4 de noviembre de 2008

EL SISTEMA Y LO POLITICAMENTE CORRECTO

SOBRE LA DEMOCRACIA MODERNA



Breve disertación sobre Hegel y su influencia en la dictadura del pensamiento políticamente correcto de la democracia liberal.

Para Hegel el Estado sólo existe cuando los ciudadanos pueden encontrar satisfacción a sus intereses razonables y, a la vez, reconocen al Estado al reconocer su voluntad particular manifestada en la voluntad general a través de las leyes. Es decir, el Estado existe cuando es capaz de conciliar lo particular –los intereses particulares- con lo universal –la voluntad general-. Cuando esta conciliación se realiza, es entonces cuando el individuo es libre. Sin embargo, la realización de estos postulados en el Estado moderno, en la actual democracia moderna, ha llevado a la tiranía del pensamiento políticamente correcto o la llamada tiranía de la mayoría. La libertad de pensamiento y de realización de la persona, ha sido cercenada. Para Hegel, si un grupo no se ve representado por la voluntad general, generaría una facción dentro del Estado, opuesto al mismo. Para evitar esta posibilidad el Estado moderno ha destruido aquello que dice defender. Y lo ha hecho a través de un sistema de medios de comunicación, que al más puro estilo orwelliano, nos dice que debemos pensar –lo políticamente correcto- asegurando así un pueblo sumiso que vive en la ilusión de ser libre. A esta sumisión e ilusión se ha llegado haciendo uso de varios mitos.

La ingeniería social

Antes de hablar de los mitos voy a definir el término ingeniería social, que es fundamental para poder explicar con claridad lo que quiero decir. Por ingeniería social entiendo el conjunto de medios que el sistema utiliza para imbuirnos ciertas ideas, formas de pensar, esquemas mentales, etc. Esta ingeniería está en la televisión, la radio, los periódicos, internet, etc. Tras la repetición de ciertos hechos o ciertas ideas, de manera directa o indirecta, se lleva a que las personas asuman como propios ciertos postulados, que se incorporan a la conciencia colectiva, manifestada en lo políticamente correcto y a la cual no se puede contradecir sin sufrir una anatema social.

El mito del hedonismo y el vitalismo

Los medios de comunicación nos invaden con mensajes e imágenes que, de manera más o menos sutil, nos invitan a poner como fin de nuestra vida el placer (hedonismo) e igualmente se nos invita a dejarnos llevar “por lo que pide el cuerpo” (vitalismo). Su manifestación diaria está en: la mentalidad de la fiesta, del querer las cosas hechas, del no-esfuerzo, la sexualidad desordenada, la pornografía, el gusto por lo morboso y bajo, el poco interés por los temas culturales o humanísticos de verdad, la televisión basura, etc. Esto no deja de ser la más abyecta tiranía de las pasiones sobre la libre voluntad, lo cual persigue dos fines:
Se consigue que las personas sientan que sus intereses particulares son satisfechos, porque se les da la capacidad de satisfacer sus pasiones más inmediatas, que previamente se han inducido mediante la ingeniería social como el fin supremo de la existencia, lo cual da un falso sentimiento de libertad.
Se reduce el espectro existencial e intelectual de las personas. Poniéndoles como meta de su vida la satisfacción furibunda de sus pasiones, el irse de fiesta, la juerga, el pasar de todo y el “ser libre”, hacen que los individuos eludan cualquier búsqueda superior y más profunda.
Se cercena de raíz la pregunta sobre la verdad, las dudas existenciales, la vida verdaderamente intelectual, la introspección personal, etc.
Se llega, incluso, a reducir la riqueza de vocabulario. A esto hay que sumarle la inconsciente confusión mental de las personas, que viven con un montón de nociones difusas de diferentes ideologías, muchas veces incompatibles entre sí. Por tanto, las personas son bastante más fácilmente manipulables, lo cual nos lleva al segundo mito.

El mito del progreso

Junto al aumento de la manipulabilidad de la gente por la reducción de su espectro intelectual y existencial se les imbuye, mediante la ingeniería social, la idea del progreso.
La idea es que la humanidad avanza hacia un mundo mejor gracias a la razón. Así, la humanidad conseguirá –y consigue- un progreso indivisible:
progreso material, progreso intelectual, progreso moral, progreso de bienestar. Y todo este progreso es, por supuesto, bueno y deseable. Es el discurso de hoy día de la ampliación de derechos y libertades.
Como cualquier novedad es fruto del progreso, ésta se hace necesariamente buena, creándose, por tanto, un ambiente favorable a cualquier novedad, por aberrante que sea. Esto consigue una serie de cosas:
por un lado la gente vive en un estado de expectación hacia la novedad, esperando siempre que desde fuera le digan cual es la novedad de turno, completamente sumisos –aunque inconscientes de ello- a lo que la ingeniería social le diga que es ahora lo nuevo y, por tanto, lo bueno.
Por otro lado, se consigue que la persona evite enfrentarse con su soledad, con su interior, pues vive siempre expectante de lo de fuera.
Por otro lado, además de decirle a la gente que es lo nuevo y bueno, también se señala que es lo antiguo, lo viejo, lo ya pasado, lo que ya no merece la pena, lo que está anquilosado en el pasado. Normalmente coincide con la Iglesia Católica o cualquier visión sana de la realidad.
Y, finalmente, prepara el terreno para la farsa de la política. Como la mayoría de la gente no tiene la capacidad de hacer un análisis critico de las novedades que le imbuye la ingeniería social, la mayoría de la gente lo acepta como algo bueno y positivo.
Ahora es cuando el tablero está preparado para hacer creer a la gente que su voluntad se identifica con la voluntad general manifestada en las decisiones del gobierno.
Esto se consigue mediante la farsa de la lucha parlamentaria. Los progresistas, que son los políticamente correctos, los bonachones, los que usan de la razón para traer un mundo maravilloso tratan de poner la novedad que ya previamente ha calado en la conciencia social. Luego están los conservadores, que son los que malamente se enfrentan a la conciencia social, son los del orden y el atraso.
Son el elemento necesario para el sistema, porque hacen parecer que realmente existe una lucha, cuando en el fondo son lo mismo que los progresistas.
Me explico, los progresistas dicen que los cambios se tienen que hacer corriendo, que hay que construir el mundo nuevo y maravilloso ya; los conservadores, en cambio, dicen que los cambios hay que hacerlos poco a poco, en función de las transformaciones sociales. Transformaciones que, en muchos casos, produce de manera artificial la ingeniería social. Los progresistas corren, los conservadores andan. Pero los dos van en la misma dirección. Entonces es cuando comienza el gran teatro.
Los buenos progresistas tienen que luchar contra los malvados conservadores y, por supuesto, finalmente terminan consiguiendo lo que querían. Simple y llanamente porque ya la conciencia social lo acepta y lo ve como algo maravilloso, por lo tanto, lo pueden poner y es realmente imposible que no lo consigan. De esta manera, se refuerza el sentimiento en cada individuo de:
a) que ellos han llegado a la conclusión por si mismos de esta novedad, y también por sí mismos de que es buena;
b) que ellos han luchado también en la arena política para traer una gran mejora al mundo;
c) que han vencido, por lo que se reafirma su sentimiento de que su voluntad coincide con la voluntad general, manifestada en las leyes del gobierno.
¡Se ha conciliado la voluntad particular con la universal tal y como quería Hegel!
El problema es que todo esto no deja de ser una absoluta farsa. Por otro lado, los conservadores sienten que han perdido pero que han librado la batalla que debían… Pero ya está, ellos ahora asumen también como suyo el cambio realizado y, a partir de ahora, no se les ocurrirá cuestionarlo, porque ha sido una reforma necesaria por el cambio social, ha sido la voluntad del pueblo, es el progreso, etc.
Así la ingeniería social maneja y cercena la libertad de pensamiento de la población. T
odo este proceso consigue varias cosas:
a) hace creer a la gente que son libres, que han elegido libremente su lucha, sus pensamientos y su posicionamiento respecto a un tema, y que además el Estado es bueno porque ha cumplido con sus expectativas;
b) de que el mundo (o el país) progresa y eso es bueno;
c) de que su modo de vida se concilia perfectamente con las reivindicaciones que han abanderado, por lo que se reafirma en su estilo de vida vitalista y hedonista. Es un círculo vicioso del que la salida es difícil. Queda así claro que la democracia liberal es la gran dictadura del pensamiento políticamente correcto.

La finalidad

¿Cuál es la finalidad de esta dictadura del pensamiento?
La respuesta está en el otro gran aspecto del liberalismo: la economía. Con este sistema se consigue una gran cantidad de gente que vive presa de la novedad y de los impulsos que le transmiten desde la ingeniería social.
Es la manera perfecta de conseguir una masa aborregada que no se cuestiona nada y está ansiosa de novedades. Así, siempre está dispuesta a consumir las nuevas modas, tecnologías, tendencias, etc. Todo el sistema está hecho para favorecer el consumismo: la homogeneización social a escala mundial, la generación de necesidades artificiales, la publicidad, etc. Estamos inmersos en una sociedad sustancialmente económica donde se enriquecen unos pocos que a su vez son los que sostienen el sistema. La finalidad del sistema es, en última instancia, el beneficio económico desmesurado de unos cuantos, a costa de nuestra libertad. Pero tampoco debería extrañarnos, al fin y al cabo, los fundamentos políticos que han dado lugar a nuestra democracia liberal se encuentran en la filosofía burguesa que aspiraba a esto: el enriquecimiento económico.

Objeciones

Se podría responder que el Estado no nos quiere poco formados sino que nos invita a la lectura y nos pone escuelas.
Veámoslo con detalle.
El sistema fomenta la lectura de los libros que le interesan, es decir, los políticamente correctos. Cada cierto tiempo sale algún libro de moda que se lee todo el mundo, mas la lectura más profunda, de cualquier tipo que sea, no es promocionada.
Así que, nuevamente, el sistema nos dice que tenemos que leer, aunque por supuesto, siempre nos permitirá leer cosas políticamente incorrectas. Pero al precio de ser alguien políticamente incorrecto.
Las escuelas públicas enseñan lo que el Estado quiere. Es dejar en manos del Estado Progresista o Liberal si se quiere, la educación de nuestros hijos. Cuando hacemos eso pasan cosas como que el Estado nos los quiera adoctrinar ideológicamente como está intentando hacer el Kirchnerismo con Construcción de la Ciudadanía en Buenos Aires por ejemplo*.
Por otro lado, desde los dos partidocracia se ha resaltado la importancia de la enseñanza de cuestiones técnicas y del inglés. El conocimiento técnico, por muy importante que pueda ser para la actual coyuntura histórica no forma el espíritu humano, eso sólo lo hacen las humanidades.
Son las humanidades las que nos pueden enseñar de dónde venimos, qué somos y a dónde podemos ir. Una carrera técnica jamás enseñará eso. Pero las humanidades son cada vez más relegadas a un segundo plano, tienen menos salidas laborales, etc. El sistema nos quiere bien formados, pero no de una buena filosofía, de un buen humanismo o algo por el estilo.
El sistema quiere buenos técnicos para que sean buenos elementos de producción y así beneficiar a la economía.
Se podría argumentar que el sistema no quiere sólo que vivamos para nosotros mismos o únicamente de una forma vitalista o hedonista. Nos invita a ser solidarios, constantemente.
Esto es obvio, el sistema sabe que las personas necesitamos salir de nosotros y sentir que hacemos algo por los demás, es lo mínimo de la naturaleza humana. Pero el modo que nos ofrece el sistema es una salida fácil. No nos pide que "cambiemos el mundo" –eso es imposible, dice-, simplemente que hagamos algo sencillo: apadrinar un niño, dar dinero a una ong o hasta participar en algún grupo solidario.
Sin embargo:
Todas las actividades en las que nos incorporemos serán políticamente correctas o estaremos mal vistos socialmente.No implican un cambio en nuestro ser. Podemos seguir siendo igual de hedonistas, consumistas y vitalistas que siempre y ser a la vez solidarios, por lo que seguimos en la dinámica del sistema.
Todas las cosas que el sistema nos invita a hacer no cuestiona la raíz del mismo o, peor aun, la refuerza.
No se nos invita a pensar en las causas profundas que dan movimiento al sistema y que son las que causan muchas de las injusticias actuales. Simplemente se nos hace sentir bien porque hemos hecho lo que podíamos.
Pero el problema es de raíz, y a la raíz no se permite acudir. Ahora, no digo que participar en algunas de estas actividades no pueda ser bueno, simplemente que no son contradictorias con el sistema. Mas bien al contrario, lo refuerzan porque no cuestionan su raíz y nos hacen sentir satisfechos –aunque no hayamos conseguido realmente cambiar las estructuras que hacen posible tantos males-.
Se me podrá decir que el sistema me deja expresarme contra él y no pasa nada. Bueno, soy políticamente incorrecto y, por tanto, mal visto. En segundo lugar este texto nunca pasará de ciertos círculos. Jamás aparecerá en primera plana de un periódico o se debatirá del mismo en la televisión de manera justa. Y si algo de eso pasase no sería gracias al sistema, sino a pesar suyo.

El papel de la Iglesia Católica y su neutralización

Sin embargo el sistema no puede alterar la naturaleza profunda del ser humano. Este tiene anhelo de eternidad, de infinito, de verdad, de bien, de belleza y de justicia. Es a lo que aspira el ser humano, es el suspiro eterno que saldrá de su alma hasta que encuentre la Verdad. Es la religión quien da respuesta a estos anhelos humanos; el vitalismo, el hedonismo, el consumismo, etc. son un mal sustituto de la fe, que rápidamente nos cansan y hastían.
Pero la religión nos coloca en unos valores y en una forma sana de entender el mundo completamente opuesta al actual sistema. La búsqueda continua y sincera de la Verdad nos deposita por ejemplo en la Iglesia de Cristo, en la Iglesia Católica. Pero la fe que guarda la Iglesia tiene un conjunto de valores, una cosmovisión que es incompatible con el actual sistema. Y lo es, aunque mostrar esto requerirá de otro artículo.
El sistema es consciente de ello y quiere relegar a Jesucristo al ámbito de lo privado. Manifestarse hoy día como católico es algo políticamente incorrecto. Y es que, la verdadera enemiga del sistema es la Iglesia Católica. Si la Iglesia, tomando la expresión de Chesterton, hiciese uso de su dinamita, no sólo volaría un sistema injusto por naturaleza sino que podría dar el sustrato sano y firme para una buena sociedad.

La facción dentro del Estado y opuesto al mismo

Hegel afirma que cuando dentro del Estado hay un grupo que no se siente identificado con la voluntad general, crea una facción dentro del Estado opuesto al mismo. Si esto es cierto, evidentemente hoy la gran mayoría, por activa o por pasiva, se siente identificada con la voluntad general, puesto que no cuestionan el Estado, o mejor dicho, no cuestionan el mismo sistema.
Hay pequeños grupos que sí cuestionan al mismo sistema, aunque no todos se puedan decir que sean muy inteligentes. Es más, muchos de estos grupos antisistema son instrumentos del sistema.
Estos individuos sucios, con pintas raras, que acuden a la violencia y se dicen así mismos antisistema, no dejan de ser un instrumento del sistema para poder decir: ¿Qué prefieres, lo que hay o eso? Y la respuesta es obvia, nadie va a quedarse con “eso”. Por tanto, hay que realmente hacer una facción a esta tiranía, una oposición intelectual fundamentada en la fe, la tradición y la recta razón, con una visión cristiana de la sociedad, de la política y de la economía.

*Adaptado a la realidad Argentina

Pedro Jiménez de León

17 de octubre de 2008

DI LULLO:FOLCKLORE E IDENTIDAD NACIONAL


Un envio de: Atilio Moreno (Fuerza Patriotica-Santiago del Estero)

No es tarea de poca monta la del folclorologo. No al menos como la concibió Orestes Di Lullo; para quien estudiar nuestro folklore formo parte de una voluntad de auto-conocimiento y auto-afirmación del Ser, que puede considerarse propiamente como una actitud filosófica.

Di Lullo, como pensador enrolado en esa corriente política y cultural que se dio a llamar el nacionalismo católico, se intereso por nuestro Ser Nacional, es decir por nuestra Identidad; pero a diferencia de muchos contemporáneos, no concibió a ese Ser como algo que se construye, que muta y que deviene dialécticamente; por el contrario, entendió conforme a la sana filosofía realista, que se trataba de algo dado, de algo esencial, de algo que permanece a pesar de los cambios y que nos hace ser lo que somos y no otra cosa.

En consecuencia, para develar cual era nuestra Identidad, Orestes di Lullo considero necesario dirigir su mirada hacia nuestros orígenes como nación. Procedimiento lógico, pues para saber lo que algo es hay que ir a su nacimiento; y así se empeño en estudiar el elemento que más denota el deseo de expresión de nuestra cultura fundacional: el cancionero popular

En ese sentido, nuestro comprovinciano, al igual que Juan Alfonso Carrizo, había comprendido que para poder conservar nuestra identidad cultural y ser fieles a nuestra cultura original antes era necesario conocerla.

Ahora bien, y ya que estamos en precisar ideas, tenemos que aclarar también que estos pensadores tradicionalistas no adherían al actual concepto de cultura proveniente de la moderna antropología cultural, el cual incluye dentro de el a todo conocimiento, arte, costumbre o habito del hombre. Por el contrario se manejaban con la forma clásica de entender la cultura, es decir concibiéndola como el cultivo o el desarrollo de las perfecciones del hombre en pos de su plenitud; como diría Fray Petit de Murat, cultura “es la labor de la inteligencia ayudando a una cosa a alcanzar su perfección en la línea de su naturaleza”. Para hablar en criollo, no creían que cualquier cosa fuera cultura, mas bien la asociaban con la búsqueda, la conservación y el desarrollo de la Verdad, el Bien y la Belleza.

Pero volviendo al folklore, Di Lullo se intereso por su estudio por que trato de encontrar allí el plexo axiológico de nuestra cultura fundacional; es decir los valores que revelaban nuestra peculiar forma de ser, de actuar y de pensar. Evidentemente, de aquellas ancestrales canciones se desprendía toda una visión del universo; una fe y una moralidad que testimonian una sabiduría tradicional y universal. En esa cosmovisión primigenia se hallaban patentes los caracteres fundamentales de nuestro Ser Nacional, los cuales revelaban inequívocamente nuestra identidad hispano-católica.

Aquellos cantares, como dice Miguel Cruz, “reconocen tras variantes y adaptaciones, su origen español y su semejanza por lo tanto, con las composiciones recopiladas en otras regiones de América”

Ciertamente – y contestando anticipadamente a una critica que se suele hacer a los recopiladores, en el sentido de que no prestaron atención a las producciones indígenas- no caben dudas que existen, aunque en baja proporción, poemas en lengua quichua; sin embargo estas composiciones muestran también la influencia española en cuanto a la rima y la métrica, por lo tanto habría que preguntarse si hubo o no realmente una producción aborigen relevante.

De todas formas aquella tarea de recuperar nuestro cancionero popular que llevo adelante Di Lullo no se hizo desde una burbuja -de esas típicas en las que se sumergen muchos intelectuales- por el contrario nuestro polígrafo se metió bien en el monte santiagueño, se compenetro de sus hombres y paisajes. Hablo con aquellos viejos pobladores y les interrogo a cerca de las coplas que conocían de sus mayores.

El resultado fue el reflejado fielmente en su obra, y si las coplas recordadas fueron de raigambre hispano católica es evidente que fue por que a nuestros paisanos estas les eran “significativas”, como se dice ahora en la moderna pedagogía; o mejor como dice Alberto Rouges “para que aquel –cancionero- se conserve, pues, ha sido indispensable que los que lo llevaban en la memoria lo comprendieran, lo vivieran, fueran capaces de estimarlo, de gustar los delicados matices del ingenio, del sentimiento y de la expresión que hay en el ”.

Al respecto no caben dudas que el método utilizado fue novedoso, hoy a esto se le llama estudios etnográficos y trabajos de campo, Di Lullo los llamaba simplemente “visitas”.

Sin embargo tenemos que acotar que esta tarea de rescate de nuestra tradición cultural llego algo tarde, ya se había perdido mucho de ella. Lo recopilado fueron apenas los vestigios de una cultura que ya se encontraba abolida y desvastada.

Las razones de aquella crisis también estaban a la vista y fueron denunciadas: por un lado el genocidio cultural comenzado en el siglo XIX por hombres emblemáticos como Bernardino Rivadavia, Domingo Faustino Sarmiento y Julio Argentino Roca, que repudiaron nuestros orígenes y tradiciones para llevar adelante un modelo de país que respondiera a las exigencias de la modernidad utilitaria y materialista. Por otro lado -y en consecuencia con ese modelo- la destrucción de una sociedad campesina, arraigada a la tierra, vino a significar la destrucción de aquella cultura. El hecho de que el campesino se quedara sin su tierra determino que se cortasen sus vínculos con la fuente de la cultura.

De todas formas gracias a hombres como el ya citado Carrizo y como nuestro Orestes Di Lullo, miles de piezas poéticas de nuestra cultura fundacional fueron salvadas de su desaparición y como dijo Bruno Jacovella “ciertamente ningún otro país del mundo ibérico puede gloriarse, ni por cerca, de haber llevado a cabo una empresa tan vasta de documentación de su cultura tradicional como la Argentina”

En aquel folklore apenas salvado de su desaparición sobreviven los vestigios de una sociedad que la modernidad quiso abolir; alli palpitan los restos supervivientes de lo que fuera la cristiandad hispanoamericana que nos dio el Ser y al cual debemos fidelidad

Lamentablemente y para terminar no podemos dejar de referirnos a una variante novedosa del folklore actual que si bien conserva algunos valores intrínsecos, sin embargo tiene elementos que se distancian del folklore autentico. En primer lugar su rechazo del sentido religioso de la vida, tan claro en el antiguo cancionero; y en segundo, la incorporación de instrumentos y ritmos que lo hibridizan con un genero insólito como el rock anglosajón, tan ajeno a nuestra cultura hispano-católica. En ese aspecto estas nuevas producciones folklóricas poco y nada vienen a aportar para la restauración de nuestro cancionero tradicional.

Queda pendiente pues esa tarea para nuevos vates y cantores.

10 de octubre de 2008

EL PERVERSO SISTEMA DE LA RESERVA FEDERAL NORTEAMERICANA


LUNES NEGRO
(http://www.cruxetgladius.blogspot.com/)

Las manipulaciones del sistema monetario y del sistema de cambio constituyen el mayor escándalo de nuestra época. Por vez primera, la estafa monetaria alcanza dimensiones mundiales –se está desarrollando efectivamente a través del mundo entero–, sin que ningún gobierno sea capaz de controlarla ni de ponerle fin o de impedirla. Formalmente, es incluso legal debido a razones obsoletas.La etapa decisiva en la ruptura con la moneda de Estado se produjo con la fundación, en 1913, del Sistema Federal de Reserva de Estados Unidos. Desde finales del siglo XIX, los bancos que se hallaban bajo control del imperio Rotschild emprendieron una gran campaña para apoderarse del control de la economía estadounidense. Los Rotschild, provenientes de Europa, financiaron el Banco J.P. Morgan & Co., el Banco Kuhn Loeb & Co., John D. Rockefellers, Standard Oil Co., los ferrocarriles de Edward Harriman y las fábricas de acero de Andrew Carnegie
Alrededor del año 1900, los Rotschild enviaron a Estados Unidos a uno de sus agentes, Paul Warburg, quien debía cooperar con el Banco Kuhn Loeb & Co. Jacob Schiff y Paul Warburg [quienes] emprendieron una campaña tendiente a instaurar varios «Federal Reserve Banks» (FED), instituciones privadas de emisión de moneda. Con el apoyo de los dos grandes grupos financieros Rotschild y Rockefeller, lograron fundar un banco central privado con derecho a emitir su propia moneda, medio legal de pago garantizado al principio por el Estado. La instauración de la FED, en 1913, permitió que los banqueros internacionales pudieran consolidar su poderío financiero en Estados Unidos. Paul Warburg fue el primer presidente de la FED.Después de la fundación de la FED se produjo la adopción de la 6ª enmienda de la Constitución estadounidense, que permitió que el gobierno cobrara un impuesto sobre los ingresos. Era consecuencia del hecho que el gobierno no pudiera ya emitir su propia moneda. De esa manera, los banqueros internacionales se apropiaban indirectamente del patrimonio privado del ciudadano estadounidense. En aquel momento, los accionistas más importantes de la FED eran:

1. Los bancos Rothschild de París y de Londres

2. El Banco Lazard frères de París3. El Banco Israel Moses Seif en Italia

4. El Banco Warburg en Amsterdam y Hamburgo

5. El Banco Lehmann en Nueva York

6. El Banco Kuhn Loeb & Co.en Nueva York

7. El Banco Rockefeller Chase Manhattan en Nueva York8. El Banco Goldman Sachs en Nueva Cork

Después de la Primera Guerra Mundial, las reservas mundiales de oro se acumularon en aquel banco privado que en realidad era la FED, de manera que numerosos bancos centrales no pudieron seguir manteniendo el patrón oro y sus países se vieron inmersos en la deflación, produciéndose así la primera crisis económica mundial
Durante la Guerra Mundial, Estados Unidos llegó a exigir que los países en guerra le pagaran con oro las armas que compraban. Al terminar la guerra, el oro de Alemania se convirtió en botín de guerra. Más de 30,000 toneladas del oro mundial se acumularon así en Estados Unidos.Ese oro sirvió de cobertura al dólar. Pero, como gran parte de esos dólares estaba haciendo el papel de reserva monetaria en las cajas de los bancos centrales extranjeros, Estados Unidos pudo seguir imprimiendo más dólares, en cantidades que ya no correspondían con sus reservas en oro.En efecto, los demás países necesitaban dólares para poder comprar materias primas, que se compraban solamente con esa moneda. Además del oro, el dólar se convirtió así en una de las principales reservas monetarias de los bancos centrales extranjeros.
Había comenzado el reinado mundial del dólar. En 1971, Richard Nixon (el presidente número 37 de Estados Unidos, de 1969 a 1974) anuló la convertibilidad del dólar en oro y, al mismo tiempo, la garantía del Estado sobre el valor del dólar. Desde entonces, el valor del billete verde no está en correspondencia con las reservas de oro ni está garantizado por el Estado. Se trata por tanto de la moneda privada libre de la FED. Pero la masa monetaria de dólares que la FED pone en circulación (desde marzo de 2006, la FED no ha publicado más la cifra de la masa monetaria M3) se ha convertido en un problema sin solución: la masa mundial de bienes se cuadriplicó durante los últimos 30 años, pero la masa monetaria se multiplicó por 40.
¿Cómo funciona este banco privado con derecho a imprimir los dólares? La FED produce dólares. Los presta al gobierno de Estados Unidos a cambio de obligaciones que le sirven [a la FED] como «garantías». Los bancos de la FED en posesión de esos títulos perciben intereses anuales. Muy astutos, ¿no les parece?Ya en 1992, las obligaciones en poder de la FED alcanzaban un valor de 5 trillones de dólares, y los intereses que paga el contribuyente estadounidense siguen aumentando constantemente. La FED se apoderó de ese increíble patrimonio prestándole dinero al gobierno de Estados Unidos y cobrándole después intereses. El contravalor es ese papel verde que se conoce con el nombre de dólar,
Es importante repetir que no es el gobierno de Estados Unidos quien emite el dólar, sino la FED, que a su vez se encuentra bajo el control de bancos privados y que pone a disposición del gobierno cantidades de dinero y, como contrapartida, cobra jugosos intereses y recoge impuestos. Nadie se da cuenta de esta artimaña. Además, las obligaciones que el gobierno emite otorgan a la FED una garantía, de carácter público y privado, sobre el conjunto de bienes y fondos de Estados Unidos. Numerosas acciones jurídicas han tratado de obtener la anulación de la ley sobre la FED, sin éxito hasta el momento.
El presidente John F. Kennedy fue el primero que trató de transformar la FED emitiendo un decreto presidencial («executive order number 11110»). Poco después, fue asesinado, probablemente por su propio servicio de inteligencia. Lo primero que hizo su sucesor, Lyndon B, Johnson, en el avión presidencial que lo traía a Washington desde Dallas, fue anular el decreto de Kennedy.

¿Cuál es la situación actual?

Los bancos privados tratan por todos los medios de mantener y reforzar su gigantesca fuente de ingresos: el dólar.Y a los países que quieren establecer sus relaciones comerciales internacionales [en adelante] sobre la base del euro, como Irak, Irán o Venezuela, se les tilda de terroristas.Se obliga a los gobiernos a vender sus productos a Estados Unidos a cambio de dólares carentes de valor, y el desenfrenado aumento de liquidez proporciona a la alta finanza [internacional] las sumas ilimitadas que le permiten comprar el mundo entero.Los bancos centrales del mundo entero se ven obligados a acumular dólares sin valor como «reservas monetarias». El dólar estadounidense es la moneda privada de la alta finanza, moneda que nadie garantiza, que no dispone de otra garantía que la propia, moneda que se utiliza para maximizar la ganancia, acrecentada sin vergüenza alguna, que se utiliza como medio de dominación mundial y para acaparar las materias primas y otros valores del mundo.