16 de marzo de 2010

LOS IDEALES FASCISTAS


"Yo amo a los que para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas, sino que se ofrecen a la tierra para que ésta pertenezca algún día al superhombre".(Nietzsche)

¿Cómo? ¿Creyó el fascismo en unos ideales, en unos principios éticos, en unas normas morales por las que millones de hombres entregaron sus vidas? Esta afirmación puede parecer un escándalo y no tiene nada que ver con la cuestión teórica de si dichos ideales han de ser considerados, o no, válidos en sí mismos. Conviene subrayarlo: el sacrificio nunca convalida lógicamente aquéllo en lo que cree el individuo o el grupo. En cambio, sí acredita que dicha creencia es subjetivamente experimentada como válida de forma sincera y comprometida hasta sus últimas consecuencias por quienes la reivindican. La validez lógica de los ideales debe poder fundamentarse en otro plano de la existencia, a saber, el de la filosofía teórica. Que, como decimos, unos hombres hayan dado sus vidas por una determinada ideología no la fundamenta, pero tampoco la refuta. Nuestra intención en el presente post es doble. Por una parte, ver las cosas, algo poco habitual, desde la perspectiva ética de los fascistas. Por otra, analizar, de manera preliminar, hasta qué punto los ideales fascistas pudieron tener sentido y fundamento a pesar de las apariencias actuales, muy condicionadas por medio siglo de propaganda antifascista. A nuestro entender, el planteamiento fascista ostentaba, como poco, un sentido racional comunicable argumentalmente. Podemos compartir o no, dicha postura, pero en cualquier caso se puede sostener que la misma nunca fue una mera locura.


Uno de los argumentos que se utiliza para diferenciar al comunismo del fascismo consiste en sostener que los ideales comunistas no se pueden confundir, por ejemplo, con las "repugnantes ideas" racistas de los nazis. El comunismo, se afirma, luchaba por una sociedad más justa, en la que ya no hubieran opresores y oprimidos, una sociedad igualitaria donde todos los hombres pudieran ser "felices" realizando al mismo tiempo sus "potencialidades" creativas. El fascismo, por el contrario, partía en dos a la humanidad, elevaba a los ciudadanos de algunos pueblos a la categoría seres superiores, elegidos para vivir en una especie de "sociedad perfecta", y degradaba otros al rango de seres inferiores, destinados a la extinción. Los crímenes del fascismo, sean cuales fueren, serían así siempre más condenables que los del comunismo, porque éste, en el fondo, representaría supuestamente la desviación casi accidental de un ideal intrínsecamente correcto, asumible por cualquier "persona normal" en una sociedad democrática. Aquéllo que se cuestiona del comunismo no son, en suma, los ideales, sino sólo los métodos (violentos). Un ejemplo claro de este tipo de falacia es el de ETA: los terroristas pueden reintegrarse cuando quieran a la sociedad liberal, siempre y cuando renuncien a seguir matando gente en nombre de su bello ideario marxista-leninista. Para el fascista, en cambio, las cosas son bien distintas: aunque no haya matado a nadie, aunque se limite, incluso, a reivindicar los derechos humanos (conozco el caso por mi experiencia personal en las cárceles), la etiqueta de "fascista" servirá para sentenciar su muerte civil.Cualesquiera que sean los métodos del fascismo, sus ideales resultarían inasumibles per nadie que esté en su sano juicio o se conciba a sí mismo simplemente como una "persona decente" (véase el soldado Ryan). O crees en la "alegría", en la "felicidad", el "bienestar", etc., o ya eres sospechoso de herejía humanista. ¿Quién, sino un demonio, negaría todo eso que constituye el sustento axiológico de la existencia humana?

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas y vamos a demostrarlo. Basta echar una ojeada a la ideología del comunismo moderno, que es el marxismo, para darse cuenta que éste también condena al dolor y a la muerte a una gran parte de la humanidad, la cual, de forma necesaria, debe perecer para que "al final de la historia" un grupo de privilegiados disfruten de todos los placeres en una sociedad plenamente materialista. Aquí se plantean dos cuestiones:

a/ las etapas históricas por las que, según el marxismo, la sociedad debe pasar de forma necesaria para culminar en el denominado "modo de producción comunista", es decir, en la realización de una utopía de carácter puramente material, hedonista y eudemonista (placer y felicidad como valores supremos).

b/ la exigencia ética de sacrificio y dolor que se impone a otras personas para que tal sociedad sin sacrificio ni dolor llegue a realizarse algún día.

Por lo que respecta a la primera cuestión, quisiera recordar aquí un texto de Marx en el que critica un programa político de su tiempo por el hecho de condenar el trabajo infantil. Este revelador fragmento pone en evidencia el despiadado esquema de exterminio que subyace de forma ineluctable a los "bonitos" ideales comunistas. En efecto, Marx considera que el trabajo infantil es necesario para el pleno desarrollo de la sociedad capitalista, cuya plena madurez constituye el requisito para dar el paso a la siguiente etapa de la evolución histórica (el "progreso"), a saber, el socialismo y, finalmente, el comunismo. Marx se sorprende de que no le hayan entendido algunos bondadosos humanistas de su época: el capitalismo, para Marx, debe existir igual que era menester que existiera el "modo de producción esclavista" en la antigüedad. Los esclavos que se rebelaron contra Roma estaban equivocados, porque su ideal era puramente romántico, representaba ese "buenismo" inconsecuente con el que se intenta justificar propagandísticamente el comunismo ante las masas pero que Marx, de forma brutal, rechaza y condena en sus textos teóricos más esotéricos:

"'Prohibición del trabajo infantil'. Aquí era absolutamente necesario señalar el límite de edad. La prohibición general del trabajo infantil es incompatible con la existencia de una gran industria y, por tanto, un piadoso deseo, pero nada más. El poner en práctica esta prohibición -suponiendo que fuese factible- sería reaccionario" (K. Marx, "Crítica del programa de Gotha", versión española revisada y ajustada a la revisión rusa de 1953, Madrid, Ricardo Aguilera Editor, 1968, p. 42. El texto original de Marx en alemán es del año 1875).

Marx muestra su desprecio por el derecho y las pautas de conducta éticas en otro texto donde, como ya he dicho en mi ensayo "¿Qué significa ser de izqueirdas? (II), eleva la anécdota anterior a categoría general de actuación revolucionaria ideológicamente sancionada:

"mostrar que era un crimen intentar, por un lado, imponer otra vez en nuestro Partido, como si se tratara de dogmas, ideas que en un período tuvieron algún significado pero que hoy son obsoleto desecho verbal, mientras, por otro lado, volvemos a pervertir la perspectiva realista, que tanto esfuerzo costó instilar en el Partido y que hoy ha encontrado en él su espacio, con el absurdo ideológico sobre derecho y otras basuras, tan comunes entre los demócratas y entre los socialistas franceses" (K. Marx, citado por Johathan Glover, "Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX", Madrid, Cátedra, p. 351).

Esta "perspectiva realista" a la que apela Marx es la que llevará a algunos socialistas, como Mussolini, a fundar el fascismo. Porque, en efecto, las contradicciones éticas en las que incurre el marxismo son flagrantes. Desde una posición materialista no se le puede pedir a nadie que se sacrifique por el futuro de la humanidad. La construcción del modo de producción comunista supone, no sólo que una parte de esa misma humanidad ha de ser explotada por los capitalistas y los esclavistas, sino que, además, se le reclama al trabajador que adopte pautas de conducta heroicas, no materialistas, idealistas, a fin de ver realizado un modelo utópico que, por su parte, pondrá fin a todo idealismo, a todo heroísmo, etc., en beneficio del simple "bienestar". Los pensadores prefascistas y fascistas se preguntaban qué diferencia podía haber entre ser explotado por un capitalista contemporáneo y ser instrumentalizado de facto por los futuros beneficiarios de la revolución, para los que quienes han muerto por ellos son meras cosas que les resultaron muy útiles y gracias a las cuales pudieron ser "felices". Para los fascistas resultaba claro que lo superior no puede estar al servicio de lo inferior y que el hombre heroico e idealista debía ser considerado moralmente más valioso que el hombre materialista. Los socialistas que han leído a Nietzsche después de Marx no pueden sino experimentar auténtica repugnancia hacia las proclamas que, en nombre de la "felicidad del mayor número", de la justicia y hasta del "amor", incitan a la violencia revolucionaria, al exterminio del adversario político y, en definitiva, a un baño de sangre que se legitima a basa de retórica kitsch sobre "bellos ideales" comunistas de paz universal.

El fascismo invertirá los términos: el héroe no puede ser utilizado como un medio en provecho del hombre-masa materialista, el afortunado parásito del final de la historia, al contrario, el héroe es, frente a la masa, un fin en sí mismo, porque representa la más alta expresión de la humanidad hasta ahora conocida. Si el héroe se sacrifica por algo, será por un ser que le trascienda en la escala ética y esa figura no se corresponde ni con Dios (ideario de la derecha) ni con el energúmeno consumista actual que Nietzsche califica anticipadamente de último hombre, sino con el Übermensch. Esta palabra alemana se traduce habitualmente por "superhombre", pero en realidad hay que entender el Übermensch no como un vulgar "superman", sino como la figura mítica que encarna el salto evolutivo de la especie humana hacia otra de más alto rango ético en la que las potencialidades espirituales del hombre se hayan desarrollado al máximo.
Jaume Ferrerons
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/

10 de febrero de 2010

NACIONALISMO Y DEMOCRACIA

Por. Ernesto Palacio *

El nacionalismo es una doctrina precisa y clara; como tal se dirige a la inteligencia más que al corazón, no obstante estar fundada en un hondo sentimiento de Patria. El nacionalismo razona, no declama, y así las dianas del 25 de mayo más le estorban que le ayudan. Esto en cuanto a su aspecto intelectual, doctrinario. Lo que no significa, claro está, carecer de emoción patriótica, sino devolver a la inteligencia lo que le pertenece.

Para definir al nacionalismo es útil empezar distinguiéndolo de sus adversarios.

El nacionalismo persigue el bien de la nación, de la colectividad humana organizada; considera que existe una subordinación necesaria de los intereses individuales al interés de dicha colectividad y de los derechos individuales al derecho del Estado. Esto basta para diferenciarlo de las doctrinas del panteísmo político, las cuales se caracterizan por el olvido de ese fin esencial de todo gobierno - el bien común - para sustituirlo por principios abstractos: soberanía del pueblo, libertad, igualdad, redención del proletariado.

Sabemos ya los orígenes de esta desviación moderna. Reconocemos inmediatamente las imaginaciones malsanas del psicópata ginebrino que trató de encontrar las leyes eternas a que obedece las sociedades en el murmullo de los álamos de Ermenonville y hurgando en su propio corazón, podrido de vanidad. Las doctrinas del panteísmo político son, en efecto, consecuencia lógica de la falsificación previa imaginada por Juan Jacobo Rousseau, funesto genio que se enternecía descubriendo por introspección la bondad natural de la especie, mientras abandonaba metódicamente en la Inclusa a los tristes frutos de sus amores...

Existe, pues, una divergencia profunda entre el nacionalismo y la democracia. El nacionalismo quiere el bien del país, su unidad, su paz, su grandeza. Estos beneficios no se obtienen sin el orden, garantía de justicia y de bienestar social; sin el orden, cuyos elementos son la autoridad y la jerarquía. El espíritu democrático, con su invocación de derechos absolutos y su ignorancia de deberes del individuo hacia la sociedad, es enemigo natural de la autoridad y la jerarquía; por consiguiente, del orden, por consiguiente, del bien de la nación, de su unidad, su paz y grandeza.

El demócrata que se declara nacionalista o miente a sabiendas, o ignora en absoluto el valor de los conceptos. Porque en todo demócrata hay un creyente en el contrato social y en los “Derechos del Hombre”, y ya hemos visto como estos derechos explosivos son un constante peligro para el mantenimiento de esa suprema realidad política que es la nación constituida.

Los razonadores políticos pueden dividirse en rigor en dos grandes grupos: los que, reconociendo la naturaleza so­cial del hombre, consideran a la sociedad como un fenómeno natural y los que creen que ella es una creación más o menos artificiosa de los individuos. Los primeros pueden ser nacionalistas: los segundos nunca. Los primeros, al aceptar la sociedad como un hecho an­terior y superior, se someterán a ella, tratarán de hacerla objeto de conocimiento y descubrir sus leyes propias. Los demócratas, en cambio (presuntos herederos directos de los distinguidos salvajes que en un día de mortal aburrimiento pusieron sus firmas prehistóricas al pie del contrato donde resolvían vivir en común), serán los eternos disconformes en cualquier sociedad organizada, pues cada uno llevará un plan de república ideal en la cabeza, un contrato nuevo y una nueva cláusula que satisfaga las ansias de expansión de su yo incontenible. Cosa muy natural, por otra parte, en quienes se sienten sometidos a obligaciones generalmente molestas por estipulación de un antepasado remoto que no pudo consultarlos y que además era salvaje, para resolver estos incómodos pleitos de familia a largo plazo se inventó el mito del Progreso y se crearon los parlamentos modernos.

Quienes aceptan que la sociedad está fundada en la naturaleza, pueden ser nacionalistas. Reconocerán el carácter necesariamente limitado de los propios derechos y la subordinación al orden de la sociedad a la que pertenecen. Aceptarán la necesidad de un jefe y una jerarquía. Tratarán por todos los medios de que la nación propia se organice de acuerdo con las leyes naturales descubiertas por la inteligencia. Serán, pues, antidemócratas.

No es la ocasión de seguir el error liberal-democrático en sus infinitas consecuencias, en todos los monstruo engendrados por él y con la complicidad del idealismo filosófico, en la creación del mito de la voluntad general; en la creación del mito del progreso, para satisfacer la necesidad de expansión ilimitada del hombre “autónomo”, y en sus hermanos gemelos y enemigos que son la Anarquía y el Socialismo. Nos basta señalar su posición irreductible con cualquier doctrina nacionalista, ya que su fin lógico y confesado es el internacionalismo integral, el derrumbamiento de las jerarquías. La abolición de todo lo que es y la disolución universal en un infinito de felicidad que será el Reino del Hombre Redimido. Algo, en fin, profundamente repugnante para cualquiera que tenga el más mínimo respeto por la inteligencia. Ese estado ya tiene un nombre. Es la nebulosa; es el Caos.

Extraído del Blog de Consigna Nacional

1 de febrero de 2010

EL LIBERALISMO, LA BANCA, LOS EE.UU Y LA ARGENTINA

Por BRUNO CAPASSO

EL LIBERALISMO

El derrumbe desmesurado de nuestra economía es la consecuencia lógica y directa de la aplicación de un modelo netamente neo-liberal, que carece de toda técnica, de todo pensamiento y de toda conducción.

El liberalismo es un dogma profundamente individualista que surge de las antiguas teorías de la escuela inglesa clásica de la economía política; promulgadas, fundamentalmente, por Adam Smith y David Ricardo.

Según estas teorías, el afán de lucro como motor esencial de la iniciativa económica individual, debería conducir, supuestamente, al mejor y más armónico desarrollo de la sociedad; todo esto gracias a la intervención de una hipotética "mano invisible" que regularizaría la oferta y la demanda, tanto de bienes y servicios como de factores productivos (mercado).

Bajo dichos principios, se buscó liberar la economía de todas las ataduras y tutelas con respecto al Estado; aceptándose que, de la libre actividad del hombre, habría de nacer un nuevo mundo organizado, capaz de hacer feliz a toda la humanidad. Así se impuso el "dejar hacer, dejar pasar" en la economía política. Es decir, la plena libertad económica del individuo, sin restricciones morales de ningún tipo.

La estrepitosa crisis mundial de los años 1929 y 1934; dio por tierra con el automatismo milagroso de la supuesta "mano invisible".

En realidad, de la supuesta "libertad" se llegó al libertinaje; ya que el liberalismo se originó en un espíritu que pretende subordinar todo medio, capital y trabajo, al servicio de los objetivos del dinero; es decir, del capitalismo financiero. Así se originaron las injustas desigualdades sociales de hoy en día, avaladas por un pensamiento que encubre actividades claramente inmorales como la usura, la especulación, los monopolios, etc.

El liberalismo basa su pensamiento exclusivamente en la rentabilidad, sin tener en cuenta, bajo ningún concepto, las dañinas consecuencias sociales que eso provoca; ya que las economías "rentables" se basan en la escasez.

Así se restringe a la producción incluso hasta cuando se trata de necesidades básicas e indispensables de los seres humanos, con el único fin de evitar una caída de precios y la consecuente pérdida de ganancias por parte de los propietarios del capital productivo que, muchas veces, aunque no siempre, se ven obligados a formar parte de este círculo vicioso.

En última instancia, la gran beneficiada por todo este proceso es la banca internacional, ya que la "punta del ovillo" es el gran capital financiero mundial.

LA BANCA

El modelo en que se basa la banca contemporánea fue constituido por los orfebres ingleses en el siglo XVII. Ellos guardaban oro para otras personas, a quienes debían devolvérselo si así se les era requerido. Pero no tardaron en descubrir que sus clientes solo retiraban una ínfima parte del total depositado. Así tuvieron la astuta ocurrencia de prestar el resto de los

depósitos a otras personas, a cambio de un pagaré y la devolución de la totalidad del préstamo mas un suculento interés, guardando únicamente el oro necesario para atender a las transacciones cotidianas. Con el tiempo, aquellos pagarés y demás instrumentos financieros que podían intercambiarse por oro pasaron a reemplazar a éste; resultando evidente que el total del valor de todos esos papeles excedían por mucho el valor real de oro que los respaldaba. Fue así como los banqueros aprendieron a crear dinero de la nada, emitiendo dichos papeles basándose exclusivamente en la confianza de sus depositantes y deudores.

Es por eso que, cuando los depositantes reclaman en masa la devolución de su dinero contante y sonante, el sistema bancario se muestra incapaz de responder a esta petición, por lo que este debe declarar la quiebra o la suspensión de pagos (el famoso "corralito").

Así nace el dinero fiduciario y la trampa del capitalismo financiero.

Tras la gran depresión de los años '30 y el abandono de patrón oro por parte de todos los países del mundo, la banca internacional se ve obligada a retener liquidez periódicamente. De ahí los procesos cíclicos de aceleración y desaceleración en el comercio mundial.

El capital financiero mundial se encuentra en pocas manos. El sistema de la Reserva Federal norteamericana es absolutamente independiente y está compuesto por 12 bancos privados y 25 distritos. La Reserva Federal no solo es el banco central, banquero del gobierno y vigilante del sector bancario de los EEUU, sino también del mundo entero. Desde allí se manejan los hilos del comercio mundial y sus correspondientes acciones políticas. Su poder está por sobre las naciones.

LOS EEUU

La Reserva Federal tiene en los EEUU su "Estado Gendarme". Los EEUU son la nación mas endeudada del mundo y el dólar debería ser, matemáticamente, la moneda más débil de la tierra; pero no es así en los hechos gracias al poderío militar y político del gobierno de los EEUU. El problema radica en que las amortizaciones de la emisión del dólar deben ser financiadas por el resto del mundo, fundamentalmente por los países no industrializados. Si no fuera así, el dólar se devaluaría mucho mas de lo habitual, ya que la economía norteamericana se fundamenta en el déficit presupuestario planificado, contradiciendo diametralmente lo que tanto pregonan para los países del llamado "tercer mundo", es decir, el liberalismo económico.

En realidad, el dinero tiene su respaldo natural en los bienes y servicios que representa. Es decir, en los productos que se pueden adquirir mediante su uso. Pero el neoliberalismo afirma exactamente lo contrario, dictando que la emisión monetaria de un país debe respaldarse con exportaciones o, lo que es igual, con dólares (debido a que el dólar es la divisa impuesta para el comercio mundial) Y es en este punto en donde los EEUU se aseguran su predominio político económico sobre el resto del mundo. Ya que los EEUU no hacen en su país lo que dicen que debe hacerse en los demás. Los EEUU, para emitir, no necesitan exportar sino que, simplemente, necesitan tinta, papel y hacer un llamado a la Reserva Federal.

"Pasada la II guerra EEUU aplicó la creación de dinero mediante los Déficits (planeados) como arma de dominación. Impuso a Japón y a Alemania prohibición severa de la creación de dinero, es decir, les prohibió los Déficits (...)

Junto con esto EEUU aprovechó la oportunidad para imponer también al resto del mundo las mismas políticas sin invadir militarmente al mundo, simplemente predicando las ideas restrictivas desde el recién creado Fondo Monetario Internacional y su organismo paralelo (también creado para predicar estas doctrinas) las Naciones Unidas. De este modo EEUU se aseguraba que todo el mundo ligara los Presupuestos a ingresos, sin que se creara dinero, y así EEUU se aseguró que en adelante sería el único país que sí crearía dinero mediante déficits y obtendría la primacía mundial (...)

Quedó así la circulación del Tercer Mundo en manos de los exportadores, que al no contar con compradores internos buscaron en EEUU compradores, de modo que EEUU se aseguró el abastecimiento de materias primas. Como nadie le impedía a EEUU imprimir billetes, EEUU imprimiendo papeles compró en adelante todo lo que quiso. Para evitar que los dólares que circulasen por el mundo llegasen algún día a EEUU como Demanda (en compra de productos) y se alterase el Equilibrio, EEUU utilizó la Deuda Pública para recoger estos billetes (...) Esta maniobra no habría sido posible si el dólar no se hubiese impuesto al mundo bajo la amenaza de la bomba atómica" (1)

LA ARGENTINA

La moneda de una nación se basa en la confianza de sus habitantes.

El problema de la moneda radica en su estabilidad. Esto no se consigue exclusivamente evitando el déficit presupuestario (como nos quiere hacer creer el gobierno universal), sino también respaldando el circulante con los bienes y servicios ofertados en el mercado.

Ahora bien, el crédito es la base del progreso de toda nación. Pero el crédito no se consigue únicamente pidiendo prestado a los organismos externos, esa es una gran mentira liberal con la que se pretende esclavizarnos; el crédito debe generarlo el propio Estado mediante una Banca Nacional y Soberana. Esto puede conseguirse mediante la aplicación del déficit presupuestario planificado y una responsable emisión de dinero respaldada con el potencial productivo del país, lo que permitirá dar créditos a mediano y largo plazo tanto a familias como a las empresas nacionales pequeñas, medianas y grandes. Este dinero "extra" puesto en circulación volverá al fisco en forma de impuestos y su excedente podrá ser destruido, evitando, de esa forma, cualquier amenaza inflacionaria. En el proceso se habrán creado nuevas industrias, bienes, servicios y, sobre todo, trabajos, eliminando así el flagelo de la desocupación. Las divisas (dinero extranjero) las retendrá el Estado mediante un organismo creado para tal fin, reservándolas para nuestro comercio exterior. El requisito indispensable para llevar a cabo estas medidas es tener un gobierno fuerte y estable, avalado por un amplio consenso popular. Pero nuestro mayor capital deberá ser nuestro potencial humano y su capacidad para extraer los frutos de nuestro privilegiado suelo. ARGENTINA SERA UN PAIS AUTARQUICO, PLENAMENTE INDUSTRIALIZADO, O NO SERA NADA. La Argentina es un país que posee una riqueza territorial enorme. Poseemos de todo: tierra fértil, minerales, espacio vital, recursos energéticos combustibles, eólicos, fluviales, marítimos y nucleares, somos dueños de una de las plataformas marítimas más grandes del mundo, tenemos todos los climas, al norte la selva, al sur los glaciares, al oeste las montañas, al este el océano. Somos tan ricos que, si quisiéramos, podríamos vivir solos, aislados del mundo. Sobre esta enorme abundancia geográfica deberá fundarse la nueva economía nacional y nunca más en abstracciones monetarias, sino en bienes reales, porque ellos serán el

fundamento de una economía sana y natural que podrá dar remedio a las necesidades de nuestro Pueblo. Esto puede conseguirse mediante la activación de la producción y el consumo gracias a una relación relativamente directa entre ellos, sin la intervención parasitaria de los usureros que especulan con el hambre y el sufrimiento de los argentinos.

La enorme y determinante diferencia entre nuestra alternativa económica y la política de dominación mundial por parte del capitalismo financiero enquistado en los EEUU radica en que, nosotros, pondremos la economía al servicio del Pueblo y no al servicio de los plutócratas como ocurre actualmente. Pero esto implica mucho coraje y decisión. El Poder Mundial no se quedará de brazos cruzados mientras la Argentina se transforme en una especie de "Espartaco" nacional para el resto de los países sojuzgados.

Sólo se respeta a quien se hace respetar.

A la Argentina la salvará el Pueblo o no la salvará nadie.

Escrito en 2002