17 de febrero de 2009

ESTADO ORGANICO Y EL CONFUSIONISMO SEMANTICO

Ofrecemos al lector dos articulos uno aparecido en la web patriotica ecuatoriana El Otro Ecuador. y el segundo aparecido en una pagina panameña llamada Nodo 50. Este último es un modelo de lo que se llama confusión e ignorancia con referencia a la tematica de la organicidad y las corporaciones. Metodo muy comun utilizado tanto por los marxistas como por los liberales, tendiente al descredito de lo que nosotros llamamos República Organica. En el primer articulo se da la interpretación y explicacion correcta de lo que es un Estado de esta naturaleza, en el segundo caso se interpreta disparatadamente que el Estado Corporativo es el Estado Neoliberal privatista. En base a esta verdadera guerra semantica se siembra el descredito de esta noble forma de gobierno, que justamente es lo que pretende el Sistema de Dominación


ESTADO ORGANICO

Dr. José V. Ortuño A. (El Otro Ecuador)

En el Curso Intensivo se ha planteado la siguiente cuestión, ¿En qué capítulos de la Ciencia Política Constitucional ha de ubicarse el “Estado Orgánico” que propugnamos?

Contestamos en primer término que el “Estado Orgánico” es la denominación de uno de los “tipos de estructura del Estado”.

Estos “Tipos de Estructura” se refieren en último término a una clasificación metodológica que supone, por cierto, orientaciones típicas tendientes a alcanzar adecuación y coyuntura en la Filosofía del Derecho, en la Sociología en la Historia y en la Geografía.

Se ha optado por la denominación de “tipos”, mejor que por el de formas, ya que aparte de uno de ellos, no podemos encontrarlos plenamente realizados en la práctica. El tipo, en este caso, constituye más bien una tendencia: un Estado organizado a base de tales o cuales características sería calificado de Orgánico, Individualista, o Colectivista, a causa del predominio del tipo en sus contornos. Estas denominaciones son, pues, el resultado de un pensamiento subjetivo con fines metódicos, pero sobre la base objetiva de la realidad política divisible.

Hay que advertir que al hablar de los tipos de estructura del Estado, no nos remitimos a las concepciones que sobre tipo o sobre estructura figuran circunstancialmente en la nomenclatura antigua, ni a aquellos “tipos ideales” de los idealistas: mucho menos, pretendemos “forjar” tipos a manera de utopía. Tampoco está en nuestro afán desechar la clasificación en formas de Estado, reemplazando la terminología tradicionalista por otra. Tratamos de otras categorías, como lo vamos a enunciar ligerísimamente:

Se involucraría dentro del TIPO INDIVIDUALISTA, todo sistema político que, considerando al Estado como una aglomeración de individuos, haga de tales entes contables, a través de su expresión numérica, la fuente del orden jurídico político, es decir de la representación, de la autoridad, de la Democracia, etc.

Al TIPO COLECTIVISTA corresponderían todos los que consideran al Estado como una totalidad mecánica colectiva, sobre la cual haya de gobernarse sin tomar en cuenta personalidades individuales o colectivas inferiores al ser supremo Estado.

Y en el TIPO ORGÁNICO se agruparían los sistemas orgánicos, integrados por la trabazón de personalidades individuales y colectivas con valor propio, con autonomía y autodisciplina y cuya organización natural legitima la autoridad, produce la representación que vivifica la República.

Admitidas tales calificaciones como categorías en las que caben otras formas que coinciden en las orientaciones fundamentales, el tipo orgánico abarca todas las tendencias de estructuración de la vida del Estado a base de los organismos de la Nación, constituyendo el tipo superador del individualismo inorgánico y anárquico, y así colectivismo tiránico y absorbente.

La casi totalidad de autores que a esta tendencia se han referido, han hablado de “Estado Corporativo” “Forma Corporativa”, o “Corporatista “Corporativismo”, etc. Se dice también `Estado pluralista” o “plural”, “Gremialismo” o “socialismo gremial”, etc.

Algunos estados como el italiano de Mussolini y el portugués de Oliveira Salazar, acogen como propio el nombre de “Estado Corporativo”. Pero no se puede negar que tanto pertenecen ellos al tipo orgánico de estructura del Estado, como pertenecerían los proyectos de los sociólogos vieneses o argentinos, o los Estados de la Edad Media; como el alemán de Hitler o el español de Franco; o como el Ecuatoriano que estableceremos tras la Revolución Nacional Integralista Ecuatoriana; en cuanto todos ellos tienden a constituir la estructura político-administrativa a base de todas las personas individuales y colectivas que dan vida a la Nación, por manera que todas ellas participan en el funcionamiento del poder de manera total (u obligatoria) agrupando a todos los seres conscientes e idóneos, sean personales o sociales, sin necesidad de tener precisamente el nombre o la calidad de “corporaciones”.

Desde luego, el Estado Orgánico Ecuatoriano, constituye una estructura a base principalmente de una determinada filosofía que no se compadece con las orientaciones de otros Estados los cuales, si bien en el aspecto metodológico político, ingresan dentro del tipo, quedan fuera de él por sus concepciones totalitarias, opuestas a nuestra filosofía integralista.

Con respecto al nombre “corporativo”, en un sentido de amplitud y para tales fines, es preferible el de “orgánico”, siempre que las entidades colectivas no hayan de ser preeminentemente las “corporaciones”.

Corporativo es lo que tiende a formar cuerpo, lo capaz de formarlo; y en esta misma índole de generalidad, orgánico sería todo lo que se refiere a esta tesis de organización en general, tómese o no al Estado como cuerpo; a su constitución a base de organismos; a la reglamentación de ellos; y en concreto, a los órganos, sociedades, entidades, etc., sujetos y objetos de la política.

Lo orgánico vendría a ser el género y sus especies, el corporativismo, el gremialismo, el sindicalismo, etc.


EL ESTADO CORPORATIVO

JOAQUIN PERURENA (Nodo 50)

El Estado corporativo es aquel que olvida su esencia de servicio a los más desvalidos y traslada sus esfuerzos al enfoque de las corporaciones generadoras de lucro. Las corporaciones se crean para construir riqueza. El Estado se crea para proporcionar bienestar. Cuando el Estado, creado para proporcionar bienestar, trabaja solamente para el capital, estamos ante el Estado como corporación o corporativo. Su finalidad es el lucro y la plusvalía que no se reparte.

No estamos en contra del libre mercado; pero, cuando el Estado corporativo trabaja para la creación de riqueza, no lo hace para la sociedad entera sino para aquellos que, durante la campaña política, ayudaron al Gobierno a llegar a los puestos de poder. Así las cosas, el capital reclama de los apoyados su cuota, perpetuándose el clientelismo y distanciando la gestión de gobierno de la población más necesitada.

El Estado corporativo requiere de un presidente corporativo. El candidato ideal es alguien con abolengo político. Un apellido famoso viene bien. Ojalá sea educado en los principios del neoliberalismo. Debe tener cierto carisma para que, cuando enfrente al pueblo, lo haga como populista, despreciando las instituciones que juró fortalecer al alegar que no le son de utilidad, ya que él “habla directamente con su pueblo”.

El Estado corporativo requiere que, por lo menos, una buena parte de la prensa (radial, escrita y televisada) esté comprometida con el capital que la posee y la desliga de la verdad que no es conveniente divulgar, no sea que al pueblo le dé por pensar.

Así, el principal objetivo del poder político es entregar al poder económico todo lo que le produzca más riqueza. Por eso, privatizará todo aquello que, “administrado en forma correcta” (paradigma esgrimido contra lo administrado públicamente), “funcionará mejor”. El último de los nichos de riqueza es la salud del pueblo panameño. Cimentada en la solidaridad, como lo está hoy, es fuente de bienestar, no de lucro. Pero si se logra privatizar para que unos pocos la administren, es fuente de riqueza inimaginable.

Este es el último intento de secuestro del Estado corporativo. Atenta contra un derecho fundamental de los miembros de la sociedad y un mandato constitucional esencial: la obligación de proporcionar salud a su pueblo. Entregar este mandato a otros es un error de consecuencias negativas incalculables.

Foto: Benito Mussolini creador del Fascismo una de las tantas variantes del Estado Organico o Corporativo

16 de febrero de 2009

El Nacionalismo argentino, los tópicos y su leyenda negra


El Nacionalismo argentino es, desde hace unos años, azotado por diversos ataques que lo convierten en un tópico de un debate de nunca acabar. Pero de un debate sesgado y parcial. Un debate donde los protagonistas (o sus continuadores) pocas veces tienen la posibilidad de participar o donde, a lo sumo, se los invita cuando ya están “de vuelta” con el único fin de que aporten artillería contra su objeto de estudio.

Más curioso es el hecho de que las acusaciones que se dirigen contra el Nacionalismo argentino suelen ser contradictorias entre ellas mismas.

Así, para algunos, los nacionalistas serían oligarcas desesperados por mantener el régimen conservador; al mismo tiempo que otros hacen burla del buen número de hijos y nietos de inmigrantes en sus filas.

Entre los “estudiosos” del Nacionalismo argentino los hay para quienes éste es una mera copia local de una moda foránea de la década de 1930 (“los fascismos”); mientras que, para otros, el fenómeno fue una nueva forma de salvajismo incivilizado heredero de la Mazorca rosista y las montoneras federales.

Hay quienes consideran el fenómeno nacionalista como “la típica reacción” de la pequeña burguesía frente a las recurrentes crisis del capitalismo y, otros, al mismo tiempo, que lo ven como una manifestación de la desesperación de las clases agro-exportadoras que ven peligrar su posición de privilegio ante el aparición de la burguesía, la avalancha inmigratoria, el crecimiento de las izquierdas y la democratización de la Ley Sáenz Peña.

Y los tópicos contradictorios siguen y siguen hasta el infinito.

Se acusa al Nacionalismo de abrir la puerta al populismo de Perón y, al mismo tiempo, de no comprender el fenómeno social del Peronismo.

Se alega la supuesta violencia de los nacionalistas; pero se considera que “sus” muertos, heridos, presos y detenidos (muchos de ellos simples obreros, empleados, comerciantes, profesores, periodistas o científicos) se lo merecían por cometer alguna clase de crimen ideológico.

Desde algunas posturas más o menos cercanas se reprocha al Nacionalismo supuestamente no haber sabido articularse políticamente (esto es, conformar un partido) y se ignoran las numerosas ilegalizaciones a que fue sometido desde su nacimiento.

Se acusa también a los nacionalistas de no respetar las instituciones, al mismo tiempo que se pretende expulsarlos de cualquier cargo o función estatal que alguno detente—aunque haya sido obtenido de carrera o por concurso—en la Justicia, el Conicet, las Universidades, el Servicio Exterior y un larguísimo etcétera.

Uno de estos tópicos más repetidos alega que los nacionalistas cooperaron en los gobiernos de facto, pero luego si uno revisa las nóminas de funcionarios civiles y militares de estos regímenes, lo que predominan son conservadores, liberales, radicales, democristianos, demo-progresistas y, hasta, peronistas, socialistas y comunistas.

Finalmente, parece que siempre es útil tener a los nacionalistas a mano para acusarlos de lo que sea, desde ser cómplices de las “desapariciones” hasta ayudar con la logística para colocar una bomba en una mutual judía. Parecería que toda la sociedad argentina es fascista; aunque, claro, el nacionalismo, se dice también, es (y fue) minúsculo y marginal.

No importa que los hechos lo desmientan, lo importante es mantener el manto de sospecha sobre el Nacionalismo argentino.
Fuente: blog de Cruz y Fierro

11 de febrero de 2009

POLITICA ECONOMICA DE DON JUAN MANUEL

La política económica de Rosas fue la que realmente provocó el encono de los liberales de la proscripción y de las potencias imperialistas europeas. Al iniciar su segundo período gubernativo el general Rosas se dispuso a concretar en hechos las fórmulas positivas del federalismo. El primer impulso lo dio con la ley de Aduana del 18 de diciembre de 1835. En el mensaje a la Legislatura de dicho año, habló de la falta de protección de que se resentían las actividades nativas, agregando: "El gobierno ha tomado este asunto en consideración, y notando que la agricultura e industria extranjera impiden esas útiles esperanzas, sin que por ello reporten ventajas en la forma y calidad...", había venido a la conclusión de que la ley debía salir al paso de tales anormalidades (Mensaje del gobernador, general Rosas, a, la 13° Legislatura. 31 de diciembre de 1835).
La inspiración de Rosas prescindió de todo cálculo personal o local, poniendo su pensamiento en los artesanos y los agricultores, y en el estímulo de la industria, sectores estos que eran extraños a su actividad de hacendado y a sus negocios saladeriles. Tenía Rosas la visión de la unidad argentina y del progreso de la República, para cuyo objeto no dudó en romper con los intereses extranjeros y en extender una apropiada protección a las iniciativas de la economía nacional.
Con toda razón su sobrino, el general Mansilla, pudo decue "Rosas gobernaba por su Conciencia” (V. Mansilla: Rozas. Ensayo histórico psicológico. Casa Edit. Garnier Hnos. París, 1898) . Conciencia de argentino, conciencia de hombre honrado que advertía la necesidad de proceder, con energía y sagacidad, a destruir los factores que impedían la formulación de un auténtico programa de vida nacional. Rosas no dejó de descubrir la mano de Inglaterra detrás de todas nuestras crisis y convulsiones; y fue paulatinamente desmontando el aparato de coerción y absorción que había montado la tenacidad británica. Todo ello con suavidad y sin apresuramiento, simulando ignorar los verdaderos alcances de sus resoluciones. La Gran Bretaña se revolvió frenética contra el incorruptible gobernante y alentó todos los movimientos destinados a derrocarle. El general Rosas no pudo ser doblegado, pero la escuela liberal se cobró venganza a posteriori, sirviéndonos el plato fuerte de una historia de horrores e improperios que hace reír por lo desorbitada. "Este hombre que reunió lo que había disgregado la diplomacia británica -escribe Scalabrini Ortiz- que procuró reaglutinar los fragmentos dispersos del viejo virreinato, que desunidos eran presa fácil para la diplomacia británica; este hombre, a quien jamás la diplomacia británica pudo vencer ni doblegar, en la historia oficial, que enaltece solamente a los agentes británicos disfrazados de gobernadores y presidentes argentinos, pasa como un tirano sanguinario y egoísta". (Raúl Scalabrini Ortiz: Política británica en el Río de la Plata. 2° Ed. Reconquista. Buenos Aires) ¡Parece mentira que haya argentinos que le hacen el juego a esta historia sucia, trazada al servicio de planes extranjeros de colonización y esclavitud!
Durante el período de su predominio no se contrató ningún empréstito exterior. Desde el malhadado primer empréstito de 1824, (Empréstito Baring ) concertado por el señor Rivadavia y sus secuaces con la casa Baring de Londres, el país no reincidió en la mala práctica hasta 1856, después de Caseros. Claro que, a partir de este momento, se inició la carrera desenfrenada de los empréstitos y la República se postró ante sus acreedores internacionales; que era, precisamente, lo que el nacionalismo de Rosas había querido impedir.
El general Rosas inició su segundo gobierno el 13 de abril de 1835. El 18 de diciembre quedó implantada la nueva ley de aduana, que representó una reforma trascendental para la defensa de los más altos intereses nacionales. Por la misma se impusieron derechos aduaneros, que variaban entre el 24 y el 50 por ciento, a toda producción que pudiera entrar en competencia con la nativa. Así, por ejemplo, en materia agrícola, en que prohijaba la industria de granja y los cultivos de yerba, tabaco, azúcar v alcoholes.
Con respecto a la artesanía, gravaba las importaciones competitivas, como las manufacturas de hierro, cuero, plata, cobre y estaño, los artículos de carey, hueso, los calzados y sillas de montar, mantas y frazadas de lana, ruedas de carruaje y toda la vasta gama de la industria de la tejeduría. Muchos de estos y otros renglones quedaban excluidos de su importación al país y se prohibió la exportación de determinados productos, como el oro y la plata en cualquier estado de elaboración. En el caso de los artículos sobre los que pesaban derechos de importación, el mismo no regía para los destinados a las otras provincias.
Daba así Rosas un alto ejemplo de federalismo práctico, cuyos resultados se pudieron palpar rápidamente. Con verdadera satisfacción pudo decir a la Legislatura de 1837: "...como la ley de Aduana no fue un acto de egoísmo, sino un cálculo generoso que se extiende a las demás provincias de la Confederación, también en ellas ha comenzado a reportar sus ventajas" (Mensaje del gobernador, general Rosas, a la 15° Legislatura, 27 de diciembre de 1837)
Buenos Aires se benefició en gran medida con las normas implantadas por Rosas y comenzó a desprenderse de la modorra colonial para iniciar su marcha segura hacia las formas técnicas de la civilización. Durante el período de Rosas se incrementaron las actividades industriales y comerciales, hasta alcanzar el número de 106 fábricas, 743 talleres de artesanía y 2.008 casas de comercio, según el censo hecho posteriormente a su caída, en 1853. La industria del azúcar de Tucumán, que languidecía en 1835, contaba con 13 importantes ingenios en 1850. La industria textil del algodón tenía fuerte arraigo en Catamarca, La Rioja, Salta y Jujuy, y la de géneros de lana en Córdoba. En las provincias de Cuyo se afianzó la industria vitivinícola y en las litorales la de embarcaciones. Todo el país, pese a la inexistencia de una Constitución y un Congreso nacionales, recibió el estímulo y los bienes que derramaba la sabia política económica de Rosas. Pero los ideólogos liberales, que desprecian las experiencias de la vida práctica y se extasían en la boba adoración de "los principios", siguen abominando de Rosas y condenan su política aduanera y fiscal que puso a la República en el camino de la unidad, la solidaridad y el progreso.
Fuente: La Gaceta