1 de octubre de 2008

LA VERDADERA REVOLUCION CULTURAL

El universo se ha achicado por la comunicación masiva, la conquista del espacio, la energía nuclear, la cibernética etc. Asistimos a una revolución tecnológica que incide en lo social y en lo cultural, esto es sostenido mediante prácticas publicitarias de penetración, mostrando a nuestra cultura nacional como inferior y primitiva frente a la de los postmodernizadores, a la vez que constituye un negocio rentable: patentes, marcas, modas. El fin es manipular la cultura, generando la autodestrucción de nuestra identidad, basándose en una preeminencia de lo económico y lo fugaz sobre lo espiritual y permanente.
No entran en estos parámetros de mercado e industria cultural ni la historia del pueblo a someter ni su espiritualidad, su religión, sus mitos, sus leyendas, su idioma. En ningún momento ponen al hombre como sujeto determinante, lo que mandan son las inversiones y su rentabilidad y los diversos medios para lavar cerebros y anestesiar, para permitir dicha rentabilidad Poco importa lo que realmente vale fuera de lo económico, por ejemplo en nuestra historia (invasiones inglesas, resistencia al imperio portugués, Vuelta de Obligado, Malvinas)
Las fuerzas cientificistas tecnocrático-utilitaristas no tienen argumento para explicar el fenómeno nacional -ni falta que hace- solamente hay que sentirlo, para luego entenderlo desde una toma de conciencia netamente argentina
Por ser las clases intelectuales apéndice de sustentación de estas prácticas imperialistas, sólo la adaptación de esta intelectualidad vernácula o su suplantación por otra, es plena garantía de liberación nacional, para ello es también preciso, e insistimos en esto, el rescate del pensamiento popular, porque con la liberación meramente económica se corre el riesgo de romper cadenas con un sector trasnacional para caer en otro.- Tanto el economicismo capitalista liberal como la asimilación de concepciones del marxismo cultural llamado progresismo conspira conciente o inconscientemente contra ese horizonte cultural auténticamente argentino que venimos mencionando. Por ello la necesidad de una intelectualidad nacional como sustento de la argentina patriótica.

Gramci al revés

Para esto nos será de gran utilidad el pensamiento gramsciano expresado en su “Quaderni del carcere”, estrategia utilizada hoy por la globalización y sus factores de poder para romper las pautas culturales de cada pueblo.
Gramsci hace una clara diferenciación entre sociedad civil y sociedad política, sosteniendo que la toma del poder político no será nunca factible sin la toma previa del PODER CULTURAL, sin establecer una guerra de posiciones para conquistar las últimas trincheras y la última fortificación que es el estado; en 1902 Lenin, en el “Qué hacer” manifiesta la necesidad de demostrar que la única forma de ataque no es la violencia o el ataque frontal, Gramsci traslada a Europa central las tácticas de infiltración de Lenin en la sociedad civil para su dominio, pasando por un aspecto clave: la educación, la fuerza es necesaria para el dominio de una clase, dice Gramsci, pero no es suficiente, pues se requiere sobre todo HEGEMONIA y CONSENTIMIENTO.
Los intelectuales resultan fundamentales para hacer posible la hegemonía del poder cultural, el objetivo es: construir un bloque intelectual y moral que haga políticamente posible el progreso intelectual de las masas, no sólo de grupos reducidos de intelectuales, sino aprovechando toda resquebrajadura del poder y utilizando todos los aliados posibles, por inseguros y provisionales que sean, el intelectual, continúa Gramsci, debe provocar la destrucción acelerada de los valores clásicos, bien sea la religión, patria, familia, y gestar una convicción popular de ridículo, no de odio sino de RIDICULO hacia esos valores, y para ello se acelerará la valoración de los diferentes aspectos de signo contrario en el folklore, teatro, periodismo, etc. Siempre será más eficaz todo lo que no lleva en sí una connotación política clara, con la infiltración en todos los medios del poder cultural, silenciando la voz de los opositores no por la fuerza sino por el desconocimiento o el ridículo, controlando los ratos de esparcimiento con informaciones dirigidas y dosificadas y disfrazadas con ropaje aséptico.
Nuestro esfuerzo intelectual debe estar dirigido a sacar provecho de la teoría gramsciana, invirtiéndola hacia nuestros fines, formando a la intelectualidad o rescatándola para al campo de la cultura netamente argentina, para esto nos basaremos en la hipótesis de Homero Manzi cuando dice que lo popular crea su producto y a la vez el gusto para gustarlo, y no sólo cuando lo crea sino cuando recrea algo que viene de afuera nacionalizándolo.
Los ingleses traen su fútbol para deleite y aculturalización de nuestras clases altas, éstas lo practican, siendo su juego similar al del inglés y en cierta forma (como también sucede con el rugby) es inferior a lo importado, hasta que se difunde masivamente y en el marco del potrero y la pelota de trapo que no pica, lo transforma en el fútbol “criollo”, se le agrega la picardía de la gambeta y ésta le da identidad nacional, siendo distinto y a veces superior a lo importado.
Nuestro nacionalismo de principio de siglo en nada se diferencia del de los europeos, pues el presupuesto cultural para acceder a él también viene de Europa, ese “nacionalismo” recién toma identidad cuando el pueblo lo hace carne.

Los valores raigales conservados y adaptados por el pueblo

Es que lo popular, opera como custodio de los valores ráigales y cuando lo dejan, los vuelca en el hecho artístico.
América se hizo cristiana dándole su sello, lo católico llega a estas tierras con el hombre europeo prerreformita poco afectado por el renacimiento, en lo que éste tuvo de pagano, portando aún inalterado el espíritu del hombre medieval, y sin oposición sobre lo autóctono, forma una conciencia católica del cosmos, pero como el contexto es distinto, su actualización es distinta, hay una naturaleza hostil que enfrentar, Aun así lo difunde, evangeliza
Para el indio y el gaucho, lo católico no prendió como algo teórico sino como algo vital, el arte católico aquí se internalizó en lo indígena y en estos lares fue recogido vitalmente, el indígena y el gaucho no son sólo recipientes sino portadores de esa nueva factura.
El artista intelectualizado toma lo europeo como algo teórico y copia, el artista popular lo internaliza y lo expone vitalmente, el coya ve la guitarra europea y con sólo la naturaleza la transforma en charango, le es difícil puntearla –en parte por su tamaño- entonces la rasguea, creando ritmos que en los métodos de Federico Sor o Tárrega o en manos de guitarristas “cultos” jamás habrían aparecido.
El español trae su baraja, el gaucho le agrega la mentira, el canto, al juego controlado, matemático y especulativo de escobas y tutes le opone la osadía, la picardía y el engaño del truco.
A la pintura europea que traen los jesuitas se le agregan las guardas de las cerámicas originarias, el dibujo de las telas y la imaginería ingenua del artista nativo, generando manifestaciones artístico-plásticas en las misiones e impregnando toda la cosmografía artística de la colonia hasta nuestros días.
Debemos rescatar el método de nuestros grandes actores que no pasaron por el tedioso y deformante método de Stanislavski; Muiño, Arata, Francisco Álvarez, actuaban en argentino, por ende, sin saberlo, generaron un método de actuación nacional a rescatar. El teatro criollo en su fusión práctica con el circo da lugar al payaso-actor (Pepino 88) que se da el “lujo” de opinar, porque eso le viene del gaucho. Al arquetipo de nuestro sainete o del grotesco discepoliano no le cabe la elaboración sicologista ni el amaneramiento de la expresión corporal, ni los rebuscamientos de Benjamín
Rescatar, en nuestra arquitectura, el concepto de hombre arraigado al suelo, vitalmente expresado en los primitivos planes de vivienda, como contraparte de la tendencia internacional a la edificación tipo horizontal.
En la literatura, el rescate y metodología nacional del relato corto, con la técnica del suspenso ejercida por el abuelo para dormir al nieto y, el mismo viejo, en la rueda de peones, transformándose en el Drácula argentino “julepeador” del gaucho en los fogones.
Desentrañar nuestra sabiduría que no es otra que la que surge de la ciencia gaucha, Martín Fierro se manifiesta como poseedor de un lenguaje propio, de un mundo de recursos expresivos, la sagacidad con que arguye sus deberes, la sutileza con que revela sus sensaciones y sus observaciones profundas. En el gaucho, hombre de adhesión telúrica, el arte se sustenta en su cosmos, convive con la belleza alada y canora del pájaro, con la policromía de la flor silvestre, con la agilidad de la bestia y la fuerza penetrante del viento. Este señorío de naturaleza le da al gaucho esa “ciencia” y ese arte que hace preciso su lenguaje, exacto su saber y bella su expresión. Su sabiduría se integra por una técnica para vivir, una fina sensibilidad que lo hace dueño de su ámbito y del espíritu de su semejante, un canto para la exaltación de sus sentimientos, música y danza para todos los momentos de la vida, la zamba para el amor, el triunfo para la guerra, la refalosa para la muerte.

Intelectuales para la cultura argentina

Como se ve por lo expuesto, estos conceptos son la inversión de la destructiva teoría gramsciana que parte del desarraigo del intelectual y torna la cultura en una jerigonza solo entendible para los “intelectuales orgánicos”
La crisis cultural que atravesamos es el fruto de la aculturalización sistemática del colonialismo sobre nuestras élites y capas medias. Es sistemática porque obedece a un plan de romper todo rasgo de identidad nacional que es justamente el norte del orden mundialista y del Poder Internacional del Dinero. Esto viene desde Caseros, cuando se implementó la desnacionalización que ya se había atisbado con Rivadavia tres décadas antes.
Para algún consuelo esta crisis se da solamente en las élites y los sectores medios, propensos por su formación a absorber lo foráneo, desde chucherías inútiles hasta las últimas teorías.
Pero late en nuestro sustrato cultural, el corazón del pueblo, ajeno al racionalismo del “intelectual” que habla y teoriza sobre la pera que jamás la comió.
Es la razón de ser que se muestra hoy, la realidad profunda argentina, es la verdad de América, alentada por Hernandarias, Artigas, Rosas, y es la que sigue palpitando en el espíritu del hombre común que sabe que lo que “es” indudablemente “es”.
Esa fe inquebrantable donde se estrellan todas las izquierdas y las derechas y toda la política liberal burguesa.
Lo popular cuestiona todo porque su crítica es de realización, lo popular crea su obra y a la vez el gusto para gustarla, valora la realidad y la explica, sin necesidad de la crítica devenida de otras realidades inexistentes o inventadas en base a diversos y muchas veces disparatados mecanismos
El pueblo palpa en su práctica un nuevo horizonte humano, constantemente sumergido desde afuera a través de los “leidos”, siempre o generalmente ajenos a la realidad.
Ese horizonte nos está demostrando que se busca algo que el pueblo viene realizando desde el fondo de los tiempos: estar dentro de la revolución cristiana, argentina, patriótica, hispanoamericana, sin recetas de “leídos”, porque nosotros tenemos la “cencia” que no es otra que la realidad, la única verdad.

20 de septiembre de 2008

LA ALIANZA Y EL PERONISMO


Es una tesis conocida la de que una de las razones del éxito del peronismo es la de haber enarbolado las ideas que los grupos nacionalistas habían sembrado por aquella época en la población. Uno de aquellos grupos fue la Alianza Libertadora Nacionalista.
A pesar de que esta organización fue una de las primeras y mas importantes del nacionalismo argentino, sin embargo poco se estudió sobre su doctrina, organización, trayectoria e influencia política. Solo breves referencias a ella encontramos en algunas obras que tratan la historia política argentina del siglo XX.Se sabe que el origen de la Alianza se relaciona con la famosa Legión Cívica Argentina, uno de los grupos que apoyó al general Uriburu con la esperanza de que este pusiera en marcha un estado corporativista al estilo fascista.En un local cedido por esta organización proto-nacionalista el legendario Juan Queraltó fundaría en septiembre de 1937 la UNES –Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios-, la cual a los pocos meses de fundada cambiaria su nombre por el de Alianza Libertadora Nacionalista.
Lo novedoso es que Queralto pretendió que esta nueva organización fuera capaz de llegar a los sectores proletarios. Para ello, desde el vamos, la Alianza salió a disputarle a la izquierda el dominio de las calles, en ese sentido realizaron intensas campañas proselitistas, marchas y multitudinarios actos públicos.
1º de mayo
Si algo molestaba particularmente al líder de la Alianza Libertadora era la apropiación que hizo el marxismo de la causa de los trabajadores. Convencido de que los partidos de izquierda se sumaban a los justos reclamos de los obreros con el objeto de instalar a la postre un régimen inicuo, decidió terminar con las celebraciones del Día del Trabajador bajo la bandera roja del marxismo internacionalista, en su lugar se propuso organizar dichos actos bajo la bandera celeste y blanca.
Fue así que al poco de constituida la Alianza comenzó a llevar a cabo actos públicos todos los 1° de Mayo.En los panfletos convocando a celebrar la Fiesta del Trabajo Argentino en 1938, se llama a conmemorar "con sentido argentino, la fecha que marca un jalón doloroso pero triunfal en las reivindicaciones de los derechos del trabajo". Tomando distancia del capitalismo explotador, el panfleto proclama, "Trabajador Argentino. La nación vive y subsiste ... por la obra de tu esfuerzo inicuamente explotado por el liberalismo capitalista ...". El mensaje era claro y tajante: "¡Contra el capitalismo que ha impuesto su infame tiranía sobre las masas obreras! ¡Contra el super capitalismo y el marxismo! ¡Por la dignificación moral y material del proletariado argentino! ¡Por la libertad económica de la nación! ¡Exigimos justicia social!".Como se ve, el ideario de la Alianza Libertadora no se agotaba en un mero anticomunismo al estilo de algunos grupos patrióticos pero reaccionarios que le precedieron, todo el régimen corrupto y cipayo era objeto de sus criticas y embates; tal es así que, por ejemplo, cuando estallo el escándalo por el negociado de las tierras del Palomar, en 1940 bajo la presidencia del conservador Castillo, los hombres de la Alianza salieron a las calles a apoyar el informe elaborado por la Comisión que investigo el tema y le atribuyo responsabilidad en ese hecho de corrupción a numerosos funcionarios conservadores y radicales. Como dice José María Rosa, “para los nacionalistas el escándalo mostraba las lacras del sistema” mientras que para los radicales el cuestionamiento a los funcionarios implicados era “un ataque a la democracia”.
Por ciento que esta confrontación con el régimen conservador y demoliberal ya la habían iniciado anteriormente los nacionalistas de la Nueva Republica, a partir de la fundación de dicho periódico en 1927 por Ernesto Palacio y los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta, entre otros. Sin embargo lo que es justo señalar es que fueron los hombres de la Alianza quienes le dieron un matiz mas revolucionario y social a las propuestas nacionalistas, haciéndolas llegar a los sectores populares, no por que erróneamente se haya considerado que lo nacional se da solo en estos estratos, sino por que su difusión generalizada en todo la sociedad era el presupuesto básico para el éxito de la revolución que anunciaban. Es por ello que Mónica Quijada llega a afirmar que “la Alianza Libertadora Nacionalista agrego a los postulados ya conocidos del ideario nacionalista (un estado corporativo y católico) el principio de la independencia económica, que incluía la nacionalización del petróleo y de los servicios públicos, el control del capital extranjero y una tímida reforma agraria. Este grupo estaba compuesto por elementos jóvenes y no hallo demasiado eco entre los viejos nacionalista, que seguían esperando a un nuevo Uriburu.”En realidad, no es que el tema de la independencia económica no estaba entre los postulados de los primeros nacionalistas, precisamente fueron los hermanos Irazusta quienes escribirían en 1934 la primera obra que denuncio en nuestro país el accionar económico del imperialismo británico -“La Argentina y el imperialismo británico”-, lo que ocurrió es que la Alianza profundizaría sobre las consecuencias sociales de la dependencia.
Segunda Guerra Mundial
Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, la Alianza Libertadora levanto al igual que todos los nacionalistas la bandera de la neutralidad, pero cabe aclarar que no lo hizo por que simpatizara con las potencias del Eje (aunque es innegable que otros grupos minoritarios si lo hacían) sino por que Gran Bretaña era nuestro enemigo secular y se esperaba que su derrota seria el fin de la dominación que esta ejercía sobre países semi-coloniales como el nuestro; además los aliados encarnaban aquello que los nacionalistas combatían: el demo-liberalismo y el comunismo.Por aquel entonces, la Alianza ya era la dueña de las calles. En Mayo de 1943 organizó un multitudinario acto que congrego a mas de 100.000 patriotas que desfilaron desde la calle Coronel Diaz hasta Plaza San Martín.En el discurso que pronunció en esa oportunidad el dirigente aliancista Bonifacio Lastra podemos encontrar un resumen de las ideas políticas de la Alianza. Se responsabiliza de la miseria, que engendra el despiadado régimen capitalista, a la Banca internacional manejada en gran parte por banqueros judíos, (aclarando que ello no implicaba culpabilizar a todos los judíos). Se denuncia al marxismo como una reacción fundada en el odio, en la destrucción de la nacionalidad, en el ateísmo y en la disolución de la familia. Se toma distancia de los conservadores que niegan los derechos de los trabajadores y se presenta al nacionalismo como un movimiento político que encauza las reivindicaciones sociales en un proyecto de nación soberana.
Capitalismo y comunismo
Como vemos la Alianza Libertadora Nacionalista se declaraba enemiga tanto del liberalismo como del marxismo, y no encontraba contradicción en el capital y la justicia social. Afirmaban que el capital, "factor imprescindible de la producción y creador de trabajo desempeña ... una verdadera función social. Pero este capital no encuentra barreras dentro del liberalismo..." Inclusive en la critica apuntaban mas al demoliberalismo que al marxismo, el cual es considerado "...una reacción justificada contra la opresión de esa fuerza explotadora y usurpadora de los beneficios del Trabajo...". Claro que denunciaban que el marxismo que "se dice anticapitalista, no pretende otra cosa que suplantar un capitalismo por otro ... el capitalismo de Estado, más funesto y más expresivo que cualquier otra forma de capitalismo". En definitiva entre el egoísmo liberal y la lucha de clases del marxismo, la solución propuesta por los nacionalistas será la colaboración de clases. "Aquí en la Alianza, unidos en un comun afán de liberación argentina y de solidaridad social, el obrero de alpargatas, el joven estudiante, el peón rural, el estanciero criollo y el industrial honesto se sienten camaradas”.
Como vemos con la Alianza Libertadora Nacionalista hizo aparición un nuevo tipo de nacionalismo, uno que a la vez de reivindicar las banderas de la nacionalidad y de la tradición, tomaba un sentido popular, social y revolucionario.Según Alberto Spektorowski, “a comienzos de la década de 1940, la Alianza fue el precedente más claro de los descamisados de Perón”. Este autor reconoce que en esta nueva organización nacionalista “el planteo de una postura social en la que el concepto de justicia social, que fue tan importante para el peronismo, se veía con claridad”.
Juan Domingo Perón
Ahora bien, esta manifestación de un nuevo nacionalismo no paso inadvertida por propios y extraños. Su fuerza y sus ideas comenzaron a ser tenidas muy en cuenta; pero un acontecimiento vendría a incidir profundamente en el destino de esta organización y en general de todo el nacionalismo argentino, nos referimos a la Revolución del año 43 y el surgimiento de la figura del por entonces coronel Juan Domingo Perón.
Cuando los militares logiados en el GOU –entre ellos Perón- tomaron el poder en junio del 43, las banderas que alzaron fueron justamente las del nacionalismo. Ello haría que los aliancistas saludaran esperanzados al nuevo gobierno. Sin embargo pronto sobrevendría la desilusión.Es interesante destacar sobre este hecho que ningún civil nacionalista participo del golpe, este fue el único estrictamente militar y secreto de nuestra historia; tal es así que, como cuenta José María Rosa, los comunistas creyendo que se trataba de un golpe antinazi arrojaron flores a los militares sublevados y trataron de incendiar los periódicos nacionalistas, que fueron defendidos por los jóvenes de la Alianza. Claro que pronto los socialistas , radicales y la embajada norteamericana se desengañaron, al tiempo que los nacionalistas se entusiasmaban convencidos que su hora había llegado.
Esta fue una etapa en la que, si bien algunos principios del nacionalismo fueron llevados a la práctica, una nueva frustración y una gran división marcarían para siempre al nacionalismo. La figura clave en ello fue Juan Domingo Perón.
Mario Amadeo, en su libro Ayer. Hoy. Mañana, describe la gran seducción que ejerció Perón sobre los nacionalistas, aunque reconoce que muchos intuyeron que “ese hombre buscaba algo muy distinto que nosotros”. De todas formas, como dice Rosa: “los nacionalistas lo proclaman su jefe y Perón acepta. Al día siguiente vienen a decirle lo que debe hacer y Perón les aclara: si soy su jefe ya se lo que hay que hacer”.
El primer desengaño de los nacionalistas sobrevino cuando el gobierno militar se vio obligado a declararle la guerra al Eje y a firmar las Actas de Chapultepec.Victoriosos los aliados el gobierno militar tenía que hacer buena letra y cambiar su imagen, para ello, como afirma Rosa “había que sacudirse a los nacionalistas que quedaban en las cátedras o en la administración: nacionalista era mala palabra que los corresponsales norteamericanos escribían nazi... La Alianza Nacionalista vio cerrados sus locales después de las manifestaciones contra la declaración de guerra, y sus dirigentes asegurados para que no perturbasen el regocijo de los aliadófilos cuando se diera la noticia de la caída de Berlín.”
A partir de entonces para muchos nacionalistas Perón seria un traidor.Otros en cambio, como los aliancistas, a pesar de criticarlo fuertemente por haber cedido ante los Estados Unidos sin embargo aun guardaban ciertas expectativas ya que este había sabido llegar a las obreros con un mensaje contrapuesto a la predica clasista e internacionalista del marxismo; por ello cuando estallo la manifestación popular del 17 de octubre de 1945, una gruesa columna de aliancista marcho junto con los obreros a pedir la libertad del coronel. Cabe destacar que cuando los jóvenes de la Alianza volvían de la plaza fueron tiroteados por elementos izquierdistas que se encontraban el local del diario Crítica, allí murió un joven militante nacionalista llamado Darwin Passaponti, días después morirían dos más por heridas recibidas en ese hecho.
Ingenuamente los aliancistas, a pesar de las dudas que les generaba la figura de Perón, confiaban en que "El tiempo ha de colocar en las limpias manos del nacionalismo la conducción de esa masa proletaria, para llevarla en armonía con los demás elementos de la sociedad a la conquista de la justicia...". En realidad el tiempo les mostraría lo equivocados que estaban.
Braden o Perón
Fue así entonces estos hombres fueron nuevamente seducidos por “el líder de los trabajadores”. Ese enlace quedaría sellado cuando el embajador norteamericano Braden imprudentemente se puso al frente de una campaña en contra del régimen de Farrel y especialmente de Perón, a quien catalogo de nazi-fascista.
Frente a la Unión Democrática armada por el embajador yanqui y conformada por socialistas, comunistas, radicales y conservadores, con el lema “por la libertad contra el fascismo”, los nacionalistas de la Alianza no dudaron en concurrir a las elecciones de 1946 con candidatos propios pero sosteniendo la candidatura de Perón para presidente de la nación.
Uno de los candidatos que llevo la Alianza fue el emblemático Padre Leonardo Castellani, uno de los máximos exponentes del nacionalismo católico, sector que precisamente se opondría a la representatividad partidocratica. La otra razón que llevo a la Alianza Libertadora Nacionalista a apoyar a Perón fue la obra social que este llevo adelante y el programa de industrialización que pretendía implementar.
Cabe aclarar que no todos los nacionalistas miraron con simpatía las medidas tomadas por Perón a favor de los trabajadores. Muchos de estos, aunque teóricamente también levantaban la bandera de la justicia social, desconfiaban de las consecuencias que acarrearía un manejo populista en esta materia, esa cuestión, sumada al conflicto que Perón tendría mas adelante con la Iglesia daría origen a un nacionalismo furiosamente anti-peronista.
De todas formas en aquel entonces la inmensa mayoría de los nacionalistas votaron la fórmula de Perón inclusive muchos fueron funcionarios en su gobierno, o diputados, como el historiador revisionista, Ernesto Palacio.
Pero como dijimos mas arriba, esto pronto cambiaria.Si bien la primera presidencia de Perón continuó con el proceso iniciado en el 43, es decir nacionalismo económico y política obrera en un marco de colaboración entre trabajo y capital y no de luchas de clases; a los pocos años de iniciada su presidencia el país entró en una crisis económica producto de la influencia negativa del Plan Marshal sobre nuestra producción y de los costos de la política de industrialización.En esta situación Peron comenzó a modificar paulatinamente su política acercándose a los Estados Unidos; al decir de nacionalistas antiperonistas como Julio Irazusta “pregonaba nacionalismo de palabra, pero dejaba todo como estaba, en los hechos”.
Antiperonismo y Patricio Kelly
De modo pues que los elementos nacionalista que acompañaban al peronismo comenzaban a ser una molestia para su nueva política, (ya tempranamente lo fueron cuando criticaron la compra de los ferrocarriles en condiciones ventajosas para los ingleses) ahora Perón debía acallarlos o sacárselos de encima.Por otro lado otra cuestión venia a incidir. En agosto de 1948 el gobierno peronista había reconocido al Estado de Israel y estaba interesado e mantener relaciones cordiales con la comunidad judía en nuestro país.
En 1949 se estableció en la nueva Constitución Nacional una condena a la discriminación racial y religiosa y en 1951 visito nuestro país el presidente de Israel, siendo recibido con todos los honores. De modo pues que como afirma Roberto Bardini “la organización acaudillada por Juan Queraltó se había convertido en un estorbo para el gobierno peronista.”
La suerte de la Alianza estaba echada.Por aquellos años un personaje oscuro llamado Patricio Kelly se había incorporado a la Alianza escalando posiciones merced mas que nada a sus cualidades matoneriles. En 1953 se apoderó de la conducción de la Alianza en un golpe de mano que incluyo el secuestro y las torturas de su líder fundacional, Juan Queraltó, el cual se tuvo que ir del país amenazado de muerte.
El mismo Kelly dio su versión de los hechos en la revista Humor en octubre de 1982: “Intenté derribar en el 51 a Queraltó, y fui preso. Recién lo conseguí en abril del 53. (...) Le cambié el nombre, y le puse Alianza Popular Nacionalista (...) Todos los nacionalismos de esa época, esto es importante entenderlo, estaban impregnados de alguna manera de la propaganda de los países del Eje. La disciplina era del fascismo; las consignas, del nazismo, y la Falange aportaba los libros. Cuando le tomamos el local a Queraltó, derribamos a los nazis, a los fascistas y a los falangistas”.
Por otro lado, Queraltó acuso a Kelly de estar al servicio del entonces ministro del Interior, Ángel Borlenghi, de quien se sabia que había tenido “militancia comunista” y estaba casado con una judía: “Un día la policía entra al local de San Martín y Corrientes, y mete de prepotencia a Guillermo Patricio Kelly, a quien la Alianza había expulsado en 1946. Así se apodera de nuestra organización por medio de un acto de fuerza apoyado por la policía mandada por Borlenghi. A mí me llevan preso a Orden Político (...). A los quince días de encierro, Perón me manda a llamar y me ordena que «desensille hasta que aclare». Me designaron en la embajada argentina en Paraguay”.
El final
La Alianza Libertadora Nacionalista ya no volvería a ser la misma. Vaciada de su doctrina se convertiría en un mero grupo de choque del gobierno. El propio Kelly muchos años después confesaría que su propósito en aquel entonces fue des-nazificar a dicha agrupación. Llamativamente previo a ello había viajado a los Estados Unidos, luego lo haría a Israel.
Evidentemente si bien la Alianza fue víctima de una operación llevada a cabo por varios servicios de inteligencia su destino era previsible, ya se lo había jugado desde el mismo momento que se incorporo al peronismo. Como dice Zuleta Alvarez, si bien “la importancia de la Alianza fue grande. Llegó a organizar filiales en las provincias, contaba con decenas de miles de miembros” sin embargo al incorporarse al peronismo llego a su fin “su existencia como organismo nacionalista autónomo”.
El golpe de estado del 55 que derrocaría a Perón encontraría a los últimos aliancistas atrincherados en su bunker con armas en la mano defendiendo a un Perón que no quería saber nada de ellos y que ya abordaba el barco que lo llevaría al exilio.
Los cañonazos de los tanques terminarían con aquella inútil resistencia. Mientras tanto aquel que había usurpado la conducción de la Alianza trataba de salvar su pellejo escabulléndose entre los vencedores.La Alianza
Libertadora Nacionalista se había acabado con pena pero sin gloria; sin embargo mas allá de sus errores y fracasos creemos que esta agrupación ocupa un lugar relevante en la historia política del país pues fue la primera organización nacionalista que logro sintetizar un pensamiento restaurador, corporativo y antimodernista con un planteamiento económico y social; adelantándose en esta ultima cuestión al peronismo. Su opacamiento por dicho fenómeno tal vez sea el motivo del poco interés que ella suscito entre los historiadores, tal vez en el futuro ello se revierta.
Edgardo Moreno (Fuerza Patriotica-Santiago del Estero)
Foto:Darwin Passaponti, militante de la Alianza asesinado el 17 de octubre de 1945
Fuente: Blog de ANDES-Santiago.

17 de septiembre de 2008

LA AUTORIDAD


Uno de los puntos débiles del pensamiento políticamente correcto es el obviar, ignorar o no considerar ciertos temas de todos los días como es el caso del dolor, el envejecimiento, la muerte, la jerarquía, el orden, la autoridad.
Respecto de este último tema sabemos que desde la Ilustración (siglo XVIII) hasta el progresismo de nuestros días se ha producido la negación sistemática de la autoridad para remplazarla por los criterios que brinda la sola razón. Sin percatarse que no puede existir ningún tipo de conocimiento libre de la autoridad pues ella es elemento constitutivo de él. Si bien la autoridad no puede reemplazar al juicio propio ello no excluye que la autoridad sea fuente de verdad.
Por otra parte, ningún hombre puede pensar a partir de “su sola razón” sino que comienza a pensar dentro de una determinada tradición de pensamiento o cultura. Todo hombre nace dentro de grandes ecúmenes culturales que son las que condicionan su sentido de ser en el mundo.
Cualquiera que escucha el término autoridad inmediatamente lo asocia con la figura del que manda y su correlato aquel que obedece. La relación mando-obediencia se impone de entrada como la dupla a partir de la cual comenzamos a entender aquello que menta el concepto de autoridad. Esta última la podemos caracterizar en una primera definición como la imposición de la voluntad de un hombre sobre otro.
Pero a poco que nos detengamos a pensar vemos que esta determinación no es del todo suficiente porque nos habla mas bien de la consecuencia del ejercicio de la autoridad y no de la autoridad misma. Y las definiciones para ser completas y acabadas tienen que encerrar la esencia de aquello que se quiere definir y no sólo su finalidad.
La versión autoritaria de la autoridad la vincula con la obediencia “por principio” ciega o mecánica. De hecho esta concepción de la autoridad ha estado vinculada a las órdenes militares o religiosas sobre todo en el período de formación de sus miembros. Autoritario es aquel que ejerce su poder para obtener la obediencia de otro.
Pero como dijimos la naturaleza de la autoridad no se agota en la obediencia sino que hay que buscarla a partir del acto de reconocimiento de un saber superior en cualquier aspecto de la vida que un hombre realiza de otro. La superioridad del saber del otro sobre el de uno mismo es el origen de la autoridad.
La autoridad no se recibe sino que mas bien es concedida por un hombre a otro. Es concedida por aquel que reconoce en el otro un saber o conocimiento superior al que él posee en la materia o tema determinado de que se trate. Nadie es autoridad en todo, se es siempre autoridad en algún orden de cosas, dominios o disciplinas, aunque ninguno de nosotros está libre de “los todólogos”. La única tuttología aceptable es aquella de los padres que se ocupan de sus hijos y solo hasta los seis o siete años.
La autoridad se funda en el saber reconocido de alguien y en la necesidad que ese conocimiento genera. El centenario filósofo Hans Gadamer (1900-2002) escribió: La autoridad correctamente entendida tiene que ver no con la obediencia, sino con el conocimiento.
El hombre desde el momento en que reconoce a otro como autoridad confía en que lo que dice es cierto, es verdadero. Es por ello que la autoridad presupone el conocimiento o saber de aquel que la ejerce, mientras que la obediencia manifiesta el poder, nos está indicando el ejercido concreto de la autoridad de aquel que la ejerce.
Así la autoridad que como ejercicio se manifiesta en el plano político-social pudo ser definida muy acertadamente por filósofo escéptico Giuseppe Rensi (1871-1941) en su libro Filosofía de la autoridad (1920) como: “el acto que determina lo que de hecho vale como justicia y moral…..entre opuestas verdades teóricas racionalmente posibles es la autoridad la que decide lo que de hecho debe valer como si fuese la justicia, el bien, la verdad” [1]
La objeción que nace desde la politología y la sociología al observar que en nuestras sociedades no todas las autoridades dicen la verdad, pues existen autoridades que infunden conocimientos falsos para manipular el control de las personas, objeción que también puede aplicarse al control y manejo de grupos sociales menores. Esta objeción es difícil de remontar. Hay que hacer la distinción entre potestas y auctoritas. La autoridad en tanto es entendida como poder puede mentir y de hecho miente para logar la obediencia, pero la autoridad en tanto auctoritas , es decir, en sí misma se funda en la verdad. Pues conocimiento es siempre verdadero, un falso conocimiento es un desconocimiento.
Si bien la autoridad genera obediencia, ella no es obediencia, ésta es la consecuencia del ejercicio de la autoridad. Pero,¿ la autoridad tiene por finalidad sólo el logro de la obediencia o busca o puede logar algo más?
Una vez más tenemos que aplicar el viejo principio metodológico de la filosofía clásica distinguere ut iungere (distinguir para unir) y así discriminar entre bienes externos e internos. La autoridad en el campo de los bienes externos puede en una práctica mal hecha (una pseudoinvestigación) lograr prestigio, fama y dinero. Hay tantísimos académicos de pacotilla que padecemos hoy día. Pero, por el contrario la autoridad en la bienes intrínsecos solo se puede afirmar realizando bien la práctica en cuestión. Los bienes internos a determinada práctica solo se pueden obtener realizando bien esa práctica.
Así, ha podido afirmar ese gran filósofo escocés Alasdair MacIntayre(1929-) que la virtud (analógicamente la autoridad) solo puede ser definida en relación con las prácticas y con sus bienes internos.
Y estos bienes internos no son solo para el que los realiza sino bienes para toda la comunidad. Una autoridad, aun la más aislada, es siempre una autoridad socialmente reconocida.
Así el pseudoinvestigador del ejemplo, estos especialistas de lo mínimo del Conicet y las academias, usurpadores de becas, prestigios y canonjías podrán tener un curriculum abultado y ganar buen dinero, pero aquello que nunca tendrán es la satisfacción de haber podido ampliar los conocimientos de sus disciplinas metodológicamente garantizados por la práctica de investigar y la autoridad que los guía.
Vemos entonces como la naturaleza o esencia de la autoridad se nos muestra a dos puntas: por un lado en el reconocimiento del superior por el inferior y por otro el servicio del superior al inferior para el logro de una práctica bien hecha. La finalidad última de la autoridad sería el progreso existencial de aquellos que la acatan. Se da por cumplido así el último sentido etimológico de auctoritas que los romanos entendían como reconocimiento, respeto y aceptación, que deriva del sustantivo auctor= creador, autor, instigador, a su vez derivado del verbo augere que significa aumentar, hacer progresar.
Por: Alberto Buela
(*) alberto.buela@gmail.com
[1] Renzi, Giuseppe: Filosofía de la autoridad, Bs.As., Ed. Deucalion, 1957, pp. 159 y 182