16 de febrero de 2009

El Nacionalismo argentino, los tópicos y su leyenda negra


El Nacionalismo argentino es, desde hace unos años, azotado por diversos ataques que lo convierten en un tópico de un debate de nunca acabar. Pero de un debate sesgado y parcial. Un debate donde los protagonistas (o sus continuadores) pocas veces tienen la posibilidad de participar o donde, a lo sumo, se los invita cuando ya están “de vuelta” con el único fin de que aporten artillería contra su objeto de estudio.

Más curioso es el hecho de que las acusaciones que se dirigen contra el Nacionalismo argentino suelen ser contradictorias entre ellas mismas.

Así, para algunos, los nacionalistas serían oligarcas desesperados por mantener el régimen conservador; al mismo tiempo que otros hacen burla del buen número de hijos y nietos de inmigrantes en sus filas.

Entre los “estudiosos” del Nacionalismo argentino los hay para quienes éste es una mera copia local de una moda foránea de la década de 1930 (“los fascismos”); mientras que, para otros, el fenómeno fue una nueva forma de salvajismo incivilizado heredero de la Mazorca rosista y las montoneras federales.

Hay quienes consideran el fenómeno nacionalista como “la típica reacción” de la pequeña burguesía frente a las recurrentes crisis del capitalismo y, otros, al mismo tiempo, que lo ven como una manifestación de la desesperación de las clases agro-exportadoras que ven peligrar su posición de privilegio ante el aparición de la burguesía, la avalancha inmigratoria, el crecimiento de las izquierdas y la democratización de la Ley Sáenz Peña.

Y los tópicos contradictorios siguen y siguen hasta el infinito.

Se acusa al Nacionalismo de abrir la puerta al populismo de Perón y, al mismo tiempo, de no comprender el fenómeno social del Peronismo.

Se alega la supuesta violencia de los nacionalistas; pero se considera que “sus” muertos, heridos, presos y detenidos (muchos de ellos simples obreros, empleados, comerciantes, profesores, periodistas o científicos) se lo merecían por cometer alguna clase de crimen ideológico.

Desde algunas posturas más o menos cercanas se reprocha al Nacionalismo supuestamente no haber sabido articularse políticamente (esto es, conformar un partido) y se ignoran las numerosas ilegalizaciones a que fue sometido desde su nacimiento.

Se acusa también a los nacionalistas de no respetar las instituciones, al mismo tiempo que se pretende expulsarlos de cualquier cargo o función estatal que alguno detente—aunque haya sido obtenido de carrera o por concurso—en la Justicia, el Conicet, las Universidades, el Servicio Exterior y un larguísimo etcétera.

Uno de estos tópicos más repetidos alega que los nacionalistas cooperaron en los gobiernos de facto, pero luego si uno revisa las nóminas de funcionarios civiles y militares de estos regímenes, lo que predominan son conservadores, liberales, radicales, democristianos, demo-progresistas y, hasta, peronistas, socialistas y comunistas.

Finalmente, parece que siempre es útil tener a los nacionalistas a mano para acusarlos de lo que sea, desde ser cómplices de las “desapariciones” hasta ayudar con la logística para colocar una bomba en una mutual judía. Parecería que toda la sociedad argentina es fascista; aunque, claro, el nacionalismo, se dice también, es (y fue) minúsculo y marginal.

No importa que los hechos lo desmientan, lo importante es mantener el manto de sospecha sobre el Nacionalismo argentino.
Fuente: blog de Cruz y Fierro

11 de febrero de 2009

POLITICA ECONOMICA DE DON JUAN MANUEL

La política económica de Rosas fue la que realmente provocó el encono de los liberales de la proscripción y de las potencias imperialistas europeas. Al iniciar su segundo período gubernativo el general Rosas se dispuso a concretar en hechos las fórmulas positivas del federalismo. El primer impulso lo dio con la ley de Aduana del 18 de diciembre de 1835. En el mensaje a la Legislatura de dicho año, habló de la falta de protección de que se resentían las actividades nativas, agregando: "El gobierno ha tomado este asunto en consideración, y notando que la agricultura e industria extranjera impiden esas útiles esperanzas, sin que por ello reporten ventajas en la forma y calidad...", había venido a la conclusión de que la ley debía salir al paso de tales anormalidades (Mensaje del gobernador, general Rosas, a, la 13° Legislatura. 31 de diciembre de 1835).
La inspiración de Rosas prescindió de todo cálculo personal o local, poniendo su pensamiento en los artesanos y los agricultores, y en el estímulo de la industria, sectores estos que eran extraños a su actividad de hacendado y a sus negocios saladeriles. Tenía Rosas la visión de la unidad argentina y del progreso de la República, para cuyo objeto no dudó en romper con los intereses extranjeros y en extender una apropiada protección a las iniciativas de la economía nacional.
Con toda razón su sobrino, el general Mansilla, pudo decue "Rosas gobernaba por su Conciencia” (V. Mansilla: Rozas. Ensayo histórico psicológico. Casa Edit. Garnier Hnos. París, 1898) . Conciencia de argentino, conciencia de hombre honrado que advertía la necesidad de proceder, con energía y sagacidad, a destruir los factores que impedían la formulación de un auténtico programa de vida nacional. Rosas no dejó de descubrir la mano de Inglaterra detrás de todas nuestras crisis y convulsiones; y fue paulatinamente desmontando el aparato de coerción y absorción que había montado la tenacidad británica. Todo ello con suavidad y sin apresuramiento, simulando ignorar los verdaderos alcances de sus resoluciones. La Gran Bretaña se revolvió frenética contra el incorruptible gobernante y alentó todos los movimientos destinados a derrocarle. El general Rosas no pudo ser doblegado, pero la escuela liberal se cobró venganza a posteriori, sirviéndonos el plato fuerte de una historia de horrores e improperios que hace reír por lo desorbitada. "Este hombre que reunió lo que había disgregado la diplomacia británica -escribe Scalabrini Ortiz- que procuró reaglutinar los fragmentos dispersos del viejo virreinato, que desunidos eran presa fácil para la diplomacia británica; este hombre, a quien jamás la diplomacia británica pudo vencer ni doblegar, en la historia oficial, que enaltece solamente a los agentes británicos disfrazados de gobernadores y presidentes argentinos, pasa como un tirano sanguinario y egoísta". (Raúl Scalabrini Ortiz: Política británica en el Río de la Plata. 2° Ed. Reconquista. Buenos Aires) ¡Parece mentira que haya argentinos que le hacen el juego a esta historia sucia, trazada al servicio de planes extranjeros de colonización y esclavitud!
Durante el período de su predominio no se contrató ningún empréstito exterior. Desde el malhadado primer empréstito de 1824, (Empréstito Baring ) concertado por el señor Rivadavia y sus secuaces con la casa Baring de Londres, el país no reincidió en la mala práctica hasta 1856, después de Caseros. Claro que, a partir de este momento, se inició la carrera desenfrenada de los empréstitos y la República se postró ante sus acreedores internacionales; que era, precisamente, lo que el nacionalismo de Rosas había querido impedir.
El general Rosas inició su segundo gobierno el 13 de abril de 1835. El 18 de diciembre quedó implantada la nueva ley de aduana, que representó una reforma trascendental para la defensa de los más altos intereses nacionales. Por la misma se impusieron derechos aduaneros, que variaban entre el 24 y el 50 por ciento, a toda producción que pudiera entrar en competencia con la nativa. Así, por ejemplo, en materia agrícola, en que prohijaba la industria de granja y los cultivos de yerba, tabaco, azúcar v alcoholes.
Con respecto a la artesanía, gravaba las importaciones competitivas, como las manufacturas de hierro, cuero, plata, cobre y estaño, los artículos de carey, hueso, los calzados y sillas de montar, mantas y frazadas de lana, ruedas de carruaje y toda la vasta gama de la industria de la tejeduría. Muchos de estos y otros renglones quedaban excluidos de su importación al país y se prohibió la exportación de determinados productos, como el oro y la plata en cualquier estado de elaboración. En el caso de los artículos sobre los que pesaban derechos de importación, el mismo no regía para los destinados a las otras provincias.
Daba así Rosas un alto ejemplo de federalismo práctico, cuyos resultados se pudieron palpar rápidamente. Con verdadera satisfacción pudo decir a la Legislatura de 1837: "...como la ley de Aduana no fue un acto de egoísmo, sino un cálculo generoso que se extiende a las demás provincias de la Confederación, también en ellas ha comenzado a reportar sus ventajas" (Mensaje del gobernador, general Rosas, a la 15° Legislatura, 27 de diciembre de 1837)
Buenos Aires se benefició en gran medida con las normas implantadas por Rosas y comenzó a desprenderse de la modorra colonial para iniciar su marcha segura hacia las formas técnicas de la civilización. Durante el período de Rosas se incrementaron las actividades industriales y comerciales, hasta alcanzar el número de 106 fábricas, 743 talleres de artesanía y 2.008 casas de comercio, según el censo hecho posteriormente a su caída, en 1853. La industria del azúcar de Tucumán, que languidecía en 1835, contaba con 13 importantes ingenios en 1850. La industria textil del algodón tenía fuerte arraigo en Catamarca, La Rioja, Salta y Jujuy, y la de géneros de lana en Córdoba. En las provincias de Cuyo se afianzó la industria vitivinícola y en las litorales la de embarcaciones. Todo el país, pese a la inexistencia de una Constitución y un Congreso nacionales, recibió el estímulo y los bienes que derramaba la sabia política económica de Rosas. Pero los ideólogos liberales, que desprecian las experiencias de la vida práctica y se extasían en la boba adoración de "los principios", siguen abominando de Rosas y condenan su política aduanera y fiscal que puso a la República en el camino de la unidad, la solidaridad y el progreso.
Fuente: La Gaceta

1 de febrero de 2009

SOBRE DAVOS Y LA CRISIS MUNDIAL

El Foro Social Mundial (DAVOS), centro de comunicación al servicio de los intereses del Capitalismo, dirigido desde los organos de la Masonería Operativa, ya nos preparon en el 2001 la crisis que harían estallar en los países occidentales ( Cuyos gobiernos partitocráticos son siervos obedientes de sus intereses) con la intención de causar un cisma, la llave para el perfecto control social. Esa llave, "la clave", estaba basada en la causa deseada y el control de sus efectos. En un país cuyo control económico y monetario está bajo "la decisión de otros", donde se ha fomentado el crédito facil y la capacidad de desplazar dinero e inversiones a otros países (Deslocalizaciones), tarde o temprano recibe la bofetada del aumento del paro.
A más paro, más gente dispuesta a trabajar a cualquier precio, a aceptar cualquier condición laboral para salir del hambre y la deuda.
Con total desvergüenza han concluido sus debates formulando una respuesta unitaria a la amenaza de la recesión global: No tenemos la solución a los problemas de la crisis mundial.
¡Evidente! Ellos la pusieron en marcha con antelación, la llamaron "Operación Iluminación Piramidal".
¿En qué se diferencian las prácticas de la que se considera como inventora de la "estafa piramidal", Baldomera Larra (la hija del escritor español Mariano José de Larra), o del financierno estadounidense Bernard L. Madoff, de las de banqueros tan "respetables" como Emilio Botín o, incluso, de las políticas monetarias capitalistas de los estados de la mayor parte de los países? Puede parecer exagerado decir que "sustancialmente, más bien en poco", pero lo cierto es que es así...
La economía capitalista necesita un crecimiento económico y monetario de tipo exponencial para poder mantener el pago de los intereses del capital, y claro, con eso sucede como con la estafa piramidal, que es imposible sostenerlo a largo plazo...
El estafador piramidal necesita seguir recaudando dinero a toda costa, para lo cual tiene que encontrar cada vez más ilusos que aporten liquidez. Exactamente igual hace la economía capitalista, sólo que la liquidez la obtiene inflando la masa monetaria a base de deuda, generando más y más consumismo, aumentando a toda costa la productividad (normalmente a costa del trabajador), exprimiendo los recursos del planeta como si éste fuera un limón... Claro, cuando se llega a ciertos límites se recurre a las guerras, a los "enfriamientos" económicos, al hambre de millones de seres humanos, etc. para "replantear las cosas", pero a largo plazo el sistema actual sigue siendo completamente insostenible.
La crisis actual pasará, pero en realidad refleja una crisis del sistema económico capitalista que, pase por mejores o peores épocas, tarde o temprano estallará con una furia imposible de parar.
Entonces comenzará una nueva época para toda la humanidad.
¿Seremos capaces de que la única alternativa posible al sistema capitalista, el Nacionalsindicalismo, sea una realidad antes de que llegue el desastre?
Entre Baldomera Larra, Bernard L. Madoff, Emilio Botín o el Banco Central Europeo, la única diferencia real es que los dos últimos pueden hacer lo mismo que los dos primeros... legalmente. Y claro, legalmente se puede robar, estafar y hasta matar.
ENVIO: www.patriasindicalista.es