22 de julio de 2015

CONTRA EL CAPITALISMO FINANCIERO

Manifiesto para el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero

Gottfried Feder

 

El mammonismo es la grave enfermedad que todo lo alcanza e invade, de la cual padece nuestro actual mundo civilizado y, mas aun, toda la humanidad.  Es una epidemia devastadora, como un veneno corrosivo, que ha hecho presa de todos los pueblos de la tierra.
Por mammonismo ha de entenderse: por una parte, el poder mundial del dinero, la potencia financiera supraestatal reinante por sobre el derecho de autodeterminación de los pueblos, la así llamada internacional dorada[1] y, por otra parte, una disposición del espíritu que se ha adueñado de amplios círculos populares: el ansia de lucro insaciable, una concepción de la vida orientada exclusivamente a los valores materiales, que ya ha conducido y continuara conduciendo a una alarmante caída de todas las normas morales.  Esta cosmovisión llevada al paroxismo esta corporizada en la plutocracia internacional.
La principal fuente de energía del mammonismo es la que proviene, sin esfuerzo y sin creación de bienes, del interés.  De la idea del préstamo a interés, totalmente inmoral, ha nacido la internacional dorada. La disposición espiritual y ética surgida de la avidez por el interés y la usura de cualquier índole ha tenido como consecuencia una impresionante descomposición y corrupción de la burguesía.
La tesis del préstamo a interés es el invento diabólico del gran capital.  Solo ella posibilita la indolente vida de zángano de una minoría de poderosos del dinero[2], a costa de los pueblos creadores y de su capacidad de trabajo; es ella quien llevado a los contrastes abismales, inconciliables, al odio de clases, del que nace la guerra civil y la lucha fratricida.  El único remedio, el remedio radical para la curación de la humanidad sufriente es:

El quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero


El quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero significa la única posible y definitiva liberación del trabajo productor de las potencias del dinero que dominan secretamente el orbe[3].  El quebrantamiento de la servidumbre del interés significa la restauración de la libre personalidad, la salvación del hombre de la esclavización y también de la fascinación mágica en que su alma fue enredada por el mammonismo. Quien quiera combatir el capitalismo debe quebrar la servidumbre del interés.
¿Por donde debe comenzar el quebrantamiento de la servidumbre del interés?
 Por el capital prestamista.
¿Por que?
Porque el capital prestamista es tan infinitamente superior frente a todo gran capital industrial, que las grandes potencias del dinero solo pueden ser combatidas eficientemente mediante el quebrantamiento de la servidumbre del interés del capital prestamista. 20:1 es la relación del capital prestamista con respecto al gran capital industrial[4]. Mas de 12.000 millones de intereses para el capital prestamista debe reunir el pueblo alemán anualmente bajo forma de impuestos directos e indirectos, de alquileres y alza del costo de la vida, mientras que hasta en los años de mejor posición del país en la guerra, la suma total de todos los dividendos repartidos por las sociedades anónimas alemanas importo solamente 1.000 millones. Superior a toda posibilidad de cálculo humano es el crecimiento aluvional del capital prestamista por la permanente, ilimitada y fácil influencia de bienes en concepto de interés y de interés de los intereses[5].  ¿Que resultado trae aparejado el quebrantamiento de la servidumbre del interés para el pueblo trabajador de Alemania y para los proletarios de todos los países de la tierra?
El quebrantamiento de la servidumbre del interés nos da la posibilidad de abolir todos los impuestos directos o indirectos. Oídlo, hombres creadores de valores de todos los países, de todos los estados y continentes: todos los recursos estatales que provienen de fuentes directas e indirectas van a parar íntegramente a los bolsillos del gran capital prestamista.  Las rentas de todas las empresas estatales que producen utilidades, como el correo, el telégrafo, el ferrocarril, las minas, los bosques, etc., alcanzan completamente para poder costear todos los necesarios objetivos estatales en las áreas de educación, cultura, justicia, administración publica, previsión social, etc.
De modo que no habrá autentico socialismo ni se obtendrá autentico beneficio alguno para la humanidad mientras los productos de las empresas económico-comunitarias sigan sujetos a tributo frente al gran capital prestamista[6].
Por eso, reclamamos por lo pronto, como ley básica estatal para los pueblos alemanes, y luego como ley fundamental para todos aquellos pueblos hermanos que quieren formar con nosotros una comunidad cultural de naciones, lo siguiente:
1- El empréstito de guerra, así como todas las demás obligaciones del Reich Alemán, así como todas las demás obligaciones de los estados federales alemanes, en especial los empréstitos ferroviarios, además de las obligaciones de todos los entes de administración autónoma deben ser declarados, bajo derogación del tributo de interés, moneda legal al importe nominal, o bien convertidas en haberes bancarios.
2- En todos los demás documentos de interés fijo, títulos hipotecarios, obligaciones industriales, etc., el tributo de interés será reemplazado por la obligación de reembolso; al cabo de 20 a 25 años por lo tanto, según el tipo de interés, el capital prestado habrá sido reembolsado y la deuda cancelada.
3- Todas las deudas inmobiliarias (hipotecas, etc.), serán reembolsadas como hasta ahora, por cuotas conforme a los gravámenes asentados en el registro de la propiedad. El patrimonio de esta manera deshipotecado, en casas y bienes raíces, llega a ser porcentualmente propiedad del estado o del ente de administración autónoma. En esta forma el estado es puesto en situación de fijar y rebajar los alquileres.
4- La totalidad de las finanzas están subordinadas al fisco. De igual manera todos los bancos privados, las cajas de cheques postales, de ahorro y mutualidades de crédito, dependerán del estado[7].
5- Todo crédito real será otorgado solo a través del banco estatal[8]. La facultad de otorgar créditos personales y en mercaderías corresponderá a entidades privadas cuyas concesiones otorgara el estado, quien ejercerá su controlador, determinara las zonas en que las mismas desarrollaran sus actividades y, además, estructurara su régimen de funcionamiento.
6- Los valores de dividendo son cancelados de la misma manera que los documentos de interés fijo en cuotas anuales del 5%, los excedentes de rentas gananciales son saldados en parte como indemnización por capital “arriesgado” (en oposición a los documentos de interés fijo y los de colocación segura) a los accionistas, mientras que el ulterior excedente, en razón del derecho independiente de los trabajadores o bien distribuido socialmente o empleado para la reducción de los precios de los productos.
7- A todas las personas que posean acciones y que por razones de salud (edad avanzada, enfermedad, incapacidad para el trabajo manual o intelectual, etc.) No estén en condiciones de ganarse el sustento, se le continuaran pagando los montos de los intereses vigentes a la fecha o como incluso les serán incrementados de acuerdo al nivel de vida en carácter de haberes vitalicios contra entrega de los títulos.
8- Con la finalidad de reducir la inflación existente por medios legales de pago, se realizara una confiscación general de bienes en forma gradual en títulos del empréstito de guerra u otros títulos de deuda del Reich o de los estados. Estos documentos pasaran a ser maculatura.
9- Mediante una intensa campaña de esclarecimiento se pondrá en evidencia al pueblo que el dinero no es ni debe ser otra cosa sino un bono por trabajo efectuado; que toda economía altamente desarrollada necesita del dinero como medio de intercambio, pero que con esto queda cumplida la función del dinero, y que de ninguna manera le debe ser conferido al dinero, mediante el interés, un poder sobrenatural de crecer por si mismo a costa del trabajo productivo.
¿Por que todo esto, que es tan natural y lógico que debe calificarse de huevo de Colón para la cuestión social, hasta ahora no lo hemos alcanzado?  Porque en nuestra ceguera mammonistica no hemos visto que el concepto de la santidad del interés es un colosal auto-engaño, que el evangelio del préstamo a interés, fuera del cual no hay salvación, ha atrapado todo nuestro pensar en las redes áureas de la plutocracia internacional. Porque hemos olvidado y deliberadamente somos mantenidos por los omnipotentes poderes del dinero en la ignorancia de que, con excepción de unos pocos potentados, el interés presuntamente tan hermoso y tan apreciado por los irreflexivos es consumido llanamente por los impuestos. Toda nuestra legislación impositiva es y seguirá siendo, mientras no logremos la liberación de la servidumbre del interés, solo una obligación tributaria frente al gran capital y no, como a veces nos lo imaginamos, un sacrificio voluntario para la realización de los servicios comunitarios[9].  De ahí que la liberación del la servidumbre del interés del dinero es la consigna clave para la revolución mundial, para la liberación del trabajo productivo de las cadenas de las potencias del dinero supraestatales.

Desarrollo y fundamentación
Las conquistas de la revolución no existen.
Estamos en medio de una de las crisis mas severas que nuestro pobre pueblo debe superar en su pesarosa historia. Gravemente enfermo esta nuestro pueblo, gravemente enfermo esta todo el mundo.  ¡Desamparados balbucean los pueblos! Un ardiente ansia, un clamor por la salvación pasa a través de las masas. Con risas y bailes, con cinematógrafos y desfiles, se trata de engañar al pueblo para que olvide su lamentable destino. Engañarlo sobre sus esperanzas traicionadas, engañarlo sobre la profunda herida interna, por la terrible desilusión de lo que tan graciosa y torpemente se designa como “conquistas de la revolución”[10]. ¡Cuan distinto se había imaginado todo esto! ¡Cuan distinto sonaban aquellas hermosas promesas! Oro luciente parecía ser lo que allí se esperaba poder recoger de noche en la tenebrosidad de nuestro derrumbe militar y que ahora, iluminando el día gris, ¡el hallazgo no son mas que pedacitos de madera podrida! Ahora nos hallamos desconcertados: por esos pedacitos de madera podrida, que en la noche habían relucido tan hermosamente, hemos tirado todo lo que hasta ese momento nos había sido preciado y valioso, y nos hemos atiborrado todos los bolsillos con ese lamentable hallazgo[11]. No es de extrañar que precisamente los más pobres de los pobres sean presa de la furia de la desaparición y llenos de ira incontrolable acometan furibundos a sus propios hermanos, tratando de destruir, en su profundo anhelo de salvación, lo que se les interpone en el camino.
 A la locura debe llevarnos este estado en que la inconsciencia y la estulticia excitan aun más al pueblo. Y adonde conduce esta locura lo vemos en la Rusia bolchevique. La socialización como se llama en Rusia la estatización, ha probado ser un error, proclama Lenin muy tranquilo. La economía esta destruida, el poder adquisitivo es nulo, los intelectuales han sido asesinados, los obreros no tienen pan. Cunde la desesperación en todo el pueblo; solo el terror sangriento apuntalado por bandas mercenarias chinas y letonas, son capaces de proteger a los tiranos rojos de la venganza del pueblo desengañado.  También nosotros terminaremos en ese camino si continuamos dejando que el gobierno siga en manos de los especuladores internacionales, de los partidos demoliberales, representantes de la burguesía expoliadora y de los miembros de una raza extraña a la esencia del pueblo alemán. ¿Como se llamaban todas esas hermosas palabras que se nos susurraba al oído? Paz, concordia, liga de las naciones, parlamentarismo, socialismo, aniquilamiento del capitalismo, liberación del militarismo y como puedan llamarse todas las bellas frases-impactos. Un nuevo pueblo libre habría de renacer, determinando, el mismo, su destino. Nada de eso se hizo realidad, no pudo hacerse realidad, no podrá jamás hacerse realidad.  Hay que analizar con la mayor seriedad todas estas manifestaciones, y todos estos slogans. Debemos examinar a conciencia como un medico inteligente y afectuoso, los síntomas patológicos para descubrir el actual estado del enfermo, no escatimando esfuerzos para comprobar de donde proviene esta grave y crítica enfermedad:
Mammonismo se llama la enfermedad de nuestro tiempo.
¿Que es el mammonismo?
El mammonismo es una afección económica y moral. Mammonismo es el imperio siniestro e invencible de las grandes fuerzas internacionales del dinero. Pero mammonismo es también, como ya dijimos, una disposición del espíritu; es la adoración de estos poderes del dinero por parte de todos aquellos que están infestados por el veneno mammonistico. Mammonismo es la exageración desmedida del instinto adquisitivo, en si sano, del ser humano. Mammonismo es la avidez del dinero tornada locura, que no conoce meta mas alta que amontonar dinero sobre dinero, que con una brutalidad sin parangón trata de forzar a todas las energías del mundo a su servicio y conduce a la esclavización económica, a la explotación de la fuerza productora de todos los pueblos de la tierra.  Mammonismo es un estado del espíritu que ha llevado a una declinación de todos los conceptos éticos. El mammonismo considerado como fenómeno mundial es equiparable al egoísmo brutal y desconsiderado del individuo.  Mammonismo es el espíritu de la codicia, del despotismo absoluto, el principio del pensamiento orientado exclusivamente a apropiarse con rapacidad de todos los bienes y tesoros del mundo; es, en su esencia mas profunda, la religión del tipo humano que esta orientado puramente a lo terrenal. El mammonismo es exactamente lo contrario de socialismo.  Socialismo, concebido como la mas alta idea moral, como idea de que el ser humano no esta para si, solo sobre la tierra, que todo ser humano tiene deberes para con la comunidad, y también para con toda la humanidad, y no solo eso, sino que es responsable del bienestar actual de su familia y de su estirpe, y que también tiene obligaciones éticas insoslayables frente al futuro de sus hijos y de su pueblo.
Más concretamente, debemos ver en el mammonismo el deliberado juego acordado por los grandes capitalistas ávidos de poder sobre todos los pueblos.
Los grandes poderosos del dinero están, por cierto, como ultima fuerza impulsora detrás del imperialismo anglo-americano que abarca el mundo; así es, no de otra manera. Las grandes potencias del dinero efectivamente han financiado la horrible matanza de seres humanos de la guerra mundial. Las grandes potencias del dinero ciertamente, como propietarias de todos los grandes periódicos, han envuelto al mundo en una red de mentiras. Han excitado con placer todas las pasiones bajas; han cultivado cuidadosamente los anhelos absurdos y las utopías: llevo al aproxísmo, mediante una hábil propaganda, la idea de revancha francesa, ha nutrido la idea paneslávica, la presunción de gran potencia serbia, en fin, el afán de prestigio de estos estados. Como corolario se produjo el incendio mundial. También entre nosotros, en Alemania, el espíritu del mammonismo, que solo quiso conocer cifras de exportación, riqueza nacional, expansión, proyectos de la gran banca, financiación internacional, etc., ha conducido a una ruina de la moral publica, al hundimiento de nuestros círculos dirigentes en el materialismo y el ansia de placer, a un achatamiento de la vida nacional, factores todos que son culpables del terrible derrumbe.  Con asombro debemos preguntarnos ¿de donde el mammonismo, de donde el gran capital internacional saca su poder irresistible? No puede pasar desapercibido que la cooperación internacional de las grandes potencias del dinero representa un fenómeno totalmente nuevo sin paralelo en la historia.  Las obligaciones internacionales de naturaleza monetaria eran prácticamente desconocidas. Recién con la economía mundial naciente, con el tráfico mundial, se impuso la idea de la economía del interés internacional, y aquí tocamos la raíz mas profunda. Aquí hemos dado con la fuerte de energía más intima, de la cual la internacional dorada recibe su fuerza irresistible[12].
El interés es la fuente de energía del gran capital.
Es el interés, la afluencia de bienes sin esfuerzo y sin fin, la posesión de dinero sin ninguna clase de trabajo, lo que ha hecho crecer las grandes potencias del dinero. El interés prestamista es el principio criminal del cual se genera la internacional dorada[13]. En todas partes y por doquier el capital prestamista se ha prendido como ventosa. Con tentáculos de pulpo, el mecanismo de la usura capitalista envuelve a asfixia a todos los estados y a todos los pueblos del mundo.
Obligaciones estatales, empréstitos estatales, empréstitos ferroviarios, empréstitos de guerra, hipotecas, cedulas hipotecarias, en suma, títulos de prestamos de diversa índole han envuelto a toda nuestra vida económica de un modo tal que ahora los pueblos del mundo se agitan indefensos en las redes doradas. En obsequio del principio del interés, una concepción social fundamentalmente errónea según la cual toda propiedad tiene derecho a renta, nos hemos puesto en la servidumbre del interés del dinero. No se puede proporcionar ningún argumento racional verdaderamente irrebatible de que la pura posesión de dinero proporcione derecho a una permanente renta de interés.
El interés es inmoral.
Esta resistencia interna contra el interés y la renta de todo tipo sin el agregado de trabajo creador, se extiende a través de la vida espiritual de todos los pueblos y de todas las épocas. Pero nunca esta profunda e íntima resistencia contra el poder del dinero ha cobrado tan clara conciencia en los pueblos como en nuestro tiempo. Nunca el mammonismo ha reinado ha reinado en una forma tan universal en el mundo. Nunca como ahora ha puesto a su servicio toda la bajeza, la avidez del poder, la sed de venganza, el ansia de riquezas, la envidia y la mentira de una manera tan astutamente encubierta y sin embargo brutalmente apremiante como ahora. La guerra mundial en el fondo encierra una de las magnas disyuntivas del proceso evolutivo de la humanidad, ha sido y será la lucha decisiva para determinar si en el futuro ha de fijar los destinos del mundo la cosmovisión mammonistica-materialista o la cosmovisión socialista-aristocrática.

El bolcheviquismo es un medio falso de la reacción antimammonistica.
Externamente ha vencido por ahora, sin duda, la coalición mammonistica anglo-americana. Como supuesta reacción contra ella se ha levantado en el este el bolcheviquismo. Los métodos que el bolcheviquismo intento aplicar son, por cierto, intentos de abstrusas curas forzosas. Son la tentativa de auxiliar a un enfermo que padece de intoxicación interna mediante la amputación con bisturí de la cabeza, brazos y piernas.  A esta furia del bolcheviquismo, a esta subversión insensata debemos oponer un pensamiento nuevo y orgánico que unifique vigorosamente a todas las clases productoras, para expulsar la sustancia venenosa que ha enfermado al mundo.
Este medio los veo en el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero.
Tres son los factores que demuestran que el sistema de interés del capital prestamista es la autentica, la verdadera causa de nuestra miseria financiera.
En Alemania tenemos 250 mil millones de capital prestamista.
Primero: la gigantesca desproporción del capital prestamista de interés fijo, o sea del capital que sin el agregado de trabajo productivo crece por si mismo y además sigue creciendo eternamente. Este capital prestamista ya ha alcanzado entre nosotros en Alemania una altura que podría fijarse sin exageración alguna en 250.000 millones[14]. A esta enorme suma solo se opone como capital de explotación industrial de la totalidad de nuestra industria alemana, la cantidad de 11,8 mil millones. Se agregan además los 3,5 mil millones de capital de las 16.000 sociedades anónimas industriales, por lo que hemos de consignar en conjunto solo alrededor de 15 mil millones de capital industrial total. 20:1[15] es la primera constatación fundamental. Esta constatación expresa que todas las medidas que se ocupan de los problemas financieros de máximo nivel deben alcanzar respecto al capital prestamista un grado veinte veces mayor que con relación a las medidas que se dirigen contra el gran capital industrial.
Alemania paga anualmente 12,5 mil millones de intereses por préstamo[16].
Segundo: el interés de los antedichos capitales prestamistas fijados en 250 mil millones importa considerado en forma general por año, por tiempo indeterminado, alrededor de 12,5 mil millones. La suma total de todos los dividendos repartidos en el año 1915 alcanzo en el año 1916, aproximadamente a mil millones de marcos. En los decenios precedentes esta cifra fue en término medio de alrededor de 600 millones. Es de presumir que en los últimos años de guerra se haya elevado aun considerablemente, pero, por el contrario, acusara en el corriente año una caída tanto mayor.  La rentabilidad promedio de todas las S.A. Alemanas fue del 8,21%; o sea solo alrededor de 3,5% más elevada que la renta promedio de los valores de empréstito de interés fijo.
Repito: por consiguiente, alrededor de 12,5 mil millones tendrá que pagar en el futuro el pueblo alemán para los diversos intereses eternos del gran capital prestamista, mientras que el rendimiento del capital industrial fue en el año de coyuntura máxima de 1916, mil millones, en tiempos de coyuntura no perturbada solo de 0,6 mil millones, es decir, que también aquí vemos nuevamente una relación de las magnitudes de 20:1 hasta 12:1.
El gran capital prestamista crece a modo de alud, ilimitadamente.
El tercer y más peligroso factor es el enorme crecimiento del gran capital prestamista en concepto de interés e interés de los intereses que supera toda nuestra capacidad de análisis y asombro[17]. Aquí debo explayarme algo más y espero explicar el problema mediante una pequeña incursión a la matemática superior. Por de pronto, algunos ejemplos.  La grandiosa historia del invento del juego de ajedrez es conocida. Rico rey indio Sherham concedió al inventor del real juego, en agradecimiento, el cumplimiento de una petición. Esta consistió en que el rey de diera sobre la primera casilla del tablero de ajedrez un grano de trigo, sobre la segunda dos, sobre la tercera cuatro, y así siempre sobre la casilla siguiente la cantidad doble de la casilla anterior. El rey se sonrió ante la aparente modesta solicitud del sabio y dio orden de traer una bolsa de trigo para repartir a cada casilla los granos de trigo. Se sabe que el cumplimiento de este deseo era imposible aun para el príncipe más rico del mundo. Todas las cosechas del mundo, en mil años, no alcanzarían a llenar los 64 casilleros del tablero de ajedrez.
Otro ejemplo: muchos recordaran aun, de la época escolar, los sufrimientos que producían los cálculos de interés compuestos; por ejemplo, como se multiplica un penique que en la época del nacimiento de cristo, fue convertido a interés de intereses, de tal manera que se duplica cada 15 años. En el año 15 después del nacimiento de cristo el penique ha crecido a 2 peniques, en el año 30 d. C. A 4 peniques, en el año 45 d. C. A 8 peniques, etc. Los menos recordaran que valor representaría hoy en día este penique. Todo nuestro planeta de oro puro, macizo, nuestro sol, que es 1.297.000 veces más grandes que nuestro globo terráqueo, todos nuestros planetas al rojo ígneo de oro, no bastarían para expresar el valor de este penique invertido a interés de intereses.
Un tercer ejemplo: la fortuna de la casa Rothschild, las más antigua de la plutocracia internacional, se calcula actualmente en unos 40 mil millones.  Es sabido que el viejo Anschelm Mayer Rothschild coloco la base para la gigantesca fortuna de su casa en Francfort alrededor del año 1800, sin poseer una importante fortuna propia, simplemente, mediante el préstamo de los millones que el landgrave Guillermo I de Hesse, le había entregado en custodia.
Si en el caso de Rothschild el crecimiento del dinero por interés e intereses de intereses se hubiera realizado solo en el ritmo modesto del caso del penique, la curva no hubiera sido tan empinada. Pero suponiendo que el acrecentamiento del caudal de la fortuna integral de los Rothschild continua ahora al ritmo del penique, entonces las fortuna de los Rothschild sobrepasaría en el año 1935 los 80 mil millones, en 1950 los 160 mil millones, en 1965 los 320 mil millones , y con ello el patrimonio nacional alemán en su totalidad.
De estos tres ejemplos se puede deducir una ley matemática. La curva que expresa la ascensión de la fortuna de Rothschild, la curva que se puede deducir del numero de granos de trigo del tablero de ajedrez, así como aquella que indica la multiplicación del penique colocado a interés de intereses, son simples curvas matemáticas. Todas estas curvas tienen el mismo carácter. Después de un ascenso inicial modesto y lento, la curva se vuelve más y más empinada desarrollándose sin solución de continuidad, infinitamente.
El desarrollo del capital industrial es limitado.
Muy distinto, por el contrario, acaece con la curva de los capitales de la industria. Desarrolladas también, generalmente, sobre modestas bases, se evidencia pronto un vigoroso ascenso de las curvas, hasta que ha sido alcanzada una cierta saturación del capital. A partir de este punto, las curvas transcurren más planas y probablemente decaerán algo, por lo general, en las distintas industrias cuando nuevos inventos conduzcan a la desvalorización de plantas fabriles, maquinas, etc[18].  Solo quisiera escoger aquí un ejemplo: el desarrollo de la fábrica de Krupp. En 1826 murió el viejo Krupp casi sin fortuna. En 1885 Alfred Krupp recibió su primer encargo de 32 cañones por parte del gobierno egipcio. En 1872 Krupp ya ocupaba 12.000 obreros. En 1903 la señora Berta Krupp vendió todas las fabricas e instalaciones por 160 millones a la Alfred Krupp S.A..  Hoy en día el capital en acciones suma 250 millones de marcos oro. ¿Que es lo que el nombre Krupp encierra para nosotros los alemanes? El punto álgido de nuestro desarrollo industrial. El primer constructor de cañones del mundo. Una cantidad enorme de rendimiento de trabajo tenaz, consecuente, intenso. Para cientos de miles de nuestros compatriotas la empresa Krupp significo pan y trabajo. Para nuestro pueblo, defensa y armas, y sin embargo, es un enano frente a los miles de millones de millones de Rothschild. ¿Que significa el crecimiento de la fortuna de Krupp en una centuria frente a la expansión de la fortuna de Rothschild del interés e interés de intereses mediante el acrecentamiento del valor ilimitado y sin esfuerzo? Nada nos muestra con mayor claridad la profunda diferencia esencial entre capital prestamista y capital industrial[19]. Nada nos puede hacer más clara la diferencia entre los efectos devastadores del interés prestamista y las ganancias de capitales empresariales colocados con riesgo en grandiosas realizaciones industriales, que esta confrontación.  No puede ser recalcado suficientemente que el reconocimiento de las leyes matemáticas en que se desenvuelve el ritmo del crecimiento del capital prestamista y del capital industrial nos muestran el claro camino donde debe ser aplicada la palanca para una revolución de nuestra desconcertada economía nacional. Reconocemos claramente que no es el capital sino el capitalismo el flagelo de la humanidad[20]. ¡El ansia de interés insaciable del gran capital prestamista es la maldición de toda la humanidad trabajadora!
Ocho multimillonarios tienen tantos ingresos como 38 millones de alemanes.
El capital de la casa de Rothschild se estima hoy en 40 mil millones. La fortuna de los multimillonarios de la alta finanza norteamericana, los señores Kuhn, Löeb, Schiff, Speyer, Morgan, Vanderbilt y Astor, se estimaba en conjunto, en por lo menos 60 0 70 mil millones; con un rédito del 5% de interés significa un ingreso para estas 8 familias de 5-6 mil millones, esto es aproximadamente tanto como las entradas anuales del 75% de los contribuyentes de Prusia en 1912, de acuerdo a las investigaciones de Helfferich (eran entonces aproximadamente 21.000.000 los censados). El 75% de ello equivale a aproximadamente 15.000.000. A cada censado corresponden en término medio 1,56 familiares, de ahí 23 millones de familiares).  Alrededor de 38.000.000 de alemanes, por ende, han debido vivir de lo que los multimillonarios arriba mencionados tienen de ingresos anuales.
Ciertamente los multimillonarios norteamericanos no son puros capitalistas. Prestamistas en el sentido en que lo es la casa Rothschild, etc., tampoco. Quiero discutir si los multimillonarios norteamericanos son“multimillonarios de 100 millones de dólares” o auténticos “millonarios de 1.000 millones de marcos”; en el primer caso habría, pues, que adicionar otra docena o dos de ceros. O tomemos en seguida los “300” de Athenau, entonces nuestra lista seguramente esta en orden. Es que aquí no importa dar una cifra exacta, pero la relación reconocida de 300 a 38.000.000 abre los ojos sobre la tiranía del capital prestamista internacional.  Por eso debemos sacudir de un tirón estas terribles ligaduras que sofocan todo trabajo laborioso, urge quitar al dinero el poder de generar y volver a generar siempre de nuevo intereses hasta que toda la humanidad se haya vuelto enteramente tributaria del capital prestamista internacional.  Estos tres puntos son, por consiguiente, los que por primera vez nos ponen en claro donde ha de ser aplicada eficazmente la palanca para superar nuestra penuria financiera interna.
Mediante el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero puede ser eliminada de un golpe toda la miseria financiera; de repente volvemos a sentir nuevamente tierra firme bajo los pies; de una vez habremos de ver claro que con esta desdichada economía prestamista nos hemos mentido a nosotros mismos en forma verdaderamente grotesca.
El empréstito de guerra fue una estafa mammonistica
¡Que otra cosa es el capital prestamista sino deudas! ¡El capital prestamista es deuda! Esto no se puede repetir demasiadas veces. ¡Que desvarío es, cuando el pueblo alemán en su totalidad ha pedido prestado para su guerra 150 mil millones; se ha prometido a si mismo una renta de interés de 7,5 mil millones, y ahora se encuentra en el apuro lógico desde el comienzo de recaudar estos 7,5 millones de si mismo bajo forma de impuestos sencillamente fantásticos! Lo trágico en este autoengaño es, sin embargo, menos la insensatez de todo este asunto del empréstito de guerra, del cual hemos hecho siempre tanto alarde frente al exterior, cuanto mas bien el hecho de que solamente un numero relativamente pequeño de grandes capitalistas saca un provecho inmenso de ello y que todo el pueblo trabajador, inclusive los empresarios medianos y pequeños, como también inclusive el comercio, los profesionales y la industria deben pagar los intereses[21]. Y aquí se pone de manifiesto la faz política de este pensamiento. Aquí podemos reconocer que efectivamente el gran capital prestamista y solo este es la maldición de toda la humanidad trabajadora.  Se puede torcer y dar vuelta la cosa como se quiera, siempre es la masa de todos los productores la que en ultimo termino debe responder de los intereses del capital usurario. Ya sea bajo forma de impuestos directos, sellos, contribuciones u otras cargas, siempre es el pueblo trabajador el engañado y el gran capital usufructuario.
La santidad del interés es la superstición del mammonismo.
Es bien sorprendente ver como la ideología marxista desde Marx y Engels comenzando por el manifiesto comunista y subiendo hasta el programa de Erfurt (especialmente Kautzky), y también los actuales mandatarios “socialistas”, se detienen como a voz de mando ante los intereses del capital prestamista. La santidad del interés es el tabú; el interés es lo mas sacrosanto; sacudirlo no lo ha osado nunca nadie; mientras la propiedad, la nobleza, la seguridad de la persona y de los bienes, los derechos de la corona, las convicciones religiosas, el honor castrense, la patria y la libertad están puestos mas o menos fuera de la ley, el interés es sagrado e intocable, el interés es el “nolime tangere”. El rédito del interés de la deuda del Reich es el alfa y omega del presupuesto estatal.  Su peso gigantesco arrastra la nave estatal al abismo, es un enorme engaño, fraguado pura y exclusivamente en beneficio de las grandes potencias del dinero[22].
Quiero referirme ya aquí someramente a las objeciones que serán consideradas mas adelante, referente a los pequeños rentistas, para que el pensamiento no quede detenido allí. Estos no hacen al caso en la consideración de las cuestiones más grandes y es absolutamente lógico y natural que para estos habrán de tenerse en cuenta indemnizaciones mediante el más amplio desarrollo de la previsión social.  Estafa dije, ¡estafa del interés! Una palabra dura. Pero si esta palabra, que posiblemente fue la más usada durante la guerra en la campaña y en la patria, tiene justificación, entonces tiene esta justificación sobre todo para la estafa del interés.
¿Que sucedió con los empréstitos de guerra? El Reich saco de los bolsillos del pueblo con los primeros 5 mil millones, los ahorros realmente existentes. El dinero refluyo. Luego vino el nuevo empréstito y aspiro otra vez el dinero y, además, los últimos restos de los ahorros. Y nuevamente vino la bomba y aspiro los miles de millones y otra vez refluyeron hasta que, felizmente habiendo sido repetido este hermoso juego nueve veces, el Reich hizo 100 mil millones de deudas[23].
A camb            io el pueblo, por cierto, tuvo en manos 100 mil millones de papel bellamente impreso. Primero nos hicimos la ilusión de que nos habíamos vuelto tanto mas ricos, pero luego vino el estado y dijo: “estoy frente a la bancarrota”.
Pero, ¿porque?, yo mismo no puedo estar en quiebra por más veces que cambie mi billete de cien marcos del bolsillo derecho al bolsillo izquierdo del pantalón, seria sin duda la máxima insensatez si aun manifestamos la insensatez de nuestra acción del empréstito de guerra, declarándonos en bancarrota.
¡Quebremos la servidumbre del interés del dinero¡ declaremos los títulos de los empréstitos de guerra bajo derogación de los intereses medios de pago legales, y como la nieve de marzo ante el sol, la pesadilla de la bancarrota del estado nos abandonara.
La supresión del pago de interés no es una bancarrota estatal disimulada.
Se me dijo que la supresión del pago de interés es una bancarrota estatal disimulada. No ¡esto no es verdad!, el fantasma de la bancarrota estatal es, en efecto, solo un ogro de cuentos infantiles, inventado por las potencias mammonisticas[24].
El libro de Fr. Röhr, “Was jeder vom staatsbankerott wissen muss”, (lo que todos deben saber de la bancarrota estatal), se mueve absolutamente dentro de conceptos mammonisticos, y a pesar de que el autor en general reconoce claramente los daños económicos que nos amenazan por la estatización, por mas que señala enérgica y acertadamente que al fin de cuentas solo nos puede salvar una reconstrucción de nuestra economía, de la superstición, de la santidad del interés no logra desprenderse y pinta por consiguiente la bancarrota estatal, en interés del mammonismo, como una terrible catástrofe.
Es interesante seguir de cerca como Röhr, a pesar de la enseñanza histórica contraria, no puede liberarse de esta idea, y señala en su epilogo:
“si la aniquiladora catástrofe económica no puede ser evitada, nadie quedara preservado de ella”.
Mientras que en la pagina 81 admite que las consecuencias de desgobiernos financiero-estatales han sido equilibradas en parte muy rápidamente y, en la pagina 68, “como quiera que sea es un hecho que Rusia (en el ultimo siglo) supero estas crisis monetarias sin trastornos permanentes”.
La bancarrota estatal es la salvación de la economía nacional.
En la pagina 76 dice Röhr al investigar los efectos de la bancarrota estatal: que de un modo general se produjeron profundas perturbaciones económicas, etc., pero que ni la destrucción del estado ni de sus fuerzas económicas ha sido causado por ello. Que por el contrario dable observar con bastante frecuencia una pronta revitalización de la economía nacional y un saneamiento de las finanzas estatales. Cuando el autor continua luego tres renglones mas abajo, que la bancarrota estatal significa incondicionalmente una catástrofe económica, que acarreara una inmensa miseria, lamento no poder seguir este razonamiento.  Pero volvamos a nuestro análisis. ¿Que será mas honesto? ¿Hablar farisaicamente de la intocabilidad de los empréstitos de guerra y oprimir simultáneamente al pueblo con un inaudito gravamen impositivo? Si un ministro de finanzas tuviera el coraje de presentarse francamente ante el pueblo y declarar: “no puedo pagar los intereses por los empréstitos de guerra a menos si los recaudo de vosotros mediante impuestos; durante la guerra he necesitado imprescindiblemente dinero, algo mas inteligente, como hizo Inglaterra, no se me ocurrió y así cometí el engaño con los empréstitos de guerra de elevada renta de interés. Perdona, pues, querido pueblo, en resumidas cuentas fue por ti, pero no sigamos jugando a las escondidas, yo, el estado, no pago ya más interés y tu contribuyente, no necesitas pagar impuestos para el pago de estos intereses. Esto simplifica esencialmente nuestros negocios, nos ahorramos el formidable aparato impositivo e igualmente el formidable aparato del servicio de intereses, por lo tanto una inmensidad de dinero y fuerza laboral”.  Me he detenido mucho en el descubrimiento de este fraude, pero considero que es absolutamente fundamental no perder aquí la visión del conjunto en ningún momento.
El circulo de personas que serian los damnificados, digamos aquellos que han recaudado mas de 30.000 marcos de renta del capital conforme a sus declaraciones impositivas son, de acuerdo con las declaraciones impositivas bavaras, 882 personas, lo que representa solo el 0,4% de los contribuyentes. En toda Alemania por consiguiente unos 10.000 (los 10.000 de arriba), (anuario estadístico bavaro 1913).  Nos pondremos en claro ahora con toda brevedad sobre los aspectos mas importantes de esta revolucionaria exigencia y, por de pronto, examinaremos las cuestiones desde nuestro punto de vista nacional.
Nos hemos convertido en un pueblo pobre.
Ante todo, se requiere una mirada clara sobre nuestra situación actual. El secretario de estado Schiffer la califico de “inabarcable” en su prolongado discurso en la camarada de comercio berlinesa. Esto es solo parcialmente exacto. Abarcable es el tremendo endeudamiento de nuestra economía nacional, la inaudita desvalorización de nuestra moneda, en suma, el hecho de que de la noche a la mañana nos hemos transformado en un pueblo pobre.  Las cargas que nos son impuestas por la concertación de la paz, obviamente, no pueden pasar inadvertidas. Las obligaciones ya existentes alcanzan, como hemos visto, a 250 mil millones en cifras redondas. Supongamos por una vez que la ententé nos imponga en alguna forma otros 50 mil millones de indemnizaciones por la guerra, entonces tenemos en total alrededor de 300 mil millones de deudas.
Por difícil que resulte incluirlo en el estrecho marco de este tratado, han de decirse en este lugar algunas palabras sobre la magnitud del patrimonio nacional alemán. Las investigaciones de Helfferich y Steinmann-Bucher calculan el patrimonio nacional alemán en alrededor de 350 mil millones, a tales comprobaciones, por mucho cuidado que se haya tenido en su elaboración, solo se les puede asignar un valor relativo. En realidad solo son validas para épocas de economía no perturbadas. Pero también entonces son engañosas, pues han sido incluidas las posesiones estatales y comunales, como, por ejemplo, también las construcciones de caminos, desvíos de ríos, etc. Es evidente que si bien la producción de tales trabajos ha demandado ingente dinero, en realidad no tienen un valor propio. Un mejor cartabón para el importe del patrimonio nacional son los llamados bienes imponibles, tal como resulta de las declaraciones impositivas para el aporte militar o el impuesto sobre bienes para la guerra. De ello resulto una suma total de 192 mil millones, por lo tanto considerablemente menos que de acuerdo a las enumeraciones de Helfferich.  Se podrá hacer a esta suma un recargo de alrededor del 10% conforme a las experiencias, para pequeñas fortunas legalmente eximidas de impuesto y un aditamento aproximadamente igual para “reservas ocultas”.  De cualquier modo me parece utópico hablar de un patrimonio nacional de más de 250 mil millones. Pero también esta cifra tiene un valor muy relativo.  Lo mas acertado seria desistir del concepto de un patrimonio nacional captable numéricamente y llegar al reconocimiento de que el patrimonio nacional encuentra su expresión exclusivamente en la fuerza laboral y corporal de toda la nación, que por lo tanto pertenece a ordenes de magnitud que no tienen nada que ver con el mas estrecho concepto de capital. Por cierto, debemos ver una ulterior fuente del patrimonio nacional en la existencia de riquezas del suelo, bosques y tierra fértil, pero también estas cosas no pueden ser traducidas en cifras, ya que varían de cero a infinito, según que las riquezas del suelo estén sin explotar o que a base de peritajes geológicos sean calculadas en miles de millones de toneladas de carbón, etc.
No nos olvidemos que Alemania en realidad es un país pobre. En lo referente a riquezas del suelo esta muy por debajo de la mayoría de los países vecinos, sin hablar de las inmensas riquezas del suelo del imperio chino, indio y americano. En cuanto a la fertilidad de su tierra es muy inferior frente a las regiones bendecidas de la tierra negra rusa, en comparación con las zonas fácilmente productivas tropicales y subtropicales. Así nos queda en último término la fuerza de trabajo y la voluntad de trabajo de nuestro pueblo, así como la existencia de suficiente trabajo, y debemos ver bien claro que en esta situación efectiva no se puede hablar de empréstitos consolidados, de una seguridad material para nuestros títulos de deudas[25].
Ya se trate de empréstito de guerra a interés o de un billete del Reichsbank sin interés, detrás de ellos esta únicamente la fuerza impositiva de todo el pueblo, y que otra cosa es la fuerza impositiva sino una función del rendimiento laboral de toda población[26].  Debemos esclarecernos brevemente sobre otro complejo de problemas que ha sido planteado aquí, y ello es acerca de las partidas principales de nuestras fuentes de recursos y gastos estatales. Existe un extraño contraste entre el amplio espacio que el problema de la obtención de dinero ocupa en nuestra vida privada y el interés que manifestamos por lo grandes problemas de nuestra política financiera estatal, y sin embargo no existe ninguna diferencia esencial entre la economía privada y la economía nacional.
Las partidas principales de los ingresos estatales son: primero, los producto netos de los correos y ferrocarriles, segundo, los provenientes de minas; administración de bosques y otras empresas estatales, tercero, las tasas aduaneras e impuestos indirectos, y cuarto, los impuestos directos[27].
¿Como se presenta la situación en Baviera?
Para no dedicarse a cuestiones tan eminentemente practicas sino solamente a análisis teóricos, quiero explicar brevemente en base al presupuesto bavaro[28] las distintas partidas según su orden de magnitud. El correo, el telégrafo y los ferrocarriles[29], arrojaron 120 mil millones, los bosques, las minas, etc. Alrededor de 40 millones; los impuestos indirectos 53 millones y los impuestos directos 60 millones. Otros 67 millones provinieron de sellos, derechos, impuestos sucesorios, tasas inmobiliarias, trasferencias por parte del Reich, etc.
¿Como se presentan los gastos? Encontramos aquí en primer lugar las erogaciones para el pago del interés de la deuda estatal, inclusive los empréstitos ferroviarios con 85 millones. Para la casa real 5 millones, administración de justicia 27 millones, administración interna 40 millones, iglesias y escuelas 51 millones, administración financiera 13 millones, gastos para fines del Reich 50 millones, pensiones 36 millones. Gastos diversos 5 millones. Un superávit de ingresos de 27 millones equilibro entonces en ese año feliz de las finanzas bavaras el presupuesto anual.  Pero dentro del marco de nuestros pensamientos nos interesan solamente los gastos que pueden suprimirse por el quebrantamiento de la servidumbre del interés. Aquí por su naturaleza esta en primera línea el gasto para el pago del interés de la deuda estatal con 85 millones, agregado a ello la mayor parte de nuestro dispendio para la administración financiera con unos 10 millones, además una gran parte de los gastos para fines del Reich, para los cuales asignaremos la mitad con 25 millones, y finalmente quedan eliminados actualmente los dispendios para la casa real con 5 millones. En total: 125 millones.
Ya antes de la guerra con finanzas ordenadas se hubiera podido prescindir de todos los impuestos directos e indirectos.
La eliminación de todas estas partidas significa la posibilidad del renunciamiento a la recaudación de todos los impuestos directos e indirectos, que, como hemos visto, aportaron 53 y 60 millones que sumados alcanzan a 113 millones! Ahora bien, no somos de ninguna manera de opinión de que los directos e indirectos han de ser abolidos por completo, pues dentro de limites razonables actúan sin duda por una parte como educadores, por otra parte como reguladores[30].
Seguramente no es sino justo y equitativo que el ingreso de propiedad fundada permanezca sujeto a un impuesto escalonado moderado, pues el estado también debe asegurar con sus medios de poder la propiedad; aparece como igualmente oportuno que el comercio y la industria contribuyan, de sus ganancias empresariales, con los correspondientes pagos de impuestos, para ellos el estado también debe cuidar el mantenimiento y ampliación de las vías de comunicación publicas, etc.
En el terreno de los impuestos indirectos, una enérgica ampliación de todos los impuestos puramente de lujo podría actuar en forma reguladora en el mejor sentido, ¡mientras que todos los alimentos y necesidades populares deberían quedar exentos de impuestos! La consecuencia de tal política impositiva no habría que buscarse en el elevado resultado financiero; esto no hay que pensarlo, ya que para la gran masa de la población no ha de ser una verdadera carga impositiva, sino solamente un recuerdo de que el hombre es no solo un individuo, sino también un ciudadano y que además de derechos ciudadanos también tiene deberes ciudadanos. Los productos no han de emplearse, en realidad, para aliviar las empresas estatales redituables, cuyas rentas netas, como hemos visto, son suficientes para pagar sufragar los gastos ordinarios del estado en los rubros de educación, cultura, administración de justicia, administración interna, etc. Han de ser utilizados para propulsar tareas culturales especiales del estado, para las cuales dentro del marco del presupuesto estatal ordinario jamás hubo a disposición medios adecuados. Pienso aquí, en primer termino, en hogares para lactantes, institutos para ciegos e inválidos, guarderías infantiles, protección de la madre, lucha contra la tuberculosis, contra el alcohol y las enfermedades venéreas, para la construcción de ciudades, jardines y colonias, en especial para el alojamiento y mantenimiento humanamente digno de nuestros lisiados de la guerra.
Nuestra mirada se amplia vemos una tierra nueva. ¿La abolición de todos los impuestos podría significar el quebrantamiento de la servidumbre del interés? Lo significaría si hubiésemos salidos como pueblo vencedor de la gigantesca lucha. Así que no nos regocijamos demasiado pronto, de ello se encargaran los gravámenes impuestos por nuestros enemigos. Pero de cualquier manera, vemos tierra nueva en base al examen recién efectuado, aunque muy sencillo, de nuestro presupuesto estatal bavaro. En trazos fundamentales encontramos condiciones muy similares en los restantes estados federales alemanes, y no se exagera demasiado al decir que de los excedentes de las empresas estatales redituables, o sea los ferrocarriles, correos, telégrafos, bosques, minas, etc., todos los gastos estatales para la totalidad de la administración de la justicia, para la totalidad de la administración interna incluso las construcciones estatales, todos los gastos para educación y cultura, así como para fines de culto, se pueden costear sin dificultad. Esta realidad no es una vana utopía sino una consecuencia de estructurar nuestra política económico-financiera sobre bases orgánicas y naturales.
El interés lo encarece todo.
¿Por que es así? El interés se ha introducido subrepticiamente. A causa del pago de interés se le encarece a la población los alimentos; a causa de los intereses se gravan el azúcar y la sal, la cerveza y el vino, los fósforos y el tabaco e innumerables otros artículos de la necesidad diaria con impuestos indirectos[31]. Debido a los intereses deben ser recaudados impuestos directos, que se dividen en impuestos territoriales, que se cargan sobre los cereales encarecidos; impuestos inmobiliarios que provocan el alza del alquiler; en impuestos industriales, que gravan el trabajo productivo; en impuestos a los réditos, que rebajan en forma ineludible el modo de vida de los funcionarios y empleados y todos los que están a sueldo fijo, y finalmente en ultimo termino, avaro en el dar, insaciable en el tomar, viene el capital prestamista con los impuestos a las rentas de capital. De 253 millones de rentas de capital declaradas como percibidas fueron pagados en Baviera en base a las declaraciones de impuestos del año 1911 tanto como 8,1 millones de impuestos estatales.
Hemos visto que toda renta de capital, todo interés de capital debe ser procurado exclusivamente por el trabajo de todo el pueblo. Hemos visto que el pago de intereses por las deudas estatales importan la partida mayor en nuestro presupuesto estatal, y hemos visto que los contribuyentes de rentas de capital aportan solo una muy modesta contribución a los ingresos estatales.
De acuerdo al orden de magnitud, el capitalista paga de los impuestos estatales directos en Baviera, en 1911, con 8 millones de 60 millones; suma total de los impuestos directos, solo un octavo hasta un sexto. Los impuestos directos son de acuerdo con el orden de magnitud alrededor de un quinto de la totalidad de los ingresos estatales. Por lo tanto, el capital prestamista efectúa solo aproximadamente un aporte de un treinta-avo a un cuarenta y ocho-avo en atención de las necesidades estatales totales.  No tenemos intenciones de negar que la legislación impositiva, en los últimos años especialmente durante la guerra, ha recurrido en mayor grado a las rentas de capital, pero la imposición directa reforzada prácticamente corrió paralela, de modo que la relación de magnitud apenas se ha desplazado.
El presupuesto del Reich esta asfixiado por los intereses.
El cuadro recién se hace horroroso cuando examinamos nuestro presupuesto del Reich. Aquí las condiciones son de por si mucho mas desfavorables. El Reich no tiene las fuentes impositivas de que disponen cada uno de los estados federales. Los impuestos directos están reservados a los estados federales, las empresas redituables del Reich se limitan al correo del Reich y al ferrocarril del Reich, por lo tanto, solo quedan las tasas aduaneras y los impuestos indirectos.
El orden de importancia de estos recursos del Reich (véase anuario estadístico para el Reich alemán, años 1917 y 1918) fueron en el año 1915:
Mil millones coreo y ferrocarril del Reich, 0,7 mil millones las tasas aduaneras, mil millones de impuestos indirectos, 0,8 mil millones de entradas especiales (contribución militar, matriculas), etc. También aquí nuevamente el mismo cuadro. Más de un tercio, es decir 1,3 mil millones devoro ya en el año 1915 el pago del interés de la deuda del Reich. También aquí ha vuelto a inmiscuirse el capital prestamista. También aquí recurre para su satisfacción a todos los impuestos indirectos. El azúcar paga 163 millones, la sal 61 millones, la cerveza 128 millones; tabaco, aguardiente, vino espumoso, medios de alumbrado, materias inflamables e inmuebles y otros pequeños recursos impositivos tuvieron u concurrir para reunir penosamente mil millones, que luego fluyeron íntegramente a los bolsillos de los capitalistas.
Actualmente la consecución solamente de los intereses debitívos del Reich es un misterio. 8 mil millones son devorados, pues, solamente por los pagos de intereses de nuestro empréstito de guerra de 100 mil millones, así como los restantes créditos de guerra. Los ingresos de correo y ferrocarril apenas pueden ser ya aumentados, las tasas aduaneras ya apenas nos será permitido recaudar, por lo que no quedara otro recurso que quintuplicar o decuplicar los impuestos indirectos. ¡Una imposibilidad! La noción clara de que solo y únicamente el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero puede traernos la salvación, ¡es lo que necesitamos!  Un enorme auto-engaño fue toda la política del empréstito de guerra. 100 mil millones tomo prestado el pueblo alemán de si mismo para su guerra. 5 mil millones de intereses se prometió a si mismo para su guerra; 5 mil millones de impuestos ha de pagar por lo tanto. El provecho solo lo obtiene el gran capitalista, que percibe tanta renta del capital que le resulta imposible gastarla, y mediante el impuesto a la renta de capital, se advierte que solo se le quita un porcentaje muy modesto, como hemos visto.
El egoísmo mezquino no debe ocultar la meta.
Espero que ya ahora, mediante los grandes trazos de mi demostración, haya podido ahuyentar la alarma humanamente comprensible de muchos lectores por la eventual perdida de sus subvenciones de interés provenientes de sus hermosas cedulas. Es una gran autoilusión, y al efecto me pondré en el limite superior de una situación económica burguesa holgada.  Tomemos por caso que el ingreso laboral de un jefe de familia es de 10.000 marcos, mas 5.000 marcos de renta capital, entonces había que pagar por ello alrededor de 1.500 marcos de impuestos directos, además bajo forma de los alquileres caros por lo menos 1.000 (1.200 marcos por el eterno alquiler); otros 1.000 marcos posiblemente sean consumidos por los impuestos indirectos de la familia de cinco a seis cabezas, y ya se ve ahora que aun bajo las felices condiciones impositivas de años anteriores no queda mucho de las hermosas rentas del capitalista pequeño y mediano.  Hoy en día no puede hablarse de que “quede algo”; al contrario, una parte considerable del ingreso laboral, si se observan los actuales fantásticos planes impositivos, también será consumida por los impuestos.
Provecho saca solo el gran capital.
Muy distinta se presenta naturalmente la cosa para el gran capitalista, que, digamos, solo percibe un millón de rentas de capital (gente así la hay hoy en Alemania en bastante cantidad). En concepto de impuesto a la renta de capital este feliz, tomado por lo alto, paga 50-70.000 marcos. Por impuestos indirectos no paga tampoco más que el jefe de familia del ejemplo precedente. Para el gobierno de la casa, aun en los actuales tiempos de carestía, pude por cierto vivir bastante cómodamente con 40-50.000 marcos.  Le quedan en efectivo redondos y neto 900.000 marcos, de los cuales percibirá en el próximo año al 5% de interés nuevos 45.000 marcos de interés por préstamo, y ello “conforme a la ley”, a cargo de la población trabajadora.
El pequeño rentista será indemnizado.
El pequeño rentista, que vive solo de sus intereses, quedaría sin duda perjudicado. Si es apto para el trabajo, naturalmente tendría que decidirse a procurarse ingresos a través de una actividad productiva. Con eso se colocaría entonces en mucho mejor situación que los millones de sus compatriotas que no poseen nada salvo su capacidad de trabajo física e intelectual. Si no quiere hacerlo, entonces debe consumir su fortuna.  Durante 20 años puede en definitiva vivir de ella, si como hasta ahora gasta el 5% de interés en concepto de consumo del capital básico. Para personas que no están en condiciones de trabajar, o que están debilitadas por enfermedad y edad, naturalmente debe asegurarse una existencia correspondiente mediante ampliación de la previsión social para todos los sectores de la población[32]. Tengo la siguiente idea acerca de la previsión social:
Supongamos que una señora mayor, una viuda, que hasta ahora ha debido vivir de los intereses de un capital de 60.000 marcos, se ve privada de su fuente de ingresos por el quebrantamiento de la servidumbre del interés legalmente establecido. Aquí, mediante una generosa ampliación de la política de rentas vitalicias se daría oportunidad a dicha persona de percibir una renta vitalicia correspondiente a su capital, pudiéndose en este caso hasta aumentar la renta anual con respecto a los intereses devengados hasta ahora, para dar también a este sector de personas una cierta compensación por el valor monetario decaído. De modo que, por ejemplo, contra los 60.000 marcos entregados en títulos de deuda del Reich, de los estados o de cedulas hipotecarias, podría ser otorgada una renta vitalicia anual de 4.000 marcos. Si la viuda tiene hijos y les quiere transmitir en herencia una parte de los bienes, puede quedar a su libre decisión transformar solo 40.000 marcos en una renta vitalicia, mientras que los restantes 20.000 marcos quedan preservados para los hijos. De los 40.000 marcos también podrían, según la antigüedad de la renta vitalicia, ser otorgados hasta 1/12 del capital entregado a solicitantes. También aquí habremos de señalar nuevamente que por el quebrantamiento de la servidumbre del interés es costo de vida de la viuda se vera notablemente abaratado a causa de la supresión de los pesados impuestos.
Sobrepasaría ampliamente el marco de este escrito investigar en detalle los intereses personales de determinadas capas de la población. Tampoco puede tratarse en una exigencia tan revolucionaria para los intereses personales, y no obstante se comprobara en los resultados de la idea que las consecuencias saludables, en definitiva serán en provecho de todos.
El interés es una carga para nuestros hijos.
Precisamente en el problema abordado mas arriba de la supresión de intereses de los empréstitos de guerra, he tratado de poner en claro que el pequeño capitalista, es decir, todos los cientos de miles que en virtud de una propaganda mas que norteamericana para la suscripción de los empréstitos de guerra han sido inducidos a entregar sus ahorros, no solo no tienen nada de sus intereses, ya que ellos mismos deben pagar los impuestos para ellos, sino que con la legislación impositiva adecuada a la preservación del gran capital deben contribuir a pagar los impuestos de las suscripciones millonarias. Pienso que, fuera de estas consideraciones absolutamente reales, ya solo un llamado de todos los tenedores de empréstito preocupados por el bienestar de sus hijos debería ser suficiente para aceptar como perfectamente natural la renuncia al interés perpetuo de las obligaciones del Reich. ¿Que pierde en verdad el patriota que ha dado a su patria en la emergencia suprema 10.000 marcos en este caso, sino un derecho usurero de cobrar 50.000 marcos solo en intereses dentro del periodo de cien años, sin que por ello el capital se hubiera desgastado en los mas mínimo? Eternamente sus hijos y sus nietos deben trabajar para que ante todo puedan ser pagados estos intereses. La cuestión del reembolso de las sumas prestadas puede ser solucionada de distinta manera. En mis breves ideas-guías sobre el problema en cuestión, que he presentado al gobierno del estado nacional de Baviera el 20 de noviembre del año pasado, he hecho la proposición de sustituir el pago de interés por el reembolso en 20 cuotas anuales del 5%. Creo poder hacer a continuación una propuesta mucho mejor aun, que por su simplicidad seguramente merece la preferencia: “los títulos del empréstito de guerra son declarados bajo supresión del pago de interés, moneda legal”[33]. Este es el huevo de colon. Los títulos de empréstito permanecen tranquilamente en los depósitos, solo que no tienen cría, de la misma manera que un libro, o un armario, u otro objeto consumible que se ha prestado a un amigo.
La sustracción de los valores de interés fijo significa el saneamiento del orden económico y social.
Si se necesita dinero, sencillamente se va a buscar un titulo del empréstito de guerra y se paga con el. Tanta belleza y valor-papel como los restantes billetes de 10, 20, 100 y 1.000 marcos en definitiva también lo tienen las cedulas del empréstito de guerra. De una inundación del mercado con moneda legal no se puede hablar con una transferencia tan libre de sacudidas, de la política del interés a la economía nacional libre de interés. Pues los títulos de empréstito de guerra se encuentran ya todos bien guardados y cuidados en las cámaras acorazadas de los bancos u otros escondites considerados por el pueblo a resguardo de ladrones, tales como la media de lana o el estercolero. Es que no puede ser negado el hecho de que la moneda legal papel emitido con un monto de aproximadamente 40 mil millones tampoco esta en circulación, sino atesorados en su mayor parte en la forma descripta mas arriba[34]. Nuestra necesidad de moneda legal era también en los tiempos de la alta coyuntura antes de la guerra solo de unos 4-5 mil millones, y queda enteramente descartado que en la actualidad pudiéramos necesitar mas del doble de esta suma, en vista del cada vez mas generalizado servicio de pagos por cheques.
Exactamente de la misma manera se habrá de proceder lógicamente a la supresión del interés para todos los valores de interés fijo. Para estos valores, así como para los valores de dividendo será, empero, mas recomendable el “reembolso” propuesto originariamente para todos los valores, en 20 0 25 rentas anuales, así en especial también para las hipotecas. El quebrantamiento de la servidumbre del interés para las hipotecas significa, sin duda, la solución del problema de la vivienda, la liberación de los alquileres exorbitantes. Asimismo tampoco es comprensible por que el dueño de una hipoteca ha de tener de la suma prestada una vez, goce eterno de interés, por que le ha de estar destinada una afluencia fácil e inacabable de bienes. Una baja de los alquileres, solo repetimos, podrá producirse en la medida en que ella se produce espontáneamente por el reembolso efectuado de las hipotecas.
Solo una cosa ha de destacarse con toda nitidez, que el quebrantamiento de la servidumbre del interés no tiene nada absolutamente que ver con el autentico trabajo creador de valores, y productor de bienes. Por el contrario, como hemos visto, todo el pueblo trabajador será liberado de un peso sordo, inexplicable, agobiante. Nuestra vida será depurada de un veneno letal.
La lucha contra el interés no es nueva en la historia de los pueblos.
Cuan justamente ha sido reconocido en el curso de la historia la trascendencia del problema del interés, lo apreciamos por el hecho de que en todas las épocas y en todos los pueblos el problema del interés ocupo a los hombres.
En el viejo testamento encontramos en distintos lugares, así 3° mois. 25, 5° mois. 15, reglamentos sobre condonación de intereses de tal manera que el séptimo año había de ser cada vez un año de jubileo o de condonación anunciado por trompetas, en el que habían de ser perdonadas todas las deudas a los conciudadanos.
Solón abolió en el año 594 a.c. Mediante una ley, la servidumbre personal por deudas. Se llamo a esta ley la gran seisajteia (liberación de cargas).  En la antigua roma la lex gemicia del año 332 a.c., prohibía lisa y llanamente a los ciudadanos romanos tomar intereses.  Bajo el emperador Justiniano fue promulgada una prohibición del interés de intereses, con la prescripción de que no se permitía seguir exigiendo intereses cuando los intereses atrasados habían crecido al monto del capital originariamente prestado.
El papa León I el grande, promulgo en el año 443 un prohibición general de tomar intereses; hasta entonces solo había sido vedado a los clérigos exigir intereses por sus prestamos. Ahora la prohibición de intereses se constituyo en parte de la ley canónica y en una prescripción obligatoria también para el laico. Paulatinamente también la legislación secular se adhirió a los conceptos canónicos, y hasta prohibió el préstamo a interés bajo pena de muerte. Encontramos esto en las reglamentaciones policiales del Reich de los años 1500, 1530 y 1577[35].
Por cierto, tales leyes fueron muy combatidas y frecuentemente aludidas, y en esta brevísima mirada histórica retrospectiva solo mencionaremos aun la asombrosa circunstancia de que, mientras la ley canónica prohibía a los cristianos el préstamo a interés, ello era permitido a los judíos.  Seria extraordinariamente interesante investigar el grado de expoliación que condujo a estas violentas medidas de supresión de la usura. Seria especialmente valioso dilucidar que poderes y fuerzas son los que han roto siempre de nuevo las prohibiciones del interés.  En la edad media se procedía con frecuencia en forma sumaria con los usureros. Los campesinos o ciudadanos esquilmados se unían y mataban a los usureros. Hoy en día hemos entrado en una fase de evolución muy distinta del problema del interés.
 Tales ajusticiamientos se desaprueban profundamente. Y tampoco se trata ya de síntomas patológicos circunscriptos a determinadas regiones, que pueden ser combatidos mediante la extirpación del foco de pus: se trata de una grave enfermedad de toda la humanidad habremos de destacar que es en nuestra civilización, fundada precisamente en la internacionalidad de las relaciones económicas, en donde el principio del interés alcanza un desarrollo tan criminal. Por otro lado, los antecedentes históricos señalados tampoco pueden constituir una analogía para las condiciones actuales. Cuando los babilonios se impusieron a los asirios, los romanos a los cartagineses, los germanos a los romanos, no había una continuación de la servidumbre del interés; no había potencias mundiales internacionales.
 Las guerras tampoco eran financiadas con préstamos, sino con riquezas acumuladas durante la paz[36]. Una muy interesante compilación sobre este punto nos la proporciona David Hume en su tratado sobre el crédito estatal. Recién el tiempo moderno con su continuidad en la posesión y su derecho internacional permite que los capitales prestamistas alcance a lo inmensurable. El penique que en la época del nacimiento de cristo fue puesto a interés ya no existe, porque mientras tanto todos los derechos de propiedad debieron ceder repetidas veces a la violencia; en cambio, existe el penique que el viejo Rothschild puso a interés y existirá, en tanto siga vigente un derecho internacional capitalista como el actual[37], por toda la eternidad. Además, ha de tomarse en consideración que amplias extensiones de la tierra recién han pasado en la época moderna, de la economía primitiva a la economía monetaria. Es especialmente importante en este orden de cosas destacar que, recién a mediados del siglo pasado todas las limitaciones en las operaciones de interés y todas las prohibiciones de interés fueron abolidas. Así en Inglaterra en el año 1854, en Dinamarca en 1856, en Bélgica en 1865, en Austria en 1868, etc.  De modo que no mucho más antiguo que medio siglo es el concepto de interés considerado hoy en día como indisolublemente unido a la posesión del dinero[38]. Pero precisamente este concepto del interés ha permitido que el dinero se convierta en el poder demoníaco de dominio mundial que conocemos.  Recién a partir de mediados del siglo pasado data también el incipiente y luego cada vez mas fuerte endeudamiento de los estados frente a los capitalistas. Recién a partir de esa época vemos decaer el estado de órgano de la comunidad nacional a órgano de los intereses capitalistas. Esta evolución ha alcanzado su punto máximo con los empréstitos de guerra, que encontramos en todos los países, que sirven exclusivamente, como hemos puesto de manifiesto, a intereses mammonisticos a los que ahora, mediante la gigantesca construcción crediticia de un empréstito mundial, se proponen coronar[39].
El capital prestamista es el flagelo de la humanidad.
Esta fugaz mirada retrospectiva ha de facilitarnos romper definitivamente con la idea de que al capital prestamista le ha de ser conferido el poder sobrenatural de crecer perpetua e inconteniblemente por si mismo, dotado de una terrible fuerza esquimadora. Debemos quebrar la creencia de que el capital prestamista ha de poder estar entronizado sobre las nubes, inalcanzable a los sucesos del mundo, inalcanzable por el tiempo, inalcanzable por los instrumentos de destrucción, inalcanzable por los proyectiles de nuestros cañones gigantescos. Pues aunque casas y chozas, ferrocarriles y puentes caigan destrozados en polvo y ceniza, las hipotecas continúan en pie, los títulos de deuda de ferrocarriles y del estado no son cancelados por ello. Que aldeas y ciudades, provincias enteras caigan victimas de la destrucción bélica, ¡que importa! ¡Esto significa nuevos títulos de deudas!
Con ojos refulgentes de avidez la internacional dorada entronizada sobre las nubes observa el loco proceder de la humanidad. Y no lejos esta el tiempo en que finalmente toda la humanidad sin excepción sirva como esclava del interés al mammonismo...
El quebrantamiento de la servidumbre del interés es posible a nivel nacional a pesar de su internacionalidad.
Universal es el pensamiento; a todo el mundo debe liberar. ¡Salve la nación que primero se atreva a dar el paso audaz! Pronto le seguirán todas las otras[40]. La pregunta que frecuentemente se me ha presentado de si la idea es de alguna manera realizable a nivel nacional, la contesto afirmativamente.  Estamos endeudados internamente. Frente a las demandas de interés del extranjero, por supuesto, somos impotentes por el momento; no queda otra alternativa que pagarlos. La fuga de capitales debe ser bloqueada en la medida de lo posible, pero, así como el legislador no deja de elaborar leyes contra el asesinato, el homicidio, el fraude, etc., porque de cualquier modo siempre habrá pillos, así tampoco el pueblo en su totalidad debe dejar de efectuar un paso reconocido como necesario para el saneamiento de sus finanzas estatales solo porque un sector, no precisamente el mejor, del pueblo trata de poner a salvo en el exterior su dinero malhabido. Suponiendo que centenares y hasta miles de millones de títulos de empréstito de guerra fuesen llevados al exterior, esto no podría ser un factor trascendental para no efectuar el quebrantamiento de la servidumbre del interés, pues de cualquier modo la mayor parte de una cifra superior a los 250 mil millones de inversiones internas a interés fijo esta obligada lógicamente a permanecer en el país.
Observación final
Resumamos brevemente. El quebrantamiento de la servidumbre del interés es el medio radical para el saneamiento definitivo y perdurable de nuestras finanzas estatales. El quebrantamiento de la servidumbre del interés significa la posibilidad de la renuncia a gravosos impuestos directos e indirectos, porque las empresas de estado redituables[41] ya hasta ahora y tanto mas al extenderse a otras áreas indicadas para la socialización (navegación fluvial, suministro de energía eléctrica, transporte aéreo, etc.) arrojan suficientes excedentes a las cajas del fisco como para sufragar todos los fines sociales y culturales del estado.  Transcendiendo este punto de vista financiero, el quebrantamiento de la servidumbre del interés otorgara al trabajo creador en todos los campos la primicia que le corresponde. El dinero es remitido nuevamente al único rol que le incumbe: ser un sirviente en el portentoso mecanismo de nuestra economía nacional. Volverá a ser lo que es: un bono por trabajo efectuado, y así se abre camino a una meta mas alta, el abandono de la rabiosa codicia de nuestra época.
La idea se propone constituir un frente cerrado de toda la población trabajadora, desde el obrero sin bienes que, como hemos visto, esta forzado a contribuir en un nivel inconcebible por vía del impuesto indirecto para la satisfacción del capital prestamista, pasando por toda la capa de funcionarios y empleados, por la clase media campesina y la pequeña industria, que sienten bajo las formas de miseria de la vivienda, intereses territoriales, intereses bancarios, etc. El despotismo inmisericorde del dinero, hasta llegar a las mentes directrices, inventores y directores de nuestra gran industria, intelectuales, artistas, escritores, actores científicos, etc., así como los restantes miembros de las profesiones libres, todos sin excepción están en mayor o menor medida en las garras del gran capital prestamista, para el cual el primer objetivo de la vida se llama siempre procurar con el trabajo de aquellos: rentas, intereses, dividendos para los poderes del dinero que juegan detrás de los bastidores.
Aunque el gran capital prestamista trate deliberadamente, en tanto personificación del principio del interés, de ocultar el hecho de su ansia de predominio absoluto, por mas que toda nuestra legislación basada en el derecho romano, o sea el derecho al servicio de la protección de una plutocracia, se haya infiltrado en la conciencia de nuestro pueblo el quebrantamiento de la servidumbre del interés del dinero ha de llegar, como única salida para la amenazante esclavización económica de todo el mundo por la internacional dorada, como el único camino para expulsar el veneno del mammonismo que infecta y degrada la mentalidad de nuestra época.
La conversión del empréstito de guerra en haberes bancarios.
La declaración de los títulos del empréstito de guerra, etc., como medios de pago legales exigida en el punto 1 (ver mas arriba) ha provocado reiteradas veces la objeción de la inundación exagerada del mercado con medios de pago. Esta objeción es en si errónea. La inflación existe por la sola presencia del empréstito de guerra. (pero es exacto que el pensamiento en la existencia corpórea de estos papeles declarados medio de pago a pesar de ser erróneo no llega a calmarse, por lo que a pesar de su irrealidad podría conducir a manifestaciones secundarias desfavorables, con si realmente hubiera tenido lugar una nueva inflación; por eso exigimos, bajo una reforma del punto 1, la conversión de los títulos del empréstito de guerra así como de las restantes obligaciones estatales, bajo la supresión legal del interés tributario, en haberes bancarios).  Esta formulación tiene la gran ventaja de que la apariencia del empréstito de guerra como documento de valor desaparecería. Los títulos del empréstito de guerra deberían ser entregados al Reichsbank, por los bancos, financistas, cajas de ahorro, etc., y después de acreditarse el valor equivalente serian destruidos. Con ello prácticamente toda persona en Alemania adquiriría un haber bancario, una cuenta bancaria abierta sobre la cual podría disponer.
Un proceder de esta índole tendría además la gran ventaja de que no seria posible una retención de partidas mas grandes en propiedad privada, porque transcurrido un determinado plazo serian declarados inválidos los títulos no entregados. Además seria posible un control acerca de la cantidad de empréstito de guerra transferido al exterior. El ultimo punto, pese a ello, no puede impedir de ninguna manera la realización del quebrantamiento de la servidumbre del interés, pues si realmente no sentimos demasiado débiles frente al extranjero, entonces habremos de satisfacer las exigencias de intereses presentadas por el extranjero, aunque yo personalmente soy decididamente de opinión que también frente a propietarios de empréstito extranjero debemos mantener en pie la declaración de supresión de interés.
Que en caso de semejante preceder, que mostraría algo de una renaciente auto-confianza, las demandas de interés extranjeras pudieran ser impuestas con apoyo del poder de las armas, no lo creemos posible en este momento.  Seria posible además, para evita hasta la apariencia de una bancarrota estatal frente al exterior, efectuar un sorteo del empréstito de guerra, que luego podría fácilmente, en base a la estadística obtenida a través de la entrega obligatoria, ser organizado de tal modo que se sortearían precisamente primero los números que se encuentran presumiblemente en el exterior, y que seria pagados en billetes del Reichsbank. Un tercer punto seria la satisfactoria comprobación sobre la distribución del empréstito de guerra y la posibilidad que con ella se lograría, además, una recaudación extraordinariamente sencilla del impuesto a los réditos, ya que las oficinas de réditos tendrían simplemente que encargar a las dependencias del Reichsbank de cargar la cuenta del señor N.N. con tantos marcos de impuestos. De esta manera el pago de impuestos seria mucho menos doloroso (por supuesto subsistiría en toda su amplitud el derecho de reclamación del censado).
Con tal conversión de los empréstitos de guerra en haberes bancarios también podría crearse una cierta compensación social, al acreditarse al pari partidas mas pequeñas del empréstito de guerra, es decir, todas las pequeñas subscripciones de aquellos a quienes la suscripción del empréstito de guerra debe ser tenida en cuenta realmente como acción patriótica, digamos hasta 5 o 10.000 marcos, mientras que todas las suscripciones mayores podrían ser acreditadas al cambio del día. De idéntica manera serian tratados los abonos en cuenta a todos los restantes títulos estatales.
Aclaraciones especiales con respecto a la demanda de leyes en el manifiesto.
1- es completamente indispensable que todas las obligaciones estatales y comunales sean tratadas de la misma manera, ya que solo así puede ser realizada una regulación uniforme y orgánica de todas nuestras finanzas, conjuntamente con el quebrantamiento de la servidumbre del interés.
2- que el quebrantamiento de la servidumbre del interés tenga que realizarse simultáneamente en todos los restantes documentos de interés fijo ya queda aclarado por el motivo de tener que evitar una insensata alza repentina de estos documentos; esto sucedería lógicamente si solamente los documentos estatales fueran declarados sin interés. La liquidación de la deuda como tal habría de ser efectuada mediante el reembolso anual, con lo cual se produciría una constante y regular redención de la deuda de todos los objetos gravados.
3- este articulo esta en estrecha relación con el precedente, así como la nacionalización punto 5, del crédito hipotecario. El campesino o propietario de casa gravada con hipotecas sigue pagando como antes el importe que hasta ahora tuvo que pagar al acreedor, pero no ya como interés perpetuo, sino como reembolso de capital. Al cabo de 20, 25 0 30 años, según la altura del tipo de interés establecido, se habrá producido la liberación de deudas, de todas las propiedades territoriales e inmobiliarias. El banco hipotecario, por su parte, naturalmente puede seguir pagando solo durante este tiempo los intereses de la cedula hipotecaria correspondiente al dueño de la cedula hipotecaria. A raíz de esta amortización se cumple el objetivo del derecho de posesión de la comunidad sobre la propiedad inmobiliaria liberada definitivamente de las hipotecas.
Ahora bien: la propiedad inmobiliaria no endeudada tiene naturalmente el derecho al reembolso del capital invertido, así como un derecho permanente a una parte del alquiler, para solventar todos los gastos, desembolsos, etc., que también trae aparejados la propiedad inmobiliaria, como también la indemnización correspondiente a diligencias personales.  Vamos a ejemplificar esto en líneas generales basándonos en un inquilinato urbano. Supongamos que una casa tiene un valor de 100.000 marcos. Sobre ellos están inscriptos: 50.000 marcos al 4% en un banco hipotecario en primer lugar, 20.000 marcos al 5% de parte privada en segundo lugar, y 30.000 marcos importa el dinero aportado por el propietario mismo. Los alquileres son de 7.000 marcos. De estos deben ser pagados para la 1era.  Hipoteca 2.000 marcos, para la 2da. Hipoteca 1.000 marcos, para gastos, contribuciones, etc., 1.000 marcos, en total 4.000 marcos. Le quedan al propietario de la casa, por lo tanto, 3.000 marcos, como interés por el capital aportado por el, de 30.000 marcos.
Después de realizada la supresión legal del interés del dinero, la situación al cabo de 10 años es la siguiente: 1era. Hipoteca 30.000 marcos, y 2da. Hipoteca 20.000 marcos. La demanda de capital del propietario ha sido reembolsada totalmente, en cambio existe un nuevo derecho de propiedad estatal de un monto de 50.000 marcos. Con ello comienza para el estado un derecho de co-determinación sobre los ulteriores alquileres, así como la fijación de los precios del alquiler. Pero seria injusto equiparar al propietario, con vista al reembolso, con las hipotecas. Pues su capital no es puro capital prestamista que en un sentido mas estrecho debía ser afectado por el quebrantamiento de la servidumbre del interés; se trata en este caso de capital “arriesgado”, es decir de dinero invertido en un bien valioso, o sea una casa. De ahí que para el propietario hay que conceder o bien una persistencia mas larga de un usufructo de renta, o bien, un porcentaje correspondiente de los gastos de administración de la casa[42]. No es nuestro propósito hacer en este lugar propuestas obligatorias, se trata solo de sugerencias para lograr el traspaso sin dificultades de la economía del interés a economía sin interés, también en el terreno de la propiedad real. Por lo demás, y para completar el ejemplo, supongamos la situación después de 25 años; entonces todas las hipotecas han sido reembolsadas, solo los dispendios permanentes son los mismos o bien aumentados por la mayor antigüedad de la casa de 1.000 marcos a, por ejemplo, 1.500 marcos. Si el porcentaje concedido al propietario de la casa de esta suma es también 1.000 hasta 1.500 marcos, entonces se presenta así el cuadro de que 3.000 marcos en cifras redondas de los alquileres son efectivamente cargas permanentes, mientras que los excedentes 4.000 marcos de los originarios 7.000 marcos de alquileres estarían libremente disponibles. El estado tiene, por consiguiente, la posibilidad de rebajar los alquileres en mas de la mitad; hará esto, por ejemplo, en casas de obreros, o bien los ha de rebajar solamente en un 20, 30 o 40% y se procurara de la diferencia una enorme fuente de ingresos para otras necesidades estatales, en primera línea naturalmente para la construcción de viviendas nuevas a distribuir por el estado. En casas señoriales los alquileres no han de ser rebajados o lo serán en escasa medida, con lo cual quedan a disposición medios muy importantes para la construcción de viviendas mejores o para fines sociales especiales. Pero este panorama del futuro, y lo considero un perspectiva muy fructífera, muestra el derecho de la comunidad de intervenir desde ya en la determinación de los precios del alquiler en la forma esbozada mas arriba de reducción de los precios del alquiler de la viviendas obreras.
3 y 4- estos artículos exigen la socialización de la totalidad de las finanzas. Dinero es solo y exclusivamente un bono emitido por el estado de una comunidad sobre trabajo realizado. Emitir signos monetarios es uno de los derechos fundamentales soberanos del estado[43]. La falsificación de signos monetarios estatales esta bajo severísimas penas, de modo que constituye una demanda social sencillamente perentoria la de colocar las finanzas bajo el control del estado. La capacidad de trabajo de la sociedad es el único basamento de los signos monetarios[44], y solo el desconocimiento de este hecho fundamental ha conducido al deterioro de nuestra hacienda pública y a la completa anarquía de la política monetaria.
Con el traspaso (propuesto en el punto 5) del crédito personal y de mercaderías a entidades privadas, se efectúa una profunda incisión en la totalidad de la política crediticia. Para la política crediticia estatal, así como para la comunal y también para el crédito hipotecario debe perseverarse con extrema consecuencia y energía en el quebrantamiento de la servidumbre del interés, porque constituye la condición imprescindible para el estado social.
Distinto es el caso del crédito personal. De hecho postulamos también para el crédito personal la demanda de la supresión del interés, pero esta demanda no tiene ya tanta importancia. Recordamos los 250 mil millones de capital crediticio a interés fijo frente a los 12 mil millones de títulos de dividendos. Todos los créditos de esta naturaleza, acciones, participaciones, valores mineros, etc., son capital arriesgado. El rendimiento de estos capitales depende de la laboriosidad y de la eficiencia de aquellas personas a quienes ha sido confiado el dinero. Aquí, por lo tanto, esta en consideración el factor del riesgo, el peligro de perdida así como de la confianza personal. Para ello aparece ahora como antes indispensable una cierta indemnización de índole especial. El propietario de acciones, etc., no recibe ninguna indemnización o ganancia cuando la empresa a la cual ha confiado su dinero no rinde utilidad. Pierde del todo su dinero cuando la empresa se derrumba. Distinto es el caso, por ejemplo, del tenedor de obligaciones del ferrocarril del Reich. Los ferrocarriles del Reich se han perdido completamente junto con Alsacia-Lorena. Sin embargo, el tenedor de empréstitos ferroviarios sigue recibiendo sus intereses. ¿De quien? Del tributo de la fuerza laboral y del consumo de la población trabajadora.
Póngase bien en claro esta diferencia fundamental, para reconocer de una vez donde succiona el vampiro en la fuerza productora del pueblo. De modo que el crédito personal será dejado o cedido nuevamente al tratamiento personal mediante bancos privados. La eficiencia personal del solicitante de préstamo, que el banquero conoce personalmente, ha de ser nuevamente decisiva para el crédito personal. Las tasas fijadas por el estado se regulan por si mismas por la liquidez monetaria que de cualquier modo se produce a consecuencia del quebrantamiento de la servidumbre del interés.
6- lo dicho en principio en el punto 5, también es valido para los valores de dividendos en particular. En interés de la comunidad social ha de exigirse, no obstante, que también para las grandes empresas industriales se tenga en vista un reembolso del capital prestado, para producir también aquí una supresión del endeudamiento de cada una de las empresas industriales frente a aquellos que solo son dadores de dinero. Pues, efectivamente, se repite en este terreno, en escala menor, lo que hemos podido observar en el gran capital prestamista frente a todos los pueblos. También aquí el capitalista explota al obrero, al capataz, al ingeniero, al empresario, muy por igual, pues primero esta el imperativo de tener que ganar dividendos. Pero si alcanzamos el nivel de las empresas industriales y artesanales, recién entonces esta abierto el camino hacia la rebaja de los precios, de los artículos fabricados, de la entrega y distribución de la plusvalía, en parte a la comunidad, en parte a los trabajadores, empleados y responsables de cada una de las empresas, o sea, a aquellos que realmente producen bienes y valores.
7- este punto naturalmente tiene injerencia en todo el campo de la política del seguro, que análogamente puede ser organizado sobre una base libre de intereses. Las primas abonadas no pueden crecer por el agregado de intereses, sino que las compañías de seguros se convierten en cajas de ahorro, bajo la responsabilidad y el contralor del estado nacional.
8- en lo referente a la desvalorización de nuestra moneda, que solo se ha producido por la enorme masa de nuestras innumerables obligaciones, exigimos un impuesto al patrimonio fuertemente escalonado. Al respecto ponemos énfasis en la expresión “fuertemente escalonado”. Porque el impuesto a los bienes, el sellado de los billetes, etc., no es ahora otra cosa que un autoengaño, con el que se echa arena en los ojos del pueblo.  Pues aunque en todas partes yo confiscase la mitad de todos los patrimonios, la hiciese pagar en títulos y transformase a estos en maculatura, solo se lograría que haya menos papel, y a cambio de ello el factor de conversión adquiría un valor ficticio acrecentado en la misma medida. El verdadero valor siempre solo lo tienen los bienes de consumo y uso, nunca los billetes de papel. Pero esto también en última instancia, solo depende de la capacidad de producción de la totalidad de nuestra economía nacional.
Las objeciones y su refutación
Jamás una idea ha podido imponerse sin oposición, menos una idea que rompe en forma tan radical con los antiguos conceptos de la santidad e intangibilidad del interés. En las objeciones formuladas y en las que nos formularan en el futuro, siempre han de observarse dos cosas: en primer termino, la distorsión deliberada de la idea del quebrantamiento de la servidumbre del interés y en segundo, lo que hay que responder a todos los reparos honestos y objetivos.
La objeción más frecuente es la afirmación: sin goce de interés nadie prestara su dinero.
¡Es que ya no queremos que alguien preste su dinero! El crédito a interés fue la argucia, la trampa, en que entro nuestra economía, y en la que ahora esta enredada impotente (si el pueblo realmente necesita un capital mayor, entonces adquiere sin interés, solo contra reembolso en la caja central del fisco, las sumas requeridas y, eventualmente, emite nuevos billetes. ¡¿Por que ha de emitir bonos que generan interés!?). ¡Si es papel, que de interés o que no de interés, lo mismo es!  Detrás esta sola y exclusivamente la fuerza laboral, la fuerza impositiva del pueblo. ¡¿Por que gravar desde el comienzo todo gasto estatal con el peso de plomo del interés perenne?! 
Si, ¿pero como ha de cumplir el estado sus tareas culturales frente a la generalidad? Necesita, pues, dinero, y solo puede cumplir esta misión por la vía del empréstito contra el abono de interés[45]. 
Esta aseveración se basa en un razonamiento exclusivamente mammonistico.  Después de una lectura a fondo de el manifiesto, advertimos que la misma se propone deliberadamente engañar, porque, primero, hemos comprobado que todas las tareas culturales y sociales del estado pueden ser cubiertas sin mas de las empresas estatales redituables, de las rentas de correo, ferrocarril, minas, bosques, etc., después del quebrantamiento de la servidumbre del interés.
Segundo, el estado nacional esta a toda hora en condiciones de asegurar el desarrollo de los programas culturales especiales mediante la emisión de valores sin interés, en lugar de los títulos que producen interés, declarados regla en el estado mammonistico. No se comprende por que el estado ha de endeudarse del todo innecesariamente por tareas comunitarias como, por ejemplo, construcciones de ferrocarriles, canales y de energía hidroeléctrica, por una eterna promesa de intereses. Si de los medios corrientes de sus empresas estatales redituables no puede pagar los costos de construcción, etc., entonces no hay razón visible para que el estado no pueda hacer el dinero, ya que el pueblo soberano debe responder de el, reconociendo precisamente este dinero como medio de pago. ¡¿Por que, empero, el pueblo ha de respaldar con toda su fuerza laboral e impositiva otro pedacito de papel (el empréstito que devenga interés), que no hace sino imponer al pueblo en su totalidad un eterno tributo de interés en provecho del capitalista?!  Desechemos, pues, esta idea fija inherente al estado mammonistico.
Es que los capitalistas, entonces, se apropiaran de los billetes emitidos y amontonaran papel moneda.
En contra de esto hablan dos factores. Primeramente, estaría cumplida automáticamente la exigencia de que la pura posesión de dinero ha de ser estéril, es decir, que el quebrantamiento de la servidumbre del interés habría sido practicado voluntariamente por los capitalistas; pues si el capitalista acumula sus billetes en casa, el mismo, ya renuncia a los intereses. Segundo, en contra el temor del capitalista por su plata, solo hay que imaginarse las noches de insomnio del acaparador papel moneda, que tiene acumuladas grandes sumas de dinero en casa y vería amenazado constantemente su patrimonio por ladrones, asaltantes, allanamientos domiciliarios, incendios e inundaciones. Estoy convencido de que el hombre de bien no resistiría mucho tiempo estas zozobras y encontraría pronto el camino al banco del estado[46]. El banco del estado llena un vale y se responsabiliza por la existencia, pero no por intereses de cualquier índole. Por lo demás, cada cual tiene una tercera posibilidad, que es la de trabajar con su dinero, crear valores y producir bienes, participar en empresas industriales, hacer cada vez mas rica y hermosa su vida, fomentar el arte y la ciencia, en fin, apartándose del culto del mammonismo, emplear su dinero en forma provechosa.
Pero, de cualquier modo, puede ser que para determinados fines se presente urgentemente la necesidad de capital privado, por ejemplo, para la experimentación de inventos, fundaciones de empresas por parte de jóvenes y eficientes obreros, industriales, etc.
Por otro lado, ¡esto no tiene nada que ver con el quebrantamiento de la servidumbre del interes! Porque hay que admitir por lógica que el capitalista, quien después del quebrantamiento de la servidumbre del interés ya no tiene oportunidad de colocar sus fondos a prueba de bomba y especular con el goce perezoso, estará inclinado mucho mas que antes a arriesgar su dinero para tales fines, que por consiguiente una escasez o necesidad en esta dirección se producirá mucho menos que hasta ahora, ¿o no es que por el contrario de los empresarios mas eficientes, de los inventores mas inteligentes se ha oído siempre la queja de lo difícil que es conseguir en el estado mammonistico dinero para tales fines, cuando no puede ser garantizada una “renta”? Además, ha de ser misión del estado venidero apoyar el progreso de toda persona capaz mediante generosa ayuda.  Para esto, en verdad, ya hubo hasta ahora en el viejo estado burocrático[47] algunos comienzos, pero tan mezquinos, que generalmente en lugar de una promoción resultaba una traba insuperable a causa de las disposiciones que acompañaban el otorgamiento de apoyo oficial.  Hagamos notar, finalmente, que disponiendo de algunos millones se podría lograr muchísimo. La alegría para el trabajo, la aplicación y la tenacidad del inventor, del ingeniero, del artesano, etc., alemanes es tan grande, que por el derecho de participación del estado en los resultados de inventos felices es altamente probable que los gastos efectuados serian reintegrados con creces (Inglaterra como ejemplo).
El quebrantamiento de la servidumbre del interés conduce necesariamente al consumo de la fortuna.
¡Oh! ¿Quien afirma esto? O, pues, bien ¡si! Para el que ha programado su vida en base al consumo de los intereses de su capital y no puede decidirse a trabajar, por cierto, esto es exacto; ese termina completamente con su fortuna en 20 años con un consumo anual del 5 por ciento. Si, pero eso esta en orden. Es que queremos precisamente el quebrantamiento de la servidumbre del interés, queremos que el estado de rentista deje de ser el mas alto ideal del ciudadano. Es que queremos terminar con este encenagamiento mammonistico, es que ya no queremos sufrir que uno, que muchos puedan vivir perpetuamente cómodos solamente de sus intereses de préstamos, es decir, ¡a costa de otros!
Vuelvo sobre el punto: tampoco es verdad que el quebrantamiento del dominio del interés conducirá a la anulación y al consumo de las fortunas, al contrario, el quebrantamiento de la servidumbre del interés impulsa la formación de capital en base al trabajo creador de valores y productor de bienes liberados de los eternos tributos de intereses. El quebrantamiento de la servidumbre del interés conduce, como hemos visto, a un abaratamiento radical de toda la vida, y nos alivia del excesivo peso de impuestos, de tal modo, que para toda persona trabajadora en el futuro la posibilidad de hacer ahorros tiene que ser mayor que hasta ahora. ¡Algo más! El trabajo productor de bienes y valores de la economía comunitaria en la industria, comercio y oficios no es trabado de ninguna manera por el quebrantamiento de la servidumbre del interés, sino, a la inversa, promovido en todo lo posible.
¿Que gana el trabajador si los capitalistas ya no reciben intereses?
¡Esta pregunta, en realidad, ya no debería haber sido formulada! Primero, fue por cierto siempre al constante grito de batalla de los obreros que los capitalistas explotan a los trabajadores. Según hemos visto clara y precisamente, que justamente el trabajador es requerido en medida preeminente bajo forma de impuestos indirectos para el pago de los intereses prestamistas.
Los lazos familiares se debilitan y rompen si no se puede dejar en herencia una fortuna a los hijos.
Pues bien, ¿como se presenta aquí el caso? De una manera muy general pienso que el dinero tiene poco o nada que ver con el espíritu de familia, ¿o es que se ha oído que niños de padres pudientes tienen mas cariño por sus padres que los de padres pobres, o es que lo padres ricos aman mas a sus hijos que los de pocos recursos? ¿Que será mas importante para los hijos, que los padres les prodiguen una educación lo mejor posible y les hagan aprender algo sólido, transformándolos en personas laboriosas, sanas y valientes, o que les dejen en herencia una bolsa de dinero lo mas grande posible? En particular habrá de ser reconocido, sin duda, un afán justificado de asegurar también económicamente el futuro de los hijos. Este afán, o sea el sentido de ahorro de los padres para sus hijos, no es de ninguna manera afectado negativamente por el quebrantamiento de la servidumbre del interés, antes al contrario. La posibilidad de ahorros se hará mayor cuando nuestra economía comunitaria este liberada del peso de la servidumbre del interés, que todo lo abarca. Hemos visto ya en el ejemplo del hombre de 10.000 marcos de ingreso y 5.000 marcos de renta que todos los patrimonios medianos y pequeños son despojados efectivamente por vía de los impuestos directos e indirectos, del alquiler, etc. No puedo repetir con demasiada frecuencia: el interés prestamista de las fortunas pequeñas y medianas es un embuste, un auto-engaño, un círculo fatal, pero satánicamente el gran capital prestamista ha difundido y proclamado la creencia en la santidad e invulnerabilidad del interés a través de la prensa que le es devota en todo el mundo. Deja participar a cada cual aparentemente del hermoso, embriagador goce del interés, para adormecer la mala conciencia que siempre esta unida infaliblemente con el goce perezoso, sin esfuerzo, del interés, para ganar compañeros de lucha cuando se trata de la defensa de este supremo bien del mammonismo.  El funcionario, el hombre de estado diría: el estado no puede sustraerse a la obligación una vez contraída frente a sus acreedores.  ¿Que quiere decir obligaciones? ¿Es quizás más moral contraer obligaciones de las cuales el estado debe saber de antemano que solo puede cumplir estas obligaciones cuando le vuelva a quitar el interés a los acreedores por el mismo monto mediante impuestos por vía directa o indirecta? ¡¿Donde esta ahí la moral?! O no es quizás mas honesto confesar: los intereses solo los puedo pagar cuando recaudo otros tanto impuestos, pero como durante la guerra necesite imperiosamente dinero, por eso cometí el engaño del empréstito de guerra; perdona, pues, querido pueblo, al final fue por ti, y ahora no vamos a seguir jugando a las escondidas, yo, el estado no pago intereses y tu, el contribuyente, no necesitas pagar impuestos para los intereses, esto simplifica mucho nuestros negocios, nos ahorramos el enorme aparato impositivo e igualmente el extraordinario aparato del servicio de interés. ¿Trato hecho, verdad? Y usted señor Scheidemann en otra ocasión no pondrá en toda columna de avisos su nombre como secretario de estado del viejo gobierno comprometido debajo de ridículas declaraciones referentes a la seguridad e intangibilidad del empréstito de guerra. Se lo se compromete a si mismo, el provecho de todo el fraude lo tiene por cierto solo y exclusivamente el gran capital prestamista.
El economista político y experto bancario declarara el quebrantamiento de la servidumbre del interés de los empréstitos de guerra y deudas del estado como imposible, porque ello será equivalente a la bancarrota estatal.  Usted perdone: ¡de cualquier modo estamos en bancarrota estatal de acuerdo con sus palabras, o lo habremos de estar! Una declaración publica de bancarrota estatal, empero, seria la mayor estupidez que podríamos hacer; agregaría prematuramente a la efectiva incapacidad de los actuales mandatarios también la confirmación histórica de esta incapacidad.  ¿Para que declarar la bancarrota, si he pasado del bolsillo derecho del pantalón al izquierdo mis 3 marcos? ¡No por eso tengo que declarar la bancarrota del bolsillo derecho del pantalón!  ¡No fue en verdad distinto con el empréstito de guerra! El Reich saca de los bolsillos del pueblo los primeros realmente existentes miles de millones, después volvieron a refluir los fondos; luego vino el nuevo empréstito, y de nuevo refluyo el dinero; otra vez se puso en acción la bomba y succiono los miles de millones, y de nuevo vino la marea roja, hasta que finalmente, tras haberse repetido el juego nueve veces, el estado había contraído 100 mil millones de deudas. A cambio de ello, el pueblo tenía en manos 100 mil millones de papel hermosamente impreso. Al principio se hizo la ilusión de que se había vuelto tanto y tanto mas rico, después vino el estado y dijo: “es terrible, tengo 100 mil millones de deudas y estoy frente a la bancarrota”, pero ¿y por que? ¡Si eso es solo un auto-engaño! Yo mismo, por cierto, nunca puedo estar en bancarrota por más que pase mi dinero de un bolsillo a otro. De modo que referente a la bancarrota estatal con vista a nuestras deudas internas del empréstito de guerra nos podemos tranquilizar plenamente. Por ese motivo no necesitamos declarar una bancarrota estatal, y el trabajo gigantesco con los tontos intereses y los grandes, pero aun más tontos impuestos nos lo podemos realmente ahorrar. ¡Librémonos, pues, de una vez de atender los negocios del gran capital prestamista! Solo el gran capital prestamista saca provecho de este embuste de empréstito-intereses-impuestos, pues a el le queda un buen pedazo de dinero, y este excedente lo paga el pueblo trabajador bajo forma de impuestos indirectos; el pequeño y mediano industrial, empero, simplemente continua aprisionado en el circulo vicioso.
El economista político dice: el quebrantamiento de la servidumbre del interés no es posible que lo realicemos nosotros en Alemania solamente; esto tiene que ser llevado a cabo internacionalmente, de lo contrario, perdemos todo crédito, el capital se evade y nosotros tenemos que cumplir frente al exterior con nuestras obligaciones de intereses. 
Reconozco que yo mismo durante mucho tiempo no he visto claro en esta cuestión. Es la cuestión más fácil, porque nos pone en correlación con el resto del mundo, sin embargo, la cosa tiene dos aspectos. Por una parte la idea del quebrantamiento de la servidumbre del interés es el grito de batalla de todos los pueblos productores contra la servidumbre internacional del interés del dinero, y por la otra es el remedio radical para nuestra miseria financiera interna. Y en realidad no hay razón para no hacer uso de un remedio solamente porque el vecino igualmente enfermo no lo aplica simultáneamente. No seria sino tontería consumada si en Alemania continuáramos dando vueltas en el círculo loco, pagando impuestos e intereses, si hemos reconocido claramente que esta graciosa actividad redunda exclusivamente en beneficio de los grandes capitalistas. De modo vayamos adelante con nuestro ejemplo liberador, liberémonos de la servidumbre del interés del dinero, y pronto veremos que la fuerza de este pensamiento liberador inducirá a los pueblos de la tierra a seguirnos.  Hasta estoy convencido de que nuestro comienzo, si este comienzo no es reprimido por los mammonistas alemanes, arrastrara consigo con irresistible necesidad a los otros pueblos.
El espatarquista (miembro de la liga Spartakus, comunista) dice: toda la idea no resulta sino en una preservación del capital, después queda todo como antes, el pobre no tiene nada y los ricos quedan. 
Si, mi amigo, es de cualquier modo difícil discutir contigo si en verdad eres comunista en lo mas intimo del alma, es decir que realmente quieres que “todo sea de todos”, si a este respecto hasta conoces los verdaderos pensamientos de los grandes dirigentes bolcheviques en Rusia, especialmente de Lenin, y los consideras justos, o sea que consideras humanamente posible los objetivos próximos de la republica soviética señalados por Lenin de la “contabilización y control general de toda la producción y distribución”.  Pero si ves perfectamente claro que este objetivo, de ser realizable, lo es solo en el mas horroroso estado tiránico, y entonces continuas siendo en lo mas hondo del corazón un comunista convencido, entonces no vamos a seguir discutiendo, simplemente no nos entendemos, hablamos una lengua extraña y el futuro decidirá si se impondrá el estado de los chalecos de fuerza que puede surgir en último caso del caos bolchevique, o el estado nuevo esperado por mi, con una economía comunitaria liberada de la servidumbre del interés. Pero si en el fondo de tu alma eres honesto, su aun posees pensamientos y anhelos por tu mujer e hijos, por un alma humana que este mas próxima a ti que un esquimal o cafre zulú, si durante el trabajo de fabrica bajo el mando del director soviético piensas que, no obstante seria hermoso tener una casita propia, un pedazo de tierra florida, si en lo mas hondo de tu alma no te puede dar una real satisfacción que como perro de la calle has de tener el derecho de usar a cualquier perra, quiero decir mujer, que cruce tu camino, si piensas solamente en ahorra algo de tu jornal, que entonces será tuyo, entonces ya no eres comunista, entonces ya has quebrado en tu corazón con tu consigna proclamada en alta voz “todo pertenece a todos”, entonces no quieres que todo pertenezca a todos, quieres que lo que deseas, mujer, hijos, casa, finca, ahorros, los tengas ya o recién esperes tenerlos, entonces, en fin, también han de pertenecerte a ti solo. Y ves, pues, mi amigo, si muy en tu interior dudas de que no te seria del todo indiferente que el primero que se presente venga y sencillamente te quite lo que has ahorrado en nombre de “todos”, te traiga otro niño y se lleve el tuyo, porque todos los niños pertenecen a todos, si es así, mi amigo, no hablamos ya cada uno un lenguaje diferente, entonces podré pedirte que examines alguna vez la idea de si el mensaje comunista de que todo ha de pertenecer a todos debe significar el fin de toda cultura, si la falta de todo concepto de propiedad con lógica concluyente no ha de rebajar al hombre a la escala del animal.
Si todo pertenece a todos, si se podría por coerción obtener un control y contabilización de toda la producción y distribución oficial en el sentido de Lenin, en el mejor de los casos se llegaría a un estado de hormigas.  Pero entonces también podemos renunciar al lenguaje, abandonar nuestra alma, nuestros pensamientos, para mudos e instintivamente realizar nuestro trabajo forzado. El fin del hombre habrá llegado.  Pero ahora basta, amigo espartaco. Deja que esta reflexión fundamental se adentre en tu corazón y tu cerebro. Una respuesta mas precisa a tu pregunta la hallaras en las respuestas a las restantes objeciones. 
Y ahora, vosotros compañeros de las dos ramas socialistas, moderados e independientes, no puedo imaginarme que de vuestro lado pueda provenir una contradicción u objeción contra el quebrantamiento de la servidumbre del interés, y sin embargo, yo debo discutir en lo fundamental con vosotros, con todo el ideario socialista empezando por Marx hasta los dirigentes actuales de Ebert, Scheidemann, Kautzsky, etc.
La voluntad socialista: elevación de la clase trabajadora, es una idea absolutamente victoriosa; hasta aquí estamos de acuerdo.
Los caminos tomados para la consecución de este gran objetivo son casi todos erróneos, porque están basados en premisas falsas, la idea marxista conduce consecuentemente al comunismo, es decir a la ruina. Pero como la socialdemocracia dice sostener otra meta, la elevación de la clase obrera, más bien de todo el pueblo trabajador, esta ahora ante un terrible dilema interno, porque las consecuencias lógicas del marxismo conducen directamente a lo contrario de lo que es la meta practica del movimiento obrero.
De este desgarramiento interno resulta la inseguridad pública en la conducción del gobierno.
Contra spartakus, y el comunismo bolchevique debe ser tratado, en razón de la gran meta práctica (elevación de la clase obrera) una línea nítida, y sus métodos, combatidos con toda potencia. Pero la socialdemocracia organizada sindicalmente se siente hoy débil frente a estos grupos radicales, porque tomo el razonamiento marxista como fundamento de la educación, y porque lógicamente todos los razonamientos marxistas conducen al comunismo. Ahora la prueba: el punto segundo dice que los caminos seguidos por la socialdemocracia son casi todos erróneos.
La campaña de azuzamiento realizada de un modo absolutamente general ha conducido a una profunda escisión de la población dentro del mismo país, los siempre repetidos insultos contra los dadores de trabajo de toda índole, y hasta de toda profesión como explotadores y vampiros del obrero manual, supuestamente el único que trabaja, ha conducido a un resentimiento injustificado y también a una sobrevaloración de la clase obrera, que hoy en día encuentra su expresión consecuente en la demanda de la “dictadura del proletariado” (manifiesto comunista). La demanda mas esencial del programa de Erfurt (el traspaso de los medios de producción de la propiedad privada a la comunidad) se ha condensado hoy en el grito por la “socialización”.
Que la socialización integral significa nuestro hundimiento económico, la bancarrota estatal total, es perfectamente claro para todo político honesto. Pero no se atreven a confesar esto abierta y francamente al pueblo.
No socialización[48], sino desocialización debería ser ahora la consigna.  Así se trata de compensar mediante fantásticos proyectos de interés los evidentes fracasos de toda socialización y expropiar por este conducto por segunda vez a los expropiadores. Esto, sin embargo, no significa otra cosa que exponer toda la economía comunitaria a la ruina completa. En lugar de un aumento, de una duplicación de la producción (tal como toda la literatura socialista la prometió para la época después de la revolución), no puede ni hablarse: ha sucedido justamente lo contrario. Lo pero, empero, seria que el actual gobierno “socialista” pensara en la negociación de grandes empréstitos extranjeros. Con ello no solo quedaría sellado nuestro hundimiento económico, sino que también nos pondríamos en forma completa en la servidumbre de la ententé, de la cual no habría salida[49]. La falta esencial, el error fundamental sobre el cual esta basado toda esta absurda cadena de conclusiones, demandas y promesas al pueblo, es la posición completamente equivoca frente al capital industrial y prestamista. El manifiesto comunista, el programa de Erfurt, Marx, Engels, La Salle, Kautzky, etc., no han reconocido la profunda diferencia entre el capital industrial y capital prestamista.
En este punto debe reorientarse toda la socialdemocracia, este error fundamental debe ser reconocido y admitido clara y sinceramente, sin titubeos. Pero, entonces, también deben sacarse sin miramientos las únicas posibles conclusiones. Estas significan el apartamiento radical del insensato y completamente erróneo ataque violento contra la industria, contra los dadores de trabajo; trabajadores y dadores de trabajo forman un conjunto, tienen la misma meta, el trabajo la producción, pues sin producción, sin trabajo, no hay vida, no hay cultura, no hay ascenso posible. Los lógicos e inevitables antagonismos entre hombres, precisamente porque son hombres, son mucho menos importantes que el gran interés común entre dador de trabajo y tomador de trabajo. Estos opuestos pueden y pudieron ser solucionados por vía del acuerdo tarifario y de la organización empresarial.
No podemos continuar aquí el análisis de estas cuestiones secundarias. Solo queremos constatar una vez más que el interés de toda la clase obrera tiene exactamente la misma orientación que el de nuestra industria nacional, de nuestra economía comunitaria nacional.
El que enseña de otra manera y pone los opuestos entre dador de trabajo y tomador de trabajo como mas importantes en primer plano, peca de manera irresponsable precisamente contra los trabajadores, pues con ello pone el hacha en la raíz del árbol que nutre y sostiene la clase trabajadora.  Pero esto es lo que ha hecho la socialdemocracia, y con ello ha cargado sobre si, la eterna culpa frente a la clase trabajadora alemana, con ello ha acarreado miseria indecible sobre nuestro pueblo, porque no puede cumplir ninguna de sus promesas, porque no puede traernos la paz de la conciliación, porque no nos puede procurar trabajo, porque de todos modos tiene que volver a elegir un poder armado, porque no puede prescindir del estamento de los funcionarios y empleados, porque debe exigir la obligación del trabajo, porque del derecho al voto general igual y directo para hombres y mujeres de mas de 20 años no puede vivir nadie[50], porque sin la seguridad garantizada por el estado de la persona y de la propiedad, deben producirse situaciones caóticas, porque sin rango y subordinación del individuo no es posible la vida social.
Así pasa una ola de desilusión profunda, desesperada, a través del todo el pueblo, y aunque muchos están lejos de ver claro al respecto, hasta ministros, delegados y “representantes del pueblo” se siguen mintiendo alegremente unos a otros afirmando que hay que proteger de la “reacción” las “conquistas de la revolución”; conceptos ambos acerca de los cuales ningún hombre de estado honesto podría decir claramente al pueblo que es lo que entiende por ellos.
Las actividades negativas de la revolución, la destitución de dinastías caducas, la abolición de la nobleza, la disolución del ejercito, en suma, la “gran demolición”, no es que digamos una “conquista”. ¡¿Y la reacción!?  El barrido régimen decadente, “por la gracia de dios”, no tiene en ninguna parte del pueblo suficiente respaldo moral como para llegar a cualesquiera acción enérgica; la burguesía es demasiado cobarde, moralmente demasiado corrupta como para animarse a una oposición a los trabajadores conscientes de su clase; de modo que la clase reinante de los “trabajadores” no tiene por que temer una reacción dinástica o burguesa.  Pero el profundo desengaño del pueblo sobre las así llamadas conquistas de la revolución, es decir, sobre la ausencia de todo real mejoramiento de la situación del pueblo, este es el gran peligro; este desengaño conduce a las grandes masas cada vez mas a la izquierda, donde se sobrepasara ampliamente lo visto hasta ahora en cuanto a promesas.
En definitiva, no se puede prometer mas el “todo a todos”. Eso es pura locura; toda idea, toda manifestación, toda actividad exagerada al máximo se vuelve finalmente locura y se convierte luego en su contrario. Así pasa también con la idea comunista de que todo ha de pertenecer a todos, pues este pensamiento termina y desemboca en ultimo termino en que todos no tienen nada. El hambre la desesperación, la miseria, la enfermedad y la penuria han hecho su entrada en Rusia; los seres humanos han perdido la alegría y hasta la voluntad de vivir[51].
Repito: el inmenso error fundamental del ideario socialista es, en último término, el desconocimiento de la honda diferencia esencial entre el capital de la industria y el capital prestamista. El capital prestamista, devorador de intereses, es el flagelo de la humanidad; el crecimiento eterno, sin esfuerzo y sin fin, del gran capital prestamista, conduce a la explotación de los pueblos, no al capital empresario industrial productor, creador de bienes. No puedo dejar de lado aquí de investigar el problema, planteando el interrogante de por que esta diferencia no ha sido reconocida; si realmente no fue reconocida, o si hasta quizá ha sido ocultada en favor del gran capital prestamista, si los conductores, los agitadores en la lucha contra el capitalismo, si los autores del manifiesto comunista, del programa de Erfurt y los dirigentes han procedido siempre con la escrupulosidad requerida.
Es de lo más grave que se ponga en duda la honestidad y seriedad de convicción de otros, y esto resulta tanto mas duro cuanto con mayor cuidado uno investiga las causas y las relaciones. Por eso no quiero tampoco yo mismo dar una respuesta a estas preguntas, sino señalar meramente las grandes y oscuras vinculaciones, con las palabras de Disraeli, el gran primer ministro Ingles lord Beaconsfield. Este escribe en su novela “Endymien”:
“nadie debe tratar el principio racial, la cuestión racial, con diferencia.  Ella es la clave para la historia mundial. Y solamente es con frecuencia tan confusa la historia porque ha sido escrita por gente que no conocía la cuestión racial, como así tampoco los factores que a ella pertenecen”.
El burgués
El burgués, para quien la tranquilidad es el deber del ciudadano, como siempre cuando se trata de un pensamiento nuevo, de una demanda revolucionaria nueva, seguramente ha de estar horrorizado; lo expuesto significa para el desasosiego, pues hasta quizá tendría que ponerse a pensar al respecto. Todo cambio le resulta odioso, quiere tener su tranquilidad, y ¡ay del que toca su bolsillo! Ahora hasta se le quiere quitar sus intereses, su renta de la casa, sus intereses hipotecarios, sus intereses prendarios, en suma, lo que es su tranquilidad, su bienestar y su dicha.
De modo que no podemos dejar de examinar lo que habrán de decir los miembros de las clases poseedoras del capital prestamista. Forman sin embargo, abstracción hecha del bourgeois propiamente dicho.  Bourgeois es un tipo humano con el que no se puede hacer ya nada, el bourgeois es una rama en el árbol de la humanidad que cuanto antes se corte mejor será, son ellos los pequeños burgueses satisfechos, autocomplacientes, con su horizonte mezquino, que no son capaces de ningún entusiasmo, personas que pasan sus días en una eterna uniformidad con café, diario matutino, chop de la mañana, hoja del mediodía, almuerzo, siesta, cortar talones de libreta de cheques, chop vespertino, mesa de parroquianos habituales, mucho cine, sin comprensión para todo lo que mueve el mundo, lo que anhela la juventud, lo que necesita el pueblo, el, estado, la sociedad, despreocupado por guerra y victoria, encenagado, idiotizado, arrogante y sumiso al mismo tiempo- una clase tan amplia que es imposible pasarla por alto[52].
He aquí la objeción: por el quebrantamiento de la servidumbre del interés se aniquila el sentido del ahorro y la persona termina en el asilo.  Que el quebrantamiento de la servidumbre del interés tenga en general su influencia sobre el espíritu ahorrativo, debe ser negado decididamente. El espíritu de ahorro tiene tan poco que ver como, por ejemplo, el despilfarro con los conceptos económicos imperantes.
Espíritu ahorrativo y disipación son cualidades humanas que o bien existen o faltan, indistintamente si una época predica la idea del interés o la desautoriza.
En tiempos de transición bien puede destacarse un aumento o disminución del espíritu ahorrativo. Pero en el caso dado me inclino mucho mas a considerar que una persona razonable, con aptitudes para la economía, se diría lo siguiente: en el futuro ya no puedo contar con que podré vivir solo de mis intereses, pero quiero seguir viviendo en el futuro y también dejar algo a mis hijos, por consiguiente, debo ahorrar ahora. Este efecto debe tener en mi opinión el quebrantamiento de la servidumbre del interés sobre la mayoría de las personas, porque de lo contrario dependerán en la vejez de la ayuda oficial. Debo recalcar en la forma mas enérgica nuevamente que con el actual gravamen de la propiedad por impuestos directos y de toda forma de vida por impuestos indirectos no queda nada de los hermosos intereses, excepto cuando, y eso es precisamente lo injusto que debe ser combatido, todos los ingresos fluyen únicamente de la eterna renta de capital, de modo que una disminución del espíritu ahorrativo seguramente no habrá de temerse.
¿Es que el (aborrecible) gran capital es realmente tan estéril, no ha creado también los medios para admirables progresos que dan mayores frutos para la humanidad de lo que importa el interés del capital prestamista?  ¡No! Formular la pregunta prueba solamente que la fraseología mammonistica ha empañado nuestra clara mirada.
El gran capital no ha creado los medios para los admirables progresos, ¡sino que el gran capital ha crecido del trabajo! Todo capital es trabajo acumulado. El gran capital es en si mismo improductivo, porque el dinero en si es una cosa completamente improductiva. De espíritu, trabajo y materias primas o riquezas del subsuelo existentes o ya adquiridas por el trabajo, han sido creado valores, producido bienes, mediante trabajo y solamente mediante trabajo[53].
Pues si sobre la tierra de labranza más fértil, en la mina de carbón mas rica se echa la cantidad que se quiera de dinero, el campo no da trigo, la mina no arroja por si misma carbón! Tengamos, por fin, esto bien sabido.  Si los hombres han inventado el dinero, esto es muy ingenioso y sensato;
Pues en toda economía complicada se necesita de este (reconocido en forma general) “vale por trabajo realizado”. Pero, que a estos “ricos en dinero” les ha de ser inherente la capacidad de crecer por lo mismo hasta un grado monstruoso, y esto lo hace el dinero cuando devenga interés, esto es contra lo que nuestro mas intimo ser se rebela, esto es lo que alza al dinero muy por encima de todos los otros fenómenos terrenos, esto es lo que hace del dinero un ídolo. ¡Y todo ello no es sino el autoengaño mas monstruoso de la humanidad! Nada, absolutamente nada puede hacer el dinero por si mismo.  La mesa, el armario, la ropa, la vivienda, las herramientas, en suma, todo lo que nos rodea tiene algún valor; la mesa mas vieja, por cierto, puede servir de leña y darnos calor, pero con un billete de veinte marcos no se puede hacer nada, ni siquiera sirve para envolver un pedazo de queso.  Recién desde que los hombres han acordado ingeniosamente, para facilitar el intercambio de bienes para el consumo, extender vales por trabajo efectuado, recién con ello el pedacito de papel adquiere sentido y gracia, y es muy sensato que el campesino reciba de la mina de carbón por su trigo, no un trozo de carbón, sino dinero, o sea un bono por otro trabajo realizado, por ejemplo, horcas, arreos, arado y guadaña.  Pero con ello ha de terminar el poder del dinero.  De modo que no es el dinero el que ha efectuado los admirables progresos de la humanidad, sino que los hombres lo han hecho, su espíritu audaz, su animo emprendedor, su pensamiento inteligente, la fuerza de sus manos, su trabajo en común, o sea social. Así, orgullosa y claramente, hemos de ver las cosas. Los hombres lo hicieron, no, ciertamente, esos miserables pedacitos de papel que los hombres inventaron para simplificar la economía.
Programa ulterior.
El quebrantamiento de la servidumbre del interés no es, empero, la ultima meta de la nueva política, aunque es la acción mas radical, la única acción capaz de unir a todos los pueblos en una verdadera liga de las naciones, contra la tiranía del mammonismo que abarca y envuelve a todos los pueblos.  Pero no es lo último. Pero el quebrantamiento del interés debe preceder todos los pasos posteriores porque, como hemos visto, toma el mal mundial en la raíz, y más, en la raíz principal.
Recién cuando se haya cumplido la demanda del quebrantamiento de la servidumbre del interés, quedara abierto el camino para el estado social.  Esto debe ser claramente reconocido e impuesto a despecho de todos los poderes mammonisticos. Un estado socialista sobre un fundamento mammonistico (el grito por la socialización no es mas que la tentativa de llegar a la trustificación[54] de todas las industrias y formar en todas partes consorcios gigantescos, sobre los cuales naturalmente también en el futuro, a pesar de todos los impuestos a los bienes, nuevamente el gran capital prestamista tendrá la influencia decisiva)[55] es un absurdo y conduce por necesidad natural a un compromiso entre la socialdemocracia fuertemente contaminada por el mammonismo y el gran capital.  Nosotros, por el contrario, exigimos el apartamiento radical del estado mammonistico y la construcción de un estado según el verdadero espíritu del socialismo, en el que la idea fundamental dominante es la obligación alimentaria, donde una antigua exigencia básica socialista puede encontrar su satisfacción sensata y atinada, en tal forma que a todo miembro de la comunidad se le reconoce su derecho a la tierra patria a través de la mediación del estado en la obtención de las substancias alimenticias mas importantes[56].
Exigimos, además, como esqueleto para el nuevo estado una representación popular a través de la cámara de delegados del pueblo, que han de ser elegidos sobre la base más amplia y junto a ella una cámara permanente del trabajo, el consejo central, en el cual el pueblo trabajador expresa su palabra de acuerdo con su clasificación profesional y estructura económica. Finalmente, exigimos la responsabilidad máxima para los conductores del estado. De esta nueva estructura estatal sobre fundamento social-aristocrático se ocupara un ulterior trabajo, que aparecerá próximamente en esta misma editorial. La premisa, no obstante, para toda esta obra constructiva es siempre el quebrantamiento de la servidumbre del interés.
Mi fe inquebrantable, no, mas aun, mi saber, me hace reconocer claramente que el quebrantamiento de la servidumbre del interés no solo se puede lograr por la fuerza, sino que en todas partes ha de ser y será recibido con indescriptible jubilo, pues recordemos bien: al contrario de todas las otras ideas, movimientos y tendencias que persiguen el mejoramiento de la especie humana, mi propuesta no trata de mejorar la naturaleza humana, sino que se vuelve contra una sustancia venenosa, contra una manifestación que, enteramente opuesta al intimo sentir del hombre, ha sido inventada artificialmente, no, demoníacamente, para enfermar a la humanidad, para enredarla en lo mas hondo del materialismo, para robarle lo mas preciado que tiene, el alma. Paralelamente con ello se ha desarrollado la terrible, inmisericorde, tiranía de los poderes del dinero, para quien los hombres no son sino esclavos del interés, solo están para trabajar para la renta, para el interés.
Profundamente conmovidos reconocemos la terrible claridad y verdad de las antiguas predicciones bíblicas, de acuerdo con las cuales el dios Yahve promete a su pueblo elegido: “te daré en propiedad todos los tesoros de la tierra, a tus pies han de yacer todos los pueblos de la tierra y tu reinaras sobre ellos”.
Este problema mundial esta ahora expuesto ante todos vosotros. Los problemas mundiales no se resuelven en un abrir y cerrar de ojos, pero la idea es clara como el día. Y la acción debe ser preparada cuidadosamente, debemos hacernos cargo de que estamos frente al más formidable enemigo: las potencias del dinero que abarcan el mundo entero. Todo el poder del lado contrario, de nuestra parte solamente el derecho, el eterno derecho del trabajador creador.

¡Tendedme las manos! Trabajadores de todos los países, ¡uníos!




[1] Ya en esa época, 1919, se reconocía la misma problemática actual, la única diferencia es que sus ejecutores, como siempre ocultos en las sombras, no eran identificables con los nombres oficiales que conocemos hoy. A esto mismo que hoy conocemos como CFR, Trilateral, Bildelberg, etc, Feder lo llamó “Internacional Dorada” y Perón “la sinarquía”.
[2] Estos señores tienen nombre y apellido. Ellos, sus descendientes o sus empresas son los titulares de la mayor parte del paquete accionario del Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos (un banco privado). La lista es la siguiente: Rothschild Bank of London, Warburg Bank of Hamburg, Rothschild Bank of Berlin, Lehman Brothers of New York, Lazard Brothers of Paris, Kuhn Loeb Bank of New York, Israel Moses Seif Banks of Italy, Goldman Sachs of New York, Chase Manhattan Bank of New York, Warburg Bank of Amsterdam, First National Bank of New York, National City Bank of New York, National Bank of Commerce of New York, Hanover National Bank of New York, Chase National Bank of New York, Paul Warburg, Levi P. Morton,George F. Baker, Mrs. G. F. St. George, Katherine St. George, J. P. Morgan (Equitable Life/Mutual Life), James Stillman, Mary W. Harnman, A. D. Jiullard, Jacob Schiff, Thomas F. Ryan, William Rockefeller, M. T. Pyne, Percy Pyne, J. W. Sterling, H. P. Davidson, Edith Brevour T. Baker.
[3] Dichas potencias están muy bien descriptas en la obra de Adrían Salbuchi “El Cerebro del Mundo”, libro que recomiendo.
[4] Hoy, la sumatoria de todos los bienes “reales” que existen sobre el planeta – inmuebles, industriales, mineros, productivos, etc – arroja un valor en dólares de 45 billones  (de los nuestros). La suma de todos los “bienes virtuales” – dinero impreso, dinero bancario, acciones, valores bursátiles, bonos de todo tipo, opciones a futuro, etc – arrojan un valor de 450 billones; o sea, esta burbuja virtual se encuentra inflada unas 10 veces.
[5] Para nosotros el más claro ejemplo de este “anatocismo” (agregado de intereses sobre intereses) es nuestra deuda externa.
[6] Peor nos fue a nosotros, que durante los últimos 25 años nos han lavado la cabeza con el cuento de que las empresas no pueden estar en manos del estado. Hoy nadie puede negar que somos rehenes de las empresas privatizadas, que nos cobran lo que quieren, y los dividendos de esa explotación que hacen del pueblo argentino huyen a las potencias centrales, para luego volver en forma de préstamos sobre los cuales debemos pagar más intereses.
¿Por qué no podemos abolir todo tipo de impuestos, y centrar los ingresos a las arcas fiscales solamente en el dividendo de la explotación de los servicios públicos, a favor de la comunidad?
Porque para estos señores neoliberales es una herejía que una empresa de estratégicos servicios públicos sea propiedad del estado y administrada de acuerdo al interés nacional, y no de acuerdo al interés de la usura internacional.
[7] Aquí esto es exactamente al revés, todo es privado, con un pseudo control del estado totalmente servil a sus intereses, y cuando no pueden hacer frente a sus obligaciones (devolver el dinero a los depositantes), piden al estado que implante un “Corralito y Corralón”, y que sea el estado el que cargue con la culpa de que los bancos privados no puedan devolver el dinero. ¡Inverosímil! ¿no? Y hay mas, hoy quieren terminar de dar su golpe de gracia con la privatización del Banco de la Nación Argentina.
[8] Para no mal interpretar esto, hay que tener bien en claro que cada vez que un banco da un crédito, está emitiendo dinero de forma “escriptural” (dinero que existe en los libros, pero que no necesariamente tiene existencia física). Por este motivo el dinero “real” (papel impreso con la cara de San Martín o de Roca) que existe en circulación es solamente un 10% del total de dinero circulando en el circuito bancario (por eso cuando todos fueron a buscar su dinero, el dinero no estaba). Entonces un banco privado está asumiendo el rol de “emisor de dinero”. ¿No es esta una facultad soberana del estado? ¿Cómo puede ser que un banco privado se ponga por encima del estado y emita dinero a su piacere? Y peor el caso Argentino, que los bancos privados al otorgar créditos en dólares ¡estaban emitiendo dólares!
[9] Sin comentarios….¿no es acaso el FMI quien nos dice que impuestos cobrar, cuanto porcentaje hay que descontarle a los jubilados y estatales (13%), cuanto aumentar las tarifas, cuanto devaluar y a cuanto tiene que cotizar el dólar?
[10] El autor hace referencia a la anárquica y sangrienta subversión bolchevique acaecida en noviembre de 1918. (nota del editor)
[11] En nuestro caso fueron las fatídicas promesas de primer mundo con la cual nos mantuvieron dopados durante la década menemista. 
[12] Hoy a este fenómeno se lo denomina bajo el eufemismo “Globalización”.
[13] A esta Internacional Dorada, hoy para ser mas suave Bush la denomina con otro eufemismo: “Comunidad Internacional”.
[14] Peor es nuestro caso argentino, en el cual nadie puede fijar a ciencia exacta el monto real de nuestra deuda como queda demostrado en la causa judicial “Olmos, Alejandro S/Deuda Externa”.
[15] Hoy día, luego de ver pasar delante de nuestros ojos a todo el siglo XX, esta relación es de 10:1, pero no circunscripta solo a Alemania como señala Feder, sino que a nivel mundial, grandes potencias incluidas.
[16] Argentina pagó en el 2001 14.000 millones de dólares, en el 2002 hizo una bicicleta, y en el 2003 solo Anne Krugger sabe cuanto pagaremos.
[17] También aquí se encuentra la clave para repudiar la deuda externa. El monto actual no parte de un convenio entre partes, sino mas bien de una demanda impuesta unilateralmente por el acreedor, mediante un arbitrario calculo anatocista de los intereses, aplicando una tasa que también es dispuesta en forma unilateral y arbitraria, y que nada tiene que ver con ninguna variable económica real.
Por esto podemos afirmar que al delito que hoy conocemos como “Deuda Externa”, no podemos dejar de encuadrarlo dentro de la figura penal de “exacción” (cobro injusto y violento).
[18] Las fuerzas de la usura internacional se las han arreglado para solucionar un viejo problema de la humanidad ganándole a las leyes de la naturaleza. Si se tiene una gallina, tiene cierto valor mientras ponga huevos, pero algún día la gallina morirá. La ventaja es que tal vez la gallina antes de morir se haya reproducido, y así se mantendrá el valor de la inversión, y con un trabajo arduo, se incrementará. Por otra parte, si tengo oro, nunca se morirá, ni perderá su valor, no habrá que trabajar, pero tampoco se reproducirá ni incrementará su valor. A través del mecanismo de la usura y la especulación han logrado algo que va contra cualquier ley de la naturaleza; “que el oro se reproduzca e incremente su valor”.
[19] Mas vivos fueron nuestros “Capitanes de la Industria” criollos, que evidentemente supieron que la forma de multiplicar su dinero no era produciendo y dando trabajo, sino que vendiendo su empresa a los capitales multinacionales y viviendo del interés producto de la colocación de la liquidación de su empresa en algún banco exterior. Lo que otrora fue símbolo de la “Industria Argentina” hoy ya no es mas que una sucursal de una multinacional, ej: Bagley, Terrabusi, Stani, La Serenisima,… y la lista es bien larga. ¡Menem lo hizo!
[20] Aquí hay que hacer una diferenciación bien importante, que si no comprendemos esto nunca vamos a comprender de que se está hablando. Capitalismo no es capital. El capital es el dinero en su forma de papel, imprescindible para cualquier emprendimiento. Capitalismo es que ese dinero, que no necesariamente será en forma de papel, provenga de un sistema sobre el cual hay que pagar interés. El capital bien puede provenir de un sistema libre de interés, por ejemplo de la emisión por parte del estado para fines productivos. Bajo el régimen actual el dinero solo proviene de un préstamo, o sea que cualquier emprendimiento productivo siempre nace como deuda, cual pecado original, y su rendimiento, en la mayoría de los casos, nunca podrá superar al interés que deberá pagar.
[21] Cuando Feder escribió este tratado, Alemania terminaba de perder en la 1ª guerra mundial, y por eso se la sometió a la esclavitud de la usura. Hoy Argentina con la deuda externa está sometida al mismo tipo de esclavitud, y nadie puede decir que es producto de haber perdido en la guerra por las Malvinas, porque este timo comenzó mucho antes, en 1955 con la caída de Perón. Para ser precisos, cuando Argentina adhirió al tratado de Breton Woods (creación del FMI) en 1956; adhesión que Perón rechazó y allí podemos encontrar el verdadero motivo de su caída promovido por la usura internacional.
[22] Aquí es igual. Recuérdese el circo que implica la aprobación, cada año, de la ley de presupuesto, en la cual el “nolime tangere” son los intereses que cada año deberemos pagarle al fondo, siempre so promesa de que gracias al cumplimiento de dichos pagos el “primer mundo” nos recogerá en su regazo.
[23] Idem. Aquí cada vez que se acumula cierta cantidad de las mal llamadas “reservas”, porque no son más que papeles verdes en poder del banco central, inmediatamente aparece el debate de si se deben pagar los intereses de la deuda con reservas. Obviamente que siempre se termina pagando bajo la promesa de que dicho pago nos abrirá la puerta de nuevos créditos (????).
[24] Hoy las potencias de la usura han avanzado muchísimo en este tema. La quiebra de los estados nación soberanos no es hasta ahora una figura del derecho internacional. Y por eso las potencias usureras, con Anne Kruger a la cabeza quieren incorporar al derecho internacional la figura del estado en quiebra,  asimilando la legislación a la citada en el capítulo 11 de la ley de quiebras de los EEUU (ley que rige para las empresas), en la cual se dispone la liquidación de los activos. Y para colmo de males, toman a la Argentina como caso piloto, según queda demostrado en un artículo publicado en septiembre del 2002 en la revista del FMI titulado “Chapter 11 for Argentina”.
[25] ¡Que diferencia la nuestra! Tenemos un país rico, nuestro suelo nos proporciona todo y fundamentalmente tenemos a todo un pueblo con muchísimas, pero muchísimas, ganas de ponerse a trabajar.
[26] ¿Cuál es el verdadero respaldo de una moneda? ¿el oro, los dólares guardados en el banco central, o cualquier otro espejito? No. Lo único que debe respaldar al dinero emitido por una nación soberana es la capacidad de trabajar de su gente.
[27] Aquí, a través del lavaje de cerebro mediático que nos han hecho con respecto de que el estado es mal administrador y que las empresas para ser eficientes tienen que estar en manos privadas, se le ha amputado al estado una de sus principales y legítimas fuentes de ingresos. Que mejor que un estado que sea buen administrador de las empresas de servicios públicos, que a través de ellas pueda ejecutar un plan de desarrollo estratégico, y que fundamentalmente, gracias a las ganancias producto de la buena administración obtenga recursos para solventar todos los gastos estatales como ser educación, salud, justicia, seguridad, etc, sin necesidad de cargar a su pueblo con exigencias tributarias. Por otro lado, ¿no son acaso las empresas de servicios públicos en manos del estado una fuente de trabajo garantizada para los argentinos, sin necesidad de tener que regalar dinero a través de eufemismos tales como “planes trabajar” o “jefes de hogar”? ¡Estoy hablando de un país que a través de de una eficiente y honesta administración de sus empresas de servicios públicos sea libre de impuestos para todos sus habitantes!
[28] Los siguientes datos sobre el presupuesto estatal bavaro han sido extraídos en cantidades redondas del anuario estadístico bavaro del año 1913. Es este el último anuario estadístico aparecido antes de la guerra que da información exhaustiva acerca de las finanzas bavaras. Durante la guerra no aparecieron otras ediciones (nota del autor).
[29] El incesante incremento de los salarios y precios del material ha conducido a que el producto neto de los ferrocarriles estatales bavaros decayera en el año 1918 a 3 millones de marcos, frente al término medio de 80 millones de años precedentes. En Prusia, conforme a los informes del ministro de finanzas Simón hasta en lugar de la renta usual del importe termino medio de 700 millones de marcos, se ha presentado un déficit de 1.300.000.000 marcos. Por lo tanto, podremos pensar menos que nunca en una abolición inmediata de los impuestos directos e indirectos; mas que nunca debemos pensar en reducir de inmediato las nuevas deudas crecidas por la catastrófica política financiera mediante la recurrencia sumamente enérgica a las fortunas, en especial las mas grandes fortunas (nota del autor).
[30] En este punto, personalmente difiero con Feder. Sí es posible una sociedad con su recaudación basada en la venta de servicios públicos a la población por parte del estado y totalmente libre de impuestos. ¿Qué es un impuesto sino una forma moderna de esclavitud? Un servicio como la luz o el teléfono uno puede optar por consumirlo o no, y pagar solamente por lo que consume, pero ¿puede uno optar por no pagar el IVA al comprar productos básicos? Un impuesto sobre la propiedad, ¿no es una forma de ir expropiando el bien en cuotas? El impuesto a las ganancias, ¿no es castigar en lugar de felicitar a quien se esfuerza?
[31] Si realmente tomáramos conciencia de que cada vez que pagamos el precio de algo, una parte importante de ese precio ya de por si encarecido va a parar a las cajas de la usura para cubrir intereses, mucho mas rápido nos despertaríamos acerca de la estafa que significa el sistema financiero.
[32] Bien distante de este ideal es nuestra situación actual, en la que el dinero propio de un ahorrista jubilado de 70 años quedó atrapado en el corralito y el corralón, y no recibe por parte del estado ninguna forma de ayuda para solventar su supervivencia hasta el 2007, año en el cual podrá comenzar a cobrar sus la primera parte de sus Boden. ¡Y ni hablar de quien no sea jubilado o de edad avanzada, por más que esté desempleado!
[33] Esto es lo que terminaron siendo los Patacones, pese a que igualmente cargaban sobre sus espaldas la trampa del interés, que para sorpresa de Ruckhauf terminaron convertidos en una nueva moneda, y al ver lo bien que terminaron funcionando porque la gente los aceptaba (a falta de pesos), muchas provincias, incluso el estado con sus Lecop, terminaron copiando la emisión de títulos para ser usados como moneda.
[34] El economista germano-argentino Silvio Gesell, ideó a principios del siglo XX un muy buen sistema para evitar el atesoramiento del dinero de forma improductiva, a través de su depreciación por no circular. Esto está muy bien descrito en su tratado “El Orden Natural Económico”, libro que recomiendo. Hasta el mismo Feder, y también Keynes, reconocen en Gesell una fuente de inspiración.
[35] En las principales religiones, tanto cristiana, como judía y musulmana, se condena a la usura. Entonces ¿a que dios sirven estos señores capitalistas? ¿No es el mamonismo la más satánica de las expresiones humanas? 
[36] Hoy nos encontramos en un punto en el cual el mundo entrará otra vez en guerra. ¡Y la ventaja que plantean es que una guerra reactivará la economía estadounidense!
[37] A este derecho internacional capitalista vigente en la actualidad a través del “nuevo orden mundial”, se lo denomina con el eufemismo “globalización”. Y para que no queden dudas acerca de su supremacía imprimen su lema “NOVUS ORDO SECLORUM” en la unidad monetaria de los dólares en circulación.
[38] El acta de nacimiento del interés capitalista data de 1789: la Subversión burguesa acaecida en Francia consagro legalmente, de inmediato, el préstamo a interés, esto es, el principio básico del capitalismo que a través de ella había alcanzado el poder (nota del traductor).
[39] Lamentablemente Feder no vivió lo suficiente como para ver con sus propios ojos la forma en la que los usureros se superaron a si mismos, con el tratado de Breton Woods en 1946, a través del cual fundaban el FMI. Luego con este instrumento endeudarían a todos los estados del mundo.
[40] Por mas que a veces siento que nuestra gran oportunidad ya la perdimos en diciembre del 2001, no debemos temer a romper con la servidumbre del interés. No nos vamos a caer del mundo por romper con el FMI como el lavado de cerebro mediático nos quiere hacer creer. ¡El mundo es redondo y es imposible caer de él! Y tengamos la seguridad de que muchos países, principalmente todo el continente sudamericano nos seguirá en el ejemplo.
[41] ¿Son redituables las empresas del estado? A nosotros nos lavaron el cerebro durante todo el período pseudo-democrático pre-menemista que las empresas en manos del estado no podían estar porque eran ineficientes. Obviamente que en manos de corruptos, cualquier empresa privada o estatal será ineficiente. Pero la cuestión aquí pasó por otro lado. Según consta en la causa “Olmos s/deuda externa”, a las empresas públicas se las obligó a tomar créditos en dólares en el extranjero, créditos que nunca llegaban a las empresas, sino que eran retenidos en economía y utilizados para la timba financiera de los años 70/80 y luego fugados al exterior. Así las empresas quedaban endeudadas por encima de su capacidad operativa y en sus balances siempre arrojaban situaciones de quebranto. Y como resultado final de esta situación siempre se veía resentida la calidad del servicio que prestaban. Así se llegó a la paradoja de ser YPF la única empresa petrolera del mundo que registraba pérdidas, que luego de su privatización y libre ya de la servidumbre del interés de la deuda externa argentina, pasó a ser la séptima petrolera mundial. ¿Acaso no son argentinos sus operarios? ¿No lo eran antes? ¿O acaso los señores de Repsol poseen algún tipo de magia de imposible acceso para los mortales argentinos?
[42] Hay que hacer nota que Feder no volvería a defender este punto de vista, puesto que la ganancia proveniente del alquiler también es usura, vale decir, ganancia sin trabajo (nota del traductor).
[43] Como verán, “Emisión monetaria = Soberanía”, y los dolarizadotes nos quieren hacer creer que con el dinero emitido por otro vamos a ser más prósperos y que eso no afecta para nada nuestra independencia.
[44] No el oro, los dólares ni ningún otro engendro Cavallistico.
[45] Esta objeción aquí toma la forma de “emisión = inflación”. Este cuento es el que nos hacen aquellos que quieren reservarse el derecho a emitir moneda a nivel mundial para si mismos (el federal reserve). Yo les refuto “devaluación = inflación”. Todos nuestros procesos inflacionarios fueron producto de sucesivas y constantes devaluaciones del peso tomadas bajo el camuflaje de decisión soberana. Nunca es el dólar quien sube, es el peso que se devalúa, provocando un reacomodamiento en los precios.
Supongamos que  existe un señor que vive en EEUU y que diariamente maneja una milla hasta su trabajo (1600 metros). Un día por disposición del Rey W se devalúa la milla porque para ser competitivos es necesario equipararla al kilómetro, entonces una milla pasa a ser igual a un kilómetro. Este señor, de golpe se encontrará que para llegar a su trabajo deberá manejar 1,6 millas, pese a que ningún fenómeno telúrico haya corrido las cosas de lugar, y toda la señalización vial deberá ser corregida. Eso es inflación producto de la devaluación.
[46] Otro lavaje de cerebro nos han hecho aquí. ¡Siempre es mejor un banco privado antes que uno estatal! ¡El estado no debe tener bancos! ¡Hay que privatizarlos! Porque un banco privado siempre responderá ante una corrida con sus fondos propios ¿?????. (Sin comentarios). 
Nunca vamos a superar este paradigma hasta que no comprendamos que el estado somos todos, y que un banco estatal es de todos, y su funcionamiento debe ser en beneficio de todos. La corrupción es un problema de otra naturaleza y que debe ser desterrado desde otro lugar.
[47] Referencia al periodo pre-weimariano (nota del traductor).

[48] El autor se refiere al capitalismo estatal marxista. Por otra parte, en la época en que redacto este escrito, 1919, aun no se había desarrollado orgánicamente la teoría del acceso de la comunidad de productores a la posesión de sus medios de trabajo (nota del traductor).
[49] Que ha sido precisamente lo que después sucedió, como saben nuestros lectores. (nota del traductor).
[50] En estos pagos conocimos a un digno representante de este hueco ideal de la Internacional Socialista que nos decía: “Con democracia se come, con democracia se educa …” y no me acuerdo que otra sarta de cuentitos más.
[51] ¿Cómo se sienten hoy la gran mayoría de los argentinos, luego de haber creído las promesas de felicidad primermundista?
[52] Esta descripción me recuerda a la bendita clase media argentina, que nunca se puso a pensar si vivía en un país soberano, si sus dirigentes gobernaban o eran lacayos de poderes foráneos, si el cuento de la deuda era fraude, o si cuando votaron por De la Rua votaban por un tipo honesto o por un payaso que les recomendó Clarín. Eso sí, el día que le metieron la mano en el bolsillo salió corriendo a la calle con la cacerola gritando ¡puse dólares, quiero dólares!
[53] En cambio aquí nos quieren hacer creer que si no vienen capitales extranjeros a invertir, el país nunca va a salir adelante.
[54] Hoy no queda en Argentina prácticamente ningún sector que no este copado por las multinacionales.
[55] La situación de la Rusia actual y de otros países “socialistas”, donde se ha reintroducido el lucro, el interés y los empréstitos a la banca internacional, muestra la justeza de la predicción de Feder (nota del traductor).
[56] Nuestro país hoy no puede garantizar ni siquiera la subsistencia básica para sus habitantes.

13 de abril de 2015

NACIONAL SINDICALISMO COMO ALTERNATIVA AL CAPITALISMO

Analizar el Nacionalsindicalismo como alternativa real y posible al sistema económico capitalista requiere hacer un pequeño sacrificio: estudiar el capitalismo y sus fallos fundamentales. Esta tarea nos servirá para comprender mejor la necesidad de un nuevo sistema económico y monetario mucho más justo, un sistema que no puede ser otro que el sindicalista del que explicaré las características fundamentales. Además de esto, terminaré mi exposición apuntando una serie de ideas en un terreno tan importante como totalmente inexplorado en el Nacionalsindicalismo, y en el que modestamente creo ser el único hasta ahora que ha tenido el atrevimiento –o la osadía, con los riesgos que ello supone– de hacer propuestas concretas: cómo realizar una transición económica desde el capitalismo.

¿Qué es el capitalismo?

Para empezar se impone definir con brevedad, pero al mismo tiempo con precisión, lo que es el capitalismo. Sus defensores siempre dan de él unas definiciones que sólo resaltan los aspectos positivos del mismo y que suelen omitir los negativos. El Premio Nobel de Economía Paul A. Samuelson nos da una definición cuanto menos curiosa: “La capacidad de los individuos para poseer capital y beneficiarse de él es lo que da su nombre al capitalismo”. Esta es la definición que nos ofrece en su universalmente conocida obra “Economía”, texto fundamental en todo el mundo y con el cual yo mismo estudié economía en la universidad. Samuelson nos plantea en su definición dos cosas que deberían movernos a la reflexión. En primer lugar nos habla de una supuesta posesión privada del capital que resulta engañosa por muchas razones: confunde la propiedad privada con la propiedad capitalista (que, como veremos más adelante, es esencialmente anónima); da por sentado un derecho general a la posesión del capital y a beneficiarse de él por parte de todos los individuos, lo cual poco o nada tiene que ver con la dinámica capitalista que opera precisamente en sentido contrario (tendencia a la concentración de capitales); etc. Se trata, pues, de un sofisma que, sin embargo, no oculta una realidad que sí es típicamente capitalista: el individualismo, el egoísmo individual como nota esencial y definidora de dicho sistema económico y el materialismo como principio filosófico del mismo. Para los nacionalsindicalistas, empero, esta definición no es en absoluto aceptable por insuficiente y parcial.
El capitalismo es un sistema económico basado en la supremacía del capital (entendido como conjunto de bienes cuyo destino es producir), siendo el dueño de éste el titular de los medios de producción. Se trata pues de un régimen de propiedad social y de relación laboral basado en la “sociedad anónima” que, por tanto, no da valor al trabajo como fuente ineludible de producción y propiedad, sino como uno más de los factores de la producción.
La base de todo ello está, por un lado, en el sistema de salariado, y por consiguiente en la relación bilateral del trabajo, y por otro, y como consecuencia lógica, en el sistema de interés.
El mercado libre se propugna como la fórmula ideal de distribución de los productos y de fijación de los precios según la ley de la oferta y la demanda, y surge “la bolsa” como lugar en el que compran y venden las acciones, obligaciones, deuda pública y divisas.
La agonía del liberalismo, especialmente tras el crack de 1929, supuso la introducción de mecanismos ajenos a la filosofía liberal (variante keynesiana o “estado del bienestar”), pero que se mostraron imprescindibles para apuntalar el sistema económico capitalista. Es así como se acepta el papel del Estado como un agente activo en la economía para la corrección de los desajustes (algo inadmisible para un verdadero liberal).

Algunas aclaraciones necesarias

Pero llegados a este punto conviene aclarar una serie de conceptos como el de economía, así como que otros como los de capitalismo, liberalismo, neoliberalismo, libre mercado o globalización económica no son ni muchísimo menos equivalentes.
La economía, según la definición académica del ya citado Paul A. Samuelson, “es el estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes individuos”. Sin embargo esta definición, por muy académica que sea, es sumamente imperfecta desde el momento mismo en que se ciñe al concepto de escasez. Es cierto que hay bienes escasos, como sucede con los metales preciosos, pero no es menos cierto que otros bienes son abundantes (recordemos que los alimentos que se producen en el mundo, por ejemplo, no sólo son más que suficientes para alimentar a todos los habitantes del planeta, sino que incluso se destruyen excedentes para mantener los precios del mercado de los mismos dentro de ciertos límites; en este caso lo relevante no es la escasez, sino el problema de la distribución). Es decir, que no sólo la escasez, sino ¡también la abundancia resulta ser un problema económico! Y no sólo eso, el profesor Samuelson (y todos los economistas que siguen sus planteamientos) sostiene que si lo relevante no fuera el concepto de escasez, los bienes serían gratuitos, lo que es a todas luces falso. Con sus ejemplos de las arenas del desierto o del agua del mar como bienes abundantes, y por ello no económicos, olvida algo esencial: un bien económico puede ser abundante e incluso ilimitado y, al mismo tiempo, ser un bien económico. Para ello basta con que el acceso a ese bien tenga ciertas limitaciones o esté sujeto a ciertos condicionamientos, como es el caso de la misma arena cuando se necesita para la construcción (lo que requiere su transporte, distribución, etc.) o del agua no sólo potable, sino incluso la misma marina cuando se necesita y debe ser desalada, por ejemplo. Además, ¿cómo puede decirse que los bienes ilimitados son por definición bienes no económicos? Eso significaría, por ejemplo, que las energías renovables e ilimitadas (la solar, la eólica, la maremotriz, etc.) estarían al margen de la economía, lo cual es absurdo. Además, la definición clásica de la economía no resalta como es debido un aspecto fundamental: el aumento de la productividad lleva consigo necesariamente un aumento constante de la producción de bienes económicos y de los productos financieros (muchos de ellos completamente ficticios). Y es que una cosa es la escasez y otra muy diferente las limitaciones de la producción y del acceso a los bienes, lo cual no significa que necesariamente esos bienes no existan y deban ser producidos o que sean escasos.
Respecto al liberalismo económico, tiene su origen en 1776, cuando Adam Smith publicó su libro “Investigación sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones”, donde estudia los mecanismos de fijación de precios, el funcionamiento del mercado (donde él ve la “mano invisible” que extrae un bien común del interés particular de los individuos, es decir, que del egoísmo individual –extraña virtud, la verdad, y que él reconoce como motor de la economía– surge el equilibrio que trae el bien común), etc… A él siguieron J.B. Say, quien en 1803 formuló la “ley de los mercados” que lleva su nombre y según la cual la oferta crea su propia demanda cuando los precios varían para equilibrar la demanda y la oferta agregadas, D. Ricardo (1817), J.S. Mill (1848) y A. Marshall (1890).
Estos pensadores liberales sostienen que los precios y los salarios son flexibles, por lo que la economía se desplaza muy deprisa a un equilibrio a largo plazo. Creen que los salarios y los precios flexibles eliminan rápidamente cualquier exceso de oferta o demanda y restablecen el pleno empleo y la plena utilización de la capacidad. La política macroeconómica no puede desempeñar ningún papel corrector de las perturbaciones reales, pues eso sería introducir elementos extraños que alterarían las leyes económicas, aunque sí puede, mediante la política monetaria y fiscal, influir en el nivel de precios y en el PIB real.
El liberalismo tuvo una época de indudable esplendor, pero acabó degenerando en el fenómeno del capitalismo salvaje (el capitalismo en realidad es muy anterior, al menos en sus características esenciales), incumpliendo incluso sus propios principios (estaba lejos ya aquel idílico mercado libre con numerosas ofertas y demandas y pronto se tendió a la concentración de capitales y a las empresas precio-determinantes (las que tienen tal poder de condicionamiento del mercado, que pueden permitirse el lujo de imponer los precios); de la misma manera, la teoría clásica del valor, que afirmaba que las medidas del valor son el trabajo –esfuerzo empleado en la producción de un bien– y el cansancio –lo que se ahorra uno con el uso de ese producto–, pronto se vio superada por la realidad de un mercado que no tenía muy en cuenta esas medidas).
De esta distinción entre liberalismo y capitalismo nace en buena medida la nuestra entre propiedad privada y propiedad capitalista. Recordemos que José Antonio Primo de Rivera consideraba que mientras la propiedad privada es un atributo elemental humano, una proyección directa del Hombre sobre sus cosas, la propiedad capitalista es exactamente lo contrario: la propiedad inhumana, anónima y explotadora de los que se llevan sin trabajar la mejor parte de la producción (los intereses, los dividendos, las rentas, etc.), utilizando el capital no como un instrumento al servicio de la producción, sino como un instrumento técnico de dominación económica que alcanza la categoría de factor fundamental de la producción, y con unos supuestos derechos propios que le elevan incluso por encima del trabajo.
En cuanto al neoliberalismo, es una tendencia actual a volver a aquellos primeros principios del pensamiento liberal, dada la insuficiencia del sistema para encontrar soluciones a problemas de la envergadura del desempleo, la inflación, las burbujas financieras, etc., soluciones que no se encuentran y que se pretenden encontrar a cambio de grandes sacrificios. Se trata pues de una política económica, no de un sistema económico (como lo es el capitalista).
Respecto al libre mercado, ya hemos dicho que es una fórmula de distribución de la producción y de fijación de los precios, por lo que tanto podría haber una intervención estatal en ese mercado (regulándolo o actuando como un agente económico activo) dentro del sistema capitalista, como podría darse un modelo de mercado en un sistema no capitalista. Por ello rechazamos la tendencia que hay en muchos economistas a distinguir los sistemas económicos según sean “de libre mercado” o “de dirección central”. Eso es elevar lo que no es sino una característica más, pero no esencial, a la consideración de elemento clave diferenciador.
En cuanto a la globalización (aunque la palabra mundialización parece más correcta), no se trata sino de un fenómeno de internacionalización de la economía cada vez mayor, pero que no deja de ser un proceso comenzado hace mucho tiempo –nada novedoso pues–. Por eso resulta un poco ridículo eso de ser “antiglobalización”. ¿Qué quiere decir eso, que se está a favor de la autarquía, de una internacionalización mínima, o que se es anticapitalista? ¿Porqué no llamar a cada cosa por su nombre? Claro que los “antiglobalizadores” lo que en realidad quieren no es que las naciones sean libres e independientes, sino que se realice una globalización distinta y a su gusto. Evidentemente son personas que viven alejadas de la realidad y que en el fondo le están haciendo el juego a los grandes capitalistas y a su modelo uniformador de la humanidad (lo que por otra parte tampoco parece responder a los principios democráticos que unos y otros dicen defender). Frente a la mundialización es necesario reivindicar la Soberanía Nacional y la relocalización económica.
Otra aclaración fundamental que conviene tener presente es la distinción entre empresario y capitalista. El empresario es aquel que con su talento emprende y dirige un negocio, pero que no deja de ser un trabajador más. El capitalista es el que fundamenta su título de propiedad de los medios de producción en el hecho de ser el dueño del capital. El capitalista puede ser empresario al mismo tiempo (cosa muy normal), pero no siempre es así. De hecho en la economía actual es cada vez más frecuente ver a empresarios no capitalistas que actúan como meros gestores contratados por una junta de accionistas. Para nosotros el empresario es un trabajador más y es, por lo tanto, necesario para la empresa. El capitalista no.
Otro concepto que, llegados a este punto, conviene aclarar es que no hay un único tipo de crecimiento, sino al menos tres: el exponencial (es el que sigue el sistema monetario actual basado en el interés y el interés compuesto, y supone un crecimiento de magnitudes cada vez mayores), el lineal o mecánico (es un crecimiento constante) y el natural (crecimiento rápido inicial que se va desacelerando y termina estabilizándose en lo cuantitativo, aunque pueda seguir aumentando en lo cualitativo). La dinámica capitalista exige un crecimiento monetario de tipo exponencial (lo cual a largo plazo es insostenible) para poder retroalimentarse y, en cambio, el Nacionalsindicalismo necesariamente tendrá que entrar en una dinámica de crecimiento económico de tipo natural.
El siguiente gráfico ilustra perfectamente los distintos tipos de crecimiento: Crecimiento
(crecimiento exponencial)
(crecimiento lineal) (crecimiento natural)
Las bases del capitalismo: sociedad anónima, salariado, plusvalía e interés
El capitalismo es el modelo económico final del pensamiento moderno que se formó a raíz del liberalismo económico, y dicho modelo se sustenta básicamente en la propiedad capitalista (gracias fundamentalmente a la “sociedad anónima”), el trabajo mediante el sistema de salariado, la asignación de la plusvalía al capital, y el incentivo del interés. Veamos cada una de estas bases del sistema capitalista.
1.- La sociedad anónima. El progresivo triunfo del maquinismo supuso la aparición de nuevas formas de propiedad. Desplazada la propiedad privada tradicional, se hacía necesaria la aportación cada vez mayor de capital fijo para sostener la gran industria, y la sociedad individual se ve relegada a un segundo plano por la sociedad mercantil. Hay muchos tipos de sociedad mercantil, si bien el modelo típico es el de la “sociedad anónima”. En ella los socios aportan cualquier derecho de contenido patrimonial y el capital, que es lo único que da derecho a la propiedad de los medios de producción, está dividido en acciones. Éstas son títulos al portador, lo que permite su fácil enajenación y el anonimato de los propietarios. Existe un capital mínimo para su constitución y los socios sólo responden de su aportación.
Las especiales características de la sociedad anónima la convirtieron en el medio ideal para la creación de las grandes empresas; con ella el hombre ya no es el propietario; ahora la propiedad es una abstracción representada por trozos de papel (las acciones), algo impersonal, sin rostro ni sentimientos.
Sin embargo, el desarrollo de la sociedad anónima ha servido también para establecer de forma cada vez más clara la separación entre los capitalistas (los propietarios de las acciones) y los empresarios (directivos, hombres de empresa contratados para gestionar y dirigir la labor empresarial). Este es uno de los fenómenos más significativos del capitalismo moderno y confirma nuestras ideas acerca de la armonización de empresarios, técnicos y obreros, siendo todos ellos trabajadores en un mismo plano frente a los parásitos capitalistas (lo que no significa que no sea imprescindible el capital, sino sólo que éste debe ser suministrado de forma alternativa para poder cumplir su función social).
2.- El salariado. El sistema de salariado es, junto al interés y el modelo de empresa, la base del sistema capitalista. En el capitalismo el salario es el precio del trabajo; el trabajo se compra y se vende a un precio determinado; no es el fruto del trabajo lo que se vende, sino el trabajo en sí mismo, ya que se considera que el fruto del trabajo nunca forma parte del patrimonio del trabajador al haber comprado el capitalista su trabajo a priori. Muestra de ello es el hecho de que, aunque los resultados de la producción fueran negativos, el trabajador seguiría teniendo derecho a cobrar su salario. Y de la misma manera, aunque la productividad del trabajador fuera muy elevada, seguiría cobrando el mismo salario.
Para el Nacionalsindicalismo resulta evidente que en el sistema de salariado el trabajador se vende a sí mismo. No en vano el contrato de salariado tiene su origen en el arrendamiento de esclavos romano. La cruel expresión “mercado de trabajo” no hace sino reflejar la imperante idea del trabajador como un elemento más de la producción, como un factor productivo que se compra y se vende. Por eso nosotros rechazamos tal expresión de forma rotunda y sin reservas.
Conviene aclarar que el “salariado” es el nombre de este sistema retributivo, que el “asalariado” es la persona que lo padece, y que el “salario” es la retribución propiamente dicha, y que el sistema de salariado sustituyó al sistema de compañía, anterior y mucho más justo. El sistema de compañía se fundamenta en la idea de que todos los que aportan algo (capital, conocimientos, trabajo) deben ir a partes iguales tanto en pérdidas como en ganancias. Es un sistema que respeta más la dignidad humana que el de salariado, pero tiene inconvenientes como el de poner capital y trabajo en un mismo nivel y, sobre todo, que el obrero no puede esperar a que la empresa gane ni puede vivir cuando la empresa pierde.
En cuanto al sistema de salariado, los falangistas no podemos dejar de calificarlo como inmoral, disolvente y antieconómico.
Es inmoral porque el trabajador se vende a sí mismo, lo que atenta gravemente contra la dignidad humana. Ciertamente, puede no ser inmoral desde el punto de vista religioso, pero para ello deberían cumplirse una serie de exigencias morales (ampliamente explicadas –y consideradas como innegociables por las partes– por los Papas en diversas encíclicas y que, resumidamente, exigen el respeto a la dignidad humana, la relación de justicia social y el salario familiar, lo cual no se da en el sistema convencional de salariado prácticamente en ningún caso).
Es disolvente porque establece una relación bilateral de trabajo que divide a la sociedad en dos grupos: el de los que venden su trabajo y el de los que lo compran. Y aquí resulta imposible no recordar las palabras de León XIII en su encíclica “Rerum Novarum”: “el trabajo no es vil mercancía, sino que hay que reconocer en él la dignidad humana del obrero, y no ha de ser comprado ni vendido como cualquier mercancía”.
Finalmente, es antieconómico porque el asalariado se siente completamente desligado de la función que realiza, del fruto de su trabajo (lo que los marxistas llaman “alienación”), lo que supone también normalmente un menor interés en esforzarse, en la búsqueda de la excelencia y la productividad.
3.- La plusvalía. La plusvalía es la diferencia de valor entre el producto manufacturado y lo que costó su fabricación (materias primas, energía, salarios, etc.). Es, en definitiva, el valor añadido que crea el trabajador, y en el actual sistema dicha plusvalía queda en manos del capitalista.
Al ser la plusvalía un “beneficio extra”, en principio no puede derivarse del simple intercambio de mercancías, ya que los intercambios se establecen normalmente sobre la base de valores más o menos equivalentes. Tampoco deriva la plusvalía de los aumentos de precios, ya que estos aumentos suponen ganancias y pérdidas entre los vendedores y los compradores que tienden a neutralizarse entre sí. ¿Cómo se obtiene entonces la plusvalía? Para que se produzca una plusvalía es imprescindible que el capitalista encuentre en el mercado alguna otra “mercancía” que pueda operar sobre el valor inicial de un bien como “fuente de valor”, es decir, que pueda aumentar el valor de un bien gracias a la incorporación al proceso productivo de esa otra “mercancía” que crea esa plusvalía, ese valor extra. Obviamente, esa “mercancía” es el trabajo humano. Pues bien, el capitalista compra el trabajo del obrero como si de una mercancía más se tratara (de ahí viene precisamente el inhumano concepto de “mercado de trabajo”), y la paga con el “salario”. Pero sucede algo curioso: el costo del trabajo (salario) no equivale a su aportación real de plusvalor, es decir, el trabajador crea más plusvalor del que recibe en forma de salario. Si al trabajador se le pagara exactamente el valor que con su trabajo ha aportado a las cosas, entonces el capitalista no tendría negocio ninguno en el proceso productivo, cuando es cierto que él también aporta valor con su trabajo empresarial (organizando el trabajo, innovando, buscando mercado, etc.). La diferencia entre uno y otro, es decir, lo que el capitalista se apropia en su totalidad indebidamente (por no ser él quien lo genera exclusivamente –aunque sí parcialmente como fruto de su necesaria actividad empresarial–, sino principalmente el trabajador), ese producto excedente o ganancia adicional es la plusvalía.
Pues bien, del concepto de plusvalía deriva también la llamada “Tasa de Explotación” (TE), que es la relación existente entre la plusvalía (Pl) y el salario efectivamente recibido por el trabajador –en el lenguaje marxista es denominada técnicamente “capital variable” (V)–, de suerte que TE=Pl/V. Pero como resulta que hay otro factor a tener en cuenta para establecer la efectiva “Tasa de Ganancia” del capitalista, que es el capital constante (C) o fijo –es decir, las inversiones en maquinaria, instalaciones, materias primas, etc. – , resulta que la fórmula anterior debe ser completada para reflejar adecuadamente esa composición orgánica (CO) del capital (CO=C+V). Por lo tanto la fórmula que, según Marx, refleja adecuadamente la Tasa de Ganancia –es decir, la relación entre la plusvalía y la composición orgánica del capital– es la siguiente: TG=Pl/(C+V).
Los economistas antimarxistas han tratado de demostrar no sólo lo inadecuado del concepto de “plusvalía”, sino también la incorrección de la fórmula de la Tasa de Ganancia, y la verdad es que argumentos no les faltan, ya que, para empezar, Marx comete un error casi de principiante al utilizar razonamientos microeconómicos a la macroeconomía (al hablar de la modificación de la composición orgánica del capital –CO–, por ejemplo, un aumento de C no es simplemente eso en el conjunto de la economía, como lo sería para un empresario particular, ya que para los suministradores de maquinaria, C en realidad es un producto o mercancía traducible, por tanto, en V y Pl; ello llevaría a considerar errónea la fórmula marxista de la Tasa de Ganancia, que sería más bien la siguiente: TG=Pl/[(Pl+V)+V, lo cual tampoco sería demasiado razonable…).
Pese a ello yo creo que siguen siendo conceptos útiles y esencialmente correctos, pero no sería honesto ocultar que son imperfectos y criticables en muchos aspectos, especialmente en su poco convincente formulación científica.
Para los falangistas, pues, la plusvalía es fruto de la producción, y por lo tanto no es creación del capital, sino del trabajo (tanto obrero como empresarial). El capital por sí mismo no genera plusvalías. Necesita la intervención humana del trabajador (manual, intelectual, empresarial) para tener un valor añadido y por eso él es su legítimo propietario.
Sin embargo no sería correcto afirmar que el Nacionalsindicalismo pretende que esa plusvalía se abone directamente al trabajador. José Antonio Primo de Rivera, que habló inicialmente de asignar la plusvalía “al productor encuadrado en sus Sindicatos” (21-XI-35), precisó más adelante sus palabras, posiblemente influido por los ataques que recibe el concepto de plusvalía por parte de los economistas y por el hecho de que un sistema fiscal progresivo en relación con uno muy adelantado de servicios y seguros sociales consigue de igual modo un reparto eficaz (según opina el economista Juan Velarde Fuertes). Y es que no parece muy serio un reparto de dinero líquido de esas dimensiones, con unas posibles consecuencias desastrosas para la economía (inflación, devaluación de la moneda, etc.), aunque también es cierto que las consecuencias con un sistema monetario distinto al actual podrían ser distintas, algo difícil de evaluar con rigor a priori. Por eso José Antonio, sin por eso contradecir sus palabras anteriores, precisa que “la plusvalía de la producción debe atribuirse no al capital, sino al Sindicato Nacional productor” (30-IV-36). Así esa plusvalía será administrada en beneficio directo de los trabajadores a través de su Sindicato (un sindicato unitario que poco o nada tiene que ver con al actual modelo sindical clasista y dividido), pudiendo ser empleado para labores de capitalización, financiación, obras sociales, etc., pero no suponiendo su reparto directo –aparte de la cantidad destinada a la retribución del trabajador, claro está–. En este sentido fue muy interesante la “Ley de Propiedad Social” de la empresa en el Perú de Juan Velasco Alvarado a finales de los años setenta del pasado siglo XX (uno de los ejemplos más recientes).
4.- El interés. El hombre, olvidando el origen y la finalidad del dinero, pronto encontró en él otra manera de vivir sin trabajar: prestar al que no tiene. Así nació la dictadura del dinero, es decir, el capitalismo financiero anónimo y explotador. Lo que sucede es que en realidad nadie vive sin trabajo, pues quien vive de tal manera lo que en realidad hace es vivir del trabajo de los demás (él no trabajará, pero otro lo hará por él).
De poco sirvió la ofensiva que desde la Antigüedad se emprendió contra lo que se denominó “usura”. Aristóteles, Platón, Cicerón, Catón, Plutarco o Séneca fueron algunos de los ilustres pensadores que la condenaron sin paliativos, lo mismo que todas las grandes religiones. Así los judíos tienen prohibida la usura entre ellos, aunque siguiendo sus preceptos sí que la pueden practicar con aquéllos que consideran enemigos. Por ello apelan siempre al versículo que dice: “No exijas interés alguno de tus hermanos ni por dinero, ni por víveres, ni por ninguna otra cosa que se suele prestar a interés. No obligues a tu hermano a pagar interés, ya se trate de un préstamo de dinero, de víveres, o de cualquier otra cosa que pueda producir interés” (Deuteronomio 23, 20-21).
Siguiendo el precepto evangélico de Jesucristo (“haced el bien y prestad sin esperar remuneración” (Lucas 6,35) –la argumentación contraria que algunos esgrimen apoyándose en Mateo 25, 14-30 carece de la solidez necesaria al comparar un mandato de Cristo con las palabras que en una parábola dice un judío que, lógicamente, se guía por las anteriores palabras del Deuteronomio–), la Iglesia condenó siempre la usura, extendiendo a toda la cristiandad la prohibición canónica –que había sido sancionada en el Concilio de Nicea (año 325)– en 443, siendo Papa León I el Magno. Hasta tal punto fue condenada esta práctica que el Concilio de Letrán (1179) dispuso con total claridad: “nosotros ordenamos que los usureros manifiestos no sean admitidos a la comunión, y que, si mueren en pecado, no sean enterrados cristianamente, y que ningún sacerdote les acepte las limosnas”. El propio Papa Alejandro III agravó la severidad de las penas llegando a dictaminar la nulidad de los testamentos de los usureros (en esa época lo relativo a la liquidación de las herencias se hallaba bajo la jurisdicción de los tribunales eclesiásticos).
Santo Tomás de Aquino (siguiendo en buena medida los argumentos de Aristóteles), en su “Tratado de la Justicia” de la “Suma Teológica”, II-II, cuestión 78 dice que el préstamo con interés, “lo cual se llama usura”, es injusto e inmoral. Es injusto porque “se vende lo que no existe”, ya que el dinero sólo sirve “para hacer las conmutaciones”. Es por ello que “está uno obligado a restituir el dinero que ganó por usura”, ya que sólo hay que devolver tanto como se prestó. En cuanto a su inmoralidad, está claro que la usura se basa en la necesidad del prójimo, con quien hay que practicar la caridad. Por eso “quien da el interés que le exige el usurero, no lo da voluntariamente de suyo, sino presionado por la necesidad, en cuanto necesita recibir el préstamo que no le concedería quien tiene el dinero, a no ser mediante una ganancia usurera”.
En 1745 el Papa Benedicto XIV volvería a recordar la validez de esta doctrina, al igual que lo harían más tarde Pío VIII (1829-1830) y Gregorio XVI (1831-1846), pero la realidad es que se trataba ya de una época en la que sus condenas caían ya en saco roto. La realidad económica capitalista que imponía la mentalidad protestante se iba imponiendo inexorablemente y a partir de entonces la Iglesia, que no puede permanecer ajena a dicha realidad, adapta su condena a la usura –que permanece plenamente vigente– de tal forma que en la práctica se permite en determinadas circunstancias y con ciertas condiciones, y siempre por razones extrínsecas al contrato (de otro modo, en un entorno capitalista como el actual un católico apenas podría desenvolverse y además, salvo que se cambiara el sistema económico, el bien común podría verse afectado si determinados grupos sociales –caso de los católicos– se automarginaran de las prácticas económicas generales), siendo principalmente las siguientes: el daño emergente (privación del prestamista), el lucro cesante (beneficios que se podrían haber obtenido invirtiendo el dinero), el riesgo posible (peligro de no poder recuperar lo prestado), la ley civil (se supone que regula el ámbito económico en orden al bien común), y la pena convencional (multa o penalización al prestatario por su morosidad notable y culpable, aunque en todo caso debe ser moderada y proporcionada a la culpa). Con estas argumentaciones la Iglesia diferencia el interés –que excusa, pero no justifica moralmente– de la usura, pasando ésta a ser la práctica abusiva en la exigencia de intereses.
Aquí conviene precisar que aunque el concepto de capital –incluso el de interés– no se limita al dinero (capital es el conjunto de bienes cuyo destino es producir: dinero, tierra, instalaciones, maquinaria, patentes, etc.), tampoco se extiende a todo tipo de bienes. Así, por ejemplo, un apartamento no tiene por finalidad el producir nada, sino servir de vivienda a una o varias personas. Eso supone que pedir un precio por prestar dinero sí sería pedir un interés, mientras que cobrar un alquiler no lo sería (el bien en este caso se usa para vivir, no se consume para producir –como sucede con el dinero o con los productos alimenticios, que son bienes fungibles–, por lo que sería un interés, sino una renta). Por eso algunos moralistas consideran importante diferenciar entre los bienes fungibles –consumibles–, con los que nunca sería lícito pedir un interés por el hecho de que se gastan con su uso –se consumen–, de los bienes no fungibles, ya que como estos no se consumen, sino que se usan, sí es posible moralmente ceder su uso a cambio de una renta –que ya no sería, por tanto, un interés en sentido estricto– por la utilidad que supone disponer de él (a costa de privarse el dueño de su uso) sin tener que desembolsar su precio real de adquisición. Así pues, esa diferencia entre la cesión de un bien para su consumo (aunque se consuma para producir, como sucede con el dinero), o para su uso (como sucede con una vivienda), serviría como criterio de distinción entre lo inmoral (el interés) y lo moralmente aceptable (la renta). Todo ello independientemente de que el bien común pueda exigir la adopción de medidas limitadoras de la renta (o incluso expropiatorias), como sucedería si hubiera un problema social grave de escasez de vivienda y un mercado inmobiliario distorsionado agravara el problema, pues la doble finalidad –privada y social– de la propiedad hace que su titularidad privada no sea un derecho absoluto. El problema de esta distinción estriba en que no incluiría en el concepto de interés la retribución del capital no fungible (por ejemplo, una tierra o las instalaciones alquiladas de una nave industrial), lo que obliga a recurrir únicamente a la crítica siguiendo el principio más subjetivo del bien común, no pudiendo acudir a un criterio definitorio más objetivo.
En la evolución de la doctrina de la Iglesia respecto al interés en sentido estricto, por paradójico que pueda parecer, tuvo una importancia decisiva la herejía protestante, que considero el germen del pensamiento moderno, y muy en concreto Calvino, quien consideraba que la moralidad de la exigencia de intereses dependía de las circunstancias de cada caso concreto y de cada época. Con ello abrió una puerta que ya no ha podido ser cerrada ni siquiera por el pensamiento católico, pues su exigencia de que los intereses debían ser moderados no dejaba de ser otra apreciación subjetiva, y por lo tanto variable y opinable según las circunstancias. El primero que se decidió a traspasar la puerta que abrió Calvino fue C. Salmasius (1588-1653), quien en su obra “De la usura” defendió la idea de que el préstamo con interés es en realidad un arrendamiento de dinero y que éste es vendible, siendo su precio el que se determine por la libre voluntad de las partes.
Después de él fue William Petty quien en 1662 (“Tratado de las tasas y contribuciones”) argumentó que si alguien dispone de dinero querrá obtener con él el mismo rendimiento que el que hubiera obtenido de haberlo invertido en tierra. Con ello Petty pretendía vincular la existencia del interés a la renta de la tierra (argumento insuficiente para los falangistas, ya que hemos señalado la diferencia entre el interés por un bien fungible y la renta por un bien no fungible, además de que también abogamos por la cancelación del pago de estas rentas si el bien común lo aconseja). También incluyó el argumento del riesgo: cuanto más elevado es el riesgo más justificado está el interés alto como una suerte de seguro que compense los impagos.
Pero sería el fisiócrata francés Anne Robert Jacques Turgot (Ministro de Luis XVI y famoso por su frase “laissez faire, laissez passer” –dejar hacer, dejar pasar–), tan cara al liberalismo y al pensamiento moderno, quien ya en el siglo XVIII, en su obra “Memoria sobre los préstamos de dinero”, haría la crítica más completa a la condena del interés. Él asume los argumentos anteriores, pero añade otros que no pueden obviarse:
1.- Acepta que si bien no puede exigirse la devolución de algo de valor mayor al de lo que se prestó, el valor es algo que sólo lo puede determinar la persona que libremente acepta el contrato.
2.- Afirma que el prestador da dinero a cambio de una simple promesa, y ese retardo debe ser compensado con el pago de un interés (esto enlaza con la idea desenterrada por Böhm-Bawerk, en su “Historia de las Teorías del Interés”, de considerar al interés del dinero como un “precio del tiempo”, ya que en realidad sólo se cobra en función del tiempo transcurrido, como si el tiempo fuera propiedad particular del prestamista).
3.- Turgot sostiene que todas las cosas son susceptibles de alquiler, y no sólo aquéllas cuyo uso se diferencia de la cosa en sí misma, dado que en todos los casos el propietario cede el uso de la misma y lo recupera más tarde.
4.- Afirma que el prestatario no es el dueño del dinero hasta que no lo ha pagado (es decir, hasta que no lo ha devuelto con su correspondiente interés).
5.- Finalmente, considera que el dinero que se presta y el que se devuelve no son cosas exactamente iguales, lo que justifica en base a que en tal caso no tendría sentido solicitar un préstamo.
Para los nacionalsindicalistas resulta relativamente sencilla la refutación de todas estas argumentaciones desde el momento en que proponemos un sistema económico distinto al capitalista. Los argumentos de la Iglesia que excusan –sin por ello legitimar– el interés pierden su sentido en un entorno económico en el que el incentivo al capital sea otro (en ese contexto la exigencia de intereses atentaría contra el bien común de forma absolutamente incuestionable). Y respecto a los argumentos de Salmasius, Petty y Turgot, hay que reconocer que tienen un fundamento sólido, pero sólo en un entorno económico capitalista donde, por definición, tanto la propiedad privada como el propio dinero se han degenerado respecto a su verdadera naturaleza (a fin de cuentas los billetes no dejan de ser meros pagarés sin valor real).
Para empezar es un error considerar el dinero oficial como propiedad privada (el dinero oficial es un bien público que emite el Estado para facilitar las actividades económicas, pero en realidad no tiene apenas valor intrínseco: su valor está en los bienes reales que lo respaldan), lo que significa que una cosa es su posesión y uso –en realidad más bien consumo–, y otra su propiedad (de la misma manera que nadie puede apropiarse de una autopista o de un embalse –por utilizar un símil joseantoniano–, y mucho menos exigir a otros un precio por su uso); el argumento del riesgo tampoco parece suficiente teniendo en cuenta la exigencia de garantías reales que acompaña a los préstamos; en cuanto al precio del tiempo…¿cómo puede venderse algo así y quién es su legítimo propietario?; el argumento de que el valor de las cosas lo determina uno mismo cuando es libre, aún dándolo por válido resulta inaplicable al caso, pues está claro que quien pide un préstamo lo hace normalmente empujado por una necesidad, lo que en cierta forma le coacciona (ya José Antonio denunció esto cuando criticó las libertades formales del estado liberal); en cuanto a que no hay que separar el uso de la cosa usada, debiendo tratarse todos los bienes de la misma manera, parece un argumento artificioso, pues es obvio que un bien que se consume con el uso y otro que no se consume tienen características diferentes que admiten un tratamiento diferente; y respecto a lo de que el dinero que se presta y el que se devuelve no son exactamente iguales, tiene razón Turgot: no son las mismas monedas y se devuelve una cantidad mayor… Lo que se esconde detrás de este último argumento no es sino una falacia, ya que lo que realmente pretende es compilar en él la mayor parte de los anteriores argumentos (además de contradecirse con la idea de que todos los bienes deben tratarse de igual manera porque son igualmente usables).
Lo cierto es que en un entorno económico libre de intereses y con la banca nacionalizada, el dinero cumpliría únicamente el fin para el que nació, por lo que el sentido que los anteriores argumentos tienen en el sistema capitalista no sería aplicable.
Hasta aquí hemos visto como el dinero, inserto en la dinámica capitalista, se convierte en un instrumento técnico más de ejercer el dominio, tal y como denunció José Antonio Primo de Rivera (ejemplificándolo de forma magistral en su discurso del 17 de noviembre de 1935), pero conviene analizar con más detalle hasta qué punto la existencia de intereses en la economía resulta un problema más que otra cosa. Veamos por qué.
Ciertamente, el interés es el fundamento del actual sistema monetario, pero al mismo tiempo es también su mayor problema, ya que obliga a un crecimiento monetario de tipo exponencial. En efecto, el interés compuesto hace que el dinero se duplique a intervalos regulares (a un 1% se duplica a los 72 años; a un 3% en 24; a un 6% en 12; a un 12% en 6; etc.) y eso hace matemáticamente imposible el pago continuado de intereses. ¿Cómo se soluciona esta evidente contradicción? Pues recurriendo a la injusticia social, a la expoliación de los países subdesarrollados, a la sobreexplotación de la naturaleza, a las guerras –que suponen negocios por un lado y por otro destrucción para poder volver a empezar–, a las crisis más o menos periódicas que sirven para reconducir una situación insostenible, etc.
Para acabar con todos esos problemas es necesario, pues, instaurar un nuevo sistema monetario libre de la servidumbre del interés pero que tenga otro mecanismo eficaz para garantizar la circulación monetaria y, al mismo tiempo, facilitar el intercambio de bienes y servicios, el ahorro y el préstamo (eso puede hacerse estableciendo una tasa de uso o de circulación).
Antes de seguir con otros temas hay algunos errores muy comunes sobre el interés que conviene aclarar.
El primer error importante consiste en creer que los intereses sólo se pagan en los préstamos. Lo cierto es que en todo precio se paga un interés encubierto: el coste del capital (suele ser entorno al 50% del precio final, por lo que un sistema económico libre de intereses permitiría mantener el nivel de vida trabajando la mitad o bien trabajando lo mismo tener el doble de riqueza –siempre que sea capaz de asegurar la circulación monetaria–).
También es un error creer que los intereses son iguales para todos, cuando lo cierto es que alrededor del 80% de la población paga más intereses de los que recibe, un 10% recibe ligeramente más, y tan sólo el otro 10% recibe casi todo lo que paga de más el 80% (datos de Alemania en la década de 1990). Esto supone mantener permanentemente engañado a ese 80% de la población con la ilusión del cobro de unos modestos intereses por sus ahorros, cuando la realidad es que sin ellos percatarse están pagando muchos más intereses por otro lado que los que ellos cobran por sus ahorros (me recuerda al negocio de la lotería: uno compra participaciones a precios asequibles con la ilusión de que le puede tocar un premio o, al menos, un reintegro; pero claro, según el índice de probabilidades para cuando le pueda tocar algún premio ya habrá pagado varias veces el importe del mismo…; con el interés pasa algo similar, sólo que como siempre hay un premio mínimo y no se es consciente de que la participación siempre tiene un valor mayor que el premio recibido, nos encontramos con ¡un negocio seguro y un timo perfecto!). Es el sistema de intereses lo que mantiene el proceso de concentración de la riqueza, con lo que hoy está claro que la plusvalía, cuyo origen está en la producción, se distribuye más en la fase de circulación de bienes y servicios –y cada vez en mayor medida en la del dinero–.
La especulación es la causa fundamental de que el volumen de dinero utilizado en el mundo para las transacciones sea hoy entre 15 y 20 veces mayor de lo realmente necesario para financiar el comercio internacional real.
Tampoco es cierto que las subidas salariales sean la principal causa de la inflación, pues el interés, como hemos visto, incide mucho más. No olvidemos tampoco que el Estado recurre muchas veces a la inflación para paliar sus deudas, pero a costa de ese 80% de la población que paga más de lo que recibe y que no puede invertir en valores resistentes a la inflación al mismo nivel que el 10% más rico.
Sólo el crecimiento económico exponencial logra que la mayor parte de la población soporte las deficiencias del sistema económico basado en el interés.

Fallos del sistema económico capitalista

José Antonio Primo de Rivera, aceptando los análisis marxistas en este campo, puso en evidencia el fracaso social del capitalismo y su fracaso técnico. Las causas de su fracaso social son:
A) La aglomeración del capital, producida por la gran industria que, aparte del capital variable, necesita grandes cantidades de capital fijo (instalaciones, maquinaria, etc.), capital que sólo puede amortizar produciendo en grandes cantidades a precios muy bajos (lo que arruina las pequeñas industrias y termina por absorberlas); es lo que se denomina “economías de escala”, que suponen destrucción neta de puestos de trabajo. A esto hay que añadir que la necesidad de un crecimiento exponencial de la producción para satisfacer el crecimiento exponencial de la masa monetaria requerida para pagar los intereses, provoca enormes distorsiones y muchas de las llamadas “burbujas financieras”, tan dañinas (su estallido termina siendo inevitable tarde o temprano) e impropias de una economía sana.
B) La proletarización: la aparición del problema social, es decir, de la relación bilateral del trabajo con todo lo que eso supone de inmoral, disolvente y antieconómico.
C) La desocupación: generada por el desplazamiento del hombre por la máquina con las consiguientes “economías de escala” y por el fenómeno del subconsumo.
En cuanto a su fracaso técnico, las causas son:
D) Crisis periódicas: son intrínsecas al propio sistema. Sus contradicciones internas provocan la tendencia a la caída de la tasa de ganancia (la superproducción y la saturación de los mercados intensifican la competencia; el pleno empleo fortalece las reivindicaciones obreras aumentando los “costes laborales”, etc.) lo que provoca cierres y despidos (lo que a su vez supone una caída de la demanda), es decir, crisis. Sin embargo, aunque las causas de las crisis son endógenas, las causas del crecimiento siempre son exógenas, es decir, ajenas a la propia esencia del sistema capitalista.
E) Necesidad del Estado: la insuficiencia del sistema ha hecho necesaria la intervención estatal para buscar una salida a la incapacidad de la demanda para hacer frente a la superproducción intrínseca a la naturaleza acumulativa del capitalismo. Así pronto se pasó de aquél liberalismo que no quería intervencionismo del estado a la necesidad de que éste le lanzara un salvavidas (el cual está provocando la crisis fiscal del Estado que se explica en el punto N).
F) Fin de la libre concurrencia: la naturaleza acumulativa del capitalismo (causa A) tiende a poner la producción en manos de unas cuantas entidades poderosas. Esta tendencia al oligopolio hace imposible aquél libre mercado idílico de los liberales y aparecen incluso las denominadas “empresas precio-determinantes” (aquellas con un dominio tal de la oferta que pueden sustraerse de la ley de la oferta y la demanda y establecer los precios que más les interesen en ese mercado).
Pero hay otras muchas causas del fracaso capitalista:
G) El subconsumo: se produce cuando los capitalistas no logran vender las mercancías en sus valores de producción, dado que ésta crece más rápidamente que la demanda. En estos casos sólo hay dos opciones: o se prosigue saturando el mercado de productos que no es capaz de absorber, lo que hace caer la tasa de ganancia y provoca la crisis, o el propio sistema controla la producción, manteniendo recursos ociosos, lo que deriva en estancamiento. El subconsumo es inevitable que se termine produciendo en el sistema capitalista por serle intrínseco, y sólo se puede solucionar con un adecuado proceso de planificación.
H) La naturaleza abstracta del dinero y el cáncer del interés: el dinero ha dejado de estar respaldado por un valor real. Hoy sólo se basa en la confianza. El sistema basado en el interés, lo cual ya de entrada lastra el sistema monetario e impide que el dinero pueda cumplir con su misión, se ha visto agudizado con este proceso de desnaturalización, aunque es necesario resaltar que tampoco el patrón oro respondía a lo que tenía que ser el dinero: la plasmación monetaria de la producción real. Y es que todo lo que no sea respaldar el dinero con la producción real, es decir, con el trabajo, es un error que, como decíamos anteriormente, crea “burbujas financieras” dañinas.
I) Las patologías sociales en el interior del sistema: el sistema capitalista se basa en la presunción del comportamiento racional del hombre, pero éste se mueve muchas veces por impulsos; no consume siempre que puede; hay muchos marginados del sistema; hay mucho “consumo asistido” por el Estado; el paro estructural no es eliminable por los métodos habituales y hay una gran cantidad de asistencia social, lo cual, a largo plazo, puede acabar reduciendo profundamente el consumo y traer una tremenda crisis.
J) La burocratización del Estado: dada la complejidad de la sociedad moderna, el Estado se muestra cada vez más lento e ineficiente para legislar y gestionar adecuadamente la economía; el exceso de estatalismo ha acabado con los cuerpos sociales intermedios, asumiendo el Estado cada vez más competencias, abarcándolo todo, regulándolo todo y tendiendo al totalitarismo.
K) La frontera ecológica: las necesidades expansivas de la economía capitalista nos han llevado a un nivel tal de contaminación del planeta, que ya no es posible sobrepasar mucho más y que, necesariamente debe actuar como límite al crecimiento, al menos que se lleve a cabo una ambiciosa y costosísima política ecológica. No es posible una economía capitalista que no tienda a la expansión constante de la producción, y esta tendencia a largo plazo supone nuestro suicido ecológico.
L) La mundialización de la economía: su objetivo ha sido especializar a los distintos países, especialmente a los pobres, en determinados ramos de producción, evitando su autosuficiencia al depender de la tecnología y las manufacturas “occidentales”, al tiempo que los organismos internacionales de que se sirve el capitalismo (Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial del Comercio) obligan a esos países a unas políticas de ajuste permanentes que no sirven sino a los intereses de los más ricos. Es la nueva versión del colonialismo, sólo que más cruel, pues más de 800 millones de personas se mueren de hambre mientras se trata de limitar la producción de alimentos o, incluso, se llega a la eliminación de “excedentes” para no alterar las sacralizadas leyes del mercado. Increíble, pero cierto.
M) La injusticia social: es la consecuencia de todo lo anterior, de las desigualdades que el keynesismo ha pretendido eliminar en las economías occidentales, pero que el fenómeno de la mundialización (lo que con menos propiedad llaman algunos “globalización”) ha internacionalizado, reproduciendo aquellos problemas, en origen locales o nacionales, a nivel mundial. Es decir, que como no era posible eliminar el problema, se ha recurrido a su exportación.
N) La crisis fiscal del Estado: James O ́conor ha estudiado este fenómeno partiendo de la idea de que el capitalismo es una forma de producción de suma cero (afirmación, todo hay que decirlo, sólo parcialmente correcta), es decir, que las ganancias de unos se producen a expensas de lo que otros pierden (lo que suele ser en gran medida cierto en el modo de producción capitalista, aunque no en todos los casos, ya que el incremento de productividad implica un resultado final mayor que el de la mera suma del momento inicial). Así el sistema, para mantenerse, tiene que recurrir al Estado, cumpliendo dos funciones fundamentales:
1.- De legitimación: con el objeto de mantener la paz social.
2.- De acumulación: con el objeto de mantener la rentabilidad del capital.
Pero todo esto amenaza con resquebrajarse, ya que, por un lado la clase trabajadora necesita una cantidad creciente de gasto social y el Estado acaba por no poder hacer frente a esos gastos de legitimación; y por otro lado el Estado llega un momento en que ya no puede favorecer la acumulación de capital privado, cayendo los beneficios, los salarios y la inversión. Entonces se busca una salida en la colaboración aún más estrecha entre el Estado y el capital privado. Es en ese momento cuando el fenómeno de las privatizaciones supone la asunción por parte del capital privado de funciones tradicionalmente reservadas al Estado y de la realización de los grandes proyectos de infraestructuras (fenómeno de vivísima actualidad en España).

El Nacionalsindicalismo

Una vez hemos examinado el capitalismo y sus principales fallos como sistema económico, llega el momento de exponer, aunque sea brevemente, la que, hoy por hoy, se presenta como la única alternativa real y total al Sistema. No voy a exponerlo en detalle, pues ello llevaría demasiado tiempo, pero al menos sí quiero dar una completa visión de conjunto. Eso sí, en cualquier caso hay que tener en cuenta que la Revolución Económica no es sino sólo una parte de la Revolución Nacionalsindicalista, una revolución que aspira a implantar una verdadera Justicia Social, pero siempre sobre la base de la primacía de lo espiritual, que es al fin y al cabo lo que da verdadero sentido a nuestra existencia. Partiendo de ello, podríamos resumir el modelo económico nacionalsindicalista en los siguientes puntos:
– La soberanía nacional siempre será ficticia si no viene acompañada de una efectiva y real soberanía económica. Esto no es sinónimo de autarquía, sino de independencia. No se trata de dejar de comerciar ni de aislarnos del mundo, sino de poder tomar las medidas económicas y monetarias que, sin necesidad de perjudicar a los países más desfavorecidos, mejor convengan a nuestra nación. Este tipo de medidas en el sistema capitalista siempre suponen perjuicio para otros, pero entiendo que en un sistema económico sindicalista no sería así, ya que la explotación que no permitiremos aquí tampoco la vamos a practicar de cara al exterior. Otra cosa es que no permitir nuestra explotación económica pueda perjudicar a los explotadores… Recuperar nuestra soberanía económica y monetaria resulta, pues, un deber ineludible para nosotros.
– Creemos que el Hombre debe ser el eje sobre el que gire todo el sistema y, por tanto, es el Hombre la referencia obligada también en economía. La economía debe servir para mejorar la vida del Hombre, y no puede ser el Hombre el que esté al servicio de la economía, como sucede en la actualidad.
– Creemos, pues, que partiendo del Hombre, debe ser su trabajo –con su doble sentido material y espiritual– la base y el fundamento de la economía, el mayor título de dignidad social –debiendo tener preeminencia sobre los demás aspectos de la economía (capital, etc.)–, y debiendo ser considerado no sólo como un derecho, sino también como un deber social. El vago y el zángano no tienen cabida en nuestro modelo de sociedad.
– Rechazamos la propiedad capitalista y defendemos la propiedad natural de los bienes: la propiedad debe ajustarse a la lógica derivada de la doble finalidad de los mismos, individual y social, en la proporción apropiada según su naturaleza. Ello nos lleva a propugnar los siguientes tipos de propiedad: individual (bienes de uso y consumo), familiar (vivienda, pequeño negocio, etc.), comunal o municipal (pastos, cotos, etc.), sindical (empresas, organismos de asistencia sociolaboral, etc.) y nacional (recursos naturales, empresas estratégicas y militares, etc.).
– El Sindicato: unitario y aglutinador obligatorio y democrático de todos los trabajadores: directivos, técnicos y obreros; será el órgano económico sobre el que se fundamentará todo el entramado económico; estará organizado por ramas de producción y con criterios geográficos (ámbitos comarcales, provinciales, regionales y nacional); así mismo tendrá el rango oficial de Órgano Autónomo del Estado y tendrá presencia en todos los órganos de participación política (y en todos los niveles), junto con las demás entidades naturales y de convivencia social que deben encauzar la verdadera (y, por lo tanto, orgánica) representación del pueblo en las instituciones.
– Los medios de producción (y la plusvalía) serán de quienes directamente los utilizan para trabajar a través del Sindicato de Empresa.
– La planificación económica del Gobierno, como norma general y salvo situaciones excepcionales, sólo puede ser indicativa, correspondiendo la planificación general de la producción al Sindicato Nacional según las directrices que emanen del Estado en orden al bien común.
– El mercado mixto (es decir, intervenido pero no dirigido) será el método de distribución de los productos (lo que limitará la planificación), aunque se estimularán las cooperativas de distribución y consumo (en ello tendrán un especial interés los propios trabajadores, por lo que es de suponer que el Sindicato pondrá un especial empeño en su promoción).
– Se nacionalizarán:
• El sistema monetario.
• El sistema bancario.
• Los recursos naturales.
• Las empresas de interés nacional.
• Los servicios públicos.
• Los seguros.
– La política monetaria estará basada en el dinero natural (sin intereses, con tasa de uso y con respaldo basado en el trabajo y en la productividad real), lo que favorecerá la reducción de costes (en este caso del capital) y la competitividad (aparte de posibilitar una realista reducción de la jornada laboral, algo no factible en el sistema actual, pese a los avances de la técnica, por culpa de la propia dinámica capitalista).
– La capitalización de la empresa se realizará a través de las aportaciones de los propios trabajadores (empresarios incluidos), de la Banca Sindical (cuyos fondos se nutrirían de la parte de la plusvalía destinada a tal fin y del ahorro de los propios trabajadores, que necesariamente se canalizarían a través de ella) y de subvenciones (en caso de situaciones económicas difíciles, por interés nacional y siempre de forma excepcional, podrían autorizarse los préstamos personales con derecho a un interés pactado y sin derecho a propiedad; los préstamos personales sólo serían lícitos en esas situaciones para ser concedidos a quienes se les hayan negado los oficiales y las subvenciones; los préstamos personales sin interés superior al IPC serían lícitos en todo caso).
– Reforma Agraria sobre la base de la reordenación del campo siguiendo una búsqueda racional de unidades económicas de cultivo y suprimiendo el pago de las rentas para, posteriormente, expropiar las tierras para asignárselas a los agricultores según cada caso (desde la propiedad individual a la sindical, pasando por la familiar y la comunal o municipal), ya que cada tipo de explotación agraria tiene sus propias características.
– Las competencias sobre protección social del trabajador serán del Sindicato Nacional, aunque el Estado estará obligado a actuar siempre de forma subsidiaria para así evitar que puedan producirse situaciones de desamparo.
– El Estado atenderá a los parados involuntarios mientras estén en dicha situación, aunque exigiéndoseles contrapartidas (realizando tareas de interés social o nacional) para no estar subvencionando el paro voluntario sin pretenderlo.
Una transición posible hacia el nacionalsindicalismo
Un tema sobre el que ningún economista que defienda el Nacionalsindicalismo se ha atrevido a tratar con un mínimo de profundidad y rigor, es el difícil tema de cómo realizar una transición económica desde el capitalismo. Yo modestamente me he atrevido a esbozar una serie de ideas al respecto. Espero y deseo que algún economista con más capacidad y conocimiento se atreva a recoger el guante y profundice más y mejor en tan difícil tarea. Nada me gustaría más.
Desde mi punto de vista dos son las posibilidades de transición del sistema capitalista al sindicalista: la revolucionaria y la reformista.
David Scheweikcart, en su libro “Más allá del capitalismo”, publicado en España en 1997, planteó una hipotética transición en EE.UU. hacia lo que él llama la “Democracia Económica”, y que no es otra cosa que una economía autogestionaria basada en el cooperativismo. Si bien la realidad económica de los EE.UU. y la Democracia Económica no son idénticas a la realidad española y a nuestro modelo de sindicalismo, hay grandes similitudes, por lo que su estudio, con las debidas adaptaciones, resulta muy útil.
1.- Transición reformista: Es lo que Scheweickart llama “vía lenta” y supone una transición progresiva consistente en la adopción de doce medidas fundamentales:
A) Creación de cooperativas, ya sea partiendo de cero o transformando las empresas ya existentes. No sería algo repentino, sino algo a fomentar para que se vaya generalizando poco a poco.
B) En un primer momento se aumentarían por medio de leyes la participación en la gestión y en los beneficios de las empresas.
C) Reforzamiento del papel del movimiento sindical para que actúe como motor del cambio.
D) Control social de la inversión de la siguiente forma:
1.- Sustituyendo las rentas de la propiedad como fuente de los fondos de inversión por impuestos.
2.- Obligando al capital a invertir en su región (relocalización).
3.- Obligando a los inversores a dar prioridad a lo acordado democráticamente en las empresas frente a las prioridades del mercado.
E) Puesta en práctica de una política monetaria de bajos tipos de interés que beneficie a la producción y rebaje la presión de la deuda pública.
F) Establecimiento de un impuesto de uso sobre la actividad del capital (en lugar de gravar el consumo o la renta).
G) Impedir y castigar las previsibles fugas de capital.
H) Aumento progresivo de la participación obrera en la gestión y en los beneficios hasta llegar al
100% en ambos casos, pero no la propiedad. Ésta seguirá siendo de los mismos capitalistas, pero
será finalmente un título sin valor ninguno.
I) Creación de una red de bancos públicos municipales o comarcales.
J) Políticas proteccionistas y reducción del comercio con el exterior, enfocando la producción hacia
el interior (en otros países el sistema de salariado supone una competencia injusta).
K) Supresión progresiva del salariado.
L) Traspaso de los fondos privados de pensiones (que son ingentes sumas de dinero invertidas en
los mercados de valores) a la Seguridad Social, lo que garantizaría esas pensiones y pondría en manos del Estado la propiedad de gran parte de la riqueza productiva de la nación.
A estas doce medidas parece necesario añadir otra que Scheweikcart no contempla, pero que parece
necesaria como continuación lógica y necesaria de la medida E, tal y como apunta Margrit Kennedy (“Dinero sin inflación ni tasas de interés”):
M) Transformación del sistema monetario sustituyendo el interés por la tasa de uso o de circulación (el dinero libre de intereses tendría una tasa de crecimiento natural), lo que evitaría los problemas inflacionistas y la consiguiente devaluación de la moneda.
Pero esta transición reformista plantea demasiados problemas. En primer lugar tropezaríamos con la resistencia de los capitalistas, que intentarían fugarse con sus capitales y cerrar sus empresas antes de que su título de propiedad no tenga valor. Además, actualmente el movimiento sindical no tiene el vigor necesario para ser motor del cambio y no es partidario de la autogestión obrera, ya que, según ellos, acaba con la solidaridad y la conciencia de clase y supone el fin de los sindicatos tradicionales y sus prebendas.
Además este cambio progresivo en un solo país, si bien es posible, será difícil si se le añaden los demás problemas y hay hostilidad exterior (como es previsible). El fenómeno de la mundialización económica (lo que otros llaman “globalización”) haría necesario, antes de comenzar con las reformas, un aumento del ahorro interno, cambiar las pautas y los montos de consumo tanto privado como público, tener controlados los mercados financieros y reorientar nuestra política internacional hacia países que no estén interesados en boicotearnos. Hay que añadir las dificultades que pueden surgir en caso de un ataque financiero desde el exterior, aunque España, en caso de hundimiento de su moneda tiene la ventaja de que vería revaluadas sus reservas de divisas (abundantes gracias al turismo), si bien este efecto sólo tiene una incidencia importante a corto plazo.
Finalmente, las políticas proteccionistas perjudican la innovación tecnológica y a los países subdesarrollados que ven reducidos sus mercados. Todo esto hace pensar a Scheweickart que, si bien es posible, tal reforma es sumamente improbable que se pueda completar, pues ningún partido político podría concitar durante el tiempo necesario el apoyo preciso para culminarla.
2.- Transición revolucionaria: Se trataría de un cambio radical y repentino que no permita ni vueltas atrás ni frenos a causa de las dilaciones reformistas (en estas situaciones las vueltas atrás y las revoluciones a medias tienen siempre consecuencias mucho peores que cualquier otra alternativa). Debería constar de dos primeras fases, según el nivel de prioridad de las medidas, y otra de consolidación, aunque antes se haría necesaria una fase previa de preparación enfocada a garantizar el suministro necesario de materias primas, energía y alimentos (para lo cual sería preciso establecer las oportunas alianzas político- económicas con los países que pudieran asegurarnos dichos suministros), así como a aumentar el ahorro interno y las demás medidas previas ya apuntadas en el modelo de transición reformista. Después de esta fase previa de preparación ya podríamos afrontar las fases de la transición propiamente dicha.

• Primera fase (primeros días de la transición):


A) Medidas previas de control del ahorro interno y de control de los mercados financieros
(bloqueo temporal de cuentas no corrientes, suspensión de las cotizaciones en Bolsa, etc.).
B) Supresión del pago de las rentas de los productores.
C) Autogestión inmediata de todas las medianas y grandes empresas, pero manteniendo los directivos temporalmente.
D) Nacionalización del sistema bancario y de los seguros.
E) Establecimiento de una política arancelaria proteccionista como precaución comercial.
F) Ajustes secundarios: Habría que tratar por separado las hipotecas de vivienda, las rentas de alquiler y los créditos al consumo, habría que adoptar medidas como el traspaso a la Seguridad Social de los planes de pensiones privados que dependen de ingresos accionariales; se compensaría a los pequeños accionistas y rentistas para evitar la enajenación de miles de acciones y obligaciones; etc.

• Segunda fase (siguientes semanas y meses):

A) Supresión del salariado.
B) Proceso de sindicalización de las empresas.
C) Estructuración del sindicalismo unitario vertical y territorial.
D) Pago de indemnizaciones a los antiguos propietarios a base de los beneficios que vayan generando las empresas.
E) Posible reducción del comercio con el exterior, reduciendo las importaciones y creando nuevos hábitos de consumo si es necesario (Krugman ha demostrado en 1990 que si se redujera el comercio mundial un 50%, la renta mundial sólo se reduciría un 2 ́5%).
F) Creación de un impuesto sobre el uso de los activos de capital (para compensar la falta del ahorro por la supresión de los tipos de interés y para reducir la inflación).

• Tercera fase:

 Sería en realidad una continuación de la segunda (incluyendo el nuevo sistema monetario –medida M de la transición reformista– como continuación lógica de la medida F de la fase anterior) y culminaría con la adopción de todas las medidas necesarias para completar el sistema nacionalsindicalista.
Las consecuencias de esta transición revolucionaria en la primera fase no serían tan perniciosas como las de la reformista, pues no se da tiempo a los capitalistas a defenderse cuando aún están fuertes. Al día siguiente de la Revolución casi todos seguirían trabajando en lo mismo que antes y los directivos seguirían dirigiendo las empresas. Se seguiría fabricando y vendiendo como antes y sólo se quedarían en paro los capitalistas y los financieros. Los verdaderos efectos se empezarían a notar al final de la segunda fase, pero los instrumentos de poder y de control económico estarán ya en manos del Estado y del Sindicato. Un cambio similar al descrito Scheweickart lo ve como posible, pero no factible, si no se dan unas circunstancias revolucionarias. En una democracia liberal cuesta imaginarse tal perspectiva (ya se vio en la Suecia de 1976).
Lo importante es que el pueblo desee el cambio y lo apoye. Un pueblo dispuesto a producir riqueza puede salir adelante por encima de todas las dificultades que, sin duda se le opondrán.
En buena medida los problemas ya planteados se mostrarán de forma permanente, pero su incidencia será cada vez menor a medida que se superen las fases iniciales de la transición revolucionaria, pero dependería mucho de la hostilidad que puedan mostrar las demás naciones y los centros de poder económico mundial. Un hipotético bloqueo económico podría tener efectos desastrosos, especialmente si incluyese a los países que nos exportan energía y materias primas. Ello hace imprescindible buscar, antes de lanzarse al cambio revolucionario, las alianzas internacionales precisas para garantizar la viabilidad del cambio. Evidentemente ningún país de la Unión Europea o los EEUU estaría interesado en apoyar un cambio de sistema en España (si acaso en boicotearlo), pues sus intereses chocan con tal circunstancia. Sólo los países sin un interés directo en inversiones capitalistas en la economía española (más allá del interés meramente comercial) y que basen su política internacional en el respeto a la soberanía nacional de las demás naciones, podrían ser los aliados potenciales de una España Nacionalsindicalista (sin que ello suponga identificación ideológica mutua, por supuesto, sino sólo alianza estratégica). Hoy por hoy las opciones de alianza estratégica internacional no son pocas, y pasan principalmente por los países de la alianza de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica y sus aliados, en gran medida de Hispanoamérica, lo que coloca a España en una posición privilegiada para buscar esa alianza), que es hacia los que entiendo que interesa reorientar nuestra estrategia de política internacional de alianzas.
Sería preciso enfocar la política energética hacia la autosuficiencia, especialmente desarrollando las energías alternativas, pero hay que ser consciente de que, hoy por hoy, la autarquía es inviable. Tendríamos que intentar no marginarnos totalmente del comercio internacional (pese a que en buena medida posiblemente haya que hacerlo) y optimizar los recursos nacionales. Pero, la verdad es que no es posible establecer claramente todas las consecuencias económicas de la aplicación del Nacionalsindicalismo en un medio hostil. Dependería ya de cuestiones de política internacional ajenas a la propia economía, pero con indudable incidencia en ella.
Lo que no podemos cuestionar los falangistas, después de llegar a la conclusión de que el actual sistema capitalista es la causa de los principales males de la humanidad, del suicidio del planeta y de nuestra patria, es que la sustitución del capitalismo por un sistema económico más justo es una alta tarea moral absolutamente necesaria. Sostener otra cosa es un delito de lesa humanidad y contra España.

Jorge Garrido San Román

 Madrid, 11 de abril de 2015