobre seis millones de judíos, o siete millones, o sobre quince millones según el Padre Riquet, o sobre veinte millones -- ¡es decir más que los judíos existentes entonces en el mundo entero! -- según el diccionario Larousse, seguirían todavía si se admitieran como exactas las afirmaciones "oficiales" de los manipuladores de la "historia" de Auschwitz. ¡Entonces, sí que tendría Ud., Muy Santo Padre, que taparse la nariz cerca de las cámaras de gas, y transpirar al calor de los hornos de Auschwitz, en el transcurso de su misa concelebrada!

Si se hubiese multiplicado el número de cadáveres reales y normales por diez, o por veinte, la estafa de los muertos hubiese podido conservar un cierto aspecto de verosimilitud. Pero al igual que hemos visto en el caso del gaseamiento de 700 a 800 personas por dormitorio, al mentir demasiado se llega a lo grotesco. Era precisa la insondable y apenas imaginable estupidez de las masas, para que semejantes extravagancias hayan podido ser inventadas, contadas, difundidas a los cuatro vientos, filmadas y CREIDAS.

"¡Yo creo -- declara bravamente un personaje de Holocuasto -- todo lo que se cuenta sobre ello!". ¡Declaración ejemplar!.

Entonces. Muy Santo Padre, ¿cómo imaginar un instante que en Auschwitz, en la hora de la concelebración, mientras que todos los corazones, estrechados por el amor de Dios y de los hombres, van a participar en la renovación del sacrificio, un sacerdote, un Papa podría, en el momento en que levanta el cáliz hacia el cielo, ser consciente de que está encubriendo bajo su patio un despliegue de un odio tan bestial y de unas mentiras tan extravagantes, que están en el extremo opuesto de la enseñanza patética de Cristo?, ¡No! ¡Ciertamente no!, ¡No es posible!. Vuestro mensaje, a cien pasos de la falsa cámara de gas de Auschwitz, no puede ser más que un mensaje de caridad, de fratemidad, igualmente de la verdad, sin la cual toda doctrina se hunde. Usted va a Auschwitz para recogeros, emocionado, en uno de los altos lugares del suirimiento humano cuyas causas y cuyos responsables serán fijados verdaderamente, objetivamente, con el tiempo, por una Historia serena, y no recurriendo a testimonios obtenidos por la fuerza y a unas divagaciones de farsantes.

El Papa está por encima de todo esto.

Está al lado de las almas que sufrieron, de las que, en el sufrimiento, se elevaron espiritualmente, pues no existe pena, ni calvario, ni agonía que no pueda llegar a ser sublime. Por ejemplo, en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial en que tantos millones de soldados cayeron tras horribles sufrimientos, e igualmente en los campos de trabajo, en que tantos murieron victimas de intereses que no entendían pero que los aniquilaban: el sacrificio, el dolor físico y moral, la terrible angustia, convirtieron a miles de almas, que en circunstancias normales se hubiesen perdido en la mediocridad, en gloriosos ejércitos de héroes espirituales. Así fue en Auschwitz. Fue así en el Frente del Este, a lo largo de los años de lucha y de inmolación de millones de jóvenes europeos que, de 1941 a, 1945, hicieron frente heróicamente al empuje del comunismo. Seguramente, a través de toda la historia de los hombres, se han cometido atrocidades. Auschwitz, de todas maneras, no habrá sido ni el primer caso, ni el último. Nosotros lo vemos de sobra en la hora actual, cuando son masacrados tantas mujeres y niños sin defensa, aplastados en los campos palestinos por la aviación de lsrael, ejecutando la ley del Talión sobre unos inocentes, en memoria de los cuales, no se cantará probablemente nunca una misa concelebrada... Numerosas potencias han abusado muchas veces de su poder. Numerosos pueblos han perdido la cabeza. No uno especialmente. Pero sí todos. Al lado de corazones puros y desinteresados que ofrecieron su juventud a un ideal, Alemania, tuvo, como todo el mundo, su lote de seres detestables, culpables de violencias inadmisibles. ¿Pero qué país no ha tenido los suyos?

La Francia de la Revolución Francesa, ¿no ha inventado el Terror, la Guillotina, los ahogamientos en el Loira? ¡Napoleón no deportó, pero sí movilizó por la fuerza a centenares de millares de civiles de los países ocupados, enviados a la muerte por su gloria! ¡Cincuenta y un mil nada más que en Bélgica! ¡Es decir, más que los belgas que murieron a lo largo de la I Guerra Mundial o en los campos de concentración del III Reich!. Más cerca de nosotros, un De Gaulle ¿no presidió, en 1944-45, la masacre de decenas de millares de adversarios bautizados como "colaboradores"?. Más recientemente aún, en Indochina, en Argelia, Francia ¿no hacinó a centenares de millares de prófugos, de rehenes, de simples civiles arrestados masivamente, en campos de concentración extremadamente duros en donde tampoco faltaron los sádicos? Un General francés hizo incluso el elogio público de la tortura, ¿Y la Gran Bretaña, con sus bombardeos de ciudades libres como Copenhague? ¿Sus ejecuciones de cipayos atados en la boca de los cañones; su aplastamiento de los boers; sus campos de Concentración del Transvaal o con millares de mujeres y niños muertos en una miseria indecible? ¿Y Churchill, desencadenando sus abominables bombardeos de terror sobre la población civil del Reich, la calcinación por fósforo en las cuevas, aniquilando en una sola noche alrededor de doscientos mil mujeres y niños en el gigantesco crematorio de Dresde? "Alrededor de", porque no se ha podido hacer una estimación aproximada más que calculando el peso de las cenizas.

¿Y los Estados Unidos? ¿No han elevado su potencia gracias a la esclavización de millones de negros marcados al fuego ardiente como bestias, y gracias a la exterminación casi íntegra de los pieles rojas propietarios de los terrenos ansiados?, ¿No han sido ellos los lanzadores de la bomba atómica? Ayer aún, ¿no han contado, entre sus tropas de Vietnam, con indiscutibles verdugos?. Y no insistimos sobre las decenas de millares de víctimas de la tiranía de la URSS y de los Gulags actuales, de los cuales, temo que no se dirá nada ni que usted visitará nunca como lo ha hecho con el campo de Auschwitz, vacío de todo ocupante desde hace decenas de años.

En Auschwitz, nadie lo negará, la vida ha sido dura, a veces muy cruel. Pero en los campos de los vencedores de 1945, los sádicos y los verdugos prosperaron rápidamente con igual abundancia, pero con muchas menos excusas, si se admite que una guerra mundial pueda albergar unas excusas...

Santo Padre, yo no querría empañar el placer que usted va a tener al encontrarse en su pais. ¡Pero cuidado! Vuestra patria valerosa, de la cual usted ha exaltado la elevación moral al glorificar a su admirable patrón San Estanislao, ¿no ha conocido ella también sus horas de crímenes y de envilecimiento?. En el momento en que usted va a pisar el suelo polaco de Auschwitz que recuerda especialmente la última tragedia judía, resultaría poco decente -- si quiere ser justo -- no evocar otros judíos innumerables muertos anteriormente por todo vuestro territorio, en unos progroms horribles, torturados, asesinados, colgados durante siglos por vuestros propios compatriotas. ¡Estos no han sido siempre unos ángeles, a pesar de ser tan católicos!.

Yo oigo todavía al Nuncio Apostólico de Bruselas, el que fue después Cardenal Micara, anteriormente Nuncio en Varsovia, cuando me contaba, en su excelente mesa, cómo los campesinos polacos crucificaban a los judíos en las puertas de sus granjas. "¡Estos cochinos judíos!", exclamaba, bastante poco evangélicamente el untuoso prelado.

Estas palabras fueron pronunciadas tal cual, creame.

La Iglesia ella misma, Muy Santo Padre, ¿Ha sido siempre tan blanda? Incluso en pleno siglo XVIII, ella quemaba aún a los judíos con gran aparatosidad. En plena ciudad de Madrid, particularmente. Pero ella, ¡los quemaba vivos!. La Inquisición no ha sido un pacífico redil. Las masacres de los albigenses se perpretaron bajo la égida de Santo Tomás de Aquino. Los asesinatos de la noche de San Bartolomé causaron la alegría del Papa, vuestro predecesor, que se levantó en plena noche para festejar, con un Tedeum entusiasta tan alegre acontecimiento, ¡y ordenó incluso conmemorarlo con una medalla!. ¿Y las treinta mil llamadas brujas, calcinadas piadosamente a lo largo de la Cristiandad? Incluso en el pasado siglo, el papado restablecía aún en Roma el Ghetto. En el fondo, Muy Santo Padre, que no valemos mucho bien seamos Papas o Ayatollas, parisinos o prusianos, soviéticos o neoyorquinos. ¡No hay por qué ser exageradamente orgullosos! Todos nosotros hemos sido, en nuestros malos momentos, tan salvajes los unos como los otros. Esta equivalencia no justifica nada ni a nadie. Ella incita, sin embargo, a no distribuir con demasiada impetuosidad o benevolencia las excomuniones Y las absoluciones.

Sólo se rechazará el salvajismo humano respondiendo al odio con la fraternidad. El odio se desarma, como todo se desarma, pero no ofreciéndolo contínuamente con salsas cada vez más picantes. Ni excrementándolo y exasperándolo, como en el caso de Auschwitz, a fuerza de exageraciones locas, de mentiras y de falsas confesiones llenas de contradicciones flagrantes arrancadas por la tortura y el terror en las prisiones soviéticas o americanas, pues tanto valían las unas como las otras en los tiempos odiosos de Nuremberg. Algunos hubiesen podido pensar que los filibusteros del exhibicionismo concentracionario y los falsarios que hicieron del asunto de los "seis millones" de judíos, la estafa financiera más remuneradora del siglo, iban a poner en fin un término a esa explotación. Gracias a todo el aparato de la grandiosa ceremonia religiosa que va, en vuestra presencia, a desplegarse entre los falsos decorados del plató de Auschwitz, en medio de un gigantesco baqueteo de televisión y de prensa, se intentará todo para convertiros en avalista indiscutido de estos cheques del odio. Vuestro nombre vale su peso en oro, para todos estos gangsters. Saldrá en el mundo entero, como si el primer Holocausto no fuera suficiente, un Holocausto número 2 que no habrá costado un millón de dólares como el otro, ya que Vuestra Santidad habrá suministrado absoluta y gratuitamente, a unos indecentes escenógrafos, la más fastuosa de las figuraciones.

El Holocausto número 1, cualquiera que haya sido su difusión y su impacto entre los tontos, no ha sido más que un gigantesco alboroto hollywoodiano, de una rara vulgaridad, y destinado ante todo a vaciar centenas de millones de bolsillos de espectadores no advertidos. Pero los estragos no podían ser más que pasajeros; se debería rápidamente notar que las extravagancias eran bufonescas, no resistirían al examen concienzudo de un historiador. Por el contrario, vuestro Holocausto, Muy Santo Padre, filmado con una gran pompa en Auschwitz, por un Papa en carne y hueso, revestido de toda la majestuosidad pontifical y ungido de veracidad, de cara a un altar inviolable, sobre todo en la hora del Sacrificio, este Holocausto número 2 arriesga aparecer a los ojos de una cristiandad burlada por unos manipuladores sacrílegos, como una confirmación casi divina de todas las elucubraciones montadas por unos usureros llenos de odio.

Ya vuestra evocación ante las tumbas polacas de Montecasino, de una guerra de la cual -- si se cree lo que ha dicho la prensa internacional -- S.S, no ha retenido más que ciertos aspectos fragmentarios y partisanos, ha inquietado a muchos fieles. Vuestra comparecencia ostentosa en Auschwitz no puede sino inquietar más aún, Muy Santo Padre, pues no es dudoso que se os va a "utilizar". Es tan evidente que revienta los ojos. Unos filibusteros de la prensa y de la pantalla han decidido hacerle caer, con la mitra por delante, con vuestra sotana blanca toda nueva, en esta trampa de Auschwitz. Sin embargo esta ceremonia religiosa no puede representar a vuestros ojos, ciertamente, en la hora de la concelebración, otra cosa que una llamada a la reconciliación, y de ninguna manera una llamada al odio entre los hombres.

Homo homini lupus, dicen los sectarios. Homo homini frater, dice todo cristiano que no es un hipócrita. Nosotros somos todos hermanos, el deportado que sufre detrás de las alambradas, el soldado intrépido crispado sobre su ametralladora. Todos los que hemos sobrevivido a 1945, Ud., el perseguido convertido en Papa, yo, el guerrero convertido en perseguido, y millones de seres humanos que hemos vivido de una manera u otra la inmensa tragedia de la II Guerra Mundial con nuestro ideal, nuestros anhelos, nuestras debilidades y nuestras faltas, debemos perdonar, debemos amar. La vida no tiene otro sentido. Dios no tiene otro sentido. Entonces, de verdad, ¡qué importa el resto! El día que Ud. celebre la Misa en Auschwitz a pesar de las imprudencias espirituales que puedan comportar unas tomas de posiciones de un Papa en unos debates históricos no conclusos y a pesar de los fanáticos del odio que, sin tardanza, van a explotar la espectacularidad de vuestro gesto, yo uniré desde el fondo de mi exilio lejano mi fervor al vuestro. Soy, Muy Santo Padre, filialmente vuestro.

 León Degrelle

25 de agosto de 2010

NOTA INTERESANTE DEL "PAISANO PERONCHO"

"Cuando sentimos intensamente la injusticia de la propiedad –las manecillas del reloj del tiempo marcan nuevamente esa hora-, se nos ocurren dos medios de vencerla: por un lado, un nuevo reparto equitativo de los bienes, y, por otro, la eliminación de la propiedad y el retorno a la posesión comunitaria. Este último procedimiento es el que preconizan principalmente los socialistas de hoy, que odian por encima de todo a aquel antiguo judío que dijo: “¡No hurtad!”. 
Según ellos, el octavo mandamiento debería, por el contrario, decir: “¡No poseed!”. En la antigüedad se realizaron muchos intentos según la primera fórmula, que tuvieron poca importancia, es verdad, pero que registraron tal cantidad de fracasos, que podemos extraer de ellos una provechosa lección. 
Es muy fácil decir: “¡Lotes de tierra iguales para todos!”, pero ¡cuánta amargura producen las divisiones y los desgarros imprescindibles en ese reparto, y la pérdida de la antigua y venerable propiedad!, ¡cuánta piedad ofendida y sacrificada! Al borrar los límites que separan las tierras, borramos también la moralidad. Y luego, ¡cuánta amargura entre los nuevos propietarios, cuántas envidias, cuánto mirar de reojo! Porque nunca ha habido lotes de tierra exactamente iguales, y si existiesen, el sujeto codicioso de los bienes del vecino no creería en ello. 
Y, ¿cuánto tiempo duraría esta igualdad malsana, envenenada en su raíz? Al cabo de algunas generaciones, un solo lote sería transmitido por herencia a cinco individuos diferentes, mientras que, por el contrario, cinco lotes podrían recaer en un mismo sujeto, por idéntico procedimiento. Y en el caso de que se evitaran estos inconvenientes recurriendo a leyes de herencia muy estrictas, los lotes de tierra seguirían siendo iguales, pero siempre quedarían necesitados y descontentos que sólo poseerían su envidia de los bienes del vecino y el ansia de una revolución social que acabara con todo el sistema. En cambio, si, de acuerdo a la segunda fórmula, tratáramos de hacer que la propiedad fuese común, convirtiendo al individuo en un arrendatario temporal, destruiríamos el cultivo de la tierra, pues el hombre no cuida lo que sólo posee transitoriamente, no se sacrifica a ello, sino que actúa como un explotador, un ladrón o un inútil derrochador. 
Cuando Platón sostenía que la eliminación de la propiedad suprimiría el egoísmo, habría que haberle contestado que, desaparecido éste, no quedaría ni rastro de las virtudes cardinales: del mismo modo cabe afirmar que la peor de las pestes no causaría tanto daño a la humanidad como la desaparición de la vanidad. La melodía básica y utópica de Platón, que siguen cantando los socialistas, desconoce la historia de los sentimientos morales, le falta clarividencia para captar el origen de las buenas cualidades útiles del alma humana. Al igual que toda la antigüedad, Platón creía en el bien y el mal en términos de blanco y negro; es decir, creía en una diferencia radical entre los individuos buenos y los malos, entre las cualidades buenas y las malas. 
Para que en el futuro se tenga más confianza en la propiedad y sea ésta más moral, es preciso recurrir a todos los medios de trabajo que permitan lograr una pequeña fortuna, e impedir el enriquecimiento fácil y repentino: habría que retirar de manos de particulares todas las ramas del transporte y del comercio que favorecen la acumulación de grandes fortunas, y, sobre todo, el tráfico de la moneda, y considerar que, para la seguridad pública, tan peligrosos son los que poseen demasiado como los que no tienen nada."
Federico NIETZSCHE: “El Caminante y su Sombra”, Edit. “Clásicos de Siempre”, Madrid, 1994, Nº 285, págs.. 148/149. (Escrito en 1879).

NOTA E'L PULPERO: cuando golvía e’ los corrales venía pensando q’e hacía rato q’e no ponía nada en la seción Alpargatas Sí. Entonce’j me dije, viá poner lo del compañero Bigotón y la propiedá. Lo termino e’ copiar y agarro el prólogo, y que le’j viá contar q’e se me pararon lo’j pelo’j: el Bigotón pasó a mejor vida el 25 de agosto e’ 1900. Justito hace hoy 110 año’j. Yo en aparecido’j mucho no creo, pero q’e lo’j áy, lo’j áy.
http://www.paisanoalborotador.com.ar/2010/08/la-propieda-privada-por-el-companero.html