4 de febrero de 2011

LA MAFIA Y EL FASCISMO (A PROPOSITO DE LA INSEGURIDAD Y EL DELITO)

EL DUCE
Es un hecho ya bien conocido el apoyo que la Mafia ha dado siempre al sistema democrático, del que ha recibido las ayudas y las leyes necesarias para su existencia. También es bien conocida la participación de judíos en los más altos medios de la Mafia y sus negocios predilectos: droga, juego, prostitución, espectáculos, etc...

            No vamos a insistir en este tema, pero quisiéramos dar algunos datos concretos de un tema: cómo combatió efectivamente el fascismo a la mafia siciliana, que campaba por sus respetos cuando Mussolini llegó al poder. Y es interesante porque marca un ESTILO de cómo deben abordarse esos problemas que parecen irresolubles, y sólo son irresolubles porque la democracia no quiere resolverlos, ni puede con sus medios castrados por la corrupción y el interés. Incluso los errores que tuvo Mussolini en la lucha contra la Mafia nos pueden enseñar.
            Los pasos para resolver un problema grave y largamente soportado, como es la Mafia, pasa por una serie de etapas:
            1– No iniciar la resolución hasta tener el poder necesario. Mussolini no intenta acabar con la Mafia el mismo año que llega al poder. Sabe que necesita tiempo, controlar los resortes del poder, tener la confianza de la gente...
            2– Mientras no se tiene ese poder, hay que aprovechar para informarse y disponer de un plan de ataque. En 1923 Mussolini ordena al Prefecto fascista de Palermo iniciar una serie de listas de cada pueblo de Sicilia con los mafiosos, sus soportes, negocios, etc.
            Estas listas han sido publicadas hace un tiempo... pero sin poner nombres en muchos sitios. Por algo la Mafia ganó en 1945.
            3– Lograr el apoyo popular. La prensa y los medios de influencia se ponen en marcha para lograr hacer entender a una parte importante del pueblo siciliano que no pueden seguir con la aceptación tácita de la mafia.
            Se prohibe a la prensa dar noticias que puedan apoyar la idea de una Mafia “honorable”, se les llama bandidos y delincuentes, se denuncia sus miserias y en cambio se les niega cualquier propaganda, incluso sus atentados o comunicados son prohibidos de difundir. Un silencio total sobre cualquier cosa que favorezca una idea distinta de la de “criminales”.
            4– Elegir una persona honrada, y que esté decidida a llevar esa lucha sin dudas ni concesiones. Ésa es la persona que debe elegir su equipo.
            En 1925 considera Mussolini que ya tiene los medios necesarios, y elige a la persona: Cesare Primo Mori. Una persona decidida a acabar con la Mafia. Se la nombra Prefecto de Palermo.
            5– Dar a esa persona plenos poderes. Y cuando hablamos de plenos poderes quiere decirse leyes y fuerzas adecuadas para vencer. Si no se dan medios proporcionales a lo complejo del objetivo, no sirve de nada todo lo demás. Mussolini establece leyes especiales para combatir la Mafia.
            6– Mori inicia detenciones masivas, pasea a los mafiosos de cada pueblo atados por las calles para ser insultados y que la gente les pierda el miedo, se manda al exilio a los sospechosos y se ejecuta a los más peligrosos. Los alcaldes y concejales corruptos, los empresarios aliados con la mafia son detenidos y confiscados sus bienes, procesos con cientos de acusados. Se usan militares para grandes batidas y registros masivos. De 1925 a 1931 se logra un éxito total.
            7– No pararse ante los grandes resultados iniciales. Los resultados de Mori fueron espectaculares. La Mafia quedó destruida en sus grandes líneas, los delitos bajaron espectacularmente y su estructura quedó destruida. Pero Mori siguió, atacó a los “guantes amarillos”, o sea, a los mafiosos que estaban en despachos sin mancharse. Se depura incluso el Partido Fascista de mafiosos infiltrados. Pero entonces Mussolini decide ya centrarse en otros temas. Mori es ascendido pero con ello deja la acción, y se da por liquidada a la Mafia, dejando de presionarse tan directamente contra ella. Un error.
            La Mafia tuvo así un respiro. No logró recuperarse pero sí reorganizarse y a partir de 1940 espió y trabajó para los aliados, quienes pactaron con Luky Luciano, con Vitore Genovese, cuyos contactos con Hoffa (dirigente mafioso americano de los sindicatos) estableció el pacto democracia-Mafia que dura aún en Italia.
            Si vemos cómo se trata por parte del sistema el combate a ETA o la delincuencia financiera, vemos que no cumplen ni uno solo de los pasos que se deben seguir. ¿Pura incompetencia?... No, en realidad es una absoluta falta de interés real, absoluto, en resolver los problemas. Están dispuestos a aparentar, a hacer “algo”, no a resolver los problemas de verdad.
            El Sistema se basa en aceptar los problemas mientras no afecten a su esencia, el poder del dinero. Por eso cuando peligra la esencia sí usan los medios necesarios, como pasó en Argelia o Turquía cuando los integristas amenazaron de verdad en tomar el poder.
            Pero el sistema democrático-capitalista puede perfectamente convivir con la Mafia o con la usura y la estafa económica, con la delincuencia. Un terrorismo limitado o la corrupción no necesita combatirlas más que evitando que sean excesivamente generales y evidentes a la opinión pública.
            Democracia es Mafia legal.

www.elcombatiente.com.ar

12 de enero de 2011

EL PATRIOTISMO

Debemos entender el patriotismo de la única manera posible; esto es, como una virtud. Y una virtud que está relacionada con otras, como la piedad, la justicia y la caridad. Enseña Santo Tomás que el hombre es deudor de otra persona por dos razones: primero por el grado de perfección de la misma y luego por los beneficios recibidos de ésta. Así, Dios ocupa el primer lugar puesto que su perfección es absoluta y es principio primero de nuestra existencia y de nuestro obrar. Inmediatamente después se sitúan los padres y la patria, también principios ya que ellos nos dieron la vida, nacimos en una patria y crecimos en ella. “La piedad se extiende a la patria en cuanto que ésta es en cierto modo principio de nuestro ser, la justicia legal considera al bien de la patria desde el punto de vista del bien común”. Y todo acto de auténtico patriotismo emana, finalmente, de la íntima relación del hombre con su Creador. De allí su relación con la gran virtud de la caridad. García Morente fundaba la educación del patriotismo en la educación religiosa: “No puede ser verdaderamente patriota quien no sea verdaderamente religioso”.
La patria es objeto de amor y éste puede adoptar diversas formas.
El patriotismo, primeramente, puede provocar un amor afectivo o sensible. La patria, así, no es únicamente un pedazo de tierra; es mucho más. Es la tierra de nuestros padres y abuelos hecha con sacrificios y renuncias.
Pero los sentimientos no alcanzan. Se le debe dar preeminencia al amor efectivo. Éste exige en cada uno de nosotros una reflexión profunda y un prudente juicio sobre cuál es el bien de la patria y nuestras obligaciones para con ella. Aquel gran Pontífice León XIII recordaba que los cristianos estamos especialmente obligados a amar y defender la patria en que nacimos, al punto de que todo buen ciudadano ha de estar dispuesto a afrontar la misma muerte por la patria.
Existe, incluso, un amor crítico. Tenemos en nuestra historia magníficos ejemplos de amor sacrificado por esta tierra argentina. Pero debemos discernir pues también hubo y sigue habiendo traiciones, entregas y cobardías. No amamos esta decadencia de la patria. Podríamos decir, parafraseando a José Antonio, que amamos a esta Argentina porque no nos gusta.
 Y cuando la patria se encuentra sometida y entregada, enferma y postrada nuestro amor debe ser dolorido. Nuestro amado Papa Juan Pablo II menciona en su Carta Salvifici doloris las desventuras de la propia nación como posible dolor.
La Argentina tiene su vocación y somos nosotros los que tenemos que descubrir el destino de la patria, sabiendo qué es lo que Dios quiere que hagamos con esta bendita tierra.
Tenemos miles de ejemplos. Allí están los patriotas de la guerra por la Independencia, los héroes de Obligado, los que lucharon contra la subversión apátrida y los piratas ingleses.
Pidámosle a María Santísima, Reina de la Argentina, cumplir con la voluntad de Nuestro Señor, a ejemplo de nuestros héroes para que nuestro amor por la patria sea como lo describió magníficamente el poeta: “Amar la Patria es el amor primero / y es el postrero amor después de Dios / y si es crucificado y verdadero / ya son un solo amor, ya no son dos”.

Daniel Omar González Céspedes
Envio del autor

2 de diciembre de 2010

ILUSTRACIÓN Y PROGRESISMO


                                                                             Alberto Buela (*)

Sigue siendo el trabajo del filósofo alemán Emanuel Kant (1724-1804) Was ist Aufklärung?(1784) quien mejor ha definido qué es la Ilustración cuando afirmaba: “es la liberación del hombre de su culpable minoría de edad”. Es decir, de su incapacidad de servirse sólo de la razón sin depender de otra tutela, como lo fue la teología para la Edad Media, donde se afirmaba: philosophia ancilla teologíae= la filosofía es sierva de la teología.
El lema de la Ilustración fue el Sapere aude, el atrévete a saber sirviéndote de tu propia razón.
Pero la Ilustración buscando la emancipación del hombre de la teología, los prejuicios y las supersticiones, terminó endiosando a “La Razón” y sus productos: la técnica y el cálculo cuyas consecuencias fueron contradictorias, pues su opera magna fue la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaky.
Luego de tamaño zafarrancho volvió el hombre a ser considerado una isla racional pero rodeado de un mar de irracionalidades. La sabiduría premoderna volvió a ser considerada. Lentamente se van teniendo en cuenta aspectos fundamentales del ser humano que habían sido dejados de lado por la Ilustración y sus seguidores, y que pertenecían a la demonizada Edad Media. El hombre postmoderno vuelve a zambullirse en las aguas de los problemas eternos. Pero, claro está, con una diferencia abismal: es un hombre sin fe, desesperanzado, nihilista. Nace así il pensiero débole. Pensamiento débil que puede dar razones del estado actual del ser humano pero que no puede dar sentido a las acciones a seguir para salir del actual atolladero.
Sin embargo, gran parte del mundo intelectual de postguerra sobre todo el vinculado al marxismo, al comunismo y al socialismo continuó en la vía ilustrada, incluso como la Escuela de Frankfurt, quintaesencia del pensamiento judío contemporáneo( Weil, Lukacs, Grünberg, Horkheimer, Adorno, Marcuse, Fromm, Haberlas et alii) que sostuvo en síntesis que estábamos mal no porque los productos del racionalismo ilustrado habían mostrado sus contradicciones flagrantes provocando el mal en el inocente como sucedió con los miles de japoneses nacidos radioactivos y condenados de antemano, sino porque no se habían podido llevar a cabo plenamente los postulados de la Ilustración.
Los vencedores de la segunda guerra mundial adoptan, con variantes socialdemócratas o neoliberales, el remanente del pensamiento ilustrado pasado por las aguas del Jordán de la Escuela de Frankfurt, poseedora del úcase cultural de nuestro tiempo. Así, su producto más logrado es el actual progresismo.

Es por esta razón afirma un buen colega nuestro, que “Quizá sea correcto afirmar que el progresismo es lo que queda del marxismo después de su fracaso histórico como opción política, económica y social y su transitoria (¿o definitiva?) resignación al triunfo del capitalismo. Una suerte de retorno, saltando hacia atrás por encima del bolcheviquismo, al reformismo de la socialdemocracia” [1]. El progresismo ha adoptado como lema “no ser antiguo y estar siempre a la vanguardia”. Como vemos, la resonancia con la Ilustración es evidente.
Qué comparte, a su vez, el progresismo con el neoliberalismo: 1) La adopción a raja tabla de la democracia liberal, rebautizada como discursiva, de consenso, inclusiva, de derechos humanos, etc. 2) la economía de mercado, a pesar de su discurso en contra de los grupos concentrados, y c) la homogeneización cultural planetaria, más allá de su discurso sobre el multiculturalismo.
El progresismo es tal, en definitiva porque cree en la idea de progreso. En realidad el progresismo no es una ideología sino mas bien una creencia, porque como gustaba decir Ortega y Gasset las ideas se tienen y las creencias nos sostienen, pues en las creencias “se está”. Y los progresistas “están creídos” que el hombre, el mundo y sus problemas van en la dirección que ellos van. De ahí, que cualquier contradictor a sus creencias es tomado por “un enemigo”. Es que el progresista al ser un creyente no acepta aprehender, y la única enseñanza que acepta, porque su imposición se le torna incuestionable, es la pedagogía de la catástrofe. Así descubre que hay miles de pobres y desocupados cuando se produce una inundación y que las promocionadas computadoras no funcionan porque en las escuelas rurales no hay electricidad o no hay señal. Una vez más, las catorce cuadras iluminadas por Bernardino Rivadavia, nuestro primer ilustrado presidente (1826), terminaban en el fangal de la cuadra quince donde las jaurías de perros cimarrones devoraban a los caminantes.
En resumen, el progresismo y la Ilustración comparten la creencia que la realidad es lo que ellos piensa que es la realidad y no, que la realidad es la verdad de la cosa o del asunto.
El gran contradictor del progresismo es el denominado realismo político (R.Neibuhr, J.Freund, C.Schmitt, R.Aron, H. Morgenthau, G. Miglio) que asume con escepticismo los proyectos teóricos que formulan la posibilidad de una paz perpetua, una organización perfecta de la sociedad en el marco de un progreso ilimitado. Y entiende la historia como el resultado de una tendencia natural del hombre a codiciar el poder y la dominación de los otros.
El realismo político viene a reemplazar al homo homini sacra res= el hombre es algo sagrado para el hombre, de los ilustrados que tomaron de Séneca por el homo homini lupus= el hombre es lobo del hombre de Hobbes, que tomó de Plauto.
El realismo político viene a sostener que se debe trabajar sobre la base de los materiales que se tienen y la realidad es lo que es más lo que puede ser,  en tanto que el progresismo afirma que se debe trabajar en lo que se cree pues las ideas en definitiva se imponen a la realidad.



[1] Maresca, Silvio: El retorno del progresismo,(2006) en internet.