18 de mayo de 2011

SAN MARTIN: NI LIBERAL NI MASON

Es común leer dos afirmaciones referidas al General José de San Martín: que integró la masonería, y que fue liberal. Con motivo de celebrarse, el 25 este mes, el 230º aniversario del nacimiento del prócer máximo de la Argentina, nos parece conveniente enfatizar, categóricamente, que San Martín no tuvo jamás ningún vínculo con la masonería, ni profesó la ideología liberal.
Como las autoridades masónicas efectuaron, en plena Catedral de Buenos Aires (“por primera vez en la historia”), un homenaje a quien denominan “el Más Ilustre Iniciado”, es oportuno recordar que la masonería argentina adoptó una actitud desdeñosa hacia San Martín, hasta 30 años después de su muerte. Cuando llegan a Buenos Aires los restos mortales del Libertador, la masonería no participa en los homenajes, pues no lo consideraba uno de los suyos. La primera ocasión en que se sostiene que el general era masón y no católico, fue el 22-6-1883, con motivo del debate por la enseñanza primaria, por boca del diputado Emilio Civit. A partir de entonces, comenzará la leyenda urdida por la masonería argentina, sosteniendo, también, que la Logia Lautaro era una sociedad masónica, contradiciendo a dos Grandes Maestres: Mitre y Sarmiento, que afirmaron lo contrario.  
Consideramos que no se ha destacado suficientemente el aporte extraordinario que realizó Patricio Maguire para terminar, definitivamente, con las dudas sobre este tema[1]. Dicho investigador consultó directamente a las autoridades de las Grandes Logias de Inglaterra, Irlanda y Escocia. Recibió respuesta por escrito de las tres, que coincidieron en que la logia Lautaro nunca estuvo registrada en dichas instituciones, y que San Martín no figura en los archivos como miembro. Maguire recibió las comunicaciones respectivas en 1979 y 1980, publicándolas de inmediato.  
Curiosamente, el Dr. Terragno también conoció esa información, en la misma época, por una nota del Bibliotecario y Curador de la Gran Logia Unida de Inglaterra, que afirma poseer, agregando, “que si alguien no figura en esos registros es porque nunca fue miembro de la masonería inglesa”. Lamentablemente, dió a conocer ese valioso dato, 19 años después de haberlo obtenido.  
Es preciso difundir estas pruebas documentales de que el Libertador no fue masón, pues no se trata de una cuestión baladí, dado que la religiosidad del prócer ha sido demostrada, y que es incompatible la pertenencia a la masonería con el catolicismo; de lo contrario, como alertaba Aragón hubiera sido “infiel al uno o a la otra”, quedando en duda su honorabilidad.

Ideología liberal


Como también se afirma a menudo que San Martín era liberal, es necesario esclarecer este otro infundio. Según parece, el vocablo liberalismo, fue usado por primera vez en lengua castellana hacia l8l0 y fue adoptado en España por los partidarios de la Constitución de Cádiz, adversos al absolutismo de Fernando VII, sin ninguna manifestación de oposición al cristianismo. Explica el P. Castellani: “Lo que había de bueno en el liberalismo de antaño, de l820 a l860, consistía en una especie de ímpetu juvenil contra un montón de cosas que tenían que morir; a saber, el absolutismo de los reyes, inventado por los reyes protestantes; el despotismo demasiado cerrado de los Gremios y Corporaciones medievales y una decadencia de la Religión, que originó en Inglaterra el deísmo y en Francia el filosofismo. Así que toda la juventud europea a principios del siglo pasado [XIX] se conmovía con ese grito de Libertad, y sabía lo que significaba esa palabra ambigua, que no lo era para ellos; lo que no sabían era lo que estaba detrás. Se sentían apretados, estrechos y cansados y al decir ¡Libertad! decían queremos salir de esto.” Esto, eran las miserias de la Corte borbónica, que Napoleón resumía así: la madre era adúltera, el padre consentido, el hijo traidor.
 
Incluso el vocablo liberal, según el diccionario de la Real Academia Española, define a quien obra con liberalidad, virtud moral que consiste en distribuir uno generosamente sus bienes sin esperar recompensa. En cambio, el mismo diccionario, define al liberalismo como “sistema político-religioso que proclama la absoluta independencia del Estado, en sus organizaciones y funciones, de todas las religiones positivas”. Estas acotaciones semánticas, sirven para distinguir entre aquella persona que, por distintos motivos, reivindica el nombre de liberal, simplemente, de quien adhiere explícitamente a la ideología liberal, con conocimiento pleno de su contenido.  
Nada en la actuación pública de San Martín, ni en su vida privada, permite sostener que profesara la ideología liberal; por el contrario, se expresó negativamente sobre ella, en varias de sus cartas.  
La ideología liberal, tal como ha sido definida por sus autores principales - Locke, Montesquieu, Rousseau, Stuart Mill- es incompatible con el cristianismo. Así lo aclara el Papa Pablo VI, en la Octogesima adveniens: “Tampoco apoya el cristiano la ideología liberal, que cree exaltar la libertad individual sustrayéndola a toda limitación, estimulándola con la búsqueda exclusiva del interés y del poder....” (26). Esta posición se mantiene invariable en la Iglesia, desde hace dos siglos. El Papa León XIII (Enc. Libertas, l888) analizó tres grados posibles de liberalismo, y los consideró igualmente condenables. Explica el Prof. Caturelli: “Tanto el liberalismo extremo (ateo), como el liberalismo moderado (deísta), como el liberalismo muy moderado (“cristiano”), admiten una zona (el orden temporal) de autosuficiencia del hombre: el primero porque niega la existencia de un orden trascendente al temporal: el segundo porque lo ignora y el tercero porque lo separa. En el orden práctico, viene a resultar lo mismo.”  
Esta aclaración es necesaria, porque algunos autores sostienen que San Martín fue un católico liberal; así lo hace el Dr. Cuccorese, académico sanmartiniano, quien considera que no incurrió en contradicción, pues el liberalismo recién fue condenado por la Enc. Quanta Cura, en l864, l4 años después de la muerte del Libertador. Debemos discrepar, puesto que los Papas comenzaron a cuestionar las ideas liberales, incluso antes de la Revolución Francesa. Por ejemplo, en la Alocución de Pío VI, el 9 de marzo de l789, y en la Carta del mismo Papa, de l79l, a los obispos de la Asamblea Nacional. Pero con respecto al liberalismo católico, recordemos que esta actitud ya se advierte cuando Talleyrand, Obispo de Autun, celebra misa en el campo de Marte, con trescientos sacerdotes adornados con la escarapela tricolor. La primera expresión teórica respectiva, aparece cuarenta años después con Lamennais -sacerdote apóstata- y su periódico L Avenir, que defienden precisamente el liberalismo católico, siendo esta posición condenada por Gregorio XVI, en la Enc. Mirari vos, promulgada en l832, mientras San Martín vivía en París, y l8 años antes de su fallecimiento.  
No está demás recordar, que el Papa Pío IX, aquel que conoció a San Martín, afirmó que “los llamados católicos liberales...son más peligrosos y funestos que los enemigos declarados...”. En conclusión, puede afirmarse, con seguridad, que San Martín no fue masón ni liberal.

Mario Meneghini
Febrero 11 de 2008.-

Fuentes:
-Aragón, Raúl Roque. “La Política de San Martín”; Córdoba, Universidad Nacional de Entre Rios, 1982, pág. 19.
-Bruno, P. Cayetano. “La religiosidad del General San Martín”; Buenos Aires, Ediciones Don Bosco, 1978, p32 págs.
-Castellani, Leonardo. “Esencia del liberalismo”; Buenos Aires, Huemul, 1971, pgs. 24/25.
-Caturelli, Alberto. “Examen critico del liberalismo como concepción del mundo”; Gladius, Nº 2, l985, pg. 38 -Cuccorese, Horacio Juan. “San Martín; catolicismo y masonería”; Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano-Fundación Mater Dei; l993, pg. l45
-Episcopado Argentino. “Declaración”; 20-2-1959.
-Revista SIMBOLO net, publicación de la Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones, Nº 69, diciembre de 2007, versión digital.
-Revista “Masonería y otras sociedades secretas”; Buenos Aires, Nº 2, noviembre de 1981, págs. 20/25; Nº 3, diciembre de 1981, págs. 15/20; Nº 5, febrero de 1982, págs. 30/35.
-Terragno, Rodolfo. “San Martín & Maitland”; Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 1999, pág. 181: Librarian and Curator, United Gran Lodge of England, comunicación personal, 14-11-1980.

Tomado de: http://mario-meneghini.blogspot.com/

25 de marzo de 2011

DOCTRINA FASCISTA

Con posterioridad a la primera guerra mundial, surgió en Europa, una serie de  corrientes, de pensamiento alternativo, que se las conoce, con el nombre genérico de fascismos. Tales doctrinas, dominaron el panorama político europeo, por el periodo que media entre 1920 y 1945.  Surgieron como una genuina reacción, contra la marcada decadencia, en que se encontraba el viejo mundo, como consecuencia de la aplicación de los principios del liberalismo democrático. Detonante de este malestar, fue la masacre de la gran guerra y las posteriores injusticias generadas por los distintos tratados de paz,   especialmente, el de Versalles. Tales circunstancias, pusieron en evidencia,  los intereses a los que respondían los gobiernos de turno.
En semejante instancia, era natural, que aparecieran  críticas al modelo liberal. Fundados, en los mismos principios de aquel, el socialismo y el marxismo, objetaron, la inadecuada distribución de la riqueza, que había resuelto, el capitalismo liberal.
Ínter tanto los fascismos, acusaron al liberalismo, de poner en peligro las actitudes vitales del hombre blanco. La sociedad burguesa, con su gusto por la comodidad y el consumo irreflexivo de bienes materiales, imponía una mentalidad materialista y estrecha. El crecimiento de vicios como el tabaquismo, alcoholismo y drogadicción, condicionaban el futuro de buena parte de las juventudes. Las perversiones sexuales, la pornografía y el incremento de las enfermedades mentales, aportaban, al sombrío panorama, unidos a los bajos índices de natalidad. El desarraigo y la marginalidad de las ingentes masas de campesinos, obligados a trasladarse a las ciudades, con su secuela de desintegración familiar, hacinamiento y la amputación de sus raíces existenciales, se sumaban a la crítica. La indigencia de las masas obreras, carentes de todo derecho laboral y protección social, unido al triste destino de los excombatientes condenados a la absoluta marginalidad, contrastaban, en los denominados años locos, con el  disfrute desvergonzado, de las oligarquías dominantes.
En nuestros días, se ha pretendido asociar a las denominaciones de nazi y fascista con todo lo malo, brutal o violento que se pueda encontrar en el mundo. Sin embargo y como dijéramos en nuestro artículo “Algo más sobre los fascismos” dichos movimientos, lograron solucionar problemas esenciales que aquejaban a los pueblos, que supieron guiar. Replantearon con marcado realismo, elementos básicos de la problemática social, política y económica del mundo moderno. Dicha reformulación de principios, implicó, una respuesta totalmente contrapuesta, a las doctrinas nacidas de la revolución francesa como lo eran: el socialismo, el liberalismo y el marxismo.
En sus comienzos, los fascismos se nutrieron de militantes socialistas desencantados por los estruendosos fracasos de los gobiernos tal signo. Sus líderes buscaron una síntesis adecuada, entre el socialismo y el pensamiento nacionalista.  Sin embargo, con el transcurso del tiempo, ambas corrientes fueron siendo superadas en la síntesis fascista. El nacionalismo se fue convirtiendo en europeismo, en la convicción de que la unidad del viejo mundo, era la única manera de mantener la supremacía de la cultura occidental. El socialismo, también fue superado, en razón de su frío y prosaico materialismo, por una concepción social, que, aparte de darle respuesta a los requerimientos económicos y materiales de la gente, reconocía las potencialidades espirituales de los pueblos involucrados.
Otro aporte doctrinario, de notable valor, lo hicieron las corrientes tradicionalistas, ya fueran católicas, en aquellos países, donde la dicha tradición, todavía movía la sensibilidad íntima de los pueblos, o de los partidarios de la tradición primordial en aquellas naciones afectadas por el libre examen protestante. 
La cosmovisión de los fascismos, se enfrentaba, en forma integral, con la falsa escala de valores que, el mundo democrático, había instalado en las sociedades modernas. Se despreciaba profundamente, las concepciones materialistas, igualitaristas, hedonistas propias del mundo liberal-socialista. También se enfrentó con la mentalidad democrática, rechazando su apego a todo lo que es bajo, desheredado y ruin.
Las doctrinas fascistas, implicaron una oposición absoluta a los postulados del hombre moderno. Desarrollaron una cosmovisión, que enfrentó los mitos caducos, del mundo surgido de la revolución francesa.
Los fascismos no plantearon ninguna instancia utópica en su ideario. Reconocieron el carácter falible de la naturaleza humana con todas sus limitaciones. No por ello, cayeron en el derrotismo. Buscaron, revitalizar en sus valores esenciales, a las comunidades en las que se dieron cita, independientemente de que alcanzaran allí, el poder. A tal fin, revalorizaron el rol educador y formador de las comunidades naturales, sobre sus integrantes. Buscaron la elevación física, psíquica y moral de los pueblos en cuestión.
Trataron de reconstituir, el complejo entramado social, del mundo tradicional, que el liberalismo, sistemáticamente, había ido destruyendo.
Con tal entramado social, lograron potenciar, los fundamentos biosíquicos de sus pueblos. Asimismo, con la reconstrucción de los distintos estamentos sociales, posibilitaron, la genuina participación popular, que permitía solucionar los problemas concretos de los ciudadanos. Participación que se manifestaba, en las uniones vecinales, asociaciones barriales, corporaciones o en el frente nacional del trabajo, buscando y aportado respuestas a los problemas concretos de las unidades sociales o económicas en donde se vive o se trabaja. Concepción, en donde, cada uno se hacia responsable, frente a sus congéneres, de lo que  se proponía y se ejecutaba, a diferencia del anonimato y la irresponsabilidad que caracteriza al mundo democrático y a su máxima expresión participativa: el sufragio universal.
El haber alcanzado una sociedad, jerárquicamente vertebrada, dio base, fundamento y sustento, al choque frontal que los fascismos encararon, contra las estructuras económicas y financieras que esclavizaban a sus respectivas naciones. No fue ajeno a tal postura, la lucha librada, con estruendoso éxito, por Musolini contra las mafias sicilianas y napolitanas,  que terminaron refugiándose en EEUU, donde encontraron el medio propicio, para su definitiva recuperación y explosiva expansión.
El replanteo económico fascista, privilegiaba los derechos del trabajo y la solidaridad social, en detrimento de la sacrosanta libertad democrática de enriquecerse a costa de la comunidad, que propiciaban los usureros y especuladores, bendecida, por las escuelas económicas liberales. Se cuestionó el fundamento del préstamo a interés, desarrollando una política financiera, que eliminó de plano la retribución a la usura. La aplicación practica de tales principios fue un éxito rotundo. En poco tiempo países en los cuales la desocupación había hecho estragos, y que sus hijos sufrían los sinsabores que implicaba tener que emigrar, alcanzaban el pleno empleo y pasaban a absorber mano de obra ociosa de naciones vecinas.
Tales “herejías económicas”, difundidas, por los teóricos fascistas, afectaron intereses intocables, y como tal, no tardaron en poner en mortal enfrentamiento, a las dos concepciones ideológicas. Herido en sus fundamentos teóricos y afectado en sus intereses concretos, el capitalismo liberal, no dudó en provocar una nueva catástrofe, a los efectos de eliminar, el emergente rival y poner a buen recaudo sus  mezquinos intereses evitando así que el “mal ejemplo” se difundiese.

En nuestros días los problemas del mundo occidental, no solo que perduran, sino que se han agravado sistemáticamente. Por ningún lado aparece el paraíso que nos prometieron los liberadores democráticos.  Más del setenta por ciento de población mundial vive en la más absoluta miseria, mientras un puñado de especuladores se enriquece sin solución de continuidad. Con el fin de Hitler, no se perpetuo la paz, sino todo lo contrario. No será oportunidad de replantearse, la veracidad de lo que nos contaron y empezar a sospechar que esta historia oficial ha sido escrita, con objeto de defender intereses y minorías totalmente indefendibles.
 

4 de febrero de 2011

LA MAFIA Y EL FASCISMO (A PROPOSITO DE LA INSEGURIDAD Y EL DELITO)

EL DUCE
Es un hecho ya bien conocido el apoyo que la Mafia ha dado siempre al sistema democrático, del que ha recibido las ayudas y las leyes necesarias para su existencia. También es bien conocida la participación de judíos en los más altos medios de la Mafia y sus negocios predilectos: droga, juego, prostitución, espectáculos, etc...

            No vamos a insistir en este tema, pero quisiéramos dar algunos datos concretos de un tema: cómo combatió efectivamente el fascismo a la mafia siciliana, que campaba por sus respetos cuando Mussolini llegó al poder. Y es interesante porque marca un ESTILO de cómo deben abordarse esos problemas que parecen irresolubles, y sólo son irresolubles porque la democracia no quiere resolverlos, ni puede con sus medios castrados por la corrupción y el interés. Incluso los errores que tuvo Mussolini en la lucha contra la Mafia nos pueden enseñar.
            Los pasos para resolver un problema grave y largamente soportado, como es la Mafia, pasa por una serie de etapas:
            1– No iniciar la resolución hasta tener el poder necesario. Mussolini no intenta acabar con la Mafia el mismo año que llega al poder. Sabe que necesita tiempo, controlar los resortes del poder, tener la confianza de la gente...
            2– Mientras no se tiene ese poder, hay que aprovechar para informarse y disponer de un plan de ataque. En 1923 Mussolini ordena al Prefecto fascista de Palermo iniciar una serie de listas de cada pueblo de Sicilia con los mafiosos, sus soportes, negocios, etc.
            Estas listas han sido publicadas hace un tiempo... pero sin poner nombres en muchos sitios. Por algo la Mafia ganó en 1945.
            3– Lograr el apoyo popular. La prensa y los medios de influencia se ponen en marcha para lograr hacer entender a una parte importante del pueblo siciliano que no pueden seguir con la aceptación tácita de la mafia.
            Se prohibe a la prensa dar noticias que puedan apoyar la idea de una Mafia “honorable”, se les llama bandidos y delincuentes, se denuncia sus miserias y en cambio se les niega cualquier propaganda, incluso sus atentados o comunicados son prohibidos de difundir. Un silencio total sobre cualquier cosa que favorezca una idea distinta de la de “criminales”.
            4– Elegir una persona honrada, y que esté decidida a llevar esa lucha sin dudas ni concesiones. Ésa es la persona que debe elegir su equipo.
            En 1925 considera Mussolini que ya tiene los medios necesarios, y elige a la persona: Cesare Primo Mori. Una persona decidida a acabar con la Mafia. Se la nombra Prefecto de Palermo.
            5– Dar a esa persona plenos poderes. Y cuando hablamos de plenos poderes quiere decirse leyes y fuerzas adecuadas para vencer. Si no se dan medios proporcionales a lo complejo del objetivo, no sirve de nada todo lo demás. Mussolini establece leyes especiales para combatir la Mafia.
            6– Mori inicia detenciones masivas, pasea a los mafiosos de cada pueblo atados por las calles para ser insultados y que la gente les pierda el miedo, se manda al exilio a los sospechosos y se ejecuta a los más peligrosos. Los alcaldes y concejales corruptos, los empresarios aliados con la mafia son detenidos y confiscados sus bienes, procesos con cientos de acusados. Se usan militares para grandes batidas y registros masivos. De 1925 a 1931 se logra un éxito total.
            7– No pararse ante los grandes resultados iniciales. Los resultados de Mori fueron espectaculares. La Mafia quedó destruida en sus grandes líneas, los delitos bajaron espectacularmente y su estructura quedó destruida. Pero Mori siguió, atacó a los “guantes amarillos”, o sea, a los mafiosos que estaban en despachos sin mancharse. Se depura incluso el Partido Fascista de mafiosos infiltrados. Pero entonces Mussolini decide ya centrarse en otros temas. Mori es ascendido pero con ello deja la acción, y se da por liquidada a la Mafia, dejando de presionarse tan directamente contra ella. Un error.
            La Mafia tuvo así un respiro. No logró recuperarse pero sí reorganizarse y a partir de 1940 espió y trabajó para los aliados, quienes pactaron con Luky Luciano, con Vitore Genovese, cuyos contactos con Hoffa (dirigente mafioso americano de los sindicatos) estableció el pacto democracia-Mafia que dura aún en Italia.
            Si vemos cómo se trata por parte del sistema el combate a ETA o la delincuencia financiera, vemos que no cumplen ni uno solo de los pasos que se deben seguir. ¿Pura incompetencia?... No, en realidad es una absoluta falta de interés real, absoluto, en resolver los problemas. Están dispuestos a aparentar, a hacer “algo”, no a resolver los problemas de verdad.
            El Sistema se basa en aceptar los problemas mientras no afecten a su esencia, el poder del dinero. Por eso cuando peligra la esencia sí usan los medios necesarios, como pasó en Argelia o Turquía cuando los integristas amenazaron de verdad en tomar el poder.
            Pero el sistema democrático-capitalista puede perfectamente convivir con la Mafia o con la usura y la estafa económica, con la delincuencia. Un terrorismo limitado o la corrupción no necesita combatirlas más que evitando que sean excesivamente generales y evidentes a la opinión pública.
            Democracia es Mafia legal.

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