25 de marzo de 2011

DOCTRINA FASCISTA

Con posterioridad a la primera guerra mundial, surgió en Europa, una serie de  corrientes, de pensamiento alternativo, que se las conoce, con el nombre genérico de fascismos. Tales doctrinas, dominaron el panorama político europeo, por el periodo que media entre 1920 y 1945.  Surgieron como una genuina reacción, contra la marcada decadencia, en que se encontraba el viejo mundo, como consecuencia de la aplicación de los principios del liberalismo democrático. Detonante de este malestar, fue la masacre de la gran guerra y las posteriores injusticias generadas por los distintos tratados de paz,   especialmente, el de Versalles. Tales circunstancias, pusieron en evidencia,  los intereses a los que respondían los gobiernos de turno.
En semejante instancia, era natural, que aparecieran  críticas al modelo liberal. Fundados, en los mismos principios de aquel, el socialismo y el marxismo, objetaron, la inadecuada distribución de la riqueza, que había resuelto, el capitalismo liberal.
Ínter tanto los fascismos, acusaron al liberalismo, de poner en peligro las actitudes vitales del hombre blanco. La sociedad burguesa, con su gusto por la comodidad y el consumo irreflexivo de bienes materiales, imponía una mentalidad materialista y estrecha. El crecimiento de vicios como el tabaquismo, alcoholismo y drogadicción, condicionaban el futuro de buena parte de las juventudes. Las perversiones sexuales, la pornografía y el incremento de las enfermedades mentales, aportaban, al sombrío panorama, unidos a los bajos índices de natalidad. El desarraigo y la marginalidad de las ingentes masas de campesinos, obligados a trasladarse a las ciudades, con su secuela de desintegración familiar, hacinamiento y la amputación de sus raíces existenciales, se sumaban a la crítica. La indigencia de las masas obreras, carentes de todo derecho laboral y protección social, unido al triste destino de los excombatientes condenados a la absoluta marginalidad, contrastaban, en los denominados años locos, con el  disfrute desvergonzado, de las oligarquías dominantes.
En nuestros días, se ha pretendido asociar a las denominaciones de nazi y fascista con todo lo malo, brutal o violento que se pueda encontrar en el mundo. Sin embargo y como dijéramos en nuestro artículo “Algo más sobre los fascismos” dichos movimientos, lograron solucionar problemas esenciales que aquejaban a los pueblos, que supieron guiar. Replantearon con marcado realismo, elementos básicos de la problemática social, política y económica del mundo moderno. Dicha reformulación de principios, implicó, una respuesta totalmente contrapuesta, a las doctrinas nacidas de la revolución francesa como lo eran: el socialismo, el liberalismo y el marxismo.
En sus comienzos, los fascismos se nutrieron de militantes socialistas desencantados por los estruendosos fracasos de los gobiernos tal signo. Sus líderes buscaron una síntesis adecuada, entre el socialismo y el pensamiento nacionalista.  Sin embargo, con el transcurso del tiempo, ambas corrientes fueron siendo superadas en la síntesis fascista. El nacionalismo se fue convirtiendo en europeismo, en la convicción de que la unidad del viejo mundo, era la única manera de mantener la supremacía de la cultura occidental. El socialismo, también fue superado, en razón de su frío y prosaico materialismo, por una concepción social, que, aparte de darle respuesta a los requerimientos económicos y materiales de la gente, reconocía las potencialidades espirituales de los pueblos involucrados.
Otro aporte doctrinario, de notable valor, lo hicieron las corrientes tradicionalistas, ya fueran católicas, en aquellos países, donde la dicha tradición, todavía movía la sensibilidad íntima de los pueblos, o de los partidarios de la tradición primordial en aquellas naciones afectadas por el libre examen protestante. 
La cosmovisión de los fascismos, se enfrentaba, en forma integral, con la falsa escala de valores que, el mundo democrático, había instalado en las sociedades modernas. Se despreciaba profundamente, las concepciones materialistas, igualitaristas, hedonistas propias del mundo liberal-socialista. También se enfrentó con la mentalidad democrática, rechazando su apego a todo lo que es bajo, desheredado y ruin.
Las doctrinas fascistas, implicaron una oposición absoluta a los postulados del hombre moderno. Desarrollaron una cosmovisión, que enfrentó los mitos caducos, del mundo surgido de la revolución francesa.
Los fascismos no plantearon ninguna instancia utópica en su ideario. Reconocieron el carácter falible de la naturaleza humana con todas sus limitaciones. No por ello, cayeron en el derrotismo. Buscaron, revitalizar en sus valores esenciales, a las comunidades en las que se dieron cita, independientemente de que alcanzaran allí, el poder. A tal fin, revalorizaron el rol educador y formador de las comunidades naturales, sobre sus integrantes. Buscaron la elevación física, psíquica y moral de los pueblos en cuestión.
Trataron de reconstituir, el complejo entramado social, del mundo tradicional, que el liberalismo, sistemáticamente, había ido destruyendo.
Con tal entramado social, lograron potenciar, los fundamentos biosíquicos de sus pueblos. Asimismo, con la reconstrucción de los distintos estamentos sociales, posibilitaron, la genuina participación popular, que permitía solucionar los problemas concretos de los ciudadanos. Participación que se manifestaba, en las uniones vecinales, asociaciones barriales, corporaciones o en el frente nacional del trabajo, buscando y aportado respuestas a los problemas concretos de las unidades sociales o económicas en donde se vive o se trabaja. Concepción, en donde, cada uno se hacia responsable, frente a sus congéneres, de lo que  se proponía y se ejecutaba, a diferencia del anonimato y la irresponsabilidad que caracteriza al mundo democrático y a su máxima expresión participativa: el sufragio universal.
El haber alcanzado una sociedad, jerárquicamente vertebrada, dio base, fundamento y sustento, al choque frontal que los fascismos encararon, contra las estructuras económicas y financieras que esclavizaban a sus respectivas naciones. No fue ajeno a tal postura, la lucha librada, con estruendoso éxito, por Musolini contra las mafias sicilianas y napolitanas,  que terminaron refugiándose en EEUU, donde encontraron el medio propicio, para su definitiva recuperación y explosiva expansión.
El replanteo económico fascista, privilegiaba los derechos del trabajo y la solidaridad social, en detrimento de la sacrosanta libertad democrática de enriquecerse a costa de la comunidad, que propiciaban los usureros y especuladores, bendecida, por las escuelas económicas liberales. Se cuestionó el fundamento del préstamo a interés, desarrollando una política financiera, que eliminó de plano la retribución a la usura. La aplicación practica de tales principios fue un éxito rotundo. En poco tiempo países en los cuales la desocupación había hecho estragos, y que sus hijos sufrían los sinsabores que implicaba tener que emigrar, alcanzaban el pleno empleo y pasaban a absorber mano de obra ociosa de naciones vecinas.
Tales “herejías económicas”, difundidas, por los teóricos fascistas, afectaron intereses intocables, y como tal, no tardaron en poner en mortal enfrentamiento, a las dos concepciones ideológicas. Herido en sus fundamentos teóricos y afectado en sus intereses concretos, el capitalismo liberal, no dudó en provocar una nueva catástrofe, a los efectos de eliminar, el emergente rival y poner a buen recaudo sus  mezquinos intereses evitando así que el “mal ejemplo” se difundiese.

En nuestros días los problemas del mundo occidental, no solo que perduran, sino que se han agravado sistemáticamente. Por ningún lado aparece el paraíso que nos prometieron los liberadores democráticos.  Más del setenta por ciento de población mundial vive en la más absoluta miseria, mientras un puñado de especuladores se enriquece sin solución de continuidad. Con el fin de Hitler, no se perpetuo la paz, sino todo lo contrario. No será oportunidad de replantearse, la veracidad de lo que nos contaron y empezar a sospechar que esta historia oficial ha sido escrita, con objeto de defender intereses y minorías totalmente indefendibles.
 

4 de febrero de 2011

LA MAFIA Y EL FASCISMO (A PROPOSITO DE LA INSEGURIDAD Y EL DELITO)

EL DUCE
Es un hecho ya bien conocido el apoyo que la Mafia ha dado siempre al sistema democrático, del que ha recibido las ayudas y las leyes necesarias para su existencia. También es bien conocida la participación de judíos en los más altos medios de la Mafia y sus negocios predilectos: droga, juego, prostitución, espectáculos, etc...

            No vamos a insistir en este tema, pero quisiéramos dar algunos datos concretos de un tema: cómo combatió efectivamente el fascismo a la mafia siciliana, que campaba por sus respetos cuando Mussolini llegó al poder. Y es interesante porque marca un ESTILO de cómo deben abordarse esos problemas que parecen irresolubles, y sólo son irresolubles porque la democracia no quiere resolverlos, ni puede con sus medios castrados por la corrupción y el interés. Incluso los errores que tuvo Mussolini en la lucha contra la Mafia nos pueden enseñar.
            Los pasos para resolver un problema grave y largamente soportado, como es la Mafia, pasa por una serie de etapas:
            1– No iniciar la resolución hasta tener el poder necesario. Mussolini no intenta acabar con la Mafia el mismo año que llega al poder. Sabe que necesita tiempo, controlar los resortes del poder, tener la confianza de la gente...
            2– Mientras no se tiene ese poder, hay que aprovechar para informarse y disponer de un plan de ataque. En 1923 Mussolini ordena al Prefecto fascista de Palermo iniciar una serie de listas de cada pueblo de Sicilia con los mafiosos, sus soportes, negocios, etc.
            Estas listas han sido publicadas hace un tiempo... pero sin poner nombres en muchos sitios. Por algo la Mafia ganó en 1945.
            3– Lograr el apoyo popular. La prensa y los medios de influencia se ponen en marcha para lograr hacer entender a una parte importante del pueblo siciliano que no pueden seguir con la aceptación tácita de la mafia.
            Se prohibe a la prensa dar noticias que puedan apoyar la idea de una Mafia “honorable”, se les llama bandidos y delincuentes, se denuncia sus miserias y en cambio se les niega cualquier propaganda, incluso sus atentados o comunicados son prohibidos de difundir. Un silencio total sobre cualquier cosa que favorezca una idea distinta de la de “criminales”.
            4– Elegir una persona honrada, y que esté decidida a llevar esa lucha sin dudas ni concesiones. Ésa es la persona que debe elegir su equipo.
            En 1925 considera Mussolini que ya tiene los medios necesarios, y elige a la persona: Cesare Primo Mori. Una persona decidida a acabar con la Mafia. Se la nombra Prefecto de Palermo.
            5– Dar a esa persona plenos poderes. Y cuando hablamos de plenos poderes quiere decirse leyes y fuerzas adecuadas para vencer. Si no se dan medios proporcionales a lo complejo del objetivo, no sirve de nada todo lo demás. Mussolini establece leyes especiales para combatir la Mafia.
            6– Mori inicia detenciones masivas, pasea a los mafiosos de cada pueblo atados por las calles para ser insultados y que la gente les pierda el miedo, se manda al exilio a los sospechosos y se ejecuta a los más peligrosos. Los alcaldes y concejales corruptos, los empresarios aliados con la mafia son detenidos y confiscados sus bienes, procesos con cientos de acusados. Se usan militares para grandes batidas y registros masivos. De 1925 a 1931 se logra un éxito total.
            7– No pararse ante los grandes resultados iniciales. Los resultados de Mori fueron espectaculares. La Mafia quedó destruida en sus grandes líneas, los delitos bajaron espectacularmente y su estructura quedó destruida. Pero Mori siguió, atacó a los “guantes amarillos”, o sea, a los mafiosos que estaban en despachos sin mancharse. Se depura incluso el Partido Fascista de mafiosos infiltrados. Pero entonces Mussolini decide ya centrarse en otros temas. Mori es ascendido pero con ello deja la acción, y se da por liquidada a la Mafia, dejando de presionarse tan directamente contra ella. Un error.
            La Mafia tuvo así un respiro. No logró recuperarse pero sí reorganizarse y a partir de 1940 espió y trabajó para los aliados, quienes pactaron con Luky Luciano, con Vitore Genovese, cuyos contactos con Hoffa (dirigente mafioso americano de los sindicatos) estableció el pacto democracia-Mafia que dura aún en Italia.
            Si vemos cómo se trata por parte del sistema el combate a ETA o la delincuencia financiera, vemos que no cumplen ni uno solo de los pasos que se deben seguir. ¿Pura incompetencia?... No, en realidad es una absoluta falta de interés real, absoluto, en resolver los problemas. Están dispuestos a aparentar, a hacer “algo”, no a resolver los problemas de verdad.
            El Sistema se basa en aceptar los problemas mientras no afecten a su esencia, el poder del dinero. Por eso cuando peligra la esencia sí usan los medios necesarios, como pasó en Argelia o Turquía cuando los integristas amenazaron de verdad en tomar el poder.
            Pero el sistema democrático-capitalista puede perfectamente convivir con la Mafia o con la usura y la estafa económica, con la delincuencia. Un terrorismo limitado o la corrupción no necesita combatirlas más que evitando que sean excesivamente generales y evidentes a la opinión pública.
            Democracia es Mafia legal.

www.elcombatiente.com.ar

12 de enero de 2011

EL PATRIOTISMO

Debemos entender el patriotismo de la única manera posible; esto es, como una virtud. Y una virtud que está relacionada con otras, como la piedad, la justicia y la caridad. Enseña Santo Tomás que el hombre es deudor de otra persona por dos razones: primero por el grado de perfección de la misma y luego por los beneficios recibidos de ésta. Así, Dios ocupa el primer lugar puesto que su perfección es absoluta y es principio primero de nuestra existencia y de nuestro obrar. Inmediatamente después se sitúan los padres y la patria, también principios ya que ellos nos dieron la vida, nacimos en una patria y crecimos en ella. “La piedad se extiende a la patria en cuanto que ésta es en cierto modo principio de nuestro ser, la justicia legal considera al bien de la patria desde el punto de vista del bien común”. Y todo acto de auténtico patriotismo emana, finalmente, de la íntima relación del hombre con su Creador. De allí su relación con la gran virtud de la caridad. García Morente fundaba la educación del patriotismo en la educación religiosa: “No puede ser verdaderamente patriota quien no sea verdaderamente religioso”.
La patria es objeto de amor y éste puede adoptar diversas formas.
El patriotismo, primeramente, puede provocar un amor afectivo o sensible. La patria, así, no es únicamente un pedazo de tierra; es mucho más. Es la tierra de nuestros padres y abuelos hecha con sacrificios y renuncias.
Pero los sentimientos no alcanzan. Se le debe dar preeminencia al amor efectivo. Éste exige en cada uno de nosotros una reflexión profunda y un prudente juicio sobre cuál es el bien de la patria y nuestras obligaciones para con ella. Aquel gran Pontífice León XIII recordaba que los cristianos estamos especialmente obligados a amar y defender la patria en que nacimos, al punto de que todo buen ciudadano ha de estar dispuesto a afrontar la misma muerte por la patria.
Existe, incluso, un amor crítico. Tenemos en nuestra historia magníficos ejemplos de amor sacrificado por esta tierra argentina. Pero debemos discernir pues también hubo y sigue habiendo traiciones, entregas y cobardías. No amamos esta decadencia de la patria. Podríamos decir, parafraseando a José Antonio, que amamos a esta Argentina porque no nos gusta.
 Y cuando la patria se encuentra sometida y entregada, enferma y postrada nuestro amor debe ser dolorido. Nuestro amado Papa Juan Pablo II menciona en su Carta Salvifici doloris las desventuras de la propia nación como posible dolor.
La Argentina tiene su vocación y somos nosotros los que tenemos que descubrir el destino de la patria, sabiendo qué es lo que Dios quiere que hagamos con esta bendita tierra.
Tenemos miles de ejemplos. Allí están los patriotas de la guerra por la Independencia, los héroes de Obligado, los que lucharon contra la subversión apátrida y los piratas ingleses.
Pidámosle a María Santísima, Reina de la Argentina, cumplir con la voluntad de Nuestro Señor, a ejemplo de nuestros héroes para que nuestro amor por la patria sea como lo describió magníficamente el poeta: “Amar la Patria es el amor primero / y es el postrero amor después de Dios / y si es crucificado y verdadero / ya son un solo amor, ya no son dos”.

Daniel Omar González Céspedes
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