15 de septiembre de 2008

MARCHAR HACIA UN NUEVO ESTADO

Muchas veces se nos ha planteado que el nacionalismo es solamente una reacción, pero que en el fondo no existe en ella ningún contenido, ni una idea propia con referencia a lo que haríamos estando en el poder. Que somos solo reacción contra un estado de cosas pero que no hay ideas concretas sobre que estado de cosas querríamos instaurar. Una negación que claudica al tratar de producir una afirmación. En lo que hace a la concepción del poder propio y la idea de proyectar ese poder hacia fuera, carecemos de concepciones concretas. Eso se dice.
En la práctica la idea de poder propio significa tener en crecimiento una masa crítica de gente sobre la que influyamos y que siga nuestras ideas con la esperanza de llegar en algún momento a tomar el poder para ponerlas en función desde el Estado. También en crear la idea en los que son ajenos, de la posibilidad de que en algún momento seamos poder. Es también, por que no, el crear el temor en el régimen a dicha posibilidad
Así visto, construir el poder propio está en directa relación con la capacidad de atraer a diferentes grupos sociales convenciedolos al mismo tiempo para integrar esa tarea común que nosotros desde aquí llamamos Recuperar la Patria. Lo agonal de la política se da explicando y difundiendo que es lo que haríamos en la etapa arquitectónica. Primeramente la construcción de una estructura que nos contenga y embrión al mismo tiempo de un sistema opuesto a éste, el de la globalidad sin fronteras, síntesis finisecular de los dos flagelos que azotaran a la humanidad, el capitalismo y el marxismo.

Enemigos de ayer y de hoy

A decir verdad esas dos ideologías siempre fueron enemigas del nacionalismo en cuanto que ambas son dos gradaciones de las concepciones filosóficas de la denominada modernidad. Lo que ocurre es que estas concepciones del mundo, fueron las vencedoras en la Segunda Guerra Mundial, que determinara el fin de los sistemas y gobiernos nacionalistas. Cuando llegó la hora del enfrentamiento entre estas dos concepciones modernas, el nacionalismo hizo hincapié en el combate contra el marxismo, por que vio en ella mayor radicalidad. Pero jamas dejo de lado la idea de que el liberalismo en definitiva, por ser la ideología base de esa modernidad era el génesis de todos los males y el origen del marxismo. Hoy esto se presenta patente en una síntesis el Nuevo Orden Internacional. Nuevo ordenamiento polifacético, cuya cabeza es el Imperialismo Internacional del Dinero, dueño y señor del país más poderoso de la tierra y de sus potencias aliadas: EEUU y Europa Occidental Israel. Este orden reúne: liberalismo económico basado en la usura y el dinero, izquierdismo cultural (progresismo) y democracia de masas a escala planetaria. Es el sistema que se nos ha impuesto. Para la Nación un enemigo mortal a combatir.

Armas para la lucha

Surge de la realidad lo desigual del combate y de allí la posición de muchos que afirman que nada se puede hacer. Esa posición derrotista no cuenta con tres cosas: en el plano sobrenatural la intervención de la Providencia y en el natural la existencia de resquicios que el mismo sistema de dominación da por la imposibilidad material de controlarlo todo y más allá de esto la voluntad de aquellos que se apliquen a combatirlo. Esas tres son nuestras principales armas para la lucha.
Pero seremos más concretos en referencia a esto. Hace falta un elemento que sirva para ese combate que esta pendiente. Ese elemento es la organización, el grupo o movimiento que encarne nuestra idea. Lograr un grupo humano fundacional con absoluta coherencia entre lo que se dice y lo que se hace y una férrea convicción, para luego proyectarse hacia el exterior, al combate que hoy más que nunca es un combate por la mente y el alma de los argentinos.

Encarnar otra concepción

Mientras el enemigo trata de profundizar la dominación mediante la usura y una economía basada en el dinero, con el hombre a su servicio; nosotros pondremos énfasis en una economía basada en la producción y creación de riquezas al servicio del hombre, teniendo al dinero en el lugar que le corresponde como elemento útil para el intercambio de bienes y servicios y como elemento para aumentar la producción de los mismos y no como una mercancía escasa con precios inflados según las necesidades de las usinas financieras mundiales. Contra la economía de la usura, la especulación financiera y la concentración de riquezas en pocas manos oponer una basada en la producción y su redistribución equitativa, con la máxima difusión posible de la propiedad privada. Contra la república de la pauperización y la explotación económica y la exclusión la de la equidad y la justicia y la inclusión. Una REPUBLICA SOCIAL.
El progresismo representa en la cultura, entre otras cosas, un triple desarraigo, necesario para la lograr el hombre globalizado, masificado. Es el desarraigo de la religión. La ruptura con Dios. El hombre se torna un ser sin trascendencia. Representa una ruptura con la tierra y la heredad con la identidad y la Patria. El hombre individual se torna un ser por y para el poder mundializado. Finalmente el desarraigo se extiende a la familia a la que intoxica con pansexualismo, ruptura de la autoridad y dialéctica de enfrentamiento entre padres e hijos, la consume en el individualismo. Desarraigado el hombre se torna fácil instrumento sea de la explotación económica o de la idiotización mediatica instrumentada para su dominación por el poder mundial. A esta concepción debemos oponer los valores tradicionales y la restauración de los principios religiosos y patrióticos que hacen a nuestra identidad. Contra la republica del desarraigo opondremos la REPUBLICA PATRIOTICA.
Finalmente la cuestión que plantea la denominada “democracia de masas”, una de las grandes estafas que se inventara en estos últimos años. Un sistema de elección de los gobernantes a pedir de boca para la globalidad, donde un individuo vale un voto y donde los candidatos son salidos de partidos políticos ocupados en forma permanente por bandas de delincuentes y vividores que son elegidos a dedo por el capanga de turno para integrar listas kilométricas de personajes a los que nadie conoce ni sabe de sus capacidades o incapacidades. Donde elegir a un gobernante es una suerte de lotería, donde reina el sufragio inorgánico y donde se le plantean al elector preguntas que por sus conocimientos jamas podría contestar. Contra esa república del número y el anonimato, donde se elige lo que no se conoce, planteamos la inmediatez entre elector y elegido, reivindicamos la representación corporativa, tanto de base municipal como de base gremial que converja en la cúspide en un gobierno nacional fuerte y a su vez representativo de las expresiones sociales de la Nación, de la diversidad que conlleva ello. Contra la república del caos, de la masa y de la globalidad oponemos la comunidad organizada, la REPUBLICA ORGANICA

Un nuevo Estado

Bosquejado el tipo de Estado que queremos diciendo que ese nuevo Estado será el instrumento de la Nación, la expresión de esa unidad de destino que es la Patria, digamos que ese Estado estará como instrumento, a favor de la Nación no como el actual que esta en contra radicalmente
Una de las preguntas que al nacionalismo le han hecho, formulado insistentemente, es la referente al acceso al poder. De que nos valeremos para llegar a la construcción de ese Estado y de esa república. Como lograremos tener el dominio del poder político. Fuera del sistema y de su legalidad no estaría más que la toma del poder por la fuerza, se nos suele decir. La cuestión no es ni tan drástica ni tan simple como eso. Primero veamos el “con que”, luego veremos el “como”.
Si bien no desechamos ninguna estrategia para acceder al poder, existen formas que están mas cerca de nuestra manera de ver la política que otras y en esa convicción y con esa orientación se deberá construir el instrumento mas apropiado para dicho acceso.
Hoy, cuando la democracia universal cubre casi todo el planeta, para el hombre común moldeado por los medios de comunicación del sistema, es una herejía pensar la política y el poder que no sea mediante una concepción partidocrática, donde el universo de la misma sea un reflejo del sistema económico y filosófico liberal. Un mercado de las ideologías. Al mismo tiempo crear un partido político del régimen equivale, según esta misma inclinación a abrir una suerte de fondo de comercio que recibirá mas prebendas dentro de las transacciones que se desarrollan en dicho mercado, de acuerdo a la aceptación que tenga entre la masa de consumidores.
Los que se avienen a embarcarse en una estructura de esta naturaleza saben que deberán dar (materialmente hablando), para poder recibir (apoyo, votos, financiación). Todo se desenvuelve en un entorno de rédito económico y clientelismo de la peor especie, que explota las necesidades de una amplia franja de personas que este mismo sistema de despojo, - cuya expresión política es justamente la democracia de masas- ha arrojado a los márgenes y a la miseria permanente. Esa es la actual esencia de la partidocracia regiminosa

Resistencia – Secar la legalidad burguesa

Mao Zedong el líder comunista chino al referirse a las guerrillas decía que debían moverse entre la población como el pez en el agua. En realidad lo que decía este tirano es válido para cualquier expresión política. Sin un substrato social mínimo que la contenga y apoye èsta deja de ser una expresión colectiva. Podrá ser un cenáculo o una secta, pero si su finalidad es trascender de lo meramente teórico o testimonial, si su finalidad es cambiar la agobiante realidad, deberá contar con apoyo de la gente.
En la actualidad el apoyo de la gente a este sistema y más después de lo ocurrido en el 2001 es condicional y francamente acotado. Pero aun no ven claro algo que pueda ser una opción de reemplazo. Las heridas dejadas por 25 años ininterrumpidos de vigencia del régimen han provocado un escepticismo extremo y pánico a perder lo poco que se ha podido conservar. La desmovilización hoy es más que evidente, el conformismo también. La prueba esta en que aquellos que pedían que se fueran todos, se conforman y resignan con que gobiernen todos los que se tenían que ir.
No obstante eso, queda demostrado en cada acto electoral la indiferencia y la repulsa de no pocos argentinos a dejarse manipular por este estado de cosas. En la última compulsa casi el 40 por ciento del padrón no concurrió a las urnas. Allí esta el primer bolsón de resistencia pasiva a la legalidad burguesa. Contra los políticos que dicen que nadie puede ser prescindente, están los que afirman que si se puede serlo y obran, consciente o inconscientemente, en consecuencia por diferentes motivos. Es la realidad horizontal de la política, donde los aparatos de la partidocracia no han podido penetrar. Muchos son integrantes de los sectores mas castigados por la pobreza. Trabajar sobre esos sectores será fundamental en adelante si se quiere armarlos moralmente para que la resistencia oscura y confusa que realizan tenga una dirección determinada y correctamente orientada a oradar la de representatividad forzada y falsa que exhiben los aparatos partidocráticos del sistema. Sacarles paulatinamente el agua donde nadan los negociantes de la política.

Embarrarse los zapatos

Desde hace años y en lo referente a la idea de ser poder, el nacionalismo se ha dividido en dos vertientes: aquellos que han tratado de influir políticamente en o dentro los sucesivos gobiernos de fuerza que se dieran desde el año 30 en adelante o los que vieran al peronismo como una variante argentinizada de los nacionalismos europeos de preguerra. Ambas maneras de hacer política y de influir o construir poder propio han fracasado siempre y caducado definitivamente por ser salidas falsas de por si, y hoy por imperio de la realidad. Ambas vertientes han ocasionado un efecto desbastador dentro de nuestras filas y producido una perdida de tiempo y una dispersión como nunca se ha visto. Ambas formas tenían y en algunos casos individuales desgraciadamente todavía tienen, una idea distorsionada de lo que eran y son las FFAA y de lo que era y es el peronismo.
De manera tal que caducadas esas dos formas, que dicho sea de paso, hubiese sido preferible que ni existieran, los nacionalistas nos veremos obligados a pescar en el enorme mar que tenemos adelante. Para eso habrá que caminar e hilvanar voluntades. Habrá que adaptar muchas cosas y tendremos que embarrarnos los zapatos, ser abiertos y reconocer la identidad con nuestras ideas que se presentan en las ideas de la gente muchas veces de forma diversa y en muchos casos en su sensibilidad, en sus sentimientos. Será solo el principio. Luego que sentemos bases la cosa se dará mas fácil. No olvidemos que en Argentina el nacionalismo primero es un sentimiento, deberemos ayudar a que ese sentimiento pase al intelecto, se convierta en idea y de la idea pase a la acción.


Cantidad y calidad

Algunos se preguntaran como haremos para conseguir ese concurso de voluntades necesario para, que una vez que tengamos organizada mínimamente una estructura fundamental y fundacional, hacerla crecer en adhesiones con la finalidad de lograr inserción en la sociedad que haga importante al movimiento, no solo desde una perspectiva meramente intelectual, sino también desde un costado político.
Mucho se ha menospreciado dentro de nuestras filas la cuestión del número, bien que ese menosprecio se dio en oposición entre la calidad y la excelencia. Pero no escapa a una observación más minuciosa, el hecho de que muchas veces se pensaba al nacionalismo como una cuestión de cenáculo, una cuestión que no podía trascender masivamente por que se creía que el común de la gente no lo comprendería Un nacionalismo así carecía de dimensión social. Tampoco se pensaba en el mismo como un movimiento político masivo. No se planteaba que pudiera prender en “las masas” de forma tal que pudiéramos en definitiva y por ese medio llegar al poder. Se especulaba que no seria necesario esto por las mismas razones que hemos analizado en el apartado anterior.

Lo perimido

Se descontaba, en un caso, el uso de la fuerza para la toma del poder, entonces la inclinación era imbuir de la doctrina necesaria a aquellos que usarían de la misma para la edificación de un nuevo orden. En teoría de allí saldría el jefe, el hombre providencial. La opción eran los militares o mejor dicho una versión distorsionada de los militares. Los militares argentinos no fueron ni son nacionalistas. Desde Caseros, fueron liberales y hoy desaparecen tambien liberales, partidarios de un occidentalismo cristiano inventado por los norteamericanos. En definiva, los únicos que hacían negocio político, con esta modalidad eran Los gorilas liberales y masones.
Usaban de los nacionalistas (algunos se dejaban usar otros solo eran conservadores) Finalmente los militares terminaban reivindicando la constitución de 1853 y colocando en el manejos de la economía a funcionarios de la finanzas internacionales que se dedicaban a endeudar al país y hacer negocios. No eran más que una continuación del régimen por otros medios, le pasaban el plumero para que después se volviera a la “normalidad institucional”.
La otra versión era la que se inclinaba a colaborar con el populismo. Allí no era necesario esperar al hombre providencial por que ya existía o había existido y su sola pancarta atraía multitudes; pero ocurría que el nacionalismo tampoco quedaba allí, a pesar de la liturgia y algunas modalidades exteriores y ciertas nociones de organización social teóricas correctas, el peronismo acabó siendo un elemento integrante de la partidocracia. Lo demostraría definitivamente a partir de la década de los 80 donde se convirtió en socialdemócrata, liberal y hoy en el partido de los derechos humanos con la ideología del Nuevo Orden Internacional en cuyo gobierno operan impúdicamente miríada de funcionarios de las fundaciones yanquis libres de impuestos, mientras sus máximos capitostes y su aparato político multiuso, integrantes de una verdadera mafia, fingen izquierdismo nacionalista mientras pagan religiosamente la libra de carne a la usura mundial. Al mismo tiempo siguen los dictados culturales de la Globalidad o sea la destrucción de la cultura.

Una opción superadora: nosotros solos

La realidad que se presenta hoy en día nos dice que esas fueron salidas erróneas, a pesar que existan algunos que continúen entregados a esos fallidos afanes, dejándose usar por los que rodean los restos de lo que fueran las FFAA o tratando formar grupos nacionalistas que luego serán líneas internas del peronismo.
Esa misma realidad muestra también que mas allá de la preeminencia de la calidad sobre la cantidad se necesita una masa critica para llegar a tener nuestro propio poder, para existir políticamente hablando y posteriormente para hacer ver claramente que somos una opción de poder. En definitiva tanto para tener nuestro propio poder, para existir políticamente hablando como para ocupar el Estado hace falta gente. Gente preparada políticamente, técnicamente y convencida. La mayor cantidad posible. De nada sirve tener la doctrina si no la conocen los hombres o solo un grupusculo sabe de ella.
Para tomar el poder no podríamos fiarnos en una masa de meros empleados o en su caso de mercenarios como hace la partidocracia que reparte cargos entre matones, pintaparedes y funcionarios del progresismo transnacional.
Nuestro criterio de manejo político del Estado es diametralmente opuesto a este Estado que esta contra la Nación desde hace mas de un siglo y medio
Se presenta entonces la necesidad, como ya dijimos, de hacer política y difundir nuestro ideario como lo marcáramos en anteriores artículos, trabajando la dimensión horizontal, esa dimensión donde no han realizado cosecha alguna las mafias del aparato organizativo de la partidocracia, donde esa partidocracia es directamente repudiada por diversos motivos. Sea al individuo aislado como a la dirigencia de los cuerpos intermedios. Y sobre esos cuerpos intermedios y núcleos sociales es donde se debe trabajar incansablemente. Llevando a la práctica lo que el nacionalismo siempre predicó
Para esa tarea primordial se debe lograr una estructura sólida con base municipal y en ciertos casos puntuales barrial por diferentes motivos: Primeramente el municipio es la expresión política organizativa primordial, es a su vez donde existe una inmediatez en política, palpable y concreta, es el sitio donde se conocen detalladamente y en el foco los problemas que enfrenta una comunidad determinada, es al mismo tiempo el lugar donde se toma contacto con el hombre de carne y hueso y por ello ese lugar es en definitiva donde finalmente la representación entre gobernante y gobernado se da con el conocimiento entre uno y otro sin intermediación ni discurso mediador de los profesionales en contar la realidad, es donde se pueden ensamblar consensos reales no ficticios ni declamatorios o medidos por encuestas interesadas y falsas. Es el sitio indicado para colocar la semilla que geminara con una organización social propia. Dicha organización desde el vamos deberá ser corporativa para finalmente converger en un gran movimiento político nacionalista
Será como plantar el árbol en tierra donde hunda sus raíces, que consecuentemente nos permitirán iniciar un camino difícil pero no imposible hacia la meta soñada de recuperación de nuestra Patria.

9 de septiembre de 2008

Mons. HECTOR AGUER HABLA SOBRE LA ESCUELA CATÓLICA

Luján, esta basílica, la casa de la Madre común, es la meta obligada de las peregrinaciones bonaerenses. Los fieles, casi siempre en familia, las parroquias y las diócesis, las más diversas comunidades eclesiales, vienen –venimos- frecuentemente a Luján. Venimos a celebrar, a dar gracias, o a suplicar, sobre todo en los momentos de graves aprietos, en las angustias personales y colectivas; venimos a mirar en silencio a la Virgen silenciosa, dejando que hable el corazón y esperando que ella nos hable al corazón. Cada vez que venimos nos anima el escuchar que el Señor nos diga en su Evangelio: Aquí tienes a tu madre (Jn. 19, 27).
En esta celebración de hoy, que es como el cierre solemne de un año jubilar, hacemos memoria de un triple aniversario: 90 años de la creación en La Plata del Consejo Superior de Enseñanza Católica; 50 de la aprobación de los estatutos del órgano que lo sucedió, nuestro actual Consejo de Educación Católica de la Provincia de Buenos Aires y 10 años del Congreso realizado en octubre de 1998 en La Plata y aquí en Luján.
Monseñor Juan Nepomuceno Terrero, segundo obispo de La Plata, cuyos restos reposan en el crucero de esta basílica, quiso dar cohesión a la tarea educativa de la iglesia en su vastísima diócesis que abarcaba todo el territorio bonaerense. Se propuso entonces vincular a los colegios en una federación, según un designio de unidad, para facilitar, mediante una autorizada asesoría, una adecuada representación y una diligente tutela, el cumplimiento de su misión específica. Aludía, en el documento fundacional, a una dirección única, concienzuda y metódica, cuya necesidad se advertía en las frecuentes consultas que los directores de colegios católicos encaminaban a la sede episcopal. Hacía referencia también al impulso otorgado a la educación de la juventud por el Concilio Plenario de la América Latina, reunido en Roma en 1899. Más allá de ese dato, la tradición pedagógica de la Iglesia constituía un bagaje precioso que iba marcando, a través de los cambios culturales, de los ajustes imprescindibles y los procesos de renovación, la identidad de la escuela católica.

Esta brevísima referencia histórica sirve simplemente como apoyo de un acto agradecido de memoria, en el que debemos abrazar a todos los que, tanto en aquellos inicios lejanos como en la continuidad ininterrumpida representada hoy por el Consejo de Educación Católica y por las Juntas Regionales, han consagrado amor y desvelos a la obra de la formación cristiana de niños y jóvenes en nuestras escuelas: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, educadores laicos beneméritos y muchos humildes y anónimos colaboradores. Quienes actualmente compartimos responsabilidades en este campo recibimos una herencia que es preciso incrementar y transmitir y un testimonio que nos alienta a perseverar con alegría en esta misión que se integra en la realidad rica, compleja y dinámica de la evangelización.
El subsistema educativo eclesial brinda un servicio muy importante en nuestra provincia que, como es bien sabido, resulta barato al Estado bonaerense. La Iglesia sostiene que el derecho y el deber de la educación compete en primer lugar a la familia, pero requiere la colaboración de toda la sociedad; le compete también al Estado, según el principio de subsidiariedad, cuando no basta el esfuerzo de los padres y de las diversas instituciones. Así lo enseña el Concilio Vaticano II, que señala, además, un motivo singular del protagonismo de la Iglesia en el ámbito educativo: su deber de anunciar a todos el camino de la salvación y de comunicar a los fieles la vida de Cristo (cf. Gravissimum educationis, 3). Como Madre, la Iglesia está obligada a educar a sus hijos, y de ese modo contribuye al bien de la sociedad terrena, a configurar un mundo más humano. El principio católico que postula una jerárquica armonía entre la naturaleza y la gracia, la razón y la fe, la cultura humana y el Evangelio, revela también que nuestras escuelas cumplen en plenitud la función específica de toda institución escolar cuando son capaces de dar vigencia a un proyecto educativo centrado en Jesucristo, Redentor del hombre, para transmitir el hecho cristiano, el cristianismo como acontecimiento, como una realidad sobrenatural que impregna toda la realidad humana, la transforma y la plenifica plasmando hombres nuevos, creados a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad (Ef. 4, 24). A ese objetivo noble y altísimo debemos aspirar mientras nos ocupamos de llenar los requisitos que desde siempre caracterizan a la tarea escolar. Nuestros chicos deben cultivar sus facultades intelectuales, desarrollar la capacidad de juzgar rectamente, adquirir el sentido de los auténticos valores, recibir creativamente el patrimonio de la cultura conquistado por las generaciones pasadas, prepararse para la futura vida profesional, educarse como buenos ciudadanos, pero todo eso han de intentarlo a la luz del Evangelio y con la ayuda de la gracia de Dios. La enseñanza religiosa escolar y la catequesis no pueden reducirse a un mínimo espacio curricular: deben ser la fuente inspiradora de una doble síntesis: entre la fe y la cultura, entre la fe y la vida. Nuestras escuelas están llamadas a constituirse, cada vez mejor, en centros de transmisión de la sabiduría cristiana; para que nuestros alumnos lleguen a ser hombres y mujeres de bien, buenos ciudadanos, nos empeñamos en formarlos como buenos cristianos.
Este ideal tan bello no es inalcanzable. Por cierto, no desconocemos los obstáculos que se oponen a su plena realización, los problemas que plantean la cultura actual y la situación social de nuestra provincia y del país. Es preciso enfrentar esas dificultades con lucidez, serenidad y esperanza. No nos ilusionamos con un posible resultado automático de todas las buenas iniciativas que ponemos en curso en nuestros colegios; sabemos que hay que contar con factores poderosos de deseducación que interfieren perniciosamente en el proceso educativo: la disgregación familiar, la pobreza extrema en vastos sectores de la población, el cretinismo y la perversión de muchos programas televisivos, algunas orientaciones ideológicas que se imponen en los cenáculos pedagógicos, modas y manías de la “cultura joven” que se anticipan devastando la condición infantil y tantas cosas más. El educador, el maestro, se acerca con paciencia y amor a la realidad concreta del alumno; la escuela, la comunidad educativa, tiene que tener algo de familia, de casa, para que el servicio que brinda no se diluya en la masificación y el anonimato, sino que, al contrario, se desarrolle con una dedicación personal a cada uno; así corresponde, porque el fin de la educación es que el niño y la niña, los adolescentes, los jóvenes, logren plasmar su personalidad, ser plenamente lo que son de acuerdo a su naturaleza y a su vocación.
Los aniversarios particularmente significativos que solemos celebrar no sólo nos permiten reconocer nuestras raíces y con gratitud y complacencia hacer memoria de lo que hemos logrado, sino también evaluar el presente y mirar hacia el futuro. A propósito, podríamos preguntarnos si con la capacidad instalada con que cuenta nuestro subsistema educativo no podríamos obtener mejores resultados. Nuestros colegios son, en general, bien apreciados por su nivel académico y por otros aspectos de la vida escolar; muchas familias procuran cada año hallar cabida en ellos para sus hijos. Ojalá podamos dar lugar a todos y proporcionar una educación de excelencia a los hijos de las familias más pobres. Pero ¿cuáles son los frutos en el plano específico de la evangelización? Es verdad que no resulta fácil reunir datos que permitan formular un juicio exacto; no obstante, bastan las impresiones que recibimos de continuo para advertir que queda mucho por hacer, que tenemos que empeñarnos en una continua revisión de propósitos y métodos y sobre todo en una fervorosa renovación del espíritu para poder transmitir a nuestros alumnos el amor a la verdad y el deseo de un encuentro vivo con Jesús. ¿Cuántos chicos y chicas de nuestros colegios, después de haber pasado en ellos hasta diez o doce años, salen como cristianos convencidos y se incorporan a una comunidad parroquial o a un movimiento eclesial? Hay un objetivo elemental y no podemos cejar en el esfuerzo inteligente y tenaz que se debe aplicar para lograrlo: que todos egresen conociendo las verdades fundamentales de la fe, sabiendo qué significa y qué implica el ser católico; que sepan y valoren las normas evangélicas de la vida cristiana. En suma: que conozcan y amen al Señor. ¡Qué bueno será que cada año podamos despedir a los egresados con la seguridad y la alegría de saber que van bien pertrechados para enfrentar la vida!
Señalo un punto clave de la pastoral educativa: que nuestras escuelas verdaderas comunidades; es así como las consideramos, pero no es tan fácil que efectivamente lo sean, que sean comunidades fraternas, eclesiales, en las que se viva la unidad de la caridad. Deben serlo, porque sólo así serán en serio educativas en sentido cristiano; sólo así constituirán un ambiente evangelizador. A partir de esta vivencia eclesial, la escuela puede proponerse desarrollar una misión respecto de las familias de los alumnos, con el fin de ayudar a los padres a asumir su condición de educadores, que han elegido para sus hijos un camino de formación según los principios de la fe cristiana. Asimismo, al compartir una tarea tan noble y delicada, los maestros y profesores, con los demás componentes de la comunidad escolar, pueden estimularse mutuamente en orden a una formación permanente y a su crecimiento espiritual.
Queridos hermanos y hermanas: Pongamos a los pies de nuestra Madre Inmaculada de Luján los pensamientos, los sentimientos, las intenciones y propósitos que ha suscitado en nosotros la celebración de los aniversarios que nos ha reunido hoy. Sí, presentémosle nuestra acción de gracias y nuestra súplica, para que ella atraiga sobre la tarea educativa de la Iglesia en la provincia de Buenos Aires, y sobre todos los empeñados en ella, abundantes bendiciones del Señor. Esta pausa celebratoria nos infunde ánimo para seguir andando, para trabajar con ahínco, estudiar, orar y sufrir si es preciso por la educación católica. Llevemos en el corazón la exhortación del profeta, que hemos escuchado: Fortalezcan los brazos débiles, robustezcan las rodillas vacilantes; digan a los que están desalentados: “¡Sean fuertes, no teman: ahí está su Dios!” (Is. 35, 3-4)
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

31 de agosto de 2008

ESPAÑA DE ZAPATERO O LA CULTURA PROGRESISTA


DE LA UTOPIA DE ZAPATERO A LA DISTOPIA DE LA REALIDAD


En 1949 se publicaba 1984 la novela escrita por George Orwell en la que nos muestra un sombrío futuro dominado por un Estado omnipresente gestionado por un partido totalitario. Cuando llegamos a 1984, hace ahora casi un cuarto de siglo, se multiplicaron los homenajes al autor de aquella novela y las campanadas de la noche de San Silvestre anunciaron la llegada del “año Orwell”.
En aquel momento, Europa estaba bajo la presión del último tramo de la Guerra Fría; el despliegue de misiles norteamericanos en Europa hacía que volviera a planear, por última vez, el fantasma del desastre nuclear. Sin embargo, dos años después, Gorvachov inició el desmantelamiento de la URSS y poco después cayó el Muro de Berlín. La novela de Orwell se olvidó en un clima de optimismo y euforia.
La democracia había logrado disipar al espectro del totalitarismo. Sin embargo, si un año merece ser llamado “año Orwell” es precisamente 2008. Y si en algún lugar se da el escenario descrito por Orwell es en la España de Zapatero.
La sociedad descrita en 1984
Las dos mejores proyecciones de ficción de la literatura del siglo XX son, sin duda, 1984 y Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Ambas novelas son, de hecho, complementarias. En el Mundo Feliz se describe un paisaje que encaja perfectamente con el que se desarrolla ante la vista. Ser feliz es casi una obligación. No importa que ser feliz haya costado renunciar a tener un alma (una personalidad). La dominación del ser humano es sutil y se realiza por medios tecnológicos en la novela de Huxley.
Orwell muestra técnicas de dominación más brutales. Ha conocido el stalinismo y sabe que no todos se dejan robar el alma. Algunos la defienden. El Gran Hermano es brutal con estos. Debe de serlo si lo que pretende hacer es una sociedad igualitaria. El mundo de Orwell nivela e iguala con la motosierra. Quien sobresale y tiene opinión propia, le son amputados esos centímetros que dan personalidad. Es Winston, el protagonista, que se niega a aceptar esa igualdad por abajo; aspira, el insensato, a algo más.
Pero en el mundo de Huxley, ya no hay brutalidad, el Gran Hermano ha podido construir su mundo feliz y ya no ejerce brutalidad, le basta con haber robado el alma a todos los ciudadanos. Ninguno de ellos tiene problemas o dificultades, el Estado resuelve cualquier conflicto y cubre cualquier necesidad, a condición de carecer de personalidad.
El mundo de ZP: el mundo feliz
Huxley pinta un “mundo feliz” en el que el desarrollo científico, el dominio de las tecnologías y la utilización de las técnicas de control social, han llevado a la realización de la Utopía. Se han conseguido erradicar la pobreza y las guerras; los ciudadanos circulan por las calles con sonrisa bobalicona, no conocen ni el miedo, ni la enfermedad; son permanentemente felices.
La ironía de la novela es que para alcanzar esa felicidad han debido eliminar muchas cosas: la familia, la cultura, la religión, las artes, la filosofía, la historia, la diversidad étnica y cultural, las identidades y las naciones…
No hace falta forzar las cosas para reconocer tanto en el modelo descrito por Huxley como en lo que ha sido preciso destruir, a la ideología de José Luis Rodríguez Zapatero. Da la sensación de que algún ideólogo de Ferraz ha tomado la novela de Huxley como programa electoral: lo que se ofrece es la felicidad (en lugar del esfuerzo, la lucha, el sacrificio, es decir, en lugar de la vida real) y para llegar a ella es preciso hacer tabula rasa de todo lo que conocemos.
En los cuatro años de gobierno de Zapatero se han dado pasos asombrosos para la destrucción de la familia (divorcio exprés, práctica liberalización del aborto, ausencia completa de facilidades y ayudas para formar familias y para la paternidad), para liquidar la identidad nacional (regularización masiva de ilegales en 2005 y puertas entreabiertas para llegar a 6.000.000 de inmigrantes), para pulverizar la enseñanza y la cultura, para imponer los nuevos valores (universalismo, pacifismo, ecologismo, paz universal, etc.) mediante la invención de asignaturas (educación para la ciudadanía), ofensiva contra la religión tradicional del pueblo español (mediante la promoción de un laicismo extremo, igualando el catolicismo a cualquier otra religión), centrifugar el Estado (apertura a los partidos nacionalistas e independentistas, diálogo con ETA, incapacidad para definir un modelo de Estado).
Para colmo en “el mundo feliz” las drogas son el pilar de la sociedad… España es hoy el país del mundo que consume más cocaína, por delante incluso de los EEUU. Huxley aludía a una mezcla de heroína y cocaína que proporcionaban una felicidad absurda.
Los ciudadanos del mundo feliz de Huxley ignoran lo que es la historia, simplemente tienen la idea de que en el pasado sólo se conocía el horror y la barbarie (lo contrario de la sociedad en la que viven). Es inevitable recordar la importancia que ZP da a la “memoria histórica” y el estímulo que ha dado a los nacionalistas e independentistas para que “rescriban la historia”. De hecho, en la concepción de ZP, todo lo que ocurrió antes del 14-M de 2004 era pura barbarie.
Huxley describe el proceso de la globalización que tanto gusta a ZP. Sitúa su origen en 1908 (año en que Henry Ford lanzó el “Ford T”, primer coche fabricado en serie) y, después de una guerra de nueve años que se desarrolló en Europa, se formó el “Estado Mundial” que dio paz y armonía universal.
No albergamos la menor duda de que el modelo de sociedad que tiene ZP (y, por extensión, toda la progresía alucinada de éste país) es el descrito por Aldous Huxley en El Mundo Feliz. Y el mismo Huxley describe los valores tradicionales que hay que liquidar. Justo los que Zapatero ha ido arrinconando en los últimos cuatro años.
Pepiño Blanco, en el Ministerio de la Verdad
El protagonista de 1984 es Winston Smith, un trabajador del “Ministerio de la Verdad” cuya función es rescribir permanentemente la historia, inventando héroes y anulando a protagonistas y a situaciones reales “políticamente incorrectas”.
La sociedad de 1984 es una inversión de una sociedad sana; cualquier nombre utilizado es la inversión de su función real: el Ministerio del Amor se ocupa de los castigos, el Ministerio de la Paz, prepara las guerras, el Ministerio de la Abundancia mantiene a la población al borde de la subsistencia y, finalmente, el Ministerio de la Verdad falsea la realidad para que ésta coincida con las previsiones del Gran Hermano... el dictador único del que emana un “pensamiento único”, verdadero paradigma al que debe atenerse toda la sociedad.
Cada mañana, cuando el portavoz del PSOE, Pepino Blanco ofrece una rueda de prensa parece que oficie como un representante del Ministerio de la Verdad orwelliano quien habla. De hecho su función consiste simplemente en encajar a martillazos la realidad con las necesidades electorales del partido.
En el mundo de 1984 se ha impuesto el “doble pensar”, el arte de pronunciar unas palabras y encerrar un significado contrario a su significado objetivo. A esto lo llamamos hoy “lo políticamente correcto”.
El Gran Hermano, ánima nera de la novela, lo es todo, es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios, el juez supremo, la encarnación de los ideales del Partido único y todopoderoso. Vigila sin descanso. Al Partido único deben pertenecer todos salvo los "proles", equiparados a los animales, los proles somos todos: la Policía del Pensamiento apenas los vigila: "a los proles se les permite la libertad intelectual porque no tienen intelecto alguno". Da la sensación de que se está describiendo la situación de España en el siglo XXI, donde puede decirse todo, pero no sirve para nada y donde la masa carece de capacidad crítica al 100%.
El protagonista de 1984 toma conciencia de lo monstruoso de esta sociedad. Percibe en los mecanismos mediáticos, en la educación y en el ocio, instrumentos para el control mental de los individuos y para la educación totalitaria de las nuevas generaciones. El Gran Hermano aspira a penetrar en el cerebro de cada ciudadano y a controlar cualquier disidencia incluso en el dominio del pensamiento íntimo. Las técnicas de dominación hacen efecto sobre Winston y la novela termina con el protagonista mirando un monitor de televisión: “Dos lágrimas, perfumadas de ginebra, le resbalaron por las mejillas. Pero ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano”.
Orwell define a la ideología totalitaria como IngSoc, contracción de “socialismo inglés”, abierta a todas las razas, que propone el mestizaje universal y cuyo símbolo es una mano blanca y otra negra que se dan la mano. ¿Les suena?
Distopía frente a Utopía
La Utopía es una ficción en la que se describe un mundo ideal. La distopía, por el contrario, es una utopía negativa y completamente indeseable. Los mundos descritos por Orwell en 1984, por Huxley en Un Mundo Feliz o por Ray Bradbury en Fahrenheit 451, en La Naranja Mecánica de Anthony Burgess o, más recientemente Neuromante de William Gibson, son distopías.
En política, es frecuente que los buscadores de utopías, terminen generando monstruosas distopías. Es lo que ha logrado José Luis Rodríguez Zapatero de quien hasta el 14 de marzo de 2004 no podía dudarse de su honestidad y de su sinceridad, pero a medida que ha ido avanzando en su tarea de gobierno, ha dado muestras de su capacidad para generar problemas y llevar el caos allí a los terrenos más insospechados y hasta su aparición sosegados.
Zapatero intentó que el proceso de paz llevara por vía del diálogo al desarme del terrorismo. Y la utopía se trocó en distopía cuando estallaron las bombas de la T-4, ETA siguió amenazando y dos guardias civiles resultaron asesinados en Francia.
Zapatero intentó abrir un debate sobre el “modelo de Estado”; su utopía consistía en salvar la contradicción entre las autonomías y el Estado, pero se encontró con la distopía que llevó al Plan Ibarreche o al nou Estatut.
Desde 2004 hasta hoy la inmigración ha aumentado un 30%. La regularización masiva de 2005 debía de haber llevado a una nueva situación utópica en la que todos los residentes en España tuvieran papeles, pero, nuevamente apareció la distopía en forma de efecto llamada y de conscuencias más perversas que acarrea todo fenómeno migratorio incontrolado (desarraigo, delincuencia, formación de guetos, alteración de todos los parámetros y constantes de la sociedad española, etc.).
Como si Orwell hubiera anticipado la política económica del gobierno ZP en su descripción del Ministerio de la Abundancia, la utopía de la justicia social que decía defender, se convirtió en la distopía de la mayor crisis económica que se va haya visto en nuestro país. Y poco importa quien venza en las elecciones de marzo: la situación es tan grave que el margen de maniobra de unos o de otros es el mismo, aguantar la crisis y esperar que el tiempo lo resuelva todo…
Zapatero buscó alcanzar la utopía en materia internacional y para ello promocionó su Alianza de Civilizaciones, intentó alianzas con los “grandes”, pero, finalmente su política tan solo pudo atraer a países-parias africanos, a Turquía deseosa de buscar alianzas para acercarse a la UE, fracasando en todos los demás frentes. La utopía internacional de ZP y de Moratinos, se volvió, una vez más, distopía.
Otro tanto ocurrió en políticas sociales. El programa del PSOE de 2004 aludía a un utópico “viviendas para todos”, en la práctica se quedó, primero en “soluciones habitacionales”, luego en “pisos de 30 metros”, más tarde en 200 euros para alquileres que provocaron una inmediata subida de 200 euros en la oferta. La Ley de Acompañamiento no es nada sin los presupuestos de las autonomías, los beneficios prometidos a Autónomos y pensionistas, no sólo no aparecieron sino que la crisis económica iniciada en otoño de 2007 mermó hasta la raíz el poder adquisitivo de las economías más modestas. Si la distopía es algo, es precisamente esto.
El régimen de partido único aquí y ahora.
Alguno dirá: “Si, ciertamente, Zapatero si no ha leído –lo que parece probable- ni 1984 ni Un Mundo Feliz- los ha bene trovato y cada una de sus medidas ha conducido a la distopía, el “feliz mundo” que ZP ha querido construir se ha convertido en un “mundo feliz” huxleyano. Pero, afortunadamente, hay oposición”. Error, no hay oposición, hay competidor. El PP es el “competidor”, mucho más que el “opositor” y en tanto que “competidor”, juega a la contra sistemáticamente. Si fuera “opositor” miraría mucho más a los intereses nacionales que a los intereses propios, de la misma forma que si el PSOE fuera el “poder”, gobernaría en lugar de limitarse a disfrutar de las mieles del poder. Ni la oposición construye una alternativa, ni el partido en el poder sabe ni tiene la intención de ejercerlo.
Por lo demás, ninguno de los dos partidos “hace política”. La política es lucha, construcción, destino, no expolio de las arcas públicas allí en donde tiene ocasión, ni búsqueda sistemática del máximo beneficio económico propio con el mínimo esfuerzo.
No hay oposición porque ningún partido cuestiona ni lo políticamente correcto, ni el pensamiento único, ni el nuevo orden mundial (la globalización). Vivimos en un escuálido régimen de partido único, el partido del conformismo, de los intereses de parte sobre los intereses de la colectividad y de la utilización del poder para satisfacer su desmedida ambición.
Por eso los programas de los partidos se asemejan tanto en lo esencial e incluso se complementan (Aznar abrió las puertas a la inmigración, ZP los legalizó; Aznar fue partidario de la entrada de Turquía en la UE, ZP también; los alcaldes del PSOE recalifica como máxima actividad municipal, los del PP también; ni el PSOE, ni el PP se atreven a criticar la globalización; ni el PSOE ni el PP hicieron absolutamente nada por la familia española, por estimular la demografía, ni por aumentar los niveles de representatividad democrática; el PSOE ejerció el antimilitarismo, pero fue Aznar quien liquidó el ejército con su oportunista abolición del servicio militar sin que existieran alternativas; y así sucesivamente), las únicas diferencias son en “talante” y en estilo con el que realizan, es decir el “relumbrón”.
Si bien ZP ha “enunciado” proyectos radicalmente diferentes a los del PP, no ha llevado a la práctica nada esencial de verdaderamente profundo, porque para hacerlo debería de contar con el consenso del PP de acuerdo a la constitución del 78. De ahí que, incluso desde el punto de vista constitucional, podamos decir que vivimos en un régimen de partido único, el partido del conformismo y del pancismo.
El rostro del Gran Hermano varía –de hecho en la novela de Orwell nunca se le presta un rostro concreto, es anónimo- pero su mentalidad es siempre la misma: Rajoy y ZP, tanto monta, una diarquía oligárquica, un sistema con aspecto democrático –en el que cada cual puede decir todo lo que quiera, sabedor de que no va a servir para nada- en el que los ciudadanos son arrojados por el Ministerio de la Abundancia (Solbes) a los límites de la supervivencia económica y donde el Ministerio de la Verdad (Blanco) rescribe cada día la historia y miente con un cinismo digno de Satanás pidiendo acceso al Cielo de los justos, en donde los Caldera-Rumi-Pajín muestran la multiculturalidad como la gran panacea y la mano blanca y la mano negra descritas por Orwell cruzándose en una improbable armonía universal que remite al mundo feliz de Huxley.
La bastardización de la población mediante la educación –esa educación que ni el PP reformó cuando tuvo ocasión, y que el PSOE solamente ha hecho otra cosa que hundir un poco más- junto a la precariedad económica de las masas, las mantienen quietas. En el fondo siempre puede perderse algo más. Y, por lo demás, ambos partidos han promocionado un sistema de ocio que agudiza más la ignorancia y la bastardización.
Quien no tiene cultura, ignora lo que es la verdadera libertad y aunque la tuviera no sabría como ejercerla; ni sabe juzgar ni criticar, ni analizar, si apoya no sabe porqué –por vísceras- y si se opone ignora los motivos de fondo –por vísceras- es simplemente un paquete de vísceras, un tubo digestivo y poco más. Ese es el Winston que ante el monitor del Gran Hermano derrama unas lágrimas porque entiende que “se ha vencido a sí mismo”. Es decir, porque ha renunciado a su alma.
Esos somos usted y yo, y el tipo que me acabo de cruzar y el vecino del quinto y el enésimo concursante del enésimo concurso televisivo o del último talk-show. A eso nos han reducido y nosotros se lo agradecemos porque cobramos el paro, porque a fuerza de ganarnos la vida la perdemos día a día, porque nos han traído inmigración para limpiarnos los mocos, porque el PIB crece aunque mi cartera mengüe. Gracias porque ya solo me quedan 29 años para pagar la hipoteca. Gracias eternamente al Gran Hermano, gracias a la sigla PPSOE y gracias a Zapajoy, reflejo pálido del Gran Hermano.
Ernesto Milà – Infokrisis – Infokrisis@yahoo.es