13 de junio de 2009

CONSTRUCCION DE UN GRAN ESPECIO SURAMERICANO


Por:Alberto Buela


En estos días que venimos recibiendo varias solicitudes del extranjero sobre la integración suramericana (investigadores brasileños como Julia Nassif Souza de la revista de Sociología la Univ. de San Pablo, de nuestro traductor al ruso Vladislav Gulevich entre otros) nos parece adecuado realizar algunas precisiones fundamentales sobre el tema. Sobre todo en el desenmascaramiento de los intereses reales que mueven la geopolítica brasilera, desde siempre ambivalente.

En primer lugar nosotros proponemos dejar de hablar de integración, concepto que forma parte de lo políticamente correcto, para hablar de construcción de un gran espacio geopolítico autocentrado económicamente y políticamente soberano. La categoría de integración es un engaña pichanga ad usum becarios. Luego de 18 años desde el Tratado de Asunción de 1991 al presente, el Mercosur resultó ser sólo el instrumento de integración de las burguesías comerciales de Sao Paulo y Buenos Aires, y nada más. La construcción de un gran espacio supone una voluntad de poder que se enfrente y recorte los poderes mundiales actuales en tanto que la idea de integración implica sumarse a las ventajas relativas de la globalización. O hablamos en términos geopolíticos de construcción de un gran espacio o callamos.

En segundo lugar hay que dejar de hablar de América Latina que es un concepto que indica una rémora colonial franco-inglesa – ni los aborígenes son latinos ni los criollos lo somos- para hablar de Iberoamérica o de la América Indoibérica y así incorporar sin tapujos al Brasil. El latino americanismo es un concepto vago y estéril, ha sostenido con razón don Helio Jaguaribe. Geopolíticamente hablando, esto es, desde un realismo político, se debe hablar de Suramérica (Sud- América es un galicismo inadmisible a esta altura de la historia americana), pues México y Centroamérica son dominios consolidados de la potencia imperial talasocrática.

En tercer lugar la construcción es solo posible si podemos asegurar un heartland suramericano protegido por las líneas de tensión geopolíticas cuyos vértices tendrían que ser Buenos Aires, Brasilia, Caracas y Lima o Quito o Bogotá. Este último vértice es indistinto aunque hoy es preferible Bogotá. Esto es lo que hemos denominado “teoría del rombo” que venimos defendiendo desde hace una década.

En cuarto lugar aquellos que tienen y pueden aportar más, aporten más, pues si no se da una relación de reciprocidad no hay construcción de un gran espacio en Suramérica. Este es el principio fundante de todo gran espacio geopolítico, pues si uno de los miembros aporta todo se transforma en un imperio subregional y si todos aportan por igual es una ficción política. No tiene miras de realización.

Si, hipotéticamente, se tuvieran en cuenta estas cuatro instancias que proponemos habría que eliminar, finalmente, los presupuestos histórico-políticos de los miembros que la integran comenzando por el mayor aportante, que en este caso es Brasil con casi 200 millones de habitantes y el 38% del PBI de la región.

Y acá salta la liebre. Y aquí aparece la cuestión fundamental. ¿Quiere Brasil la construcción de un gran espacio autocentrado económicamente y políticamente soberano en Suramérica?

Todo indica que no, pero todo aparece como que sí. En apariencias Itamaraty a todos los proyectos dice que sí, pero en realidad obra en concreto rechazándolos. Su alianza principal es con los Estados Unidos como socio privilegiado, relación que lo ha transformado hoy día en gendarme de la región. Su asociación secundaria es con cualquiera de los países suramericanos. Esta distinción entre aliado y socio es fundamental para poder llegar a comprender en parte, a barruntar, cuales son los intereses profundos que mueven a Itamaraty. Brasil es aliado de USA y socio de Argentina o Venezuela o Uruguay.

Nos explicamos con un ejemplo: El Banco del Sur (también podríamos hablar de la integración militar, del la Comunidad suramericana de naciones, del Unasur, de los corredores bioceánicos, del gasoducto transamazónico, de la navegación de los ríos interiores de la América del Sur, etc.).

El Banco del Sur arrancaría con un capital inicial de 7.000 millones de dólares, la controversia respecto del aporte de los países accionistas impulsores de la idea radica que unos, como Brasil o Paraguay, proponen hacer aportes menores del orden de los 300 millones y otros como Ecuador, Venezuela y Argentina proponen aportes significativos. En una palabra, unos quieren que el Banco del Sur nazca chico y otro piensan en términos de grandeza.

La contradicciones surgen con las declaraciones de Guido Mantega, ministro de hacienda del Brasil, quien sostuvo que:“ la prioridad del Banco del sur será financiar proyectos de infraestructura, logística y energía” y recordó que “sólo el Banco de Desarrollo de Brasil tiene 120.000 millones de dólares para financiar al sector productivo de su país, en tanto que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) tiene sólo 100 millones de dólares para toda la región”.

¿Qué pretende entonces la intelligensia brasileña, crear un banco pobre esterilizando otra idea que puede servir para liberarnos, como lo hizo con la Comunidad Suramericana de naciones invitando a Surinam y Guyana, o sea, Holanda e Inglaterra a participar?

Esta idea del Banco del Sur, hay que decirlo con todas las letras la lanzó Chávez y le mostró sus beneficios a Kirchner, quien honesta y cabalmente la aceptó.

Brasil se sumó como se suma a todos los intentos de integración suramericana, no por su vocación integradora, sino porque Itamaraty (la cancillería brasileña: Su verdadero poder nacional) no descansa en su ambición de dominio. Y así, si los proyectos o ideas que se lanzan benefician su política permanente de “extensión al oeste” los apoya, de lo contrario los esteriliza, pero nunca los rechaza, pues su rechazo generaría una resistencia que no tiene por qué crear.

Esto hay que saberlo y nuestros gobiernos hispanoamericanos deberían alguna vez hacerlo notar. Brasil, a través de su cancillería Itamaraty, interpuso, interpone e interpondrá todos los recursos a su alcance para impedir la integración norte-sur o sur-norte de Suramérica, de modo tal que si hay algo que no desea ni quiere es la relación Caracas-Buenos Aires, y el Banco del Sur abona y refuerza esta integración.

Hace ya más de un siglo y a partir de los trabajos de don Tulio Jaguaribe, el padre de Helio Jaguaribe, el sociólogo que más influencia en el poder del Brasil ha tenido en estos últimos veinte años, los gobiernos de Argentina y Venezuela están solicitando al de Brasil avanzar en los trabajos para la integración fluvial del Suramérica sobre todo en la vinculación entre los ríos Paraguay –Guaporé a través del dragado de los ríos Alegre y Aguapey, atravesando la laguna Rebeca y el riacho Barbados y su respuesta siempre ha sido una dilación continuada.

Vemos como el Banco del Sur nos llevó a consideraciones que hacen al riñón de la geopolítica suramericana, a tratar de llamar a las cosas por su nombre y a correr el velo de las intenciones ocultas. El Banco del Sur es estrictamente hablando una idea metapolítica, pues va más allá de la limitación política partidaria y local para instalarse como categoría de condicionamiento de la acción política concreta futura del gran espacio suramericano.

Mientras tanto los seis países que inicialmente constituirían el Banco del Sur tienen presos 164.000 millones de dólares, en Bancos de USA y Europa, esto es, diez veces más de los créditos que recibimos con condicionamientos de todo tipo, durante el 2006.

El Banco del Sur si naciera grande se transformaría automáticamente en la expresión financiera de la Unión Suramericana lo que le permitiría negociar como bloque y no aisladamente con los poderes internacionales. La consecuencia natural del un Banco del Sur pensado en términos de grandeza sería la implantación de una moneda única tal como se propuso en la reunión del Mercosur, aquella a la que asistió Nelson Mandela, realizada en Ushuaia en 1999 y dilatada por Brasil sine die.

Es que Itamaraty no quiere una negociación en bloque, con una moneda única, con los poderes mundiales sino que desea negociar con Brasil como bloque con los poderes internacionales, esta es la madre del borrego. Quien no vea esto, mira sin ver.

Este ejemplo que hemos puesto es emblemático pues muestra como Itamaraty apoya y socaba al mismo tiempo un mismo proyecto. Nuestras cancillerías no se dan cuenta o no lo hacen notar, nuestros políticos menos pues pasan su vida en problemas internos y vuelos de cabotaje, ni qué decir de nuestros dirigentes sociales y culturales embelezados en un “latinoamericanismo” vacuo y falto de contenido.

En la construcción del gran espacio suramericano Brasil es Alemania y Argentina es Austria, pero la sumatoria de Venezuela, Perú y sobre todo Colombia equilibra la balanza. Hoy, a mediados del 2009, esta última opción, la opción Colombia es de singular importancia. Y si algún tonto de estos que nunca faltan pues stultorum infinitus est numerus nos dijera que es imposible, solo nos cabe responderle es conditio sine qua non en la construcción de un gran espacio suramericano reemplazar las criterios ideológicos por las relaciones geopolíticas o mejor aún: Metapolíticas.

La relación geopolítica de Argentina tiene que ser forzosamente con Brasil, pero para ello debe privilegiar las relaciones geopolíticas con Venezuela y Colombia más allá de los criterios ideológicos. Brasil tiene una gran ventaja sobre Argentina, su mayor potencial económico y militar pero al mismo tiempo tiene una desventaja geopolítica en la región, no puede tener ningún otro aliado de peso, sólo puede tener socios circunstanciales, pero Argentina si tuviera política exterior propia, sí que puede tener aliados. Y esta es la gran diferencia que juega a nuestro favor.

Socios históricos del Brasil lo han sido el Paraguay, Chile y Ecuador pero nunca llegaron a la categoría de aliados. Esta categoría es la que se quiso plasmar en el Tratado de Asunción con Argentina, pero no pasó de una asociación comercial. Así están las tensiones geopolíticas hoy en la América del Sur.

(*) arkagueta

alberto.buela@gmail.com

CEES (Centro de estudios estratégicos suramericanos) CGT

Dirección postal: Casilla 3198 (1000) Buenos Aires

29 de mayo de 2009

GREMIALISMO Y SINDICALISMO


* Gremialismo: Aunque en sentido estricto es un movimiento de mediados del siglo XX de reivindicación de los cuerpos sociales intermedios, yo utilizo el término en un sentido más amplio y, en cierta forma, casi como sinónimo de corporativismo (lo cual en sentido estricto aclaro que sería incorrecto). Se trataría, en el sentido que yo lo empleaba, de la defensa del papel de los antiguos gremios (sus valores e incluso su forma de actuar en economía y en la sociedad) frente a la dinámica económica de la modernidad (los valores y estructuras del capitalismo). Así las relaciones entre patronos y obreros, por ejemplo, en el gremio tienen más que ver con el sistema de maestros y aprendices que con el de empresarios y asalariados propiamente; es una relación mucho más orgánica, por decirlo de alguna manera, y la tendencia es a desarrollarse en pequeñas empresas familiares o tipo taller. Los modernos Colegios Profesionales de las profesiones liberales son un buen ejemplo de gremialismo actual.

* Sindicalismo: Es perfectamente adaptable a cualquier tipo de empresa moderna (independientemente de su tamaño y complejidad), sólo que altera los valores y estructuras económico-empresariales modernas en un sentido algo parecido al gremial antes mencionado, pero no por la vía de la estructuras sencillas típicas de la época preindustrial, sino por la de la alteración del modelo de propiedad y gestión de la empresa; así los obreros y patronos (todos ellos trabajadores, cada uno en su función específica) constituirían una totalidad orgánica estructurada en un sólo sindicato de empresa dueño y responsable último de la gestión de la misma (salvo en el caso de las empresas familiares, que sí se parecerían al modelo gremial antes mencionado); sindicato de empresa que estaría a su vez encuadrado en una estructura sindical de apoyo más amplia en los diversos ámbitos territoriales (local, comarcal, provincial, regional y nacional) y funcionales (servicios de banca sindical, seguros, servicios sociales para los sindicados, etc.). Toda esa estructura sindical supraempresarial (con participación política y legislativa) es más compacta, amplia, ambiciosa y compleja que la gremial o corporativa, y en realidad supone un sistema económico distinto al capitalista (en cierta manera también el gremialismo, aunque más bien por la vía de la negación de las relaciones económicas modernas). El mejor ejemplo de sindicalismo que puede ponerse en España es el de la Corporación Cooperativa Mondragón, e imaginando su funcionamiento a nivel nacional y agrupando en ese modelo a toda la economía española nos podemos hacer perfectamente a la idea de cómo funcionaría el sindicalismo.
En realidad la distinción es mucho más compleja y habría que hacer muchas más matizaciones y precisar muchas más cosas, pero yo creo que como primer acercamiento a la cuestión puede valer esta breve explicación, y los ejemplos de los Colegios Profesionales y de la Corporación Cooperativa Mondragón ilustran perfectamente las diferencias entre uno y otro modelo.

Ciertamente sería necesario escribir un artículo bastante profundo para explicar todos los detalles. Los desarrollo bastante en mi libro "Manifiesto sindicalista" -perdón por la autocita-, y aún así considero que es necesario un desarrollo teórico aún más profundo.
En un Estado Sindicalista, el Sindicato no reemplaza propiamente a la Sociedad Anónima. Ésta desaparecería, por supuesto, pero las empresas seguirían existiendo como entidades empresariales autónomas y con personalidad jurídica y mercantil propia (sólo que serían de propiedad sindical -de todos los que trabajan en ella en sus diferentes funciones, incluida la directiva, claro-); lo que pasa es que se trataría de empresas sindicales y estarían sometidas a una estructura supraempresarial -el Sindicato- con autoridad pública para la regulación económico-empresarial (condiciones laborales y demás) y la planificación económica indicativa general.
Todos los trabajadores de todas las categorías (obreros, administrativos, directivos empresariales, autónomos, agricultores, etc.) estarían encuadrados en su ámbito territorial y funcional correspondiente, y en caso de cambiar de profesión se produciría el traslado de Federación correspondiente. Hay que tener en cuenta que un Sindicato Unitario (o Vertical) no es una asociación simple, sino una Confederación compuesta de múltiples Federaciones autónomas según los ámbitos funcionales existentes en cada ámbito territorial. Un SIndicato de este tipo es una estructura bastante más compleja de lo que pudiera parecer a simple vista.

El problema del profesional dentro de una empresa de otra especialidad es el mismo en cualquier caso; así, v.gr., el electricista de una empresa dedicada a hacer muebles. Hoy ese electricista no estaría sometido a un Convenio Colectivo de electridad o servicios, sino al de la madera, lo cual tiene sus problemas, pero resultaría aún más problemático que la misma empresa tuviera que aplicar convenios diferentes a cada tipo de profesional que trabaja para ella.

En nuestro caso, ese electricista sería copropietario de la empresa en la proporción que le correspondiera según una detérminada fórmula, pero siempre a través de su sindicato de empresa (integrado en el Sindicato Unitario a efectos funcionales y de autoridad pública, pero sin que ello signifique transferencia de propiedad, por supuesto); es decir, que aunque su pertenencia al sindicato de empresa suponga la afiliación al Sindicato Unitario o Vertical, se trataría de dos dimensiones distintas.

Es un poco como sucede en las estructuras cooperativas complejas, donde se distinguen claramente las estructuras cooperativas de primer grado y de segundo grado.

Jorge Garrido
www.clamareneldesierto.blogspot.com

28 de mayo de 2009

LA BASE DE NUESTRO PROYECTO POLITICO


Decimos, a contrapelo de lo que afirma el individualismo liberal vigente, que la sociedad esta integrada por un conglomerado de entidades que se encuentran entre el individuo y el Estado. Lo sostenemos también en contra del totalitarismo colectivista del marxismo. Aunque el mismo este en gran medida desacreditado por sus fracasos, aun continúa perorando sobre cuestiones sociales (creadas por el capitalismo) que jamás pudo solucionar y que agudizó aun más.

Justamente son esas entidades, los cuerpos intermedios, las que determinan que la sociedad sea vista desde la realidad, dejándose de lado filtros ideológicos, una realidad orgánica. Por ello abogamos por un sistema orgánico para administrar el Estado

Podemos decir que los sistemas orgánicos se integran por la trabazón de personalidades individuales y colectivas con valor propio, con autonomía y autodisciplina y cuya organización natural legitima la autoridad y produce la representación que vivifica la República. Abarca todas las tendencias de estructuración de la vida del Estado a base de los organismos sociales, los mencionados cuerpos intermedios

Como en el cuerpo humano cada órgano cumple una función, igual ocurre en la sociedad. Esos cuerpos que determinan la organicidad social son de diferente naturaleza o sea existe una pluralidad de los mismos que realizan diferentes funciones. Profesionales (colegios médicos, de abogados de profesionales de diferentes ramas), Gremiales (de obreros de las diferentes ramos de la producción) de empresarios y comerciantes de distintos rubros, institucionales (Iglesia, FFAA, etc.).

Pero lo que nos detiene en este caso es el gobierno del municipio, primer escalón del gobierno del Estado. Bien decía José Antonio que nadie nace afiliado a un partido político, pero todos vivimos en un municipio determinado, todos pertenecemos igualmente a una familia y justamente ese municipio en lo que a población, a elemento humano se refiere, esta formado por la reunión de muchas familias en un entramado donde existen elemento territoriales, culturales, religiosos comunes, donde hay en principio desde relaciones amicales hasta intereses económicos comunes en el progreso de la comarca donde esas familias habitan.

De allí que el modo lógico y natural de conducir ese municipio sea mediante la participación de los integrantes de las familias organizados en base a la actividad que realizan normalmente por esa comunidad territorial que es la comuna o municipio (fomentistas, miembros de las uniones de comerciantes e industriales, de las uniones de familias así como de los colegios profesionales o uniones de artesano y obreros del lugar). Única manera de poder rescatar para ese municipio a los mejores de entre la dirigencia de cada actividad y de entre ellos al más aconsejado para que gobierne como intendente.

Juntamente con esto el municipio plantea el ideal federalista que nos es tan propio tanto por tradición hispánica como por la herencia de nuestros prohombres, La idea de descentralización y de subsidiariedad presente siempre en la Doctrina Social de la Iglesia, y al mismo tiempo la idea de participación y representatividad natural en base a los cuerpos sociales

Por ello si queremos plantear objetivos para el Nacionalismo, no podemos dejar de lado el municipio por que es el primer escalón de una lucha que va dirigida a ocupar espacios políticos desde lo menor a lo mayor. Allí será el primer lugar donde podamos captar gente para la formación de una masa crítica imprescindible para tener apoyo y poder propios. Será el lugar donde al mismo tiempo podamos probar la viabilidad y el acierto de nuestras ideas, donde demostremos en el terreno que podemos ser una opción de recambio a este sistema decadente, aun teniendo que gobernar en principio con las instituciones y las formas políticas demoliberales.

De esta manera, ganar un municipio reviste una importancia capital en el futuro político concreto del Nacionalismo. La manera en que se lo gobierne, formará conciencia en el pueblo para poder con posterioridad conducirlo a lo medular de nuestro proyecto mediante las reformas que se harán mas y mas necesarias para lograr establecer la República Orgánica