17 de mayo de 2010

MITO Y POLITICA


Por Nimio de Anquin

El opúsculo presente, fué escrito en una primera redacción a fines de 1955, para un Periódico de Buenos .Aires que dejó de aparecer antes de incluirlo en sus columnas, Posteriormente ha sido ampliado, pero sin modificar fundamentalmente la redacción primitiva.


La concepción política que aquí exponemos es organicista y anti-mítica. Para nosotros el Estado es una institución natural y necesaria. El individuo pertenece al Estado, en cuanto éste es el todo y aquel la parte, “porque cada parte, en cuanto tal es algo del todo y un hombre cual quiera es parte de la comunidad, y, por lo tanto, todo lo que él es pertenece a la sociedad” (quia quaelibet pars, id quod est, est totius. Quilibet autem homo est pars communitatis: et ita id quod est,est communitatis” (S. Tomás de AQUINO, Suma Theol. II-II, q. 64, a. 5). Analógicamente se puede afirmar que “siendo un miembro cualquiera parte de todo el cuerpo humano, existe para el todo como lo imperfecto para lo perfecto... todo hombre se ordena, como a su fin a la sociedad entera, de la que es parte” (cum membrum aliquod sit pars totius humani corporis, est propter totum, sicut imperfectum propter perfectum... ipse totus homo ordinatur ut ad finem ad totam communitatrem cuius est pars” (IDEM, IBID. II-IIae, a.1). "En todos los seres creados lo óptimo es el orden universal en que consiste el bien del universo; así como en las cosas humanas el bien de la Sociedad es más divino que el bien singular (“Optimum autem in omi-nibus entibus creatis est ordo universi, in quo bonum universi consistit; sicut in rebus humanis bonum gentis est divinius quam bonun unius”. (Santo Tomás DE AQUINO, Suma contra Gentiles. L. II, Cap.
XLII). Esta es la doctrina clásica del Estado heredada de los griegos, expuesta por Aristóteles en su Política y transcripta por Santo Tomás en sus comentarios.
Es la doctrina del hombre natural, occidental (pues el hombre oriental es cosa distinta), regido por el predominio necesario del Bien Común. Es decir, el Bien Común intrínseco a la sociedad política, o el que nosotros hemos llamado en nuestra ponencia al Congreso filosofía Balmes-Suárez de Barcelo-na (1948): "Bien Común del aquende”. Este fin no es un bien extrapolado, para el cual la terminología tomista reserva el nombre de Bien Común trascendente (Dios mismo como fin de los actos humanos libres), y al que nosotros apellidamos “Bien Común del allende”. La creencia de que entre ambos bie-nes hay una relación necesaria ha desorientado a ciertos comentaristas de Santo Tomás, que no aciertan a conciliar los principios que hemos trascripto, con otros como éste: “El hombre no se ordena a la co-munidad política según todo su ser y todas las cosas que le pertenecen”, (homo non ordinatur ad com-munitatem politicam secundum se totum, et secundum omnia sua” (Sto. Tomás DE AQUINO, Summa theol. I-II; q. 21, a 4, ad finem). La reducción que este concepto impone a la doctrina anteriormente citada, procede de que en este pasaje de la Suma Teológica, Santo Tomás tiene en vista el Estado cris-tiano, es decir. el Bien Común trascendente (Bien Común extrapolado o del allende). Mas, el Estado cristiano históricamente es contingente, y en realidad ya no existe más; mientras que el Estado griego, que es el Estado humano-natural es tan permanente como el hombre occidental mismo. No hay contra-dicción alguna en Santo Tomás, pues él nos ha dado las dos versiones del Estado, de acuerdo a las dos significaciones analógicas del Bien Común.
Ahora bien, muerto el Estado cristiano (el Sacro Imperio, el de una sociedad con la POTESTAS y la AUCTORITAS en una sola mano, es decir, la del Pontífice) el conflicto entre Estado y persona quedó reducido proporcionalmente, pues el Bien Común trascendente o del allende en las sociedades progresivamente descristianizadas, tiene un valor muy relativo, o nulo. A medida que el hombre occi-
1 Opúsculo editado por Ediciones Arkhe, Córdoba, en el año 1955-56.
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dental recupera sus formas naturales y perennes de vida y se deshace de lo accidental adquirido en un largo proceso histórico, para ligar su subsistencia al Bien Común intrínseco o del aquende, reedifica sus instituciones de acuerdo a su naturaleza, Esto significa un proceso de secularización o re-secularización de la sociedad moderna, tanto mas acelerado y efectivo, cuanto se relaja en ella el vínculo que asociaba lo natural con lo cristiano o sobrenatural. Por ello, las formas políticas griegas tienden o reaparecer analógicamente, por cierto que sujetas a las nuevas circunstancias históricas. La gravitación del Bien Común trascendente depende del grado de cristianización de la sociedad, pero todo parece indicar que este grado tiende a decrecer hoy hasta cero. Desde el siglo XIII la disyunción de los dos órdenes ha sido cada vez mayor, a medida que en el hombre ha ido aumentando la conciencia de ser “hijo de la tierra”. El hombre vuelve a sí mismo como después de una sublime aventura. El propio Nietzche – a quien pertenece la expresión “hijo de la tierra” –, afirmó que el Cristianismo equivalía a una “transmu-tación de todos los valores” (UMWAELZUNG DERWERTE). Pero ahora parece que esa transmuta-ción ha concluído, y que el Cristianismo es ya inoperante: el hombre está solo y solitario, y Dios con los ángeles y los gorriones”. El hombre en su sociedad excogita nuevas formas de pensamiento de vida y de organización, y éste es el estado actual del mundo.
Si algún pensador medieval tiene vigencia en la sociedad secularizada de hoy, es Tomás de Aquino. Pero no el teólogo, sino el filósofo, si fueran separables. La idea política expresada en la sen-tencia de la SUMA TEOLOGICA I-II, q. 21, ti 4, que hemos trascripto, tendría vigencia - y realmente la tuvo – en la sociedad cristiana anterior a Bonifacio VIII, cuando el príncipe encaminaba el ejercicio de su POTESTAS hacia el Bien Común trascendente; pero ahora, cuando esa vocación no existe más formalmente en los gobernantes, quienes sólo miran al Bien Común intrínseco de un Estado radical-mente secularizado, la doctrina teológica no tiene ningún eco. Sí lo tiene, en cambio, la doctrina filosó-fica derivada directamente de la Política aristotélica, porque ella expresa la concepci6n del hombre natural, por lo cual es substancialmente verdadera, por lo menos respecto al ser humano occidental, creador de las formas políticas y culturales en que vivimos.
El sistema político que propiciamos en nuestro opúsculo procede de la concepción clásica y en cuanto tal es organicista. Su subsistencia está asegurada por la naturaleza misma del hombre occidental, que no puede cambiar porque está ligada a su ser mismo. La historia lo prueba, como prueba también su capacidad de ser sobreelevada desde su naturaleza hasta el allende del Bien Común trascendente, como lo fuera en los tiempos de Inocencio III. Mas, la íntima convivencia del hombre natural con el cristianismo, dejó en la conciencia de aquel la nostalgia y el vacío del ideal religioso, realizado alguna vez, frustrado más tarde y muerto al final en tiempo de apostasía. La Revolución Francesa que aniquiló las últimas posibilidades del Bien Común trascendente en el orden político, buscó satisfacer con algo equivalente la vocación religiosa que inculcara en el hombre de la edad media. Y para ello, en vez de Dios, puso los mitos, y en vez de la religión cristiana puso la religión mítica o de los entes de razón deificados, verdaderas fuerzas mágicas. (ZAUBERKRAFTE).
Ahora bien, la aplicación de las formas políticas a la realidad. Americana no puede hacerse "sic et simpliciter” o sea sin modificación alguna. Lo que el hombre americano tiene de hombre occidental – en sentido cultural, no topológico – es lo único que hace factible el uso de instrumental de aquellas formas clásicas. Lo que tiene de indígena o sea de propio, introducirá necesariamente modificaciones a aquello que en el Viejo Continente fué estructuralmente perfecto. La gran amenaza que se cierne sobre lo clásico es el mito, porque éste es tenebroso, monstruoso y cruel. Corresponde a la época de lo que los griegos llamaban “estúpida credulidad” (Euethíe elíthios). Nosotros estamos por las instituciones del hombre natural y contra las del hombre mítico. Estamos por la cultura contra la barbarie.
“Scimus quoniam ex Deo sumus; et mundus totus in maligno positus est” (Jn. Ep. I, 5, 19).
“Y aún frente a la analogía y a Dios, a pesar de la voz alta y saludable de las leyes de gradación que penetran tan vivamente todas las cosas en el cielo y sobre la tierra, insensatos esfuerzos han
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sido hechos para establecer una democracia universal” (Edgard Allan Poe en “Diálogos de mo-nos y Una”.
“La Contra-Reforma terminó en la Revolución Francesa. La Revolución fue un acontecimiento capital, una «tuba», que cambió la faz de la historia; no se engañan en esto sus admiradores... Con la Revolución acabó formalmente en el mundo el Imperio Romano, que la tradición patrís-tica pone como el misterioso «katejón» de San Pablo, el «obstáculo» del Anticristo” (Leonardo Castellani “Los papeles de Benjamín Benavides”, p. 178).
Con el ánimo de orientar el sentido político de los argentinos, confundido en este momento por la mala fe, o por la ignorancia, o por la perplejidad de una situación naturalmente oscura, me permito ofrecer estas meditaciones. Mi voz debe ser clara, precisa y sintética. Pero como los principios rigen las cosas, sin excepción, primeramente hablaré en el orden de los principios (I), y luego en el histórico-concreto (II).
- I -
1.- Todo régimen político se corrompe.
En efecto, el hombre como sujeto de la historia, no ha encontrado aún un sistema político inco-rruptible. Tanto la autocracia, como la aristocracia y la democracia, están fatalmente sujetas a la co-rrupción en cuanto sistemas humanos.
2.- Creer que hay formas políticas incorruptibles es mitología.
Por la sencilla razón de que quien así piense, se sustrae a la realidad y se sitúa en el plano de los entes de razón. Quien afirme que la autocracia, la aristocracia y la democracia son seres reales, crea mitos, es decir, crea fantasmas.
3.- La trasformación de los sistemas políticos en mitos crea la superstición y el fanatismo.
Lanzado el mito, éste se transforma en ídolo y crece indefinidamente hasta alcanzar proporcio-nes teratológicas2. Inmediatamente nace la superstición, y con ésta el fanatismo.
4.- Todo estado mítico es totalitario.
Ello es evidente, porque el mito no admite un opuesto. Para sobrevivir necesita ser único. La denominación que adopta es accidental: puede llamarse autocracia, aristocracia o democracia, pero ello sólo es una denominación extrínseca. El Estado mítico es único, absoluto y exclusivo.
5.- La unicidad, la absolutidad y la exclusividad engendran el despotismo.
2 Teratología según el Diccionario de la Real Academia, proviene del gr. tžraj, -atoj, prodigio, monstruo, y –logía, y es el estudio de las anomalías y monstruosidades del organismo animal o vegetal (N:E.).

El despotismo, a su vez, ejercita la crueldad y excita los bajos sentimientos humanos. El Estado mítico totalitario en su forma autocrática inventó la cámara de gas, y en su forma democrática la guillo-tina.
6.- Las formas políticas del estado mítico son tautológicas y van de lo mismo a lo mismo.
Se puede instituir la autocracia, la aristocracia o la democracia indiferentemente, porque todas serán totalitarias. La democracia totalitaria es tan funesta como la más cerrada autocracia. Los extremos se tocan, porque la tautología es la circularidad estéril.
7.- El mito tiende naturalmente a devenir religioso.
Todo sistema político mitológico se transforma al cabo en una pseudo-religión de contenido idolátrico. Tan idolátrico es el Estado mítico autocrático como el Estado mítico democrático. Uno y otro terminan por atribuir al Hombre (Líder), carismas preternaturales, erigiéndolo en el gran hierofan-te3 de la Nación.
8.- Las formas políticas en general son instrumentales y no suplen al hombre.
No abrogan la responsabilidad, ni subrogan en ningún caso a la persona humana. El pensamien-to mítico coloca al mito por encima de la persona y libera a ésta de la responsabilidad moral y por tanto política. Y así, por ejemplo, se afirma absurdamente que basta ser democrático para ser puro, y ser au-tocrático para ser réprobo.
9.- Las formas políticas positivas en cuanto instrumentales son todas, en principio, acepta-bles.
No existe el exorcismo en política. La decisión relativamente a la vigencia de aquéllas, depende de cada situación concreta (histórica, geopolítica, económica, etc.) de la vida de la Nación. Sostener lo contrario equivale a sacrificar la Nación a los sistemas teóricos, es decir, a las formas instrumentales que, por ser tales, no son esenciales, sino accidentales, y están expuestas a corromperse, a devenir ca-ducas, o ser simplemente inconvenientes.
10.- La democracia como forma política positiva y por lo tanto admisible, es la democracia no liberal.
La forma liberal no cupo en las categorías de la filosofía y de la política clásicas. Para Platón, Aristóteles y Santo Tomás de Aquino la democracia liberal fue un no-concepto, un impensable. El mundo antiguo y el medieval no la conocieron, ni la concibieron, pues está fuera de todo modelo clási-co, de todo orden y de toda armonía. La democracia liberal es creación de la Revolución Francesa,
Hierofante tiene dos acepciones según el Diccionario de la Real Academia, y viene del lat. hierophantes, y este del gr. †erof§nthj. 1. m. Sacerdote del templo de Ceres Eleusina y de otros varios de Grecia, que dirigía las ceremonias de la inicia-ción en los misterios sagrados. 2. Por ext., maestro de nociones recónditas N.E.).

aunque está presentida en Marsillo de Padua. Su forma permanente de subsistencia es el mito (Zauber-kraft), y su contorno lo monstruoso y catastrófico.
11.- El estado ordenado no puede fomentar la libertad como mito, pues terminará por ser devorado por ella.
La libertad como mito lleva fatalmente al anarquismo, o sea, al solipsismo político; es el Desor-den, pues si la libertad de cada uno debe ser absoluta, no será posible el Estado, que es uno o no es. (“Imperium nisi unum sit, esse nullum potest”), o sea, el Estado que no es uno, no puede existir). La libertad es formalmente instrumental, no tiene un fin por sí. En el orden teológico es instrumento para merecer la beatitud y para servir a Dios; en el orden moral es instrumento para practicar el bien consigo mismo y con el prójimo; en el orden político es instrumento para realizar el bien común a través del Estado. La libertad que no es instrumento para algo, es monstruo mitológico.
12.- La libertad que no es mito, es orden.
Uno de los constitutivos formales del Estado es el Orden, es decir, es la libertad condicionada al Orden o por el Orden. Sin el Orden no hay unidad, y sin unidad no hay Estado (“Unitas ordine"). La libertad política dentro del Estado no puede ser nunca absoluta, así como tampoco lo es, dentro de la ley, la libertad moral. Un mandatario (y mucho menos un militar) no puede ser un heraldo de la libertad mítica. Mejor sería que lo fuese del Orden, o de la libertad en el Orden.
13.- La política no está subalternada al derecho sino a la moral. La política no se rige por la justicia legal, como sostienen algunos, sino por accidente. La regla de oro de la política es la equidad.
"Ubi societas, ibi aequitas”. “Lo equitativo y lo justo, siendo buenos ambos, la única diferencia que hay entre ellos es que lo equitativo siendo lo justo, no es lo justo legal, sino que es una dichosa rectificación de la justicia rigurosamente legal". Tal es el dominio de la Política, y por ello, tratar de establecer un Estado legal, es decir, regido por la justicia legal, es un absurdo. El Estado humano está regido por la equidad, que es mejor que la justicia como medio asequible al hombre. La justicia es de Dios; la equidad es de los hombres; la bondad es de todos.
14.- Si la política está subalternada a la moral, el fin objetivo del estado es el bien común.
(Si estuviese subalternada al derecho, como quiere Kelsen, su fin sería la ley, pero esto es mani-fiestamente falso). La consecución del Bien Común está regulada por la equidad antes que por la justi-cia, o sea, antes que por el derecho. Por ello juzgo un error la aplicación indiscriminada del derecho en la cosa política. El delito político (si existe) no es delito de derecho, pues el “Estado no es derecho”, como se dice erróneamente. “El Estado es política”. Es urgente en estos momentos evitar la violación del principio: “summum jus summa injuria” (el abuso del derecho es la máxima injusticia).
15.- No es admisible una democracia cristiana, porque se complica al cristianismo con un sistema temporal-mundano.

El Cristianismo, en efecto, es una religión sobrenatural, mientras que la democracia (la politia) es una forma humana de gobierno, Puede sí haber accidentalmente una democracia de cristianos (por cierto que la democracia liberal, que pertenece al diablo, queda excluida de esta posibilidad), como puede haber una autocracia o una aristocracia de cristianos. Lo que no puede haber es un comunismo o una plutocracia de cristianos. Estas dos formas políticas son radicalmente anticristianas. La democracia cristiana es un supercristianismo, es decir, no es cristianismo, o es un cristianismo por denominación extrínseca, o sea, un pseudo-cristianismo. En la única democracia posible es la de la Iglesia. Después de la alocución de Pascua de 1955) del último Pontífice, la Democracia Cristiana ha perdido todo su significado desde el punto de vista católico. Ha dicho el Papa: “En cambio sería una apariencia de fe destinada a la derrota, ese vago sentimiento de cristianismo, muelle y vano, que no rebasa el umbral de la persuasión en las mentes, ni el amor en los corazones; que no está puesto como cimiento y corona-ción ni de la vida privada ni de la pública; que sólo ve en la ley cristiana una ética puramente humana de solidaridad y una disposición cualquiera para promover el trabajo, la técnica y el bienestar exterior. Los que agitan la engañosa bandera de este cristianismo vago, lejos de estar al lado de la Iglesia en la lucha gigantesca en que está empeñada para salvaguardar para el hombre del siglo presente los eternos valores del espíritu, más bien aumentan la confusión, haciéndose así cómplices de los enemigos de Cristo. Tales serian, en concreto, los cristianos que, arrastrados por el engaño o doblegados por el te-mor, diesen su cooperación a sistemas discutibles de progreso material que exigen, como contrapartida, la renuncia a los principios sobrenaturales de la fe y a los derechos naturales del hombre”. Estas pala-bras de Pío XII dichas en tan solemne circunstancia, “urbi et orbe”, son contradictorias de los princi-pios de la “ciudad fraternal” y del “humanismo generoso” (expresión masónica) que sostiene la llamada “democracia cristiana”. Naturalmente que la “democracia cristiana” puede seguir subsistiendo con el Ejército de Salvación y con los Mormones. Sin embargo, estas sectas tienen políticamente un historial menos oscuro que aquélla, pues no debe olvidarse que la “democracia cristiana” no fue indiferente a la masacre por el “resistencialismo” francés de 100.000 ciudadanos conservadores (católicos casi todos), sacrificados al Moloch Demo-Libertad, por el delito de haber amado a su patria más allá de los execra-bles mitos. La dialéctica del “humanismo generoso” parte del principio de que “no hay enemigos a la izquierda”. Para los crímenes que se cometen con los que están a la derecha, no tiene ojos.
16.- Las formas políticas son irreversibles como consecuencia necesaria de la irreversibili-dad del hecho histórico.
No se ha dado, en toda la historia de la humanidad, un sólo hecho que se haya repetido; es lo que se llama en la ciencia histórica: "Einmaligkeit". La visión retrospectiva de Ezequiel es la de un pueblo de osamentas, a las cuales sólo vivifica el espíritu de Dios; esto significa que el hombre nada puede resucitar nunca. Claro está que tampoco se pueden resucitar las instituciones fenecidas, ni las Constituciones de otras épocas. Intentar hacerlo es una actitud contra natura. Toda Constitución, como obra humana, está sujeta necesariamente a caducidad (a corrupción), y nada, ni nadie, puede instituirla en una forma eterna. Resucitar una Constitución. es una tarea tan macabra como inútil, propia de la mentalidad mitolátrica, retrógrada y anti-histórica.
17.-La suprema realidad en todo sistema político es el hombre, la persona humana de car-ne y huesos, cuya calidad y comportamiento solamente garantizan la honestidad de un go-bierno.

Esto significa que el fundamento de todo gobierno, es la moral, es decir, la moral encarnada. Sin la rigurosa subalternación de la política a la moral, no habrá garantías para nada, ni para nadie, así sea el régimen democrático o autocrático. En cambio, el mantenimiento de aquella subalternación, hace posible cualquier régimen político positivo, preservado así de la amenaza pestífera del mito.
18.- El Nacionalismo es la concepción política que propicia el encaminamiento de la nación a la consecución del bien común por el orden y la unidad, religados en autoridad.
Siendo uno el Bien Común, la finalidad perseguida por la Nación debe ser una. Y si es una la finalidad, deben ser adecuados a ella los medios. El Nacionalismo considera al hombre como una uni-dad no escindible de individuo y persona: por ello no es ni individualista, ni personalista, sino plena-mente humano, en cuanto ve en el hombre político no sólo un sujeto temporal sino también espiritual, comprometido en cuanto tal, en todos sus actos de ciudadano. El sentido de unidad y de orden del Na-cionalismo lo opone a todo internacionalismo político y a todo cosmopolitismo, pues uno y otro son factores disolventes de la Nación. Su culto de la autoridad lo opone al liberalismo, que también es fac-tor de disolución por la anarquía. Su concepción del Bien Común lo opone a toda mitolatría.
19.- Los actos humanos se especifican por los fines: como es el fin son los actos. Los fines informan los medios, aunque de inmediato no los justifican.
Más si el fin es bueno, los medios serán inmediatamente buenos y no pueden ser absolutamente malos (relativamente sí pueden serlo). Un sistema político como el Nacionalismo que pone el Bien Común como fin, no puede ser absolutamente malo y no puede ser condenado por ser nacionalismo. Si pusiese corno fin la absorción de la persona por el Estado sería malo y condenable, pero entonces no sería Nacionalismo sino totalitarismo. Para el Nacionalismo "el Estado es la sociedad natural, revestido de la autoridad suprema dentro de unos límites dados, encargada de realizar el Bien Común de sus miembros". En cambio, será totalitarismo, y de ferocidad omnívora, el sistema político que, como la democracia liberal, proponga y practique la inmolación de la persona humana al mito.
II
1.- La historia de nuestro país no se compromete con ninguna forma política determinada.
En Argentina ha habido autocracia, aristocracia (En realidad, oligarquía) y democracia, y en cada circunstancia se ha gobernado con resultados positivos y negativos. La historia argentina no es la histo-ria de la traición y del deshonor; no es la historia de Caínes y Abeles, de demonios y de santos, de jus-tos y réprobos, sino la historia de una Nación cuyos hijos pueden haber luchado entre sí como adversa-rios, pero nunca como enemigos. La mentalidad mitolátrica transforma al adversario en enemigo ex-tranjero (“hostis"), es decir, que transforma al país en campo de batalla, en escenario de una guerra fratricida y de exterminio, a igual que la mentalidad primitiva. En el orden de un mismo Estado y de una sola nación y hablando políticamente, tiene vigencia de mandamiento el "diligite inimicos vestros", que traducimos como "amad a vuestros enemigos" (en este caso: "enemigos" significa por lo menos "adversarios”). El adversario político, el antagonista que disputa en el "Agon", no es un enemigo ex-tranjero ", no es un " hostis ", aunque sí puede ser un "inimicus”, y a éste se lo debe amar. En el orden

religioso este problema no existe. La tendencia apocalíptica a dividir a los argentinos en réprobos y justos, es propia de la mentalidad mitolátrica.
2.-La adopción de una forma de gobierno obedece a circunstancias de hecho, en primer lugar históricas.
El que Argentina sea república, no es el resultado de un designio providencial, ni de la inspiración de un predestinado, ni de una teofanía a "nuestros gigantes padres", ni del azar, sino de hechos que de-terminaron la adopción de esa forma de gobierno. Pero los hechos históricos son únicos e irreversibles, y el destino político de una nación cualquiera no puede ligarse indefinidamente a una circunstancia histórica perimida. Sólo a mentalidad mitolátrica cree en la eternidad de las formas políticas. El hombre inteligente y libre, que no está ofuscado por la religión mitológica idolátrica, y que no es fanático, ad-mite, porque debe admitir, la posibilidad de abandonar un sistema puramente instrumental, por otro de mayor conveniencia para la nación. Es anacrónico y ridículo pensar, por ejemplo, que una Constitución nacida en los años del miriñaque, de la carreta, de la vela de sebo y del trabuco, pueda servir como in-tangible instrumento legislativo en la época del "nylon", del avión supersónico, del átomo fisionado y de la bomba de hidrógeno. El más eminente de los juristas europeos y acaso del mundo contemporáneo, ha declarado: "Hoy, el orden actual centroeuropeo del Derecho Público, desaparece; y con él se hunde el antiguo Nomos de la tierra" (Carl Schmidt: "Der Nomos der Erde", Köln, 1950).
3.- Las circunstancias geopolíticas y económicas de Argentina han variado fundamentalmen-te.
Geopolíticamente, todos los países del mundo han sufrido transformaciones fundamentales. El actor principal ha sido la última guerra, que ha modificado los continentes. Al desaparecer la hegemonía in-glesa como consecuencia, entre otras causas, del agotamiento del carbón que alimentaba las calderas de los acorazados de la enorme flota del imperio victoriano, sumado a la carencia de petróleo, aquél ha comenzado a resquebrajarse a tal punto, que su subsistencia apenas podrá llegar a fines del presente siglo. Sólo algún cipayo trasnochado puede pensar aún que sea factible el sueño de Julio Roca (h.), de que Argentina llegue a ser colonia británica: Inglaterra es una gran potencia agonizante. El cetro de la hegemonía mundial, por lo menos en relación a América, ha pasado a U.S.A., que lo detenta con manos muy firmes. Con ello adquiere vigencia plena la doctrina Monroe, y se desvanece el ensueño romántico de la doctrina argentina de "América para la humanidad", que debía sonar muy agradablemente a los oídos de los socarrones estadistas ingleses. La "monroización" de América es ya un hecho consumado, y su órgano técnico es la O.E.A., a la que nuestro país se incorporó el último. Nos obliga más a pensar primordialmente en América, el que Europa sólo aparezca como el "futuro campo de batalla" de la gue-rra inevitable. La supertécnica, además, ha contraído el espacio en forma casi milagrosa, de modo que la unidad espacial de América es una realidad decisiva: por el monroísmo es políticamente una, y por la técnica espacialmente una. La unidad de América no sajona ya no es por la hispanidad o por la latini-dad, sino por el monroísmo. La unidad geopolítica de América está lograda y su fórmula podría ser: "tres en una” o sea "las tres Américas en Norteamérica". Lo que no está logrado es la unidad espiritual, porque la América sudcéntrica es cristianocatólica, mientras que la del Norte es protestante-calvinista; el cristianismo no es un denominador común de las tres Américas. La unidad fundamentalmente re-ligiosa de las Américas no se logrará nunca, porque si Norteamérica fuese cristiana perdería su fuerza material, pues cristianismo y poder material son contradictorios. El cristianismo es una religión de po-bres y humildes, que ponen su fe y esperanza no en poderes intramundanos, sino en un Dios trascen-dente que es “agape". Todo estado rico y poderoso no puede ser cristiano ("Vae vobis divitibus", ¡ay! 9
de vosotros los ricos, dice Lucas. 6, 24). No hay más cristianismo que el de las bienaventuranzas, y por ello digo que el cristianismo es una religión de pobres y humildes. El catolicismo yanqui es un cristia-nismo de ricos y poderosos, sostenido por poderes intramundanos; es una religión opípara y tecnifica-da, y por ello no me parece muy conciliable con el cristianismo. La idea comtiana de un catolicismo sin cristianismo no es viable, aunque el catolicismo sea la forma de cristianismo que acepta más temporali-dad y por ello sea más militante. La tradición espiritual de América sudcéntrica la liga con Europa cató-lica, y por eso aquélla nunca podrá desarrollar una "voluntad de poder" que la erija en superpotencia, rival de Norteamérica, salvo que cambiase de religión, lo cual no es posible. Pero en la mayoría de las naciones americanas sudcéntricas, el catolicismo está aún en la etapa misional o sea que, aunque poten-cialmente exista, su fuerza efectiva es nula o muy relativa. Argentina es una excepción, hasta cierto punto, porque en nuestro país el catolicismo ha salido de la etapa misional, o por lo menos, así lo cree-mos. La actualización del catolicismo, o sea, su aparición como entelequia realmente operante en cuan-to fuerza espiritual efectiva, depende del acendramiento de su cristianismo. La mayor actualización del catolicismo equivaldrá a un alejamiento mayor del espíritu protestante-calvinista, y consecutivamente a una mayor posibilidad de independencia política. Todo lo contrario se deduce del laicismo, que ofrece al imperialismo una conciencia desolada (la conciencia desdichada pasiva), propicia a la conquista por la sumisión espiritual. Cualesquiera sean los defectos del catolicismo argentino, nos preserva de una total absorción norteamericana y deja la posibilidad de una comunicación vital con Europa, pues en Europa está el catolicismo; y además, de un mantenimiento de la conciencia de soberanía política, pre-cioso tesoro que no debemos permitir que sucumba. El catolicismo aparece como regulativo, pues por
un lado niega cristianamente el culto de la voluntad de poder, es decir, anonada todo sueño imperialista (por eso en el nuevo derecho público, es una exigencia el "Silete Theologi in munere alieno" de Alberi-cus Gentili), y por otro lado estimula y vigoriza la conciencia de soberanía, en cuanto en nuestro caso se opone a la irrupción del calvinismo del norte. Ante el hecho de la unificación geopolítica y económi-ca bajo el implacable puño yanqui, aún queda a nuestro país la posibilidad de mantener su independen-cia espiritual y la voluntad de su soberanía política, que fué siempre su característico sello y el perfil de su personalidad internacional. Por eso afirmamos el cambio fundamental para nuestro país de las cir-cunstancias geopolíticas y económicas, pues ya en el período de 1914-1918 comenzó a variar el hori-zonte internacional, y después de la guerra de 1939 - 1945 se han producido hechos tales, que el mundo revela haber entrado en una nueva época de su historia.
4.- Argentina tiene destino capital en América, que sólo podrá realizar proporcionalmente a su potencia espiritual y material.
América sudcéntrica o Sudcentroamérica es la contraparte de Norteamérica, porque ésta es la Prosperity ("das Gedeihen") y aquélla es el Estancamiento ("die Stagnation, die Stagnierung"). Nor-teamérica debe, por tanto, incrementar a los países débiles o de economía atrasada, es decir, a toda Sudcentroamériea, pero los incrementa dominándolos por el incontrastable poder de la economía y de la supertécnica; esto es lógico, pues no se trata del ejercicio de una paternidad sino del Dominio, y el Dominio es fuerza e interés temporales. La prosperidad empuja al estancamiento, el cual no se convier-te a su vez en prosperidad sino en Explotación. La explotación lleva un signo de ominosidad y de ig-nominia, que la transforma en conciencia desdichada pasiva, de la cual tampoco hay que esperar pros-peridad (porque la explotación es la prosperidad frustrada), sino el dolor de la impotencia (impotencia de vencer al Dominio). La Impotencia puede llegar a la Resignación, la que significa el anonadamiento de la conciencia desdichada; o a la Desesperación, por donde se llega a la Revolución. La Resignación y la Revolución son los signos negativos de la América estancada y explotada. Pero la Revolución sud-centroaméricana no es contra el Dominio, que es el motor de todo, incontrastable y temido, sino contra la propia y dolorosa desdicha (guerra civil) ; no es una revolución hacia afuera, sino dentro de sí misma (no puede ser hacia afuera porque el Dominio la controla y la dirige). Por ello toda revolución sudcen-troaméricana resulta contra la propia revolución y a favor del Dominio, cualquiera sea el desenlace. Y así la resignación equivale a anonadamiento, y la revolución significa autodestrucción; el Dominio es siempre el que triunfa y con él la Prosperidad que ya es Explotación, con el signo de la ominosidad y de la ignominia. Es la dialéctica del señor y del siervo, pero en que éste o es esclavo envilecido que está anonadado, o aparece entregado a la autodestrucción en el círculo fatal de su impotencia desesperada. Para detener el curso hasta ahora inexorable de esta dialéctica, habrá que evitar el anonadamiento pro-pio de la impotencia y eliminar el sentido destructor de la revolución, en cuanto se anula a sí misma. Si se lograse actualizar el catolicismo en los países mediatizados al Dominio, se lograría también re-crear su conciencia anonadada y con ello, su personalidad. Lo que puede la conciencia católica viva, se vio ya en el fugaz gobierno de García Moreno en el Ecuador. Pero ello no basta, porque la energía que des-pliega la conciencia católica (de la América, católica de Rubén Darío), ha de completarse con el nuevo
sentido que debe imprimirse a la revolución, que en vez de dirigirse contra sí misma, en un proceso de
autodestrucción, debe apuntar al Dominio, que es su enemigo. Si esto se lograse, el Estancamiento se transformaría en Resistencia (conciencia desdichada activa). La resistencia ha de ser necesariamente revolucionaria, pero hacia afuera, no hacia adentro; debe dejar de ser "guerra civil" y transformarse en "guerra hostil” (de hostis, enemigo extranjero). Pero esta guerra no puede ser material, porque por aho-ra el Dominio es invencible, sino espiritual, y con ello bastará para vigorizar la conciencia desdichada activa. Todo lo que tienda a debilitar la conciencia desdichada activa debe ser eliminado, porque será un aliado de la explotación. El primer factor que debe ser eliminado es la Democracia que es "factor de crisis”, y por tanto de mediatización al Dominio. Argentina, que aún no está mediatizada, pero que ha entrado en la etapa de la revolución auto-destructora por donde puede llegar al anonadamiento de la impotencia, tiene aún tiempo para reaccionar. Por las reservas que aún lo quedan, puede evitar el caer en la dialéctica cerrada del señor y del siervo y tratar de desarrollar la conciencia desdichada activa, para lograr algún día no sólo para sí, sino para toda Sudcentroamérica, la conciencia dichosa.
5.- La polarización de los pueblos del mundo ha impuesto hoy, como jamás se vio en la his-toria universal, el principio de totalidad de dominio.
Quien no lo admite será porque vive en las nubes. No se conciben más que dos bloques de pue-blos y dos bloques de ideas. La ausencia de una mediedad y la porfiada resistencia a admitirla, incre-menta la conciencia bélica. Ambos bloques son dominantes, totalitarios y no cristianos: tal es su triple denominador común. Sobre toda la política mundial actual gravita en forma agobiadora esta trinidad ineludible y atroz. El principio de derecho público "par in parem non habet iurisdictionem", no existe ya más. La polarización en dos superpotencias o dos superdominios es una comprobación objetiva y no necesariamente un juicio de valor. Que el mundo actual tienda por virtud de la técnica a ser un Univer-so dominado por un amo no significa que no deba ser un Pluriverso. Que pueda serlo entra en el domi-nio de la profecía. Si la guerra futura ha de tener una decisión, debe pensarse mucho que al "vae victis" practicado ahora sin piedad, se suma el "vae neutris" que en realidad significa la muerte de la neutrali-dad, pues, como hemos dicho, la bipolarización del Dominio no acepta una mediedad. De caber esta sería posible una solución no radical. Pero si no cabe, no veo cómo será posible esta solución.
6.- Creer que la democracia liberal juega algún papel positivo en la historia universal, es ingenuidad, o ignorancia, o mala fe.
Objetivamente, la democracia de hoy es una forma de dominación de los Estados omnívoros, fomentada sistemáticamente en los Estados mediatizados. Los casos mas ejemplares son las dos Alemanias e Italia. España se libró de ser mediatizada gracias a la Revolución Nacional que le restituyó la libertad soberana y aventó la democracia. El día que España sea democratizada será el día de su aniqui-lamiento: se dispersará como polvo, y se habrá cumplido el deseo satánico de Cromwell que en 1656 declaraba al español "el enemigo natural, el enemigo providencial" ("the natural enemy, the providen-tial enemy”) y exhortaba a sus súbditos a no darle tregua hasta destruirlo. En América sudcéntrica, la democracia es el opio con que se embota su conciencia para mediatizarla.
7.- Formalmente la democracia es un producto y también un factor de “crisis”, no un fac-tor de creación (la “piqueta demoledora” de Yrigoyen).
La democracia liberal actual es un producto de descomposición del mundo pre-burgués. El mo-mento del advenimiento de la democracia liberal es el año 1789, es decir, el de la Revolución Francesa, que luego se proyecto como factor de "crisis" en el mundo occidental. La "crisis democrática del mun-do" no creó nada, pero sí destruyó las instituciones arcaicas medievales que no tenían ya porqué subsis-tir. Pero cuando la democracia en cuanto tal quiso crear, no pudo hacerlo por si misma y se transformó en el imperio napoleónico, el cual sí fue creador al cien por ciento. Más, sólo duró un suspiro, pues su origen era espurio, por haber nacido de la democracia en cuyo nombre Napoleón se ciñó la corona. Se podría argüir que U.S.A. es una creación de la democracia, pero ese sería un argumento para niños. En primer lugar, los emigrantes del "Mayflower" se expatriaron no por un ideal democrático, sino por una decisión religiosa, es decir, que no buscaban en América la libertad política sino por accidente, en cuanto sirviera al ejercicio de su libertad religiosa. U.S.A. nació por un acto de confesionalidad protes-tante, no por una decisión política en sentido estricto. Su segregación de Inglaterra tuvo por motivo simbólico una cuestión sobre pago de impuestos. En el inicio, de U. S.A. están como raíces el calvi-nismo y la economía, no la política. La democracia no ha creado nada grande en el orden político. Toda la historia universal en cuanto construcción y grandeza es obra de los imperios. La democracia no forti-fica sino debilita la voluntad y relaja la energía creadora. Debido principalmente al opio democrático, todas las naciones sudcentroamericanas se hallan hoy políticamente en estado larval y no llegan a cons-tituirse con instituciones permanentes. La democracia es la pesadilla de la conciencia desdichada pasi-va, o sea la conciencia anonadada bajo la sombra siniestra del Dominio.
8.- Norteamérica es no una democracia sino una plutocracia; es un imperio de ricos (“Prosperity”).
Estados Unidos de Norteamérica es el Dominio, es la superautoridad con su lema leviatánico: “Auctoritas facit legem”, el Dominio hace la ley. El Dominio excluya definitoriamente al Parlamenta-rismo, que es la institución de la que Donoso Cortés llamó: “la clase discutidora". La discusión no el raciocinio, ni la convicción, ni la persuasión, ni la decisión, ni la lógica; sino la dialéctica desenfrenada, la duda, la disuasión, la sofística, la erística y la confusión: es la CRISIS. Por ello, la expresión genuina de la democracia es el Parlamentarismo: ambos significan “crisis", y por ello también el Dominio ex-cluye al parlamentarismo, el cual sólo subsiste a su lado como una ficción, como una hipótesis de tra-bajo o como un estorbo gravoso. ¿Hay algo más chato, anónimo y convencional que el congreso nor-teamericano? Las formas democráticas de EE.UU. son puramente instrumentales, no son esenciales, y sirven como tales a la realidad plutocrática fundamental. EE.UU. es hoy uno de los grandes imperios de la tierra, (para Sudcentroamérica es el Dominio a secas),porque es plutocracia, no porque sea democra-cia. El presentimiento de Toqueville de que EE.UU. "no quitase al despotismo su odioso aspecto y su vil carácter", se ha cumplido.

9.- El comunismo, que en cuanto hegelianismo es racional, en cuanto a marxismo es me-siánico y en cuanto eslavo es salvífico, resulta una religión (negativa) del aquende. La plu-tocracia no es ni racional ni mesiánica, ni salvífica. Del dominio no resulta una religión si-no un comportamiento (“behaviour”) respecto al aquende y su signo espiritual es también negativo.
Entre estos dos extremos satánicos Sudcentroamérica debe jugar su destino a la par del Occi-dente europeo, pues ya no resta otro bloque cristiano en el mundo. Para Sudcentroamérica, el "monro-ísmo" y la supertécnica en lo relativo a la geopolítica y a la economía, han sido fatales. Repetimos que la unidad espacial y política de las Américas es ya un hecho: no hay más poder en ellas que el del Do-minio. Pero se puede y se debe salvar el Espíritu, vigorizando la conciencia desdichada. A la arreligión de la Plutocracia, y a la religión negativa, del aquende, del Comunismo, los pueblos de Sudcentroamé-rica no tienen otra religión eficaz que oponerles que el Cristianismo, que es mesiánico, salvífico, no irracional, y del allende. Luego el Cristianismo es un Imperativo de Occidente, en cualquier caso. Y por ello la enseñanza de la religión en las escuelas de Occidente debe ser necesariamente cristiana. Pero, la forma más enérgica y operativa, por su mayor humanidad y temporalidad, es la católica; el cristianismo ortodoxo, en efecto, es deshumanizante e intemporal, y el protestantismo es solipsista. Por ello, desde el punto de vista exclusivamente temporal-político, yo no puedo ser partidario de la libertad de ense-ñanza. Para Occidente, la escuela cristiana es un imperativo inexcusable, de vida ; y para nuestro país la escuela cristiano- católica. Entiéndase bien que afirmo la necesidad de la enseñanza cristiano-católica, no porque ésta sea más verdadera, sino porque es la más conveniente, eficaz y útil. En cuanto a su ver-dad intrínseca, dictamine quien deba. Naturalmente, como católico reconozco que su verdad es la Ver-dad, pero esto es otro asunto que aquí no toco para nada.
10.- La tierra es la madre del hombre. El hombre es terrícola, no es hijo ni del mar ni del aire. Nace en la tierra, fija en esta su morada, forma allí su familia y se confunde con ella en la muerte.
Por ello el Estado, que es obra del hombre, tiene su fundamento en la tierra, no en el mar, ni en el aire; el Estado es terráneo y su corazón es decir, el punto vital de su ser, es mediterráneo. Todos los grandes Estados continentales tienen su corazón (es decir, su capital) en su centro, o por lo menos en su interior: Estados Unidos de América, Rusia, España, Italia, Alemania, Francia, China. Uno de los pro-blemas, principales de Argentina es la descapitalizacion de Buenos Aires, que geopolíticamente, por ser puerto, no es ni puede ser nunca la capital del país, sino un lugar de acceso y un lugar de expedición, no un asiento de vida auténtica y profunda. Buenos Aires, como puerto, es lugar de transición (tiene mu-cho de campamento) y de horizonte acuoso e incierto. Sus frutos más seguros son el interés fenicio la sensualidad sardanapálica, la necedad y el metequismo.
11.- A pesar de la opresión del dominio, trasformado en “Zeus Pantocrator” (en el Dios omnipotente dueño de los elementos), es deber ineludible de todo ciudadano argentino y más aún de todo gobierno, mantener aunque sea moralmente, si más no se pudiere, la per-sonalidad del Estado Argentino como entidad soberana del derecho público.
Y será reo de traición a la Patria quien proponga o instituya un régimen político que signifique la mediatización del Estado argentino, o que establezca la posibilidad de que caiga bajo el imperio de cualesquiera de los extremos en que se polariza el Dominio. Pero el Estado argentino no puede ser democrático-liberal, pues si se intentara investirlo de esta forma de gobierno, sería fatalmente “un gobier-no de crisis” y mediatizable: caería inmediatamente en el proceso de la revolución auto destructora. Argentina debe ser republicana, pero el republicanismo no debe ser entendido como un pluralismo li-bre, sino como un uniplurismo, es decir, como una totalidad ejecutiva que permita la convivencia de las partes en el servicio del Bien Común, fin objetivo le la Política.
(1955 - 56)

Enviado por Marcelo Karlen (Red Patriótica Cordoba)

6 de mayo de 2010

GENTILE, FILOSOFO DEL FASCISMO


Hace hoy diez años justos, el 15 de abril de 1944, fue asesinado en Florencia por los llamados “partigiani” el excelso filósofo italiano Giovanni Gentile.

Santo Tomás decía que la vocación d doctor era parecida a la vocación de mártir. ¡Tenía que haber vivido en nuestros tiempos Santo Tomás!
Pasado el calor de las humanas disputas , y mirado desde lejos, la estampa que ese suceso hace en nosotros, argentinos, podría resumirse así:
He aquí a un hombre que se propuso a los 22 años, en carta a Donato Jaja, año 1897, llegar a la cumbre del saber humano sin perdonar trabajos ni sacrificios; que inició su carrera, después de haber sido laureado con todos los honores, en el humilde trabajo de profesor de liceo; que conquistó su cátedra universitaria por medio de cursos libres que revelaron un joven pensamiento dotado de una cultura asombrosa; que antes de disponer de recursos o ayudas oficiales funda con Benedetto Croce la revista filosófica CRÍTICA; que sin hacer política activa-cosa no conciliable con una vida de estudio intenso- se adhiere al gobierno legítimo de su país simplemente para hacer obra de creación y defensa cultural; que en 20 meses de ministro de Instrucción Pública lleva a cabo una reforma de la enseñanza fundamental y solidísima que aún perdura, dotándola de una Ley Orgánica justa, equilibrada y adelantadísima; que desciende tranquilamente de su alto puesto para volver al estudio y a la enseñanza; que ocupa sucesivamente los más altos honores sin cejar un solo instante de su vocación intelectual y especulativa; que se identifica invariablemente con todos los grandes problemas de su patria; q ue escribe sobre ella libros que no morirán; que crea, promueve y dirige la grandiosa ENCICLOPEDIA ITALIANA, modelo de competencia e imparcialidad; que unido a la Editorial Sansón de Florencia dota a su patria de una serie de colecciones de alto valor pedagógico y científico, como los “Textos de autores latinos y griegos”; que soporta los más injustos insultos y las ingratitudes más crueles sin polemizar ni vengarse, y que finalmente a los 69 años de edad es muerto a los tiros y a traición en su misma casa.
Bien vengas, Muerte, cualquiera que seas, si vinieses detrás de tamaña vida.
No nos apresuremos a condenar a la nación donde esto ha pasado, no sea que la escupida al aire nos caiga en la cabeza: Italia no mató a Gentile, Italia formó a Gentile; lo mataron los “liberadores” de Italia, los cuales liberaron a Italia de un septuagenario cubierto de la gloria y la estima del mundo entero, y de su última obra, el resumen de su sistema filosófico, el “actualismo”, que estaba escribiendo.¿Por qué?
La muerte de Gentile nos deja una impresión más atroz si cabe que la misma muerte de Mussolini:El furor de la pasión política desatada puede explicar ésta; aquélla es inexplicable.
Las tres obras más importantes de Gentile son:la “Reforma de la Enseñanza”, la “Enciclopedia Italian” y su sistema filosófico de tan gran profundidad y modernidad. Digamos algo sobre cada una.
Estábamos estudiando en Roma cuando los Tratados Lateranenses extendieron la “Reforma Gentile”, que desde 1922 vigía en la Escuela Primaria, a los colegios secundarios en 1929; y los ecos de la discusión un poco mezquina que siguió, penetrando a través de los severos muros de la Gregoriana, me movieron a escribir tres artículos para la revista “CRITERIO”, de los cuales hoy día quisiera desdecirme un poco en lo accidental, dejando lo más firme, lo principal en ellos.
Gentile introdujo en Italia la enseñanza de la religión en las escuelas, el estudio intenso de las humanidades clásicas y la equiparación de las escuelas privadas con las oficiales. Seguimos creyendo que estas tres cosas son buenas, pero no creemos que sean panaceas universales, ni tampoco cosas divinas e incorruptibles. Tampoco son cosas que se puedan trasladar a copiar de un golpe de una nación a otra, como pensábamos entonces ingenuamente.
Gentile las instauró en Italia, donde tenían profundas raíces, y allí han durado hasta ahora más de 30 años.
Nos equivocamos al temer que “no durarían”. Escribimos en 1931”…se han ahorrado así muchos exámenes y fatiga inútil de profesores y alumnos y se ha conseguido una equidad y libertad de orden inferior, pero bastante segura…
“¿Segura?” Quiero que no tan contingente, no quiero profetizar que será duradera…Como todas las cosas humanas. Porque se rumorea la inminencia de una ley dictatorial, semejante ala del 15 de marzo de 1923 que monopolizó toda la “gimnasia” en la ENEF( Ente Nazionale Educazione Física), de un modo exagerado, que haría lo mismo con todo lo demás, y daría por terminado el experimento de libertad de enseñanza.
Indiqué antes que el fin de Gentile al desatar las manos del Colegio privado era hacer prueba experimental de que ‘la Universidad oficial es profesional, moral e intelectualmente la única útil a la Nación’.Probar las fuerzas de las dos y hacer ver la inferioridad de la Escuela Privada,; ayudarse después de ella. De enemiga que hacían los liberales, hacerla sierva…Ahora bien, es evidente que con esa intención in mente no está bien dejarla que se levante, pero no es seguro dejarla que se afiance…a fin de poder propinarle el knock-out técnico, etcétera.”
Estas líneas, eco de los temores de las revistas y diarios clericales, afortunadamente no se verificaron.
Presumimos que Gentile no hizo lo que hizo para ganarse la gratitud de los clericales; y en eso hizo bien, lo mismo que Papini al escribir sus grandes libros católicos, STORIA DI CRISTO, SANT’ AGOSTINO, DANTE VIVO, GOG…EL OBSSERVATORE ROMANO, que colmó de elogios a esos libros en su tiempo, escribe ahora que “Papinin ha aprendido nada en sus treinta años de católico”, y lo cual, de ser cierto y no mezquino y contradictorio, realmente no honraría mucho al catolicismo…ni al poco observador OBSSERVATORE ROMANO.
La ENCICLOPEDIA ITALIANA es para nosotros, la mejor realización que s eha llevado a cabo en ese género de obras monumentales, a pesar de la rapidez asombrosa con que fue llevada a cabo. Gentile propuso e hizo aceptar al conde Juan Treccani la idea de esa obra, y la dirigió desde 1925 hasta 1944.
El “actualismo” de Gentile es un sistema filosófico idealista, de pura cepa italiana, contenido en su ROSMINI E GIBERTI(1897), STORIA DELLA FILOSOFIA ITALIANA DAL GENOVESI AL GALLUPPI(1903), LA REFORMA DELLA DIALECTICA HEGELIANA(1913) y , en general, en todas sus obras, tan variadas y tan ceñidas a la realidad concreta. Dejando a los PP. Pita y Quiles la refutación de sus “errores”, nos limitaremos a hacer dos observaciones positivas.
Gentile era idealista, pero no es un mero repetidor de Hegel ni mucho menos.
Sus raíces están en Rosmini, al cual consagró su tesis de laurea en 1896. Gentile rechaza la intuición del ser rosminiano como algo inútil, y aproxima al roveretano a Kant; rechaza también la crítica de Hegel a Kant y la dialéctica de las formas distintas del espíritu, que, según él, divide artificialmente la actividad unitaria del espíritu, que él contempla realizada en el “acto”, fusión de la actividad teorética y la actividad práctica. En suma, volviendo atrás hacia Kant, intenta una nueva continuacón o superación del kantismo, como han hecho tantos otros filósofos, incluso católicos, como Marechal, Blondel y Prziwara.
“Una vida teorética distinta de la vida práctica no sería más que una vana contemplación o reflexión abstracta, mientras la vera esencia del pensar es la de una actividad que funde en uno la contemplación y la acción, donde la realidad se refleja y se hace consciente en el acto que la produce”.
Este aforismo de Gentile se encarnó en su vida, magno esfuerzo por penetrar la acción de inteligencia; y por penetrar de filosofías las disciplinas prácticas, como de Historia, la Ética, la Estética, la Pedagogía, el Derecho y la Política.
Así como no fue hegeliano, tampoco fue panteísta ni ateo, como le fue achacado. Prueba de ello sus DISCORSI DI RELIGIONE(1923) donde a vueltas de los golpes a iestra y siniestra con sus adversarios clericales y masones, el filósofo afirma altamente su fe en Dios y en Cristo; de lo cual son también prueba las páginas luminosas que escribía acerca de la inmortalidad del alma el día de su muerte, como parte de su libro inconcluso LA SOCIETA TRASCENDENTALE, LA MORTE E L’INMORTALITA.
Su famosa proposición de que “la filosofía es el momento sintético superior por encima del arte, que pura subjetividad, y la religión que es pura objetividad” , que fue tan sgridata en Italia, puede ser entendida en sentido ortodoxo; tanto que su discípulo el profesor Pantaleo Carabellese pretende en su ensayo CATTOLICITA DELL’ ATUALISMO, que el pensamiento de Gentile es católico en el fondo; la discusión de lo cual no es de este lugar.
Los herederos del filósofo siciliano han puesto a disposición de los estudiosos italianos su espléndida biblioteca de 20.000 volúmenes y 40.000 opúsculos, conforme a su última voluntad; y han fundado a sus costas una institución , la Fundación Gentile, encargada del cuidado y aumento de ese magno instrumento cultural, para bien de todos los italianos, incluso los hijos de los “liberadores”.
LEONARDO CASTELLANI
DINÁMICA SOCIAL, nª 44, Buenos Aires, abril de1954.
dascismorevolucionario.blogspot.com

22 de abril de 2010

POBLACIÓN Y SOBERANIA NACIONAL

El éxito de las tesis maltusianas se debe primero a su aparente simplicidad y a su carácter perentorio. Desde 1798, el célebre pastor anglicano nos advierte: el crecimiento de la producción alimenticia se lleva a cabo según una progresión aritmética; el crecimiento de la población obedece a una progresión geométrica. Los pobres deben retrasar la edad para casarse. Las leyes sociales perturban el juego de las leyes de la naturaleza, que quiere seleccionar a los más aptos y eliminar al reste. Desde 1803, Malthus precisará que no todos tienen reservado un lugar en el banquete de la naturaleza; la naturaleza notifica a los inútiles que tienen que irse, y no tarda en ejecutar su propria orden (1).

A pesar de haber sido repetidamente criticadas y desmentidas por los hechos, las tesis del pastor anglicano siguen siendo retomadas con implacable constancia. Las encontramos ya sea en su formulación original, ya sea puestas de relieve sobre algún punto en particular o bien, por el contrario, maquilladas. En el presente trabajo, seguiremos estas metamorfosis hasta nuestros dias (2).

Desde el siglo XIX, estas tesis son reforzadas con el aporte del organicismo, divulgado en particular por Herbert Spencer (1820-1903): la sociedad humana es un cuerpo cuyos miembros son muy diferentes en función de su utilidad, su valor o su dignidad. Es inadmisible que los menos dotados perjudiquen a toda la especie. Es pues preciso que ayudemos a la naturaleza a efectuar su selección. Galton (1822-1911) precisará incluso que esta selección debe ser artificial. Los médicos tendrán un papel preponderante en este programa de eugenismo (3). Según John Stuart Mill (1806-1872), análogas diferencias se encuentran entre las sociedades; entre éstas hay una jerarquía determinada, y las menos dotadas deben aceptar su subordinación a las más "civilizadas". En relación con esto, hablase a veces de darwinisino social.

El neomaltusianismo se afianza poco después, y es representado por Margaret Sanger (1883-1966). Esta corriente emprende la mezcla de las tesis maltusianas sobre la población con una doctrina moral individualista, hedonista y utilitarista. Esta moral del placer individual disocia el comportamiento sexual de la procreación. En la unión sexual el placer es el bien; el niño, es el riesgo. El otro es interesante en la medida que me aporta placer y/o provecho. De ahí se deriva el rechazo al matrimonio, el elogio del amor libre, del eugenismo, etc.

Según Malthus, la superficie terrestre limita inexorablemente la producción alimenticia, y los límites de ésta determinan sin piedad el número de hombres que el mundo puede contener. Este tema de la tierra va a conducir a la temática contemporánea de la ecología. Tema este que tiene raíces históricas notables. Centrada sobre la expansión, incluso la agresión, el imperialismo británico se traduce en políticas de conquistas territoriales y de explotación de recursos naturales. Por su parte, los Estados Unidos no esperan el fin de la Guerra de Secesión para poner en práctica la doctrina mesiánica del Destino manifiesto. La anexión de Florida, Texas, California, las guerras de Cuba y Filipinas, la separación de Panamá y Colombia, etc. permiten comprender la importancia de las "zonas de influencia", de las "fronteras" movibles, "cotos de caza reservados" - y de lo que las geopolíticos alemanes pronto llamarán el "espacio vital".

La vulgata maltusiana se presenta pues como un tronco cuya sabia nutre tres tipos principales de ramificaciones: el organicismo, el neomaltusianismo, el ecologismo. En total, tenemos pues, cuatro componentes cuyas interconexiones aparecen ya desde el siglo XIX.

Metamorfosis de estos componentes

Veremos ahora como estos componentes se encuentran en ciertos discursos que la ONU o sus agencias consagran a la población. Nos referimos aquí, de manera especial al FNUAP, al Banco Mundial, a la Organización de la Salud, al PNUD, a la UNICEF, a la FAO e incluso a la UNESCO (4). Vamos a mostrar bajo qué formulaciones son retomados y explicitados hoy día los cuatro componentes que hemos identificado (5) .

Vuelta al maltusianismo

¿Cómo aparece la vulgata maltusiana original en los discursos de estas instituciones internacionales y en las conferencias organizadas por ellas? El crecimiento poblacional - se dice- es exponencial. La producción alimenticia no funciona igual. La tierra no puede alimentar a todos. Los pobres del Tercer Mundo tienen demasiados hijos y son responsables de su propia miseria. El crecimiento poblacional es causa de la pobreza y del desempleo; y es un obstáculo para el desarrollo. Además, la concentración de pobres en las ciudades es causa de delincuencia y de criminalidad: ciertas declaraciones de la Conferencia de Estambul sobre el hábitat (1996) lo subrayaron (6).

Con afirmaciones como estas: "Sin control de la población no hay desarrollo posible", a partir de la IIa Conferencia Internacional sobre la Población (Belgrado, 1965), la planificación de los nacimientos es presentada como una forma de ayuda para el desarrollo. En sus decisiones sobre procreación, las parejas deben tomar en cuenta el contexto social. Poco después se dirá que es preciso "monitorear", es decir controlar y limitar el crecimiento de la población. Este era el objetivo de la Conferencia del Cairo sobre Población y Desarrollo (1994). Desde entonces, se pide a los Estados un reporte de lo que han hecho para aplicar el "plan de acción" decretado "por consenso" en el Cairo. Anteriormente, la Conferencia de Río (1992) había alimentada la idea que la capacidad portadora de la tierra se había alcanzado o incluso rebasado. En su definición original, el desarrollo "sustentable" requeriría de un control de las poblaciones. Si este control no se realizaba, la bomba "P" (población) no tardaría en explotar.

Vuelta al organicismo

En 1946, Julian Huxley fue puesto a la cabeza de la UNESCO. Era conocido por ser partidario de la esterilización de los débiles mentales y de aquellos con quienes la sociedad no sabía que hacer. Una variante de este eugenismo se encuentra en Frederick Osborne quien, en 1952, llega a ser primer presidente del influyente Population Council. Esta institución privada merece ser mencionada aquí por la influencia que el grupo Rockefeller ejerce a través de ella, y hasta nuestros días, en los programas demográficos de la ONU y de sus agencias.

Recordemos que Galton prefería la selección artificial en lugar de la selección natural de Malthus, introduciendo pues un elemento voluntarista, es decir intervensionista. Son los pobres quienes fracasan y los ricos los que triunfan. Los primeros fracasan y con ello prueban que son inferiores; los segundos triunfan y prueban con ello que son superiores. Por el bien de la humanidad, hay que impedir a los pobres la procreación y fomentarla entre los superiores.

Ahora bién, desde la Conferencia de Bucarest (1974) aparece la dimensión voluntarista del control demográfico, especialmente entre los pobres, este control requiere de una acción sistemática. La IVa Conferencia (México, 1984) menciona la necesidad de un plan de acción, cuya mejor formulación es obra de la Conferencia del Cairo (1994). En la actualidad son múltiples las reuniones que se dedican ampliamente a comprobar la aplicación de este plan de ación.

Frecuentemente, la estrecha asociación entre eugenismo y selección artificial es puesta en obra para "justificar" e incluso patrocinar algunas secciones de los programas de la ONU cuyo objetivo es contener las poblaciones del mundo, según criterios que discriminan a los pobres. Ted Turner, patrón de la CNN, o Bill Gates, Mister Microsoft, distribuyen donativos faraónicos en la ONU, y en particular en el FNUAP, destinados a reducir los nacimientos entre los pobres en vez de crear prioritariamente escuelas que, llegado el momento, harían explotar sus propios mercados...

Vuelta al neomaltusianismo

Los primeros neomaltusianos alimentaron el argumentario individualista, libertario y feminista. El neomaltusianismo actual insiste, por su parte también, en el derecho al placer individual y en la emancipación de las mujeres. Sin embargo, sobretodo a partir del reporte del FNUAP de 1994, la educación y la emancipación de las mujeres son previstas como un poderoso medio para hacer bajar el crecimiento de la población. Es por eso que la educación de las mujeres debe incluir una sección importante relacionada con la educación sexual y la "salud reproductiva" que forma parte de los "nuevos derechos" proclamados: derecho a la anticoncepción, al aborto, a la esterilización, a la homosexualidad, a la eutanasia. Estos "nuevos derechos" deberían poder responder a "necesidades insatisfechas". En la Conferencia de Copenhague (1995), bajo la presión de lobbies o cabildeos homosexuales, estos nuevos derechos han sido llamados a cubrir "comportamientos fuera de las normas".

Tanto en Pekín (1995) como en Estambul (1996), la familia es presentada como el lugar prototípico de la lucha de clases; en ella, la mujer es oprimida por el hombre quién, imponiéndole el "fardo" de la maternidad, le impide realizarse al tiempo que aporta su contribución a la producción. La liberación de la mujer pasa pues por la destrucción de la familia. Tema clásico del neomalthusianismo, la destrucción de la familia aparece a partir de ese momento bajo la rúbrica de los "nuevos modelos" de familia: al lado de la familia monogámica y heterosexual tradicional, aparecen las - así llamadas - "familias" monoparental, homosexuel, recompuesta, etc.

Durante la Conferencia de Pekín (1995), todos estos temas fueron agrupados bajo la etiqueta del "gender" (género): la diferencia de roles atribuidos al hombre y a la mujer en la sociedad no tienen ningún fundamento natural; estas diferencias son producto de la cultura y, como tales, pueden y deben ser abolidas. Estamos en plena revolución cultural.

Vuelta al ecologismo

Malthus temía la disparidad entre, por un lado, las tierras cultivables y los recursos alimenticios y, por otro lado, el número de bocas por alimentar. A pesar de estudios científicos que desmienten la vulgata maltusiana, la extensión de esta tesis del pastor anglicano viene generalizada y aplicada a las relaciones entre la Tierra y el hombre. En la ampliación de la disparidad expresada por Malthus, se observan diferentes etapas.

Para empezar, henos aquí a bordo del Radeau de la Méduse, del pintor Géricault, o sobre los botes salvavidas del Titanic. La nave Tierra incluye alrededor de seis mil millones de pasajeros y estaría sucumbiendo. Ahora bien, las lanchas de salvamento solo pueden recibir a la tercera o cuarta parte de los pasajeros. Es preciso entonces sin ninguna piedad cortar las manos de quienes quieren subir a las lanchas; de no ser así todos perecerán. Coustaud, versado en demografía pelágica, recomendaba entonces que se redujese la Población mundial al cuarto de su nivel actual.

Siempre de conformidad con la tradición maltusiana, los pobres son el blanco que se debe perseguir de manera prioritaria. Su crecimiento demográfico sería la causa de la degradación del medio ambiente: deforestación, desperdicio de recursos, sobrecalentamiento, deterioro de la capa de ozono, etc. El hombre sería el más grande "predador". La Conferencia de Rió (1992) fue consagrada enteramente a estos temas. Maurice King recomienda la organización de "reservas"" confinadas en "parques" protegidos por "rangers", algo así como una policía demográfica. La tarea de estos "rangers" sería "contener" a las poblaciones pobres en los límites de ciertas quotas. Ocurre lo mismo con hombres que con elefantes: serían una amenaza para el medio ambiente; los equilibrios "naturales" deben pues ser protegidos a todo precio. En caso de no poder contener el crecimiento demográfico entre los pobres, habría que dejarlos morir. De donde se desprende, después del proceso emprendido por Malthus contra las "leyes parroquiales" favorables a los pobres, el proceso, hoy en día, de la ayuda a los pobres de nuestra época. El mensaje de Malthus sigue siendo actual: ayudar a los pobres es transgredir la moral natural; si la Señora Naturaleza es violenta, la sociedad también debe ser violenta.

La exaltación del medio ambiente ha conducido a una radicalización de las ecologías anteriores. Ya la Conferencia de Bucarest (1974) consideraba que el crecimiento de la población afectaba al medio ambiente y se había convertido en problema internacional. La "ayuda" para este objetivo - dicen hoy día - debe ser reforzada.

Esta radicalización es tan marcada durante la Conferencia de Estambul (1996), que evidencía la relación entre planificación territorial y planificación de los nacimientos. En adelante, según Luc Ferry, el hombre ya no es el centro del universo. el antropocentrismo de la tradición occidental, y en particular cartesiano, ha fracasado (7)7. El hombre no trasciende la naturaleza material; es un ser entre otros, inmerso en el universo. El hombre no sólo debe someterse al Estado o el Estado a las organizaciones internacionales; debe igualmente reconocer que los animales también tienen derechos; debe someterse a la Tierra Madre y, tal y como promueve la Nueva Era, reverenciar a Gaïa.

La ideología de la seguridad demográfica

Más que nunca las tesis maltusianas son reactivadas y son objeto de diversas presentaciones y de acentuaciones variables. Escondida bajo ropajes diferentes, reaparece la cantaleta maltusiana. el número excesivo de hombres es la primera causa de las desgracias que afectan a la humanidad.

Se debe entonces aumentar la ayuda asignada a los programas de control de la natalidad y reforzar, con el mismo objetivo, los poderes de las organizaciones internacionales, especialmente de la ONU y de sus agencias - así como de las ONG identificadas como de confianza.

Los temas maltusianos se entrelazan y dan origen a una ideología cientista caracterizada por la mono-causalidad. El parámetro demográfico es tan exaltado que se invoca tanto para iluminar el pasado como para legitimar programas de acción cada vez más voluntaristas, es decir, de hecho, impuestos a los individuos y a los Estados.

Hemos llamado a esta ideología la ideología de la seguridad demográfica, por analogía con la "doctrina de la seguridad nacional" (8), doctrina a la que apelaban la mayoría de los regímenes militares latinoamericanos en los años 60. Esta doctrina consideraba, uniéndose a teóricos norteamericanos y europeos, que el antagonismo dominante era el que oponía al Occidente liberal y democrático, con el Este totalitario y comunista. Era preciso poner un dique, es decir contener el brote que venía del Este. Este antagonismo se traducía en una guerra total, que "justificaba" algunos regímenes de excepción. Esta ideología contaba con el miedo para imponer a algunas poblaciones ávidas de desarrollo y libertad, sacrificios no excentos de represión e incluso de violencia. La salvación de la Nación suponía en principio legitimar un poder concebido a la manera de Hobbes: poder "puro" que se expresaba mediante leyes que son la expresión de la voluntad del Leviatán.

Los cuatro componentes que hemos analizado se integran en la ideología de la seguridad demográfica que, en la actualidad, reinterpreta el "antagonismo dominante" aplicándolo a las relaciones Norte-Sur, ricos y pobres. Según esta ideología, la mayor amenaza que podría cernirse sobre el Norte, es la que vendría del Sur, pobre pero mucho más poblado. De donde se desprende la necesidad imperiosa de poner freno al crecimiento demográfico del Sur sin escatimar en los medios. La formulación más cínica de esta ideología se encuentra en el Reporte Kissinger (1974) (9).

La nueva ideología cuenta a su vez también con el miedo que el Sur - se dice - debe inspirar. El programa de acción de nosotros los ricos, puede apelar a fundamentos sólidos, incluso "científicos', proporcionados por Malthus y por sus continuadores. Y en vista de que nuestra causa es "justa", estamos autorizados - dicen ellos - a recurrir a los instrumentas de acción de que dispone la ONU, e incluso a reforzarlos.

Análisis crítico de esta ideología

Causa consternación observar el crédito que algunos responsables de toma de decisiones políticas, otorgan ingenuamente a construcciones ideológicas carentes de toda pertinencia científica. Semejantes ayudas a la decisión sólo pueden conducir a catástrofes. Pasaremos revista nuevamente a los cuatro componentes, evocando lo que dicen de ellos estudios científicos de calidad indiscutible.

Primacía del capital humano

Fraguadas desde el siglo XIX, las tesis de Malthus fueron desmentidas por las investigaciones y las realizaciones, iniciadas en México, de Norman Borlaug, padre de la revolución verde en la India, lo que le valió ser premio Nobel de la Paz en 1970. Todas las hambrunas de la actualidad tienen su origen en guerras, ignorancia, malos gobiernos, corrupción, o también en disfunciones de los sistemas de distribución. Asimismo, Julian Simon, "nobelisable" muerto prematuramente, mostró que los recursos naturales estaban lejos de agotarse; el único recurso que corre el riesgo de faltar es el mismísimo hombre; sólo él tiene el poder de hacer de cualquier cosa un recurso y de un recurso, una riqueza. El hombre es el primer capital que se debe valorar.

Además, hay que hacer notar que, desde hace años, los demógrafos más respetados han llamado la atención sobre la caída generalizada de las tasas de crecimiento de la población y sobre la baja, a veces alarmante, de los índices de fecundidad. Estas tendencias ya se percibían desde hace unos treinta años; sin embargo, como contradicen la vulgata maltusiana, no fueron admitidas y reconocidas sino hasta hace poco por el FNUAP y las demás agencias de la ONU involucradas. Asimismo, lejos de sacar como conclusión la necesidad de cuestionar los programas de control, estas agencias toman como pretexto los aniversarios de las Conferencias del Cairo y de Pekín a fin de reclamar más recursos para el funesto "plan de acción".

Población y credibilidad nacional

Es preciso señalar aquí que el efectivo y la estructura por edad de la población son importantes para la afirmación de la soberanía de una nación en el contexto general de las relaciones internacionales. Es lo que enseña la historia y lo que la actualidad confirma cada día. Es cierto que el estado de la población de una nación no basta para su afirmación política, pero no se puede negar que es parte necesaria y ostensible de la misma. De este modo, a pesar de las diferencias ideológicas que las separan, ninguna gran nación puede darse el lujo de fomentar malas relaciones con China, ni, por otro lado, con la India (10). La credibilidad internacional de los dos gigantes de América Latina, Brasil y México, está fuertemente hipotecada por su déficit demográfico.

El globalismo

Las diferentes concepciones del globalismo deben ser examinadas con mucha atención. Si globalismo significa que los hombres y los Estados son responsables los unos de los otros, si con esto nos referimos a un sentido más agudo de la solidaridad, no podemos mas que alegrarnos. Sin embargo, junto con otros, Zbigniev Brzezinski abrió el camino para otra concepción del globalismo, según la cual, los Estados Unidos deberían asumir el liderazgo de un directorio de países ricos con el fin de evitar el caos mundial. Esta prevención del desorden debería incluir la "contención" de los países del Tercer Mundo y la repartición de las tareas según el espíritu de John Stuart Mill (11).

Aplicado a las relaciones entre Estados, ese globalismo significa un cuestionamiento radical de la soberanía de las Naciones. A este respecto, es extremadamente preocupante ver las instancias internacionales - sobre todo la ONU, pero también la Unión Europea - roer la autonomía de las Naciones soberanas a quienes sin embargo, deben su existencia y su legitimidad. En particular, mediante convenciones, las legislaciones nacionales son debilitadas, naciendo de este modo un nuevo derecho, que es utilizado particularmente para imponer a las naciones pobres "nuevos derechos" en materia de población (12). Vemos pues que ya no se honra a la subsidariedad.

La familia

Habría que recordar aquí los efectos devastadores del individualismo desmedido al que conduce el neoliberalismo y la violencia resultante del mismo. Ahora bien, el contrapeso a esta desviación nos lo ofrecen algunos estudios recientes relacionados con familia.

Gary Becker recibió el premio Nobel de Economía en 1992 par haber mostrado el papel capital de la familia y de la educación en la sociedad (13). Es primordialmente en familia que se forma el "capital humano", el único que importa en definitiva, y que corre el riesgo de faltar. Es en la familia que se forma la personalidad del niño. Es ahí donde el niño aprende el sentido de la iniciativa, de la responsabilidad, de la solidaridad, etc. tantas cualidades altamente apreciadas en la sociedad.

En esta formación - agrega Cary Becker - el papel de la madre es esencial: es ella quien despierta estas cualidades y quien enseña al niño a estudiar, a ordenar sus cosas, a ser ahorrativo, etc. De ahí el valor específico de la actividad materna, que debería ser reconocida en, y por la sociedad. El niño no sólo es un bien para sus padres; es un bien para la sociedad. La actividad materna no es simplemente un bien "privado"; es un bien aportado a la sociedad. De ahí la necesidad de ofrecer a la mujer las condiciones de una decisión verdaderamente libre: ya sea consagrarse a la familia, ya sea optar por una profesión, o bien conciliar ambas.

Estas conclusiones son corroboradas a contrario por Claude Martin quien estudió "el postdivorcio". El divorcio aumenta el riesgo de marginalización, e incluso de exclusión, del cónyuge separado más vulnerable (14). El Estado-Providencia crea por sí mismo problemas que no puede resolver: adulando a los individuos, debilita la institución familiar que sería la primera en remediar las carencias del Estado-Providencia...

En pocas palabras, a la sociedad y al Estado les conviene sostener a la familia y ayudarla a educar bien a los niños que nacen en su seno.

Gestores responsables

Tanto en el medio ambiente en general como con los recursos que en él se encuentran: el hombre debe administrar el mundo natural de manera responsable. La responsabilidad de las agresiones contra el medio ambiente se encuentra tanto en hombres coma en compañías devorados par una rapacidad sin límites, como en el caso del Amazonas; o en quienes deforestan y desertifican porque no tienen acceso a otro tipo de combustibles; o en quienes para encontrar oro, matan la fauna acuática; o en quienes toman océanos y lagos coma desagües; o en quienes no quieren disciplinar su consumo, como en los países ricos; o en aquellos cuyas industries contaminan, como en los países del Este europeo. Es falso y deshonesto imputar a una "población excesiva" la responsabilidad de semejantes agresiones.

Impugnar. un derecho político esencial

Al final de este análisis crítico, se ve claramente que la ideología maltusiana, introyectada por varias publicaciones de agencias de la ONU, hace poco caso del hombre, de sus capacidades inventivas, de su libertad, de su sociabilidad. Según esa ideología, el hombre es objeto de determinismos inexorables, a los que se encuentra necesariamente sometido. Estos determinismos se observan en el crecimiento fatal de las penurias, en el carácter insuperable de las desigualdades naturales, en el servilismo irremediable del hombre a sus pasiones, por último en la imposibilidad para el hombre de librarse del anclaje que lo clava por entero al cosmos.

El drama es que, en la medida en que la ONU acogió esta ideología íntegramente materialista, con el determinismo que es su remate inevitable, la misma ONU corre el riesgo de sucumbir a la intolerancia y al dogmatismo. Al poner en la trampa a sus miembros, la ONU acabó por caer en la trampa de su misma ideología. Erigiéndose en depositaria de la "verdad ideológica", ella debe necesariamente volverse intolerante, rechazar toda crítica, ignorar con exceso de soberbia el mentís de los hechos. De ahí su obsesión por el consenso en las reuniones internacionales y la ocultación sistemática de las reservas que emanan de medios "políticamente incorrectos". Si el colegio de las naciones miembros no retoma el control de esta organización, la ONU podría generalizar en el mundo el modelo chino: la producción de la riqueza humana sería planificada por tecnócratas ideológicamente "iluminados", de quienes estaría prohibido discutir los oráculos. Si la ONU quiere conservar su credibilidad, sólo podrá lograrlo liberándose de esta ideología mediocre, reaccionaria y paleo-imperial.

Desarrollo y libertad

Amartya Sen, premio Nobel de Economía en 1998, elaboró una obra que arroja nueva luz sobre la pobreza en general y las hambrunas en particular. Siguiendo caminos algo diferentes a los que tomaron Borlaug, Becker y Simon, el célebre economista de Cambridge mostró que la pobreza no tiene nada de fatal. Es el hombre el principal responsable de ello, no la naturaleza, y precisa: la pobreza debe medirse tomando en cuenta no sólo el ingreso sino también la escolaridad, la facilidad para acceder a la atención médica, a reformas agrarias y fiscales, etc. La pobreza es la consecuencia de malas gestiones económicas, es decir de malas decisiones tomadas por hombres: es la cara de un fracaso.

Ahora bien, para corregir esos errores y poner fin a esos fracasos, se necesita antes que nada un ambiente político favorable. Para empezar, es preciso que todos tengan derecho a la libertad de expresión; hay que poder criticar las malas medidas económicas ya que, ahí donde todos son instruidos y tienen derecho a la palabra crítica, los dirigentes que cometan errores y no los corrijan, serán reprobados en las siguientes elecciones. Poniendo vigorosamente de relieve el papel del hombre, Amartya Sen muestra cuán estrecha es la relación entre la economía y la política; subraya en particular que las hambrunas se deben al hecho que quienes las padecen no tienen derechos; en particular no pueden expresarse para criticar el establishment.

La lectura que Amartya Sen hace de la hambruna puede ser extendida al conjunto de los parámetros que caracterizan a la pobreza y al desarrollo: ingreso, sí, pero también salud, escuela, esperanza de vida, etc. Será imposible luchar contra la pobreza, será imposible procurar desarrollo si no se reconocen los derechos de todos los hombres involucrados. Dicho de otro modo, no hay desarrollo sin democracia política, como no hay democracia "'sin libertad para censurar".

Si es así, queda confirmado que la tendencia al dogmatismo ideológico, que se constata a veces en la ONU, no puede tolerar el derecho que tienen los pobres a la palabra. Privados de palabra, privados de escuela, privados de salud - en una palabra - privados de libertad, los pobres no tienen su lugar en el gran banquete de la naturaleza. "La tentación de imponer un control obligatorio de los nacimientos, escribe Amartya Sen, aparece en el momento en que un gobierno tiene prioridades diferentes a las familias mismas" (15). Según ciertos textos de la ONU y de sus agencias, la prioridad es hacer que los pobres se traguen la poción ideológica, que la subscriban, en ningún caso que la discutan.

Si no fuese detenida, esta derivación, que no puede valerse de la Carta de San Francisco (1945) y que es francamente contraria a la Declaración de los Derechos Humanos (1948), desembocaría en un desastre económico y político del cual el "modelo chino" es sólo una lúgubre prefiguración.

El demógrafo de cara al poder

Al término de esta revisión, se desprenden varias enseñanzas relativas a la población y a la demografía.

1. La ciencia demográfica ha dado y continúa dando servicios inestimables a la comunidad humana. Sin embargo, el responsable de la toma de decisiones políticas debe siempre tener en mente los limites inherentes a esta disciplina científica. Aún hechos en las mejores condiciones, los censos sólo dan estimaciones. En cuanto a las proyecciones y a las previsiones, tal y como se desprende de los resultados incluso de la ONU, deben ser tomadas con la mayor circunspección y son regularmente desaprobadas. No contamos con ningún método que nos permita decir con certeza lo que será el comportamiento reproductivo de las parejas en tal o cual sociedad.

2. Desde el inicio de este siglo, la ciencia de la población permitió estudiar la morbilidad y en particular delimitar mejor las enfermedades infecciosas; en ese sentido fue particularmente de gran ayuda para los servicios de migración. Con el perfeccionamiento de los servicios de estado civil, la demografía ofreció a las naciones un mejor conocimiento de su fuerza de trabajo y de sus capacidades. Frecuentemente, después de las guerras los gobiernos han promovido medidas natalistas.

3. Desde los años 60, los poderes públicos han sido cada vez más influenciados por la ideología maltusiana, divulgada ante todo desde los países anglo-sajones. Impregnados de esta ideología, y disponiendo de recursos cada vez más considerables, los Estados, vigorosamente incitados por las organizaciones internacionales públicas y privadas, intervinieron cada vez más abierta y directamente en la planificación autoritaria de las poblaciones. La India y China son los casos más conocidos, pero un intervensionismo parecido se observa en América Latina, en particular en México, y en África. La ideología maltusiana pretende "legitimar" campañas que persiguen como blanco preferencial - y "por su propio bien" - a poblaciones sin defensa. Numerosos testimonios dan fe de que estas poblaciones no están "completamente informadas" y que tampoco están en condiciones de dar un "consentimiento libre y aclarado" de las medidas antinatalistas que se les prometen para "su beneficio". La ideología maltusiana está aquí al servicio del engaño, de la coerción o de la fuerza. Exportada a los países en pleno desarrollo, se ha convertida en el arma más pérfida que utilizan los países ricos en la confrontación disimulada que han emprendido en contra del Tercer Mundo.

4. Las intervenciones cada vez más notorias de los poderes públicos en la dinámica demográfica, inducen transformaciones radicales en la sociedad política. En nombre de la ideología maltusiana, el comportamiento reproductivo de los ciudadanos y la célula familiar están cada vez más expuestos a la intrusión del Estado. Pero los Estados particulares están cada vez más expuestos a las presiones que vienen de la ONU, de sus agencias e incluso de la Unión Europea. La ayuda a los países del Tercer Mundo cada vez está más condicionada a la aceptación de programas maltusianos. La subsidiariedad ya no se respeta puesto que las parejas son cada vez más "administradas" en sus decisiones más intimas y que las Naciones ven corroída su soberanía en nombre del "estado se necesidad" creado por la, así llamada, "explosión demográfica".

5. El impacto producido por las metamorfosis del maltusianismo contrasta con el carácter precario de las bases científicas sobre las que él descansa. Este contraste dirige a la comunidad demográfica nacional y mundial un llamando a un examen de conciencia.

La mayoría de las grandes disciplinas científicas mantienen relaciones ambiguas con el poder. Algunas veces los gobernantes se valen de científicos para gobernar, otras, los científicos pretenden gobernar en virtud de su saber. De este modo los sabios oscilan a menudo entre servilismo y voluntad de poder. Algunos psiquiatras se pusieron al servicio del régimen soviético; algunos médicos biólogos quieren participar actualmente en el poder y administrar la vida humana en nombre de criterios "cualitativos" definidos por ellos mismos.

La ideología maltusiana ilustra de manera dramática los riesgos de relaciones ambiguas que algunos demógrafos mantienen con el establishment nacional e internacional. Consideremos simplemente lo que ocurre en las agencias de la ONU. Ellas tienen a su servicio a algunos demógrafos de los cuales algunos son a veces utilizados esencialmente para dar seudo-legitimación científica a los programas de control de la población. Otros demógrafos, externos o no al aparato de la ONU, participan en el poder presentando su cientismo demográfico como la panacea de todos los males que padece la sociedad humana.

De este modo se formó una tecnocracia internacional que está al servicio de los intereses de las grandes potencias. Esta tecnocracia maquilla sus intenciones vergonzosas bajo la máscara de una farsa demográfica totalmente insensible al mentís de los hechos. Se debe pues denunciar el abuso de poder científico, llevado a veces hasta la estafa, cometida por una fracción significativa de la comunidad demográfica.

Ningún demógrafo está a salvo de esta recuperación humillante. Evidentemente, podemos encontrar en todas partes a algunos demógrafos dispuestos a vender cualquier producto que responda a las conveniencias gubernamentales del momento, por ejemplo en materia de seguros de enfermedad, de seguro social, pensiones de retiro. Sin embargo por fortuna también existe en todos lados una comunidad demográfica que une su autoridad científica reconocida, con una integridad moral de valor irreprochable. Es a estos sabios, que conocen el precio de la libertad académica a quienes incumbe la tarea urgentísima de proteger a nuestras comunidades nacionales y a toda la comunidad humana de las metamorfosis del maltusianismo. Toca a ellos antes que nada, exigir a la ONU que entregue cuentas; toca a ellos desmitificar los "planes de acción" ampliamente fundados sobre una gigantesca baladronada ideológica. Si la mentira casa bien con la violencia, la justicia sólo podrá hacerse en la verdad.

·- ·-· -··· ·· ·-··
Michel Schooyans (http://perso.infonie.be/le.feu )

Notas

1. El texto completo del famoso Apólogo del Banquete de Malthus se encuentra en nuestra obra La dérive totalitaire du libéralisme, Paris, Éd. Mame, 1995, pp. 139 s.

2. Hemos consagrado dos obras a estas tesis y a su posteridad: La dérive totalitaire du libéralisme, citada con anterioridad, y El Evangelio frente al desorden mundial, Prólogo del Cardenal Ratzinger, México D.F., Ed. Diana, 2000.

3. Sobre la influencia de estas ideas en Francia, ver Anne CARO, Histoire de l'eugénisme en France. Les médecins et la procréation. XIXe-XXe siècle, Paris, Éd. du Seuil, 1995.

4. Una perspectiva general sobre la acción de la ONU y de sus agencias se encuentra en Stanley P. JOHNSON, World Population and the United Nations. Challenge and Response, Cambridge University Press, 1987.

5. Analizamos estos problemas detalladamente en La face cachée de l'ONU, Paris, Éd. Le Sarment/Fayard, 2000; traducción en español a salir en 2001 por la Editorial Diana, México D.F.

6. Más detalles sobre las Conferencias que citaremos en nuestra obra Le crash démographique, publicado en Paris, Éd. Le Sarment/Fayard, 1999; cf. especialmente el capítulo V: "L'ONU et ses conférences concernant les Populations".

7. Ver Luc FERRY, Le nouvel ordre écologique, Paris, Éd. Grasset/Livre de Poche, 1998, cf. por ejemplo pp. 26-29.

8. Ver nuestras obras citadas más arriba: La dérive totalitaire du libéralisme, passim; y El Evangelio frente al desorden mundial.

9. Cf. The Life and Death of NSSM 200 (Kissinger Report), publicado por Stephen D. Mumford. Este libro puede ser solicitado al Center for Research on Population and Security, P.O. Box 13067, Research Triangle Park, North Carolina 27709, USA. El texto del Reporte se encuentra en las pp. 47-186.

10. Es lo que explica Gérard-François DUMONT, profesor de demografía de la Sorbona, en "Démographie et analyse stratégique", en Défense (Paris), n° 83, marzo 1999, pp. 76-80.

11. Sobre los aspectos económicos de la globalización, ver la sorprendente obra Mastering Global Business, London, Ed. Financial Times/Pittman Publishing, 1999.

12. El paso del control demográfico a los nuevos derechos es finamente analizado por Seamus GRIMES en "From Population control to 'reproductive rights': ideological influences in population policy", en Third World Quarterly, 19, 3, 1998, pp. 375-393.

13. Ver Gary S. BECKER, A Treatise on the Family, Cambridge, Massachusetts, Harvard University Press, Reedición 1994.

14. Esta es una de las principales tesis desarrolladas por Claude MARTIN en L'après divorce. Lien familial et vulnérabilité, Presses universitaires de Rennes, 1997.

15. Cf Amartya SEN, "Pas de bonne économie sans démocratie", en Le Monde, 28 octubre de 1998.


Referencias del libro de Michel SCHOOYANS, La Cara Oculta de la ONU: Editorial DIANA, SA de CV, Arenal n° 24, Edificio Norte. Col. Ex Hacienda Guadalupe Chimalistac, México DF, CP 01050. Tel: (55)50.89.12.12; Fax: (55)50.89.12.48; Site: www.editorialdiana E-mail 4sales@diana.com.mx *Visit our Multilingual Home Page *Visitez notre Site multilingue *Descubra nuestra Página Multilingüe *Aguardamos sua visita na nossa Página Políglota"
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