10 de junio de 2008

EL HOLOCAUSTO ARGENTINO



Norberto Ceresole




La restauración democrática en la Argentina tuvo un objetivo prioritario: "desmilitarizar a la sociedad". Ello era urgente porque el "mundo occidental" no quería más sustos como el de Malvinas: una clásica guerra justa, además de necesaria.
Como cobertura de la desmilitarización se inventa el "holocausto argentino", que pretende eliminar el análisis objetivo de la realidad reemplazándolo por un Mito. Se empleó la misma exitosa tecnología ya utilizada en la construcción del Mito de la "culpabilidad alemana" (que tuvo por objetivo principal ocultar la más grande salvajada cometida en el siglo XX: la expulsión a sangre y fuego, entre 1947 y 1949, de 1 millón de palestinos de sus tierras y de sus hogares).
La realidad pura y simple es la siguiente. En la Argentina había un régimen social y político injusto y opresivo. Como en casi todos los países del mundo. Pero a diferencia del mundo llamado tercero, en aquella época, sólo 1 de cada 10 argentinos estaban por debajo del nivel de pobreza. Cada tanto algún niño se moría de hambre en alguna remota provincia. Tomando como bandera casos tan lamentables como singulares el bando "progresista" toma la decisión de desatar una guerra civil. Esa decisión de la guerrilla fue activamente apoyada por la Inteligencia cubana (pero no por la soviética). Luego allí hubo bajas en ambos bandos, y al final ambos perdieron.
Los militares establecidos cumplieron fielmente el rol asignado por la estrategia norteamericana durante la guerra fría: eliminar al "agresor comunista". Sin duda alguna cometieron "excesos" en la represión de una agresión previa. Pero lo peor es que fueron cómplices - algunos involuntarios - de un proceso que terminó aniquilándolos a ellos mismos. La "economía de mercado", que introducen a la fuerza, destruye, casi en primer lugar, a la industria militar y a los desarrollos tecnológicos nacionales (en especial los nucleares y los misilísticos) que eran los verdaderos enemigos del mundo global en la región. Al final lo que comienza como represión militar deviene en indefensión nacional, que es la otra cara de la llamada "explosión de la pobreza": hoy 1 de cada 3 argentinos vegetan por debajo del nivel de subsistencia. Pero eso sí, en "democracia". Muchos niños y adultos mueren de hambre todos los días aún en las zonas "ricas" del país.
Desde el punto de vista de los intereses argentinos la de Malvinas fue una guerra de legítima defensa (contra lo que vulgarmente se cree era una guerra ganable para la Argentina), pero fue conducida con cobardía estratégica dentro de los marcos del mundo bipolar de la época. Desde su comienzo, y durante su transcurso, numerosos voces se alzaron en defensa del imperialismo británico. Algunos sostuvieron que las fragatas británicas tenían por objeto "restaurar la democracia" en la Argentina.
En la actualidad muchos de esos traidores de entonces elaboraron una versión específica del "holocausto argentino" (oficialmente unas 11.000 víctimas en total, contando los muertos de ambos bandos). Según ellos, la dictadura militar tuvo por objeto realizar "... la mayor matanza de judíos y la mayor persecución antisemita registrada desde la segunda guerra mundial" ("Entregaron a Garzón pruebas de la persecución a judíos", en Clarín Digital, 20 de abril de 1999). "El rabino Daniel Goldman... explicó que aunque los judíos eran sólo el uno por ciento de la población argentina, representaron el 12 o 13 por ciento de los torturados, asesinados o desaparecidos" (Clarín, op. cit.). "El episodio genocida antisemita de la Argentina no contiene elementos sustancialmente diferentes de los que en otras dimensiones y ámbitos emergen en los programas zarista y estalinista y en la alemania hitleriana" ("Informe presentado al juez español Baltasar Garzón").
Si estas informaciones que aportan las organizaciones judías son ciertas, y muy probablemente sean ciertas, significa que los judíos tenían una extraordinaria representación (¿Cómo denominarla?: ¿Étnica?, ¿Racial? ¿Religiosa?) en las organizaciones armadas irregulares: la "guerrilla" en la Argentina de aquellos años era predominantemente judía, según inobjetables fuentes judías del presente. Estaban representados por un porcentaje en todo caso muy por encima de su representación social global, que nunca excedió el 2% de la población ("1296 judíos fueron asesinados, lo que supone un 12,43 por ciento del total de las víctimas...").
Este dato oficial de las organizaciones judías (esta altísima participación de judíos en los grupos "guerrilleros") puede y debe ser interpretado, también, en el sentido de que existe una muy alta probabilidad de que la desestabilización terrorista (y los consiguientes enormes daños y muertes que tanto ella como la represión militar ocasionan) haya sido obra, sobre todo, de una conspiración finalmente orientada a anular la capacidad de control del Estado nacional sobre el territorio y la sociedad argentina.
¿Sabía esto Fidel Castro cuando de los 60 a los 70 organiza la agresión y ordena crear un "Vietnam gigante" en toda la región?: "En el único lugar donde no intentamos promover la revolución fue en México. En el resto, sin excepción, lo intentamos" (Fidel Castro, "Discurso ante la Asociación de Economistas de América Latina y el Caribe", el 3 de julio de 1998. Fuente: Clarín Digital, 04 de junio de 1998).

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